jueves, 2 de junio de 2016

Lectura del 02/06/2016: Jueves de la novena semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 2,8-15.)

Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos y es descendiente de David. Esta es la Buena Noticia que yo predico, por la cual sufro y estoy encadenado como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso soporto estas pruebas por amor a los elegidos, a fin de que ellos también alcancen la salvación que está en Cristo Jesús y participen de la gloria eterna. Esta doctrina es digna de fe: Si hemos muerto con él, viviremos con él. Si somos constantes, reinaremos con él. Si renegamos de él, él también renegará de nosotros. Si somos infieles, él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo. No dejes de enseñar estas cosas, ni de exhortar delante de Dios a que se eviten las discusiones inútiles, que sólo sirven para perdición de quienes las escuchan. Esfuérzate en ser digno de la aprobación de Dios, presentándote ante él como un obrero que no tienen de qué avergonzarse y como un fiel dispensador de la Palabra de verdad.

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SALMO
(Salmo 25(24),4bc-5ab.8-9.10.14.)

Enséñame tus senderos.

Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.
El Señor da su amistad a los que lo temen
y les hace conocer su alianza.

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EVANGELIO
(Marcos 12,28-34)

Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?". Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos". El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios". Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

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COMENTARIO
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia)

Quien no ama a su hermano no está en caridad, y quien no está en caridad no está en Dios, porque "Dios es amor" (1 Jn 4,8)

Y el que no está en Dios no está en la luz, porque "Dios es luz y en Él no hay tinieblas" (1 Jn 1,5). Y el que no vive en la luz, ¿qué maravilla no vea la luz, es decir, no ve a Dios, pues está en tinieblas? Puedes conocer al hermano de vista, a Dios no. Si al que ves en humana apariencia amases con amor espiritual, verías a Dios, quo es caridad, como es dado verlo con la mirada interior. (…)

Y no debe preocuparnos cuánta ha de ser la intensidad del amor a Dios y del amor al hermano. A Dios hemos de amarle incomparablemente más que a nosotros mismos; al hermano como nos amamos a nosotros; y cuanto más amemos a Dios: más nos amamos a nosotros mismos. Con un mismo amor de caridad amamos a Dios y al prójimo, pero a Dios por Dios, a nosotros y al prójimo por Dios.

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REFLEXIÓN

“No existe otro mandamiento mayor que éstos”
 

La actitud de los que nos decimos seguidores de Jesucristo respecto a Dios queda resumida en un punto doble: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón” y “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, por lo que nuestro comportamiento queda definido en la relación con Dios y con el prójimo; y el comportamiento humano, en su relación con los otros y con Dios.

Dios está esperando la respuesta de cada uno de nosotros para una entrega plena a Él “con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”, que es la Verdad y la Bondad, y la entrega generosa a los otros. Los «sacrificios y ofrendas» tan solo tienen sentido en la medida en que sean expresión verdadera de este doble amor. ¡Y pensar que a veces utilizamos lo que dicen y hacemos dentro de nuestras comunidades, los sacrificios, las ofrendas, nuestra interpretación de la palabra, nuestro actuar y creer que tenemos la verdad, como una piedra para criticar o herir al otro!

Para Jesucristo nadie que ame a los demás por encima de todo está lejos del reinado de Dios.

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ORACIÓN

Oh Dios, Padre nuestro, ¿hacia dónde nos va a conducir el estar abiertos a ti y dispuestos a tus llamados, el entrar en el mundo interior de hermanos nuestros heridos por la vida, heridos por otras personas e incluso por nosotros mismos, el oír sus gritos y acogerlos a todos bondadosamente en nuestro corazón? Por la fuerza de esta eucaristía ayúdanos, Señor, a acercarnos y encontrarnos afectuosamente con nuestros prójimos, a compartir su pan, sus alegrías y sus miserias, y a encender nueva esperanza en sus corazones. Que esto sea, Padre de bondad, nuestra respuesta a tu amor,
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miércoles, 1 de junio de 2016

Lecturas del 01/06/2016: Miércoles de la novena semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 1,1-3.6-12.)

 
Pablo, Apóstol de Jesucristo, por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de Vida que está en Cristo Jesús, saluda a Timoteo, su hijo muy querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo. Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura al igual que mis antepasados, recordándote constantemente, de día y de noche, en mis oraciones. Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad. No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. Él nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia, de la cual he sido constituido heraldo, Apóstol y maestro. Por eso soporto esta prueba. Pero no me avergüenzo, porque sé en quien he puesto mi confianza, y estoy convencido de que él es capaz de conservar hasta aquel Día el bien que me ha encomendado.

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SALMO
(Salmo 123(122),1-2a.2bcd.)

Levanto mis ojos hacia ti,
que habitas en el cielo.
Como los ojos de los servidores
están fijos en las manos de su señor,
y los ojos de la servidora
en las manos de su dueña:

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EVANGELIO
(Marcos 12,18-27)

 
Se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso: "Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: 'Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda'. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero; y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?". Jesús les dijo: "¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios? Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo. Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error".

