domingo, 8 de mayo de 2016

Lecturas del 08/05/2016: Solemnidad de la Ascensión del Señor



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 1,1-11.)

 
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días". Los que estaban reunidos le preguntaron: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". Él les respondió: "No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra". Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir".

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SALMO
(Salmo 47(46),2-3.6-9.)

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios, canten,
canten a nuestro Rey.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.

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SEGUNDA LECTURA
(Carta a los Hebreos 9,24-28.10,19-23.)

Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro.
Y no entró para ofrecerse así mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya. Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio. Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan. Por lo tanto, hermanos, tenemos plena seguridad de que podemos entrar en el Santuario por la sangre de Jesús, siguiendo el camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne. También tenemos un Sumo Sacerdote insigne al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, entonces, con un corazón sincero y llenos de fe, purificados interiormente de toda mala conciencia y con el cuerpo lavado por el agua pura. Mantengamos firmemente la confesión de nuestra esperanza, porque aquel que ha hecho la promesa es fiel.

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EVANGELIO
(Lucas 24,46-53)

 
y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto."
Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto". Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

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COMENTARIO
(San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia)

"En la casa de mi Padre hay lugar para todos; de no ser así, ya os lo habría dicho; ahora voy a prepararos ese lugar." (Jn 14,2)... El Señor sabía que muchas de sus moradas ya estaban preparadas y esperaban la llegada de los amigos de Dios. Por esto, da otro motivo a su partida: preparar el camino para nuestra ascensión hacia estos lugares del cielo, abriendo el camino, que antes era intransitable para nosotros. Porque el cielo estaba cerrado a los hombres y nunca ningún ser creado no había penetrado en este dominio santísimo de los ángeles.

Es Cristo quien inaugura para nosotros este sendero hacia las alturas. Ofreciéndose él mismo a Dios Padre como primicia de los que duermen el sueño de la muerte, permite a la carne mortal subir al cielo. El fue el primer hombre que penetra en las moradas celestiales. Los ángeles no conocían este misterio grandioso de la entronización celeste de una criatura. Veían con estupor y admiración esta ascensión de Cristo. Casi turbados por este espectáculo desconocido, exclamaron: "¿Quién es ese que viene de Edom?" (Is 63,1), es decir, de la tierra. Pero el Espíritu no permitió que se quedaran en la ignorancia... Mandó que se abrieran las puertas ante el Rey y Señor del universo: "Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, compuertas eternas, para que haga su entrada el rey de la gloria!" (Sal 23,7)

Así, pues, Nuestro Señor Jesucristo inaugura para nosotros "este camino nuevo y vivo", como dice San Pablo: "...ha inaugurado para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo de su carne" (Heb 10,20) y "Cristo no entró en un santuario construido por hombres -que no pasa de ser simple imagen del verdadero-, sino en el cielo mismo, a fin de presentarse ahora ante Dios para interceder por nosotros." (Heb 9,24)

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REFLEXIÓN

¿Por qué siguen mirando al cielo?

La Ascensión es la culminación de la misión redentora de Jesús. Deja el mundo y regresa al mismo lugar de donde “descendió” al momento de su encarnación: a la derecha del Padre. Pero no regresa solo. Lleva consigo aquella multitud imposible de contar de todos los justos que le antecedieron en el mundo y fueron redimidos por su muerte de cruz. Las puertas del paraíso que se habían cerrado con el pecado de Adán, estaban abiertas nuevamente.

Hoy nos toca a Nosotros entrar por esa puerta que Jesús nos enseñó. El preparar el camino para nuestra ascensión hacia estos lugares del Cielo, abriendo el camino, que antes era intransitable para nosotros. Porque el Cielo estaba cerrado a los hombres y nunca ningún ser creado había penetrado en este dominio santísimo de los ángeles. Es Cristo quien inaugura para nosotros este sendero hacia las alturas. Ofreciéndose él mismo a Dios Padre como primicia de los que duermen el sueño de la muerte, permite a la carne mortal subir al cielo. Él fue el primer hombre que penetra en las moradas celestiales… Así, pues, Nuestro Señor Jesucristo inaugura para nosotros este camino nuevo y vivo: “Ha inaugurado para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo de su carne”.

No es cuestión de quedarse “plantados mirando al cielo”, es también tiempo de estar atentos a los clamores que ascienden hasta el cielo desde la tierra, en los gritos y angustias de muchas personas que extienden sus manos a lo alto, implorando salvación. La conclusión es clara: la razón de ser de la Iglesia y de nuestras comunidades en el mundo, no es otra que proclamar el Reino de Dios a todos los hombres y pueblos. Parece sencillo, pero no consiste sólo en buenas palabras, sino confirmar la Palabra con los signos que la acompañan, hacer presente con palabras y hechos la realidad del Reino.

En la Ascensión descubrimos la culminación de la vida humana, la total transformación de nuestra condición de hombres, para abrirnos a la luz de la trascendencia. Sintetiza de alguna manera todo el evangelio, Jesús vuelve a Dios, mientras los creyentes nos disponemos a seguir su mismo camino, su Espíritu nos guía y anima en esta lucha a toda la comunidad cristiana a continuar la obra iniciada. Dice la lectura de los Hechos: “Juan bautizó con agua, dentro de pocos días seréis bautizados con Espíritu Santo”, aprendamos de Juan a decrecer para que Él crezca y de tantas personas que olvidándose de sí, se entregan a los demás y a este hermoso proyecto que es el reinado de Dios y la gloria del ser humano.