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COMENTARIO
(Catecismo de la Iglesia Católica)

«Creo en la resurrección de la carne»: El Credo cristiano –profesión de nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en su acción creadora, salvadora y santificadora- culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna. Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Jesucristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que él los resucitará en el último día. Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad... El término «carne» designa al hombre en su condición de debilidad y mortalidad. La «resurrección de la carne» significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros «cuerpos mortales» (Rm 8,11) volverán a tener vida.

Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. «La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella» (Tertuliano)... La resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su Pueblo. La esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia intrínseca de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. El creador del cielo y de la tierra es también Aquel que mantiene fielmente su alianza con Abraham y su descendencia. En esta doble perspectiva comienza a expresarse la fe en la resurrección...

Los fariseos y muchos contemporáneos del Señor esperaban la resurrección. Jesús la enseña firmemente. A los saduceos que la niegan responde: «Vosotros no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios, vosotros estáis en el error». La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios que «no es un Dios de muertos sino de vivos». Pero hay más: Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su propia persona: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11,25). Es el mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en él, y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre (Jn 6,40.54).

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REFLEXIÓN

“No es Dios de muertos, sino de vivos”

Hoy existe muchas “religiones a la carta”; y, dentro de tan innumerable oferta, a veces nos encontramos con los que se dicen ser cristianas pero que, con gran “libertad de espíritu”, añaden sus propias estrofas: “creo en Jesús pero no en el más allá”, “lo de la resurrección es un mito”, “yo me inclino todo lo más por la reencarnación…”. Nada nuevo al igual que los saduceos, judíos que no creían en la resurrección, no cuentan con ningún tipo de mundo futuro; preferimos optar por el “fracaso del Dios creador”, a quien la muerte arrebataría irremisiblemente la más noble de sus criaturas; y combatimos la esperanza de Jesús con la conocida “trampa saducea”.

En un mundo secularizado y materialista, como el de hoy, la idea de supervivencia es para algunos es objeto de burla, siendo lo curioso de nuestro tiempo es el resurgir de lo poco religioso. Es evidente que la capacidad de secularidad tiene sus límites, debido, en definitiva, a que la referencia a lo trascendente está inscrita en lo más profundo del ser humano; y, cuando se requiere firmeza de fe, vienen sus pobres imitaciones. Basta con ver un poco de la televisión y percibir la oferta de adivinación a través de las cartas; o fijarnos en afiches de muros o de postes de alumbrado en los que un “vidente” nos ofrece su número de móvil y sus servicios, han tenido que buscar sustitución de lo abandonado, cayendo en lo ridículo; “cuando se deja de creer en Dios, se cree en cualquier cosa”.

Nuestra fe es en el Dios de la vida, el que nos creó para que disfrutemos eternamente de su compañía participando de su gloria. Jesús manifiesta que el Padre no reduce su amor a recordar a muertos, que aquellos que nosotros contemplamos en un lejano pasado son los suyos, viven con él. El mismo Jesús, con sus curaciones, fue acorralando el poder de la muerte, mientras anunciaba que había venido para que tengamos vida, y en abundancia.

Jesús predico la vida, y quiere que los suyos lo seamos igualmente. Nos invita a luchar contra todo asomo de muerte, contra el dolor y cuanto hace que la existencia humana sea “existencia disminuida”. Para lanzarnos con entusiasmo a esta lucha, necesitamos una sensibilidad como la de Jesús, un corazón de carne, que se compadece.

Y una forma de existencia disminuida es la vida sin esperanza, como la de los saduceos que ponen trampas a Jesús. Frente a tal carencia, nosotros estamos llamados, como San Pablo, “a anunciar la promesa de vida que hay en Cristo Jesús”, según vemos en la carta a Timoteo. En medio de una humanidad frecuentemente aburrida a veces negamos la vida, cada creyente debe aplicarse la llamada que se le hace al discípulo del apóstol: “Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor”.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro,
nos sentimos felices en la vida
porque tenemos a tu Hijo como nuestro guía.

Ojalá que nosotros, en nuestra Iglesia,
sintamos un fuerte deseo de ayudar a otros
a conocer y a amar a Jesús.
Que la loca sabiduría de la cruz
no nos disuada de ser siempre fieles a él
y de proclamarle como el Dios viviente
que entiende nuestros sufrimientos
y que nos hace comprender
que incluso las dificultades de la vida
tienen hondo sentido para nosotros.

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domingo, 22 de mayo de 2016

Lectura del 22/05/2016: Solemnidad de la Santísima Trinidad



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Proverbios 8,22-31.)

 
El Señor me creó como primicia de sus caminos, antes de sus obras, desde siempre.
Yo fui formada desde la eternidad, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra.
Yo nací cuando no existían los abismos, cuando no había fuentes de aguas caudalosas.
Antes que fueran cimentadas las montañas, antes que las colinas, yo nací, cuando él no había hecho aún la tierra ni los espacios ni los primeros elementos del mundo. Cuando él afianzaba el cielo, yo estaba allí; cuando trazaba el horizonte sobre el océano, cuando condensaba las nubes en lo alto, cuando infundía poder a las fuentes del océano, cuando fijaba su límite al mar para que las aguas no transgredieran sus bordes, cuando afirmaba los cimientos de la tierra,
yo estaba a su lado como un hijo querido y lo deleitaba día tras día, recreándome delante de él en todo tiempo, recreándome sobre la faz de la tierra, y mi delicia era estar con los hijos de los hombres.

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SALMO
(Salmo 8,4-5.6-7.8-9.)

Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y las estrellas que has creado:
¿Qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos.
Todo lo pusiste bajo sus pies.

Todos los rebaños y ganados,
y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas.

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SEGUNDA LECTURA
(Carta de San Pablo a los Romanos 5,1-5.)

 
Hermanos: Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia;
la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

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EVANGELIO
(Juan 16,12-15)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."

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COMENTARIO
(Catecismo de la Iglesia Católica)

El misterio de la Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Sólo Dios nos puede revelar su conocimiento, revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La encarnación del Hijo revela que Dios es el Padre eterno y que el Hijo es de la misma naturaleza del Padre, es decir, que está en el él y con él, el mismo y único Dios. La misión del Espíritu Santo, enviado por el Padre en nombre del Hijo y por el Hijo "desde el Padre" (Jn 15,26) revela que es, con ellos, el único Dios. "Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria" (Credo)...

Por la gracia del bautismo "en nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo" somos llamados a participar en la vida de la bienaventurada Trinidad, aquí en la tierra en la oscuridad de la fe, más allá de la muerte en la luz eterna.

"La fe católica consiste en esto: venerar un único Dios en la Trinidad y la Trinidad en la unidad, sin confundir las personas, sin dividir la sustancia: porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es una única divinidad, igual en gloria, coeterna en la majestad." (Credo Quicumque)

Inseparable entre sí, las personas divinas son también inseparables en su obrar. Pero en la única actividad divina, cada persona manifiesta lo que le es propio en la Trinidad, sobre todo en las misiones divinas de la encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo.

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REFLEXIÓN

“Si piensas que has comprendido, entonces no es Dios, al que has comprendido”

 
La Trinidad para nosotros es y será siempre un misterio de Dios y de su experiencia en Él, sólo podemos hablar de forma aproximada. Al hablar de Dios siempre corremos el riesgo de terminar hablando de nosotros mismos como si fuéramos dioses, o como si Dios fuese igual que un hombre, la verdad es que por mucho que leamos y cumplamos siempre sabremos muy poco de Dios… San Agustín nos dice: “Si piensas que has comprendido, entonces no es Dios, al que has comprendido” Pero conocemos lo suficiente a través del Hijo.

En el contexto de la Santísima Trinidad, el libro de los Proverbios que leemos nos intrutye hoy “Nosotros”, acerca de la sabiduría eterna de Dios y nos hace reflexionar acerca de la grandeza de Dios, que es quizá incomprensible para la mente humana. Antes de crear el mundo Dios pensó en el hombre. Diseño un camino para que surgiera la revelación plena de Jesús como sabiduría del Padre, Dios mira y contempla esta sabiduría para crear el mundo como imagen en que se reflejan todas las criaturas creadas.

Hay que alabar, agradecer, que estamos en camino y aún tenemos mucho que comprender: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”. Celebramos este misterio y como decimos al principio de la eucaristía “Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo está con nosotros hoy, mañana y siempre”.

Podemos participar de esa vida eterna gracias a ese amor entre el Padre y el Hijo que se derrama sobre nosotros en la forma del Espíritu Santo. Ese Espíritu que nos conduce a la plenitud del Amor es el que nos permite sentirnos seguros al llevar a cabo la misión que Jesús nos encomendó. “Más aún, nos gloriamos hasta de las mismas tribulaciones, porque sabemos que la tribulación produce la constancia; la constancia, la virtud probada; la virtud probada, la esperanza. Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado”.

Por eso el Espíritu nos glorificará, porque será de Él que recibamos todo lo que nos ha de revelar. Ese Espíritu nos ha de conducir al conocimiento de la Verdad plena que se ha manifestado en la persona de Jesús y si le conocemos, también conocemos al Padre.

Que en esta acción del Espíritu Santo se nos revele, no solo el amor de Dios, sino la plenitud de su Trinidad y que podamos acercarnos a su misterio revelado en el Espíritu junto al Hijo.

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ORACIÓN

Oh Dios, Padre nuestro:
Toda nuestra vida está puesta bajo el signo
de ti, de tu Hijo y de tu Espíritu Santo.
Gracias por entregarte a nosotros.
Ayúdanos a entregarnos y comprometernos
a favor de nuestros hermanos necesitados
y a ser en medio de ellos
tu señal de unidad, amor y esperanza,
para que verdaderamente vivamos
en el nombre tuyo, Padre,
y en el de Jesús, tu Hijo,
y en el del Espíritu Santo
ahora y por los siglos de los siglos.
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sábado, 21 de mayo de 2016

Lecturas del 21/05/2016: Sábado de la séptima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Epístola de Santiago 5,13-20.)