Para subir, antes hemos tenido que bajar: “que él nos de la sabiduría y la revelación para conocerlo, ilumine los ojos de nuestros corazones, para comprender la esperanza a la que nos llama, la riqueza de su gloria y su extraordinaria grandeza”, nos dice la segunda lectura a los Efesios. Pues que así sea.
 
La feliz partida de María de esta vida y la asunción de su cuerpo al cielo. La contemplamos a Ella para que nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegría, nos enseña que el camino para alcanzarlo debemos acoger en la fe a su Hijo; no perder nunca la amistad con él, sino dejarnos iluminar y guiar por su Palabra; seguirlo cada día, incluso en los momentos en que sentimos que nuestras cruces resultan pesadas. María, el arca de la alianza que está en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa, la comunión de alegría y de paz con Dios”.

Dogma de fe proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus:

"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".

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ORACIÓN

Aquí vino
y se fue.
Vino..., nos marcó nuestra tarea
y se fue.
Tal vez detrás de aquella nube
hay alguien que trabaja
lo mismo que nosotros,
y tal vez las estrellas
no son más que ventanas encendidas
de una fábrica
donde Dios tiene que repartir
una labor también.
Aquí vino
y se fue.
Vino..., llenó nuestra caja de caudales
con millones de siglos y de siglos,
nos dejó unas herramientas...
y se fue.
El, que lo sabe todo,
sabe que estando solos,
sin dioses que nos miren,
trabajamos mejor.
Detrás de ti no hay nadie. Nadie.
Ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.
Pero tuyo es el tiempo.
El tiempo y esa gubia
con que Dios comenzó la creación.

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sábado, 7 de mayo de 2016

Lecturas del 07/05/2016: Sábado de la sexta semana de Pascua




PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 18,23-28.)

 
Después de haber permanecido un tiempo allí, partió de nuevo y recorrió sucesivamente la región de Galacia y la Frigia, animando a todos los discípulos. Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Efeso. Era un hombre elocuente y versado en las Escrituras. Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo más que el de Juan. Comenzó a hablar con decisión en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios. Como él pensaba ir a Acaya, los hermanos lo alentaron, y escribieron a los discípulos para que lo recibieran de la mejor manera posible. Desde que llegó a Corinto fue de gran ayuda, por la gracia de Dios, para aquellos que habían abrazado la fe, porque refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús es el Mesías.

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SALMO
(Salmo 47(46),2-3.8-9.10.)

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.

Los nobles de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham:
del Señor son los poderosos de la tierra,
y él se ha elevado inmensamente.

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EVANGELIO
(Juan 16,23b-28)

 
Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre".

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COMENTARIO
(San Clemente de Alejandría (150-c. 215), teólogo)

Venerar y honrar a quien creemos que es el Verbo, nuestro Salvador y nuestro jefe, y por su medio al Padre, es nuestro deber, y no solamente ciertos días especiales como algunos hacen, sino continuamente, durante toda la vida, y de todas las maneras. "Siete veces al día entonaré tus alabanzas" (sl 118, 164) clama el pueblo elegido, según un precepto que lo santifica. No es, pues, en un lugar determinado, ni en un templo escogido, ni en ciertas fiestas o en días fijos, sino que durante toda la vida, en todas partes, el verdadero espiritual, honra a Dios, es decir, proclama su acción de gracias por el conocimiento de la verdadera vida.

La presencia de un hombre de bien, por el respeto que inspira, hace mejorar siempre al que se le acerca, ¡Cuánto más el hombre que está continuamente en presencia de Dios por el conocimiento, la manera de vivir y la acción de gracias, no se hará normalmente mejor cada día en todo: acciones, palabras, disposiciones!... Viviendo, pues, toda nuestra vida como una fiesta, con la certeza de que Dios está totalmente presente en todas partes, trabajamos cantando, navegamos al son de himnos, nos comportamos como "ciudadanos del cielo" (Flp 3,20).

Me atrevería a decir que la oración es una conversación íntima con Dios. Aunque musitemos suavemente y hablemos en silencio sin mover los labios, interiormente gritamos. Y Dios tiene constantemente atento el oído a esta voz interior… Sí, el verdadero espiritual ora durante toda su vida, porque orar es para él esfuerzo de unión con Dios, y rechaza todo lo que es inútil porque ha alcanzado ya el estado en que de alguna manera he recibido la perfección que consiste en actuar por amor…Toda su vida es una liturgia sagrada.

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REFLEXIÓN

“Porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios” – La Alegría del Cristiano.
 
La Alegría del Cristiano se trata de esa alegría desbordante producto de saberse amado; un gozo que se nos sale por los poros y que todo el que se nos acerca la nota, y quiere “de eso” para car la mejor y más efectiva evangelización, que es el testimonio de vivir una vida acorde al evangelio y los tiempos de hoy. El papa Francisco nos ha dicho que “el gozo del cristiano no es la alegría que proviene de un momento, sino un don del Señor que llena el interior”. Se trata de un gozo que, según sus palabras, “es como una unción del Espíritu y se encuentra en la seguridad de que Jesús está con nosotros y con el Padre’” y esa alegría, la verdadera alegría del cristiano, no es algo para quedárnoslo; tenemos que compartirla, porque, como nos sigue diciendo, “si queremos tenerlo solo para nosotros al final se enferma y nuestro corazón se encoge un poco, y nuestra cara no transmite aquel gran gozo sino aquella nostalgia, aquella melancolía que no es sana”.

Pablo irradiaba ese “enamoramiento” que todo cristiano debe sentir al caminar acompañado de su Amado, he ahí donde radicó el secreto de su éxito. Este detalle nos debe a todo bautizado que haya tenido ese encuentro personal con Jesús: No solo tenemos el deber de formarnos y evangelizar a otros, sino que en la medida de nuestras capacidades tenemos la obligación de formar a otros para que lleven el mensaje correcto, para que estos, a su vez, formen a otros. Así es como la tradición apostólica, aquella predicación de las primeras comunidades cristianas, ha perdurado a través de la historia y llegado hasta nosotros, para que aún a costa de grandes sacrificios continuemos con esa tradición adaptada a nuestros tiempos.

La Iglesia es misionera, evangelizadora, por definición. Si no se “sale” a predicar y dar el testimonio del Evangelio se estanca, se enferma, se encoge, y termina desapareciendo, siendo la máxima prioridad de quiénes conformamos la Iglesia, que somos Nosotros, el “Pueblo de Dios”. ¡Anda! ¿Qué estás esperando?

 
Misión de María en nuestro Caminar evangelizador y nuestro vivir como Cristianos. Siempre hemos escuchado decir que los católicos somos idólatras porque ponemos a la Virgen María al mismo nivel que a Dios. Una afirmación como ésta desconoce la enseñanza de la Iglesia sobre Santa María así como las actitudes que nos invita a tener con la Madre de Jesús.

En primer lugar es fundamental comprender que el lugar que tiene María en la vida cristiana de los discípulos del Señor Jesús brota de la misma fe. «El ¿Cómo nos ayuda María a vivir nuestra fe? papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella» “nos enseña el Catecismo”. Es Cristo mismo quien nos ha señalado a su Madre. Él nos ha invitado a amarla como hijos suyos y a ver en Ella un ejemplo a seguir. El pasaje de la crucifixión que nos trae el Evangelio de San Juan es elocuente: «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa». Esta es una razón poderosa del porque Veneramos a nuestra madre del cielo “María Virgen y Madre de todos Nosotros”.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
Hay veces en que la oración se nos hace fácil
y entonces podemos abrirte nuestros corazones.
Esto nos puede ayudar mucho espiritualmente,
pero ayúdanos también a reservar tiempo para ti
cuando no nos sea fácil orar,
para que te escuchemos cuando nos hablas
en tu palabra, en la gente
y en los acontecimientos de la vida,
que interpretan y detallan para nosotros
tu amorosa voluntad;
pero, de una manera especial,
haznos escuchar a tu Hijo,
que es tu Palabra viva encarnada aquí entre nosotros:
Jesucristo nuestro Salvador y Señor
por los siglos de los siglos.

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viernes, 6 de mayo de 2016

Lectura del 06/05/2016: Viernes de la sexta semana de Pascua

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 18,9-18.)

Una noche, el Señor dijo a Pablo en una visión: "No temas. Sigue predicando y no te calles.
Yo estoy contigo. Nadie pondrá la mano sobre ti para dañarte, porque en esta ciudad hay un pueblo numeroso que me está reservado". Pablo se radicó allí un año y medio, enseñando la Palabra de Dios. Durante el gobierno del procónsul Galión en Acaya, los judíos se confabularon contra Pablo y lo condujeron ante el tribunal, diciendo: "Este hombre induce a la gente a que adore a Dios de una manera contraria a la Ley". Pablo estaba por hablar, cuando Galión dijo a los judíos: "Si se tratara de algún crimen o de algún delito grave, sería razonable que los atendiera. Pero tratándose de discusiones sobre palabras y nombres, y sobre la Ley judía, el asunto les concierne a ustedes; yo no quiero ser juez en estas cosas". Y los hizo salir del tribunal. Entonces todos se apoderaron de Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y lo golpearon ante el tribunal. Pero a Galión todo esto lo tuvo sin cuidado. Pablo permaneció todavía un cierto tiempo en Corinto. Después se despidió de sus hermanos y se embarcó hacia Siria en compañía de Priscila y de Aquila. En Cencreas, a raíz de un voto que había hecho, se hizo cortar el cabello.

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SALMO
(Salmo 47(46),2-3.4-5.6-7.)

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El puso a los pueblos bajo nuestro yugo,
y a las naciones bajo nuestros pies;
él eligió para nosotros una herencia,
que es el orgullo de Jacob, su predilecto.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios, canten,
canten a nuestro Rey.

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EVANGELIO
(Juan 16,20-23a)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo." La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo. También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquél día no me harán más preguntas."

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COMENTARIO
(San Gregorio de Nisa (c. 335-395), monje, obispo)

El apóstol Pablo...da testimonio del Hijo único que no sólo todo lo que fue hecho fue hecho por él y para él, sino que la antigua creación envejecida y caduca fue transformada por él en una nueva creación. Y así, Cristo es el primogénito de toda la creación (Co 1,15) por el evangelio anunciado a los hombres...

¿Cómo llega Cristo a ser "el primogénito de una multitud de hermanos" (Rm 8,29)?...Por nosotros se hizo uno de nosotros, participando en la condición humana para transformarnos de corruptibles en incorruptibles por el nacimiento de arriba y el agua del Espíritu Santo (Jn 3,5) Nos enseñó el camino de este nacimiento cuando bajó sobre él el Espíritu Santo en el momento del bautismo. Así es el primogénito de todos aquellos que espiritualmente han renacido por el agua y el Espíritu Santo y son llamados hermanos.

Habiendo depositado en nuestra naturaleza el poder de la resurrección de los muertos, Cristo se convierte en primicia de aquellos que duermen el sueño de la muerte y en primogénito de entre los muertos. (Col 1,18). Él nos ha abierto el primero el camino de la liberación de la muerte. Por su resurrección ha destruido los lazos de la muerte que nos tenían cautivos. Así, por esta doble regeneración, del santo bautismo y de la resurrección de entre los muertos, ha sido constituido el primogénito de la nueva creación.