 
Hermanos: Si alguien está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos. Si está enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración que nace de la fe salvará al enfermo, el Señor lo aliviará, y si tuviera pecados, le serán perdonados. Confiesen mutuamente sus pecados y oren los unos por los otros, para ser curados. La oración perseverante del justo es poderosa. Elías era un hombre como nosotros, y sin embargo, cuando oró con insistencia para que no lloviera, no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Después volvió a orar; entonces el cielo dio la lluvia, y la tierra produjo frutos. Hermanos míos, si uno de ustedes se desvía de la verdad y otro lo hace volver, sepan que el que hace volver a un pecador de su mal camino salvará su vida de la muerte y obtendrá el perdón de numerosos pecados.

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SALMO
(Salmo 141(140),1-2.3.8.)

Señor, te llamo, ven a mí sin demora,
escucha mi voz cuando a ti grito.
¡Suba a ti mi oración como el incienso,

mis manos que a ti levanto
sean como la ofrenda de la tarde!
Pon, Señor, una guardia ante mi boca

y vigila la puerta de mis labios.
Adonai Señor, hacia ti vuelvo mis ojos,
en ti me refugio, no expongas mi vida.

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EVANGELIO
(Marcos 10,13-16)

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.
Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él". Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

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COMENTARIO
(Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul)

Tú, el más pequeño de los hombres ¿quieres encontrar la vida? Guarda la fe y la humildad y encontrarás en ellas la compasión, la ayuda, las palabras que Dios te dirá en tu corazón y también encontrarás a aquel que te acompaña y permanece secreta y visiblemente cerca de ti. ¿Quieres descubrir lo que da la vida? ¡Camina por el sendero de la simplicidad, no pretendas conocer nada ante Dios! La fe sigue a la simplicidad, pero la presunción sigue a las sutilezas del conocimiento y los recovecos del pensamiento que alejan de Dios.

Cuando te presentas ante Dios para la oración, hazte pequeño como una hormiga... como un niño que balbucea. ¡No digas nada ante él con la presunción de saberlo, sino acércate a Dios con un corazón de niño! Ve delante de él para recibir los favores con los que los padres colman a sus hijos más pequeños. Alguien ha dicho: "El Señor guarda a los pequeñuelos". El que es como un niño puede acercarse a una serpiente y ésta no le hace daño... En su inocencia, el cuerpo de aquel que es como un niño pequeño, está revestido de una protección invisible por esta providencia oculta que guarda a los miembros frágiles para que nada les pueda dañar.

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REFLEXIÓN

“El Reino de Dios pertenece a los que son como ellos – los niños”

 
Para seguir a Dios y vivir la vida de acuerdo a sus exigencias debemos tener una actitud para seguir frente a Él, ser capaces de maravillarnos, ver las cosas sin dobleces, actuar espontáneamente, sin segundas intenciones ni agendas ocultas, ser capaces de acercarnos a Dios con la confianza y la inocencia de un niño: “el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

No se trata de asumir una actitud “infantil” en nuestra vida, sino de confiar en la Divina Providencia, aprender a depender de Dios como lo hace un niño con su padres, despojarnos de toda pretensión; recordar que queremos entrar en un Reino donde el que reina se hizo servidor de todos.

Si logramos despojarnos de toda vanidad, orgullo y autosuficiencia ante la presencia de Dios, sentiremos su tierno y cálido abrazo, que sin necesidad de palabras nos expresará el amor más grande que hayamos experimentado jamás. No nos quedara otro remedio que compartirlo, que la más grande exigencia de vivir la vida del cristiano.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:

Que en cada celebración eucarística
nos cuestionas por nuestra mediocridad
y nuestra autocomplacencia
por medio de la palabra y el ejemplo de tu Hijo.

No permitas que sofoquemos
su grito que nos exige una vida auténtica
en favor tuyo y de los que nos has encomendado.

En los acontecimientos cotidianos
y en las personas de nuestro tiempo
sigue hablándonos tu palabra, siempre nueva,
de libertad y esperanza
por la que Cristo entregó su vida.

Que él sea nuestro Señor, Maestro y Guía.

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viernes, 20 de mayo de 2016

Lectura del 20/05/2016: Viernes de la séptima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Epístola de Santiago 5,9-12.)

 

Hermanos, no se quejen los unos de los otros, para no ser condenados. Miren que el Juez ya está a la puerta. Tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. Porque nosotros llamamos felices a los que sufrieron con paciencia. Ustedes oyeron hablar de la paciencia de Job, y saben lo que hizo el Señor con él, porque el Señor es compasivo y misericordioso. Pero ante todo, hermanos, no juren ni por el cielo, ni por la tierra, ni de ninguna manera: que cuando digan "sí", sea sí; y cuando digan "no", sea no, para no ser condenados.

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SALMO
(Salmo 103(102),1-2.3-4.8-9.11-12.)

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
No acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente;

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.

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EVANGELIO
(Marcos 10,1-12)

 
Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más. Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?". Él les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?". Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella". Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido". Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio".

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COMENTARIO
(Concilio Vaticano II)

El marido y la mujer, que por el pacto conyugal «ya no son dos, sino una sola carne», con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y lo logran cada vez más plenamente. Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urge su indisoluble unidad.

Cristo nuestro Señor bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejanza de su unión con la Iglesia (Ef 5,32). Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella (Ef 5,25).

El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia para conducir eficazmente a los cónyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misión de la paternidad y la maternidad. Por ello los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y, por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios.

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REFLEXIÓN
(José Perea e Ysbelia de Perea, Matrimonio de 35 años de vida sacramental)

“De manera que ya no son dos, sino una sola carne”
 

Hoy día vivimos en una sociedad sujeta a las “modas”, al relativismo moral, al culto al placer, a la búsqueda constante de la satisfacción personal, la que se ha elevado a nivel de “derecho”. Es la cultura del “yo”; “y ‘como Dios es amor’, Él tiene que reconocer mi derecho a buscar mi propia ‘felicidad’”, aunque ello implique negar unos principios y mandamientos fundamentales de la Ley de Dios. En el querer obtener mi Felicidad olvidamos lo más esencial y nos olvidamos del que tengo al lado, pretendemos imponerle a Dios nuestras propias pautas de lo que es lícito y lo que no lo es. Estamos dispuestos a quemar el Decálogo, y hasta al mismo Dios, en aras de nuestra “felicidad”. En el caso de los Matrimonios pretendemos redefinirlo de paso, haciéndolo sujeto a la voluntad de los contrayentes.

En la pregunta: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?” Jesús no pierde tiempo y, conociendo el corazón del hombre su respuesta no se hace esperar: “Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio”. Jesús lo sabe, en su tiempo el divorcio era legal en ciertas circunstancias. Jesús, un verdadero maestro del debate, los desarma con su respuesta: “Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios ‘los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne’. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Cualquier desviación de esa ley no es mandamiento de Dios, es precepto de hombre, y no puede prevalecer en contra de aquél.

Todo está en la voluntad expresa de Dios al crear al hombre y a la mujer con diferentes sexos para que se complementaran, para que pudieran unirse y formar “una sola carne”, para cumplir el mandato de: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla”. Esa es la base del matrimonio establecido por Dios y su indisolubilidad. la encontramos, tanto en el hecho de que en lo adelante ya no serán dos, sino que “serán los dos una sola carne”. No hay términos medios; no hay marcha atrás. “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”.

Hay que buscar en las relaciones de pareja lo esencial, la vivencia del amor de dos personas que, a pesar de sus diferencia y las dificultades de la vida matrimonial, se renueva en el tiempo, en el día a día, en una donación mutua. Por eso debemos hacer del Sacramento del Matrimonio una presencia especial del Espíritu Santo para vivir esa unión en profundidad. Los creyentes que, delante de la Comunidad, deciden unir sus vidas, cuentan con Él para llevar adelante ese proyecto. El Ritual del Matrimonio nos ayuda a recordar que no todo es fácil. En la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas, en la riqueza y en la pobreza. En los buenos y en los malos momentos, ser fieles a un sentimiento que se desarrolla en el tiempo.

Nosotros especialmente lo he conceptualizado como una Trinidad Santa del Matrimonio, donde debemos vivir unidos los dos conyugues en común unión con Dios, somos tres indisolubles, el tratar de sacar de esa unión a Dios no lleva al mantenernos unidos en base a nuestros criterios egoísta de mi felicidad, donde lo importante es el amor que pueda recibir, que halla retribución, como si fuese un contrato que espera una retribución por un servicio prestado.

Mirar a las parejas que celebran las bodas de plata (25 años de matrimonio) o de oro (50 años juntos) es un acicate, un estímulo para seguir adelante. No todo es fácil, pero todo es posible para el que ama. La clave, es saber decir con verdadera libertad y sin condicionamiento “Te Quiero” y “Perdóname”.
 

Hoy en especial a Santa Rita de Casia ejemplo de Esposa y Madre:

http://lecturascristianasjoseperea.blogspot.com/2016/05/santa-rita-de-casia-madre-esposa-y.html

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ORACIÓN

Señor: Haz de nuestro hogar un sitio de tu amor.
Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión.
Que no haya amargura porque Tú nos bendices.
Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas.
Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón.
Que no haya abandono porque Tú estás con nosotros.
Que sepamos marchar hacia Ti en nuestro diario vivir.
Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio.
Que cada noche nos encuentre con más amor de esposos.
Haz, Señor, de nuestras vidas que quisiste unir
una página llena de Ti.
Haz, Señor, de nuestros hijos lo que Tú anhelas:
ayúdanos a educarles y orientarles por el camino.
Que nos esforcemos en el consuelo mutuo.
Que hagamos del amor un motivo para amarte más.
Que demos lo mejor de nosotros para ser felices en el hogar.
Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro
nos concedas el hallarnos unidos para siempre en Ti.
Amén.

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Santa Rita de Casia, madre, esposa y “Santa de lo Imposible”



Aquélla que en el futuro sería conocida como la abogada de los desesperados nació en 1381 en villarejo de Roccaporena, una región de Cascia en Umbría (centro de Italia). Sus padres – Antonio Mancini y Amata Ferri – fueron un matrimonio ejemplar y gozaban de fama de reconciliadores por la habilidad que tenían en deshacer enemistades y terminar peleas; por esta razón fueron llamados “pacificadores de Cristo”. Aunque eran un matrimonio de edad avanzada, sus oraciones fueron escuchadas y una niña vino al mundo. A los cuatro días de su nacimiento, en la pila bautismal de la iglesia de Santa María en Cascia recibió el nombre de Margarita, que con el tiempo fue reducido cariñosamente a “Rita”.