Este primogénito tiene hermanos. Lo dice a María Magdalena: "Ve y di a mis hermanos: subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios." (Jn 20,17) Por esto, el mediador entre Dios y los hombres (1Tim 2,5), abriendo el paso a toda la naturaleza humana, envía a sus hermanos este mensaje y les dice: "Por las primicias que he asumido, en mí todo lo que es humano vuelve a nuestro Dios y Padre."

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REFLEXIÓN

“También vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría”

Uno de los  grandes misterios del seguimiento de Cristo, es encontramos al ser humano en su realidad cotidiana, en su ser corporal, social, afectivo y espiritual. El dolor y la tristeza al lado de la alegría, marcan su diario vivir. Esa es la realidad de todo creyente, porque Jesús no nos guía hacia momentos espirituales, alegres, místicos, separados de la cotidianidad, Él al encarnarse toma nuestra condición humana, para que comprendamos que asume nuestras flaquezas. Él llora ante la comunidad de Lázaro, ante la Jerusalén que mata a sus profetas. Siente como nosotros la tristeza del no reconocimiento de la grandeza del proyecto amoroso de Dios, su Padre, nuestro Padre. Sabe que sus discípulos, los de todos los tiempos, somos débiles y todo lo queremos fácil y cuando no suceden las cosas como las queremos, viene la tristeza. Debemos comprender con seguridad, que Jesús, no es una historia pasada, un mito que se diluye con el tiempo, sino alguien concreto, que camina a nuestro lado, participa en nuestras luchas y sobre todo, nos capacita para tener la clara conciencia de que nada es difícil para el que cree en Dios, y que todo pasa por el crisol de su amor, para que nada ni nadie nos atemorice, nos acobarde y siempre alegres demos al mundo el mejor testimonio, el de nunca dejarnos robar la alegría, como nos lo recomienda el Papa Francisco.

Veamos el ejemplo de Pablo, su confianza en Jesús, en esta narración Jesús presentándose en una visión a Pablo le dice: “No temas. Sigue predicando y no te calles. Yo estoy contigo. Nadie pondrá la mano sobre ti para dañarte, porque en esta ciudad hay un pueblo numeroso que me está reservado”.

Hay algo que llama la atención sobre Pablo y su misión. Desde aquél primer encuentro de Pablo con la persona de Jesús en el camino a Damasco, Jesús está siempre presente en su vida; en todo momento y en todo lugar. Al leer las cartas de Pablo podemos ver cómo lo menciona continuamente (al menos tres o cuatro veces en cada página), cuenta con Él, no permite que se rompa el hilo conductor entre ambos. Y ese hilo conductor es la oración. De la misma manera que Jesús vivió toda su vida en un ambiente de oración con el Padre, Pablo vivió la suya en un ambiente de oración con Jesús. “Oren sin cesar” (1 Tes 5,17). Esa oración hacía que Jesús formara parte integrante y esencial de su vida; vivía en comunión con Él. Por eso Pablo podía escucharle.

Nosotros también podemos vivir esa comunión constante con Jesús si perseveramos en la oración. “No temas… porque yo estoy contigo”. Esa fue la promesa de Jesús a sus discípulos antes de partir. Aquellos primeros cristianos estaban convencidos de esa presencia en sus vidas. Creían en Jesús y le creían a Jesús. Por eso “se llevaban el mundo de frente” y no cesaban en su empeño de evangelizar.

Hoy debemos preguntarnos: ¿Estamos convencidos de la presencia de Jesús en nuestra vida? Más aún, cuando oramos, ¿escuchamos su voz llamando a nuestra puerta que nos dice: “No temas… porque yo estoy contigo”? Debemos de sentir Su presencia y escuchar Su voz en medio de cualquier ambiente hostil y peligroso, y sentirnos seguro porque nos dice claramente: “Nadie pondrá la mano sobre ti para dañarte”.


“No temas…” Esas palabras que el Señor le dice a Pablo están también, por así decirlo, a flor de labios de Dios. Son las mismas que el Padre le dice a Jeremías,  Zacarías y a la "Virgen María". Del mismo modo dijo a Moisés “Yo estoy contigo”. Ellos le creyeron y el Dios obró maravillas en ellos.

A nosotros, al igual que a Pablo y a los primeros cristianos, Jesús nos está diciendo: “¡No temas… estoy contigo!”. Señor, danos esa misma certeza, esa seguridad.

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ORACIÓN

Señor Dios, Padre siempre fiel:
Tú no nos pides lo imposible
y nosotros sabemos que nos amas.
Ayúdanos a aceptar las realidades de la vida
y las exigencias de lealtad y amor
con la fuerza de tu Hijo.
Danos valor para no rechazar
los dolores de la renovación
según Cristo y su evangelio,
para que nuestros corazones
estén llenos de una alegría
que nunca nadie nos pueda arrebatar,
ya que tu Hijo es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.


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jueves, 5 de mayo de 2016

Lecturas del 05/05/2016: Jueves de la sexta semana de Pascua



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 18,1-8.)

 
Pablo dejó Atenas y fue a Corinto. Allí encontró a un judío llamado Aquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su mujer Priscila, a raíz de un edicto de Claudio que obligaba a todos los judíos a salir de Roma. Pablo fue a verlos, y como ejercía el mismo oficio, se alojó en su casa y trabajaba con ellos haciendo tiendas de campaña. Todos los sábados, Pablo discutía en la sinagoga y trataba de persuadir tanto a los judíos como a los paganos. Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó por entero a la predicación de la Palabra, dando testimonio a los judíos de que Jesús es el Mesías. Pero como ellos lo contradecían y lo injuriaban, sacudió su manto en señal de protesta, diciendo: "Que la sangre de ustedes caiga sobre sus cabezas. Yo soy inocente de eso; en adelante me dedicaré a los paganos". Entonces, alejándose de allí, fue a lo de un tal Ticio Justo, uno de los que adoraban a Dios y cuya casa lindaba con la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor, junto con toda su familia. También muchos habitantes de Corinto, que habían escuchado a Pablo, abrazaron la fe y se hicieron bautizar.