Infancia y adolescencia de Rita

Desde su infancia Rita se destacó por su inclinación a la piedad y a la unión con Dios por medio de la oración, de modo que sus padres adecuaron una pequeña habitación en la casa con un oratorio donde ella pasaba agradables momento en oración . Aunque eran analfabetos, Amata y Antonio buscaban transmitir a su hija los edificantes hechos de la vida de Jesús, de la Virgen María y de los santos más populares; así ella creció dócil, respetuosa y obediente hacia sus ancianos padres. A los ocho años se inclinó a consagrar su virginidad a Jesús, esposo de las vírgenes, pero según la costumbre de la época se resignó a la voluntad de sus padres y al final de la adolescencia se casó con el joven Paulo Fernando, fuente de muchos sufrimientos durante la vida matrimonial.

La familia, iglesia doméstica: sufrimientos y pruebas

Su esposo, descrito como un individuo pervertido e impulsivo, de carácter feroz y sin temor de Dios, no admitía opiniones diferentes a la suya . Muchas veces insultaba a su esposa sin motivos, pero ella nunca respondía con resentimiento o quejas. Rita era obediente, pidiendo permiso incluso hasta para ir a la iglesia, lo que con el pasar de los años transformó al feroz león en un manso cordero gracias a la docilidad y cariño de su esposa. Comenzó a ser respetuoso, dando buen ejemplo a sus dos hijos, Juan Tiago y Paulo María, que lamentablemente heredaron el temperamento paterno.

El matrimonio duró dieciocho años, hasta el momento en que Paulo Fernando fue cruelmente asesinado por enemigos que cultivó en los tiempos de violencia. Sepultado, fue agraciado con muchas oraciones y penitencias de Rita en sufragio de su alma, tomando la santa viuda la valiente decisión de perdonar a los asesinos.

Prefiere que los hijos mueran antes que cometan un pecado

Otro sufrimiento se abatió sobre Rita: además del dolor causado por la muerte de su esposo y dedicándose sólo a la formación de sus dos hijos, se dio cuenta que ambos estaban inclinados a vengar la muerte de su padre. Tomó entonces la difícil pero firme resolución de pedir a Jesús que se llevase a sus hijos antes que cometieran ese pecado, si fuese humanamente imposible evitarlo; los amaba tanto que quería encontrarlos en el Paraíso, llevada por el mismo sentimiento que llevó a la madre de San Luis, rey de Francia, a decirle a su hijo que prefería verlo muerto a sus pies antes que cometiese un pecado mortal. Juan Tiago y Paulo María se enfermaron, recibieron continuamente los cuidados de su diligente madre que les conseguía los remedios entonces disponibles para conservarles la vida, y luego de haberse reconciliado con Dios y habiendo perdonado a los asesinos del padre, partieron para la eternidad (un año después de la muerte de Paulo Fernando, junto al que fueron sepultados). Se podría decir que Rita se quedó sola en el mundo, pero en la más perfecta de las soledades, pues tenía a Dios consigo.

Se inclina a la vida religiosa conventual

Al no tener obligaciones matrimoniales ni maternales, Rita se perfeccionó en la práctica de las virtudes dedicándose a la caridad y la oración, pero esto no era suficiente para quien estaba tomada por el amor a Dios y que desde la infancia aspiraba a la vida religiosa. Al pasar junto a los conventos y monasterios sentía una atracción interior para la vida de los claustros, con una santa envidia de las almas vírgenes que allí estaban encerradas en total entrega a Jesús, pero el matrimonio levantó un muro infranqueable entre ella y la vida monástica: según las normas y reglas entonces vigentes le era prohibida la entrada a la vida que tanto quería. Rita quería algo imposible: tocando las puertas del convento de las religiosas agustinas de Santa María Magdalena, recibió de la madre superiora la respuesta negativa a pesar de la buena impresión que le causó, pues allí sólo admitían mujeres solteras, no siendo permitido el ingreso a quien ya había tenido vida matrimonial.

Quería seguir los consejos evangélicos

Rechazada, continuó con sus oraciones y penitencias, además de sus buenas obras, pero manteniendo la confianza en aquello que consideraba una “causa perdida” regresó dos veces al mismo convento para implorar la admisión, siendo en ambas ocasiones nuevamente rechazada. Se entregó a la voluntad de Dios, encomendándose a los santos de su devoción. Practicaba la pobreza, desapegándose de los bienes que poseía para distribuirlos entre los necesitados; la castidad la vivía en el estado de viudez, desinteresándose de contraer nupcias nuevamente y desapegándose del propio cuerpo. Le faltaba todavía la obediencia que deseaba abrazar dentro de un convento sometiéndose enteramente su voluntad a alguna persona revestida de superioridad religiosa.

Dios le proporcionó la entrada al convento

Cierta noche escuchó a alguien que la llamaba por su nombre: " Rita, Rita "... Nadie parecía estar allí y regresando nuevamente a sus oraciones escuchó nuevamente el llamado " Rita, Rita ". Fue hasta la puerta y se encontró con tres personas y en ellas reconoció a San Juan Bautista (quien al igual que ella fue concebido en la vejez de los padres), San Agustín (fundador de la familia agustiniana y a quien tanto admiraba) y San Nicolás de Tolentino (religioso agustino), los cuales la invitaron a seguirlos.

Llegando al convento de Santa María Magdalena, donde ella fue tres veces rechazada, la puerta estaba obviamente bien cerrada, pues las religiosas dormían, pero los tres protectores hicieron que ella milagrosamente se encontrara en el interior de la propiedad. Al reunirse para las obligaciones matinales, las religiosas se sorprendieron al encontrar a Rita rezando en la capilla y tras haber comprobado que la puerta no había sido forzada y que no había señales que explicasen la entrada de la viuda por medios humanos, creyeron el relato que de ella escucharon, reconociendo así la voluntad de Dios: una nueva alma fue entonces recibida en aquella familia religiosa. Rita se deshizo de sus bienes, abrazando formalmente la pobreza evangeliza, siguió manteniendo la castidad en la viudez después de haber pasado por el matrimonio y fue sumisa a la autoridad de la madre superiora, renunciando hasta su propia voluntad.

Un milagro es el premio a la obediencia

En una ocasión recibió de la superiora la orden para regar dos veces al día una rama seca, lo que fue cumplido con diligencia por la mañana y la tarde cotidianamente, mes a mes, observada con sonrisa irónica por las demás hermanas. Ellas se sorprendieron un año mas tarde con el nacimiento de un viñedo que allí comenzaba a crecer y que comenzó a dar sabrosas uvas siglo tras siglo, producto de la santa obediencia. Este árbol atravesó los siglos, llegando hasta nuestros días, manteniéndose vivo y fructífero, fruto de la ciega obediencia a la que se sometió.

Con los estigmas, participa del sufrimiento de Jesús

En la cuaresma de 1443 Rita escuchó un edificante sermón predicado por San Tiago de Marca (Giacomo della Marca, 1394-1476), fraile franciscano, discípulo de San Bernardino de Siena. Las palabras del religioso la conmovieron profundamente, y, postrada delante de la imagen del Crucificado, pidió la participación en aquellos profundos dolores, incluso que sólo fuese el dolor de una de las espinas, a lo que fue inmediatamente atendida: su frente fue herida por una espina de la corona, lo que la hizo desmayar del dolor. A diferencia de las llagas de Jesús que se abrieron en otros santos, la de Rita se manifestó con aspecto repugnante, con salida de pus y un olor fétido, lo que la llevó a una vida aislada dentro del convento, en una habitación alejada a la que una religiosa le llevaba lo necesario para vivir. Ese sufrimiento se extendió por quince años.

Con motivo del año del Jubileo proclamado por el Papa Nicolás IV, en 1450, Rita manifestó el deseo de ir a Roma con otras religiosas, pero no obtuvo el permiso de la superiora debido a su estado de salud que empeoraba como consecuencia de la herida causada por la espina. Rita entonces pidió a Dios la desaparición de la herida, el cual fue atendido, de modo que pudo viajar a la Ciudad Eterna para practicar los actos de piedad propios de la ocasión. Al regresar al convento la herida reapareció y la religiosa regresó a su vida de sufrimientos. La salud se debilitaba, los dolores aumentaban, pero la alegría y la sonrisa continuaban en medio del santo sufrimiento por el que pasaba. En sus últimos días de vida su único alimento fue el Pan Eucarístico.

La rosa floreció en pleno invierno, representando la realización de algo imposible

Hacia el final de su vida, para Rita fue una consolación la noticia de un fenómeno inusual, o mejor “imposible”: durante un fuerte invierno se observó en la huerta una hermosa rosa florecida y además una higuera cuyos frutos estaban maduros y sabrosos. Este hecho era prefigura de la nueva rosa que en poco tiempo adornaría el Paraíso y el fruto que Jesús recogería en la Tierra para deleitarse con él en el Cielo. Hasta hoy es tradicional la Bendición de las Rosas, las cuales son llevadas a los enfermos, alusión a la rosa que milagrosamente floreció en pleno invierno y que confortó a Rita en su enfermedad. Al fin, confortada por los Sacramentos, Rita fue llamada a la Casa del Padre, el 22 de mayo de 1457, cuando tenía 76 años de edad y cuatro décadas de vida religiosa. No dejó escritos (cartas, libros, diarios: ninguno), solamente sus ejemplos y el recuerdo de su vida de santidad. Se registró en los archivos de la Historia, que las campanas del convento y de la ciudad de Cascia sonaron sin ser tocadas por manos humanas.