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SALMO
(Salmo 98(97),1.2-3ab.3cd-4.)

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.

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EVANGELIO
(Juan 16,16-20)

 
Jesús dijo a sus discípulos: "Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver". Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: "¿Qué significa esto que nos dice: 'Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver'? ¿Y qué significa: 'Yo me voy al Padre'?". Decían: "¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir". Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: "Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras: 'Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver'. Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo."

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COMENTARIO
(San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia)

"Habéis llegado a ser imitadores del divino Maestro", dijo Pablo. ¿Cómo es esto? "Acogiendo la Palabra en las pruebas, con la alegría del Espíritu Santo" (1Tm 1,6). No solamente en las pruebas sino en medio de las pruebas entre incontables sufrimientos. Se puede ver en los Hechos de los Apóstoles. Vemos cómo surgió la persecución contra ellos, cómo sus enemigos los denunciaron a los magistrados y soliviantaron la ciudad. Estaban en la prueba, y no se puede decir que permanecieron fieles con tristeza, lamentándose; no, ellos estaban muy alegres. Los Apóstoles les habían dado el ejemplo: "Estaban contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Cristo" (Hch. 5,41 ).

¡Es realmente admirable! Ya es mucho, sufrir la prueba con paciencia; pero con alegría, es mostrarse superior a la naturaleza humana y no tener más, por así decirlo, que un cuerpo impasible. Pero, ¿cómo han sido imitadores de Cristo? En aquello que Él mismo sufrió sin quejarse, con alegría; porque voluntariamente aceptó las pruebas. Por nosotros se anonadó, escupido en la frente, agonizando en la Cruz, apeló a su gloria: "Padre, dijo, glorifícame" (Jn 17,5).

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REFLEXIÓN

“Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”

 
Hoy en la narración evangelizadora de Pablo dice el pasaje que a pesar de que logró algunas conversiones no tuvo el éxito esperado. A nosotros muchas veces nos ocurre lo mismo en medio del mundo arropado por el secularismo en que nos ha tocado vivir. Vemos que nuestra predicación no rinde los frutos que esperamos o, al menos, no tan rápido como quisiéramos. Tal vez inclusive puede que sea otro quien coseche los frutos. Pero así es la semilla del Reino, que se siembra y va creciendo bajo tierra, fuera de nuestra vista, hasta que el día propicio germina y da fruto. Es ahí donde entra en juego el Espíritu Santo que nos da el don de la paciencia que nos hace madurar; madurez que nos aviva la esperanza (Rm 5,3) y nos permite seguir adelante.

¡Cuántas veces en nuestras vidas no podemos “ver” a Jesús en medio de la oscuridad que nos rodea! ¡Cuántas veces sentimos ese vacío, esa ausencia! Pero cuando tenemos la certeza de que si perseveramos en la oración, “dentro de poco” volveremos a verlo y “nuestra tristeza se convertirá en alegría”, nos sentimos consolados. Para eso tenemos que creer en Jesús y creerle a Jesús. Porque para Él no hay desierto ni abismo que no pueda conquistar.

 
Reflexiones en Mayo para Nuestra Madre: Jesús dice “Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él (Jn 14,23)”. Estas expresiones se dirigen a los discípulos, pero se pueden aplicar al máximo grado a Aquella que es la primera y perfecta discípula de Jesús. María de hecho observó primera y plenamente la palabra de su Hijo, demostrando así que le amaba no sólo como madre, sino antes incluso, como sierva humilde y obediente; por esto Dios Padre la amó y tomó morada en ella la Santísima Trinidad. Y aún más, allí donde Jesús promete a sus amigos que el Espíritu Santo les asistirá ayudándoles a recordar cada una de sus palabras y a comprenderla profundamente ¿cómo no pensar en María, que en su corazón, templo del Espíritu, meditaba e interpretaba fielmente todo lo que su Hijo decía y hacía?

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
No lo tomes a mal, cuando clamamos a ti
en los desiertos de nuestras penas y soledades.
Sigue fortaleciéndonos con el alimento reconfortante
y con la bebida de alegría de Jesús.
Y haz que percibamos también tu presencia
en la gente buena que nos rodea,
en sus palabras de consuelo y esperanza.
Danos la certeza de que tú nos conduces firmemente
hacia una alegría y una felicidad sin fin.
Concédenos esto por medio de Jesucristo nuestro Señor

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miércoles, 4 de mayo de 2016

Lecturas del 04/05/2016: Miércoles de la sexta semana de Pascua



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 17,15.22-34.18,1.)

 
Los que acompañaban a Pablo lo condujeron hasta Atenas, y luego volvieron con la orden de que Silas y Timoteo se reunieran con él lo más pronto posible. Pablo, de pie, en medio del Aréopago, dijo: Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más religiosos de todos los hombres. En efecto, mientras me paseaba mirando los monumentos sagrados que ustedes tienen, encontré entre otras cosas un altar con esta inscripción: 'Al dios desconocido'. Ahora, yo vengo a anunciarles eso que ustedes adoran sin conocer. El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. El hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: 'Nosotros somos también de su raza'. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos". Al oír las palabras "resurrección de los muertos", unos se burlaban y otros decían: "Otro día te oiremos hablar sobre esto". Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros. Después de esto, Pablo dejó Atenas y fue a Corinto.