En el Cielo, patrona de las cosas imposibles y de las causas perdidas

Con la muerte de Rita la herida en la frente, antes repugnante, se convirtió en brillante y limpia, exhalando un olor perfumado. La exposición de su cuerpo para el último adiós de los numerosos peregrinos que fueron al convento se fue extendiendo día tras día y terminó por no haber un entierro formal, pero el cadáver no sufrió la habitual descomposición, por lo que lo pueden hasta hoy apreciar los visitantes de la capilla del convento donde la Santa de las Cosas Imposibles vivió.

Hija obediente, esposa maltratada, madre amorosa, viuda confiante, religiosa con estigmas... tantos adjetivos que se le podrían aplicar a esta agustina de espíritu, quien no descansó hasta que se convirtió en religiosa, aunque todos ellos se resumen en aquellas palabras que son motivo de esperanza para todos sus devotos: patrona de las cosas imposibles y de las causas perdidas.

Fuentes:
Heavenly Friends (Rosalie Marie Levy, St. Paul Editions, 1984).
The Incorruptibles (Joan Carroll Cruz, Tan Books, 1977) 
A História de Santa Rita de Cássia (site dos religiosos Agostinianos Recoletos, 
http://www.santarita-oar.org.br/base.php?page=santarita_historico)

jueves, 19 de mayo de 2016

Lecturas del 19/05/2016: Jueves de la séptima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Epístola de Santiago 5,1-6.)

Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo. Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza. Han condenado y han matado al justo, sin que él les opusiera resistencia.

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SALMO
(Salmo 49(48),14-15ab.15cd-16.17-18.19-20.)

Hacia allá van los que en sí confían,
ese será el fin de los que les gusta escucharse.
Abajo cual rebaño la muerte los reúne,
los pastorea y les impone su ley.

Son como un espectro desvaído
que a la mañana vuelve su casa abajo.
Pero a mí Dios me rescatará,
y me sacará de las garras de la muerte.

No te preocupes cuando un hombre
se enriquece
o aumenta el esplendor de su casa:
cuando muera, no podrá llevarse nada,

su esplendor no bajará con él.
Aunque en vida se congratulaba, diciendo:
"Te alabarán porque lo pasas bien",
igual irá a reunirse con sus antepasados,

con esos que nunca verán la luz.

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EVANGELIO
(Marcos 9,41-50)

Jesús dijo a sus discípulos: «Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».

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COMENTARIO
(San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia)

¿Queréis que os indique los caminos de la conversión? Son numerosos, variados y diferentes, pero todos conducen al cielo. El primer camino de la conversión es aborrecer nuestros pecados. "Empieza tú a confesar tus pecados para ser justo" (Is 43,26). Esto porque dice el profeta: "Me dije: -confesaré al Señor mis culpas.- Y tú perdonaste mi falta y mi pecado" (Sal 31,5). Condena tú mismo las faltas que has cometido y esto bastará para que el Maestro te escuche. El que condena sus pecados irá con más cuidado para no recaer en ellos...

Hay un segundo camino que no es inferior al primero y es: no guardar rencor a nuestros enemigos, dominar nuestra cólera para perdonar las ofensas que nos infligen nuestros compañeros de servicio, porque así obtendremos el perdón de las ofensas contra el Maestro. Es la segunda manera de obtener la purificación de nuestras faltas. "Si perdonáis a vuestros deudores, dice el Señor, mi Padre que está en el cielo perdonará también vuestras faltas" (Mt 6,14).

¿Quieres conocer el tercer camino de la conversión? ES la oración ferviente y atenta desde el fondo del corazón... El cuarto camino es la limosna. Tiene un poder considerable e indecible... Luego, la modestia y la humildad no son medios menores para destruir el pecado desde la raíz. Tenemos como testimonio de ello el publicano que no podía proclamar su buenas acciones sino que en su lugar ofreció su humildad y depositó ante el Señor el pesado fardo de sus faltas (Lc 18,9ss).

Acabamos de indicar cinco caminos hacia la conversión... ¡No te quedes inactivo sino que cada día avanza por estos caminos! Son fáciles, y a pesar de tus miserias puedes ir por ellos.

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REFLEXIÓN

Escandalizar a “los más débiles”

Nuestro comportamiento debe ser consonó con lo queremos vivir a la luz de la fe para no escandalizar a otros con nuestra conducta. Por el contrario, nuestra conducta debe servir de ejemplo. Jesús es amor, es la Misericordia encarnada, pero también es exigente con los que decidimos seguirle.

Jesús no nos está llamando a la mutilación física. Nos está advirtiendo contra todas las cosas del mundo que nos seducen y nos alejan del Reino, y nos pueden llevar a una conducta que valla a escandalizar a “los más débiles”. “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia”; “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”.

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ORACIÓN

Oh Dios de esperanza:
Tú nos has dado a Jesucristo tú Hijo
como nuestro compañero de camino
para que podamos entender
las antiguas cosas familiares
con un corazón nuevo y joven;
y para renovarnos a nosotros y al mundo.
Que él mismo nos empuje hacia adelante
cuando tendemos a transigir
simplemente poniendo parches en lo viejo.
Que Jesús frene un poco nuestras impaciencias
cuando intentamos meter prisa a la gente
más allá de su capacidad de crecimiento.
Llévanos hacia adelante guiados siempre por él,
en quien plenamente confiamos:

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