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SALMO
(Salmo 148(147),1-2.11-12ab.12c-14a.14bcd.)

¡Aleluya!
Alaben al Señor desde el cielo,
alábenlo en las alturas;
alábenlo, todos sus ángeles,

alábenlo, todos sus ejércitos.
Los reyes de la tierra y todas las naciones,
los príncipes y los gobernantes de la tierra;
los ancianos, los jóvenes y los niños,

alaben el nombre del Señor.
Porque sólo su Nombre es sublime;

su majestad está sobre el cielo y la tierra,
y él exalta la fuerza de su pueblo.
¡A él, la alabanza de todos sus fieles,
y de Israel, el pueblo de sus amigos!

¡Aleluya!

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EVANGELIO
(Juan 16,12-15)

 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."

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COMENTARIO
(San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia)

El Espíritu Santo, el Paráclito, el Defensor, es aquel que el Padre y el Hijo envían al alma de los justos como un aliento de vida. Por él que somos santificados y merecemos ser santos. El aliento humano es la vida del cuerpo; el aliento divino es la vida de los espíritus. El aliento humano nos hace sensibles; el aliento divino nos hace santos. Este Espíritu es Santo, porque sin él ningún espíritu, ni angélico ni humano, puede ser santo.

"El Padre, dice Jesús, os lo enviará en mi nombre" (Jn 14,26), es decir, en mi gloria, para manifestar mi gloria; y también, porque él tiene el mismo nombre que el Hijo: es Dios. "Me glorificará" porque os convertirá en espirituales, y os hará comprender que el Hijo es igual al Padre y no sólo hombre como vosotros lo veis, y porque os quitará vuestro temor y os hará anunciar mi gloria al mundo entero. Por eso, mi gloria, es la salvación de los hombres.

"Os enseñará todas las cosas". "Hijos de Sión, dice el profeta Joel, alegraos, porque el Señor vuestro Dios os ha dado a aquel que enseña la justicia (2,23 Vulg), que os enseñará todo lo que se refiere a la salvación.

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REFLEXIÓN

“Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena”
 
Esta verdad es muy significativa para nuestra fe, la de hoy, es la Misión del Espíritu, la que ha dado continuidad a todo lo revelado por Jesucristo, “La aportación del Espíritu no es cuantitativa, sino cualitativa”, su presencia, su iluminación nos aclarará el misterio de la Misión de Cristo, “La VERDAD”. El Espíritu nos guiará al conocimiento de la Palabra de Vida en su totalidad universal, siendo la misión de formarnos para la vivencia del misterio de salvación del ser humano en su totalidad, partiendo de la fe en Jesús, aceptado y comprendido con la luz siempre nueva y renovadora. Al decir Jesús, que El Espíritu todo lo recibirá de Él, nos refleja que la obra de salvación está íntimamente relacionada con el Padre, por la fuerza del mismo Espíritu. Él facilita la comprensión del nuevo orden de cosas que comenzaron con la muerte y resurrección de Jesús y nos deja claro que su obra no fue ni es un engaño para nosotros, sino una Verdad Liberadora y Vivificadora.

El “Espíritu de la verdad” es el que nos va a ayudar a comprender todas aquellas verdades que por nuestra pequeñez no podemos asimilar de golpe, por eso tenemos que invocar al Espíritu Santo en oración para que venga sobre nosotros y nos guíe “hasta la verdad plena”. Esta verdad nos es que nos venga a “revelarnos” nuevas doctrinas o nuevas “verdades” a cada cual, por eso hay tantas denominaciones y sectas, cada una con su propia “verdad”. Debemos recordar que la misión del Espíritu es “ser memoria de Jesús”, no revelarnos nada nuevo; pues la Divina Revelación terminó con el comienzo de la Redención y Misericordia “Jesús crucificado y Resucitado”.

El Espíritu Santo descendió sobre el colegio apostólico en Pentecostés; digamos con propiedad que nuestra Iglesia es apostólica, es decir, fundada sobre la doctrina de los apóstoles, quienes a su vez transmitieron el Espíritu Santo a sus sucesores hasta nuestros días. Pidamos al Espíritu Santo que se derrame sobre nosotros para poder acceder al depósito de la fe (constituido por la Palabra y la Santa Tradición) guiados por el Magisterio de la Iglesia, y llegar a la “verdad plena” que Jesús nos reveló.

 
Ese camino del Espíritu va acompañado siempre de la Mano de la Madre que Jesús nos dejó, caminemos con ella nuestra vida, Santa María del Camino “Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás. Contigo por el camino Santa María va”. Sencillo verso, que busca expresar una profunda verdad de fe. En el camino de la vida cristiana, por designio amoroso de Dios, siempre contamos con la presencia maternal de nuestra Madre la Virgen María. El Señor Jesús quiso manifestar explícitamente, desde lo alto de la Cruz, la maternidad espiritual de su propia Madre para con todos sus discípulos: «He ahí a tu Madre». Es ésta una realidad que el Pueblo de Dios no ha cesado de experimentar desde los orígenes de la Iglesia.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
Tú nos has cerciorado de nuevo,
de que tú estás con nosotros
por medio de tu Hijo Jesucristo.
Que su Espíritu de verdad nos guíe
para afrontar la verdad con todas sus consecuencias
-- la verdad sobre tu Hijo y su evangelio,
para que vivamos su vida más profundamente,
y la verdad sobre nosotros mismos
que no somos más que pálidas imágenes y pobres testigos
de quien es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

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martes, 3 de mayo de 2016

Lectura del 03/05/2016: Fiesta de san Felipe y Santiago, apóstoles


PRIMERA LECTURA
(Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-8.)

 
 
Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

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SALMO
(Salmo 19(18),2-3.4-5.)

El cielo proclama la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos;
un día transmite al otro este mensaje

y las noches se van dando la noticia.
Sin hablar, sin pronunciar palabras,
sin que se escuche su voz,

resuena su eco por toda la tierra
y su lenguaje, hasta los confines del mundo.
Allí puso una carpa para el sol

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EVANGELIO
(Juan 14,6-14)

 
 
Jesús dijo a Tomás: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto". Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta". Jesús le respondió: "Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: 'Muéstranos al Padre'? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre." Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré."

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COMENTARIO
(San Hilario (c. 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia)

Jesús dijo: «Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto». Ven al hombre Jesucristo. Los apóstoles tienen delante de sus ojos su aspecto exterior, es decir, su naturaleza de hombre, siendo así que Dios, liberado de toda carne no es reconocible en un miserable cuerpo de carne. ¿Cómo es, pues, que conocerle sea conocer también al Padre?

Son estas palabras inesperadas las que causan turbación al apóstol Felipe...; la debilidad de su espíritu humano no le permite comprender una afirmación tan extraña... Entonces, con la impetuosidad propia de su familiaridad con Jesús y de su fidelidad de apóstol, interroga a su Maestro: « ¡Señor, muéstranos al Padre y nos basta! »... No es que desee contemplar al Padre con sus propios ojos físicos, sino que pide comprender lo que está viendo. Porque viendo al Hijo bajo forma humana, no comprende cómo, por este mero hecho, haya visto al Padre...

Y el Señor le responde: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?»; lo que le reprocha es que todavía ignora quién es él... ¿Por qué no le habían todavía reconocido siendo así que durante tanto tiempo le habían buscado? Es que para reconocerle, era preciso reconocer que la divinidad, la misma naturaleza del Padre, estaba en él. En efecto, todas las obras que había realizado eran las propias de Dios: caminar sobre las aguas, dar órdenes a los vientos, llevar a cabo cosas imposibles de comprender como son, cambiar el agua en vino o multiplicar unos panes..., hacer huir a los demonios, quitar enfermedades, poner remedio a males del cuerpo, enderezar a disminuidos de nacimiento, perdonar los pecados, devolver la vida a los muertos. Esto es lo que había hecho su cuerpo de carne, y todo ello le permitía proclamarse Hijo de Dios. De aquí su reproche y su queja: a través de la realidad misteriosa de su nacimiento humano, no había percibido que era la naturaleza divina la que llevaba a cabo estos milagros a través de esta naturaleza humana asumida por el Hijo.

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REFLEXIÓN

“Hace tanto que estoy con vosotros ¿y no me conoces?”
 
Tanto asistir a nuestros actos litúrgicos, leer los textos del Evangelio, vivir como cristianos, sentir a Jesús en muchos momentos, ser testigos durante tanto tiempo, nos preguntan y decimos “somos cristianos”… y llega el momento de verdad en creerle por cualquier circunstancia de la vida ¡y! nos olvidamos, nos confundimos, viene la desesperanza, nuestra alma se aflige; Jesús nos de nuevo se sorprende y nos dice “Hace tanto que estoy con vosotros ¿y no me conoces, <nombre>?”. Las palabras de Jesús suenan, no como un regaño, sino una gran lección, porque quizás llevamos mucho tiempo alrededor de Él, caminando a su lado, y no lo conocemos del todo. Sencillamente creemos pero no “le creemos”… ¿Dónde está nuestra fe?

Nuestra vida cristiana consiste en conocer a Jesucristo quien, por otra parte, es de una profundidad y riqueza inagotable, todos estamos llamados a ello y a través de Él, y sólo mediante Él, conozcamos al Padre, es el único camino y ese conocimiento no es intelectual sino vivencial “de vida”. Él nos comunica su vida y nos va transformando hasta el punto de poder realizar sus obras.

La Iglesia nos recuerda hoy la vida de los mártires Felpe y Santiago “apóstoles”, invitándonos a examinar nuestra vida y a descubrir cuál es nuestra relación con Jesucristo, para que nuestra conversión y en nuestro caminar como fieles, tomemos conciencia de que Jesús lo es todo, que nuestra vida, verdaderamente, comience a tener en Él su centro, su principio y su final.

 

"La Virgen María “Nuestra Madre” vivió totalmente para su Hijo. Que ella nos enseñe a tratarlo como “Camino, verdad y vida” y bajo su amparo, podamos conocer mejor a Jesús y, así, alcanzar a entender a lo que estamos llamados"

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
Te alabamos y te damos gracias
en la fiesta de tus apóstoles Felipe y Santiago.
Por medio de ellos
muchos llegaron a conocer
que Jesús resucitó y vive para siempre.
Hoy te pedimos que también nosotros
seamos buenos testigos de Jesús Resucitado
por la forma cómo vivimos su nueva vida,
aun cuando seamos imperfectos y débiles,
para que la gente encuentre,
por medio de nosotros,
el camino hacia el Padre.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

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lunes, 2 de mayo de 2016

Lectura del 02/05/2016: Lunes de la sexta semana de Pascua



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 16,11-15.)


En aquellos días, nos embarcamos en Tróade y fuimos derecho a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis. De allí fuimos a Filipos, ciudad importante de esta región de Macedonia y colonia romana. Pasamos algunos días en esta ciudad, y el sábado nos dirigimos a las afueras de la misma, a un lugar que estaba a orillas del río, donde se acostumbraba a hacer oración. Nos sentamos y dirigimos la palabra a las mujeres que se habían reunido allí. Había entre ellas una, llamada Lidia, negociante en púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios. El Señor le tocó el corazón para que aceptara las palabras de Pablo. Después de bautizarse, junto con su familia, nos pidió: "Si ustedes consideran que he creído verdaderamente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa"; y nos obligó a hacerlo.

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SALMO
(Salmo 149(148),1-2.3-4.5-6a.9b.)

Canten al Señor un canto nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que Israel se alegre por su Creador
y los hijos de Sión se regocijen por su Rey.

Celebren su Nombre con danzas,
cántenle con el tambor y la cítara,
porque el Señor tiene predilección por su pueblo
y corona con el triunfo a los humildes.

Que los fieles se alegren por su gloria
y canten jubilosos en sus fiestas.
Glorifiquen a Dios con sus gargantas;
ésta es la victoria de todos sus fieles.

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EVANGELIO
(Juan 15,26-27.16,1-4a)

 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. Les he dicho esto para que no se escandalicen. Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios. Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.»

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COMENTARIO
(San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia)

Todo lo que Cristo debía hacer en la tierra se había ya cumplido; pero convenía que nosotros «llegáramos a ser partícipes de la naturaleza divina» del Verbo (2P 1,4), esto es, que abandonásemos nuestra vida anterior para transformarla y conformarla a un nuevo estilo de vida y santidad... Pues mientras Cristo vivía personalmente entre los creyentes, se les mostraba como el dispensador de todos sus bienes; pero cuando llegó la hora de regresar al Padre celestial, continuó presente entre sus fieles mediante su Espíritu, y «habitando por la fe en nuestros corazones» (Ef 3,17).

Este mismo Espíritu transforma y traslada a una nueva condición de vida a los fieles en que habita y tiene su morada. Esto puede ponerse fácilmente de manifiesto con testimonios tanto del antiguo como del nuevo Testamento. Así el piadoso Samuel dice a Saúl: «Te invadirá el Espíritu del Señor, y te convertirás en otro hombre» (1S 10,6). Y san Pablo: «Nosotros todos, que llevamos la cara descubierta, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente; así es como actúa el Señor, que es Espíritu» (2C 3,18).

No es difícil percibir como transforma el Espíritu la imagen de aquello en los que habita: del amor a las cosas terrenas, el Espíritu nos conduce a las esperanza de las cosas del cielo; y de la cobardía y la timidez, a la valentía y generosa intrepidez de espíritu. Sin duda es así como encontramos a los discípulos, animados y fortalecidos por el Espíritu, de tal modo que no se dejaron vencer en absoluto por los ataques de los perseguidores, sino que se adhirieron con todas sus fuerzas al amor de Cristo. Se trata exactamente de lo que había dicho el Salvador: «Os conviene que yo me vaya al cielo» (Jn 16,7). En este tiempo, en efecto, descendería el Espíritu.

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REFLEXIÓN

“Les he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, se acuerden de que yo les había dicho”

 
La acción del Espíritu Santo nos da a entender la dimensión misionera de la Iglesia que con el ejemplo de la oración y el diálogo, da el mensaje de reconciliación, de integración y de comunión. Ese mismo Espíritu que Jesús nos dejo es el que nos prepara, como sus apóstoles, para todo lo que nos ha de venir, incluyendo el martirio, para dar testimonio de Él. La palabra “testimonio”, es sinónimo de martirio. Dar la vida por el Evangelio es el gran Testimonio, confesar con la sangre la Verdad. Jesús nos está diciendo de tendremos que enfrentar el martirio: “llegará incluso una hora cuando el que nos dé muerte pensará que da culto a Dios” y nos advirtió que: “Les he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, se acuerden de que yo les había dicho”.

Es el Espíritu quien nos ha de dar las fuerzas para “dar testimonio”. Y mientras existan en el mundo el pecado, el egoísmo y el mal, los cristianos seremos perseguidos, humillados, ridiculizados. La mayoría de nosotros tenemos la dicha de proclamar nuestra fe en un mundo donde no tenemos que confesar la Verdad con nuestra sangre, pero ello no nos exime de la burla, la persecución, a veces abierta y (la peor) a veces vedada. Desgraciadamente, todavía hoy existen aquellos que sufren el martirio por profesar su fe, como está ocurriendo en el Oriente medio.

Por ser el mes dedicado a esa mujer, que es María Madre, a las Madres y a todas, debemos reconocerle que son Ellas precisamente las primeras en darse cuenta de los mensajeros, las primeras en acoger y comprender el proyecto de vida, porque ellas están por la construcción de un mundo mejor, de un mundo más justo, más integrado y más solidario. Un ejemplo del que hoy vemos es el de Lidia (Comerciante en púrpura en Tiratira y muy devota), no duda en abrir su casa, su corazón y preparar una mesa y en alojamiento para la Palabra de Vida.

Bendita las mujeres que evangelizan en todo tiempo y lugar y que sin explicitarlo, ni protagonismos viven las obras de misericordia en la cotidianidad de sus vidas.

El Papa Francisco nos dice: «Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más». Y añadía: «Quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente». Eso es siempre una luz que atrae.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
¿Qué profesión de fe podemos hacer más profunda,
ya que creemos en tu Hijo Jesucristo
-- Dios y hombre a la vez--,
que celebrando esta eucaristía con él?
Que él nos empape con la nueva y eterna Alianza
y nos una más profundamente con él,
contigo y con el Espíritu Santo.
Dígnate hacer todo esto
por medio de Jesucristo, nuestro Señor
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