martes, 5 de abril de 2016

Lecturas del 05/04/2016: Martes de la segunda semana de Pascua

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,32-37.)

 
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos. Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades. Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé -que quiere decir hijo del consuelo- un levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.

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SALMO
(Salmo 93(92),1ab.1c-2.5.)

¡Reina el Señor, revestido de majestad!
El Señor se ha revestido,
se ha ceñido de poder.
Tu trono está firme desde siempre,

tú existes desde la eternidad.
Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,
la santidad embellece tu Casa
a lo largo de los tiempos.

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EVANGELIO
(Juan 3,7b-15)

 
Jesús dijo a Nicodemo: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu". "¿Cómo es posible todo esto?", le volvió a preguntar Nicodemo. Jesús le respondió: "¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

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COMENTARIO
(San Hilario (c. 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia)

Dios todopoderoso, según el apóstol Pablo, tu Espíritu "escruta y conoce las profundidades de tu ser" (1C 2, 10-11), e intercede por mí, te habla en mi lugar con "gemidos inenarrables" (Rm 8,26)… Fuera de ti nadie escruta tu misterio; nada que sea extraño a ti no es suficientemente poderoso para medir la profundidad de tu majestad infinita. Todo lo que penetra en ti procede de ti; nada de lo que es exterior a ti tiene el poder de sondearte…

Creo firmemente que tu Espíritu viene de ti por tu Hijo único; aunque yo no comprendo este misterio, tengo, respecto a él, una profunda convicción. Porque en las realidades espirituales que son dominio tuyo, mi espíritu es limitado, tal como lo dice tu Hijo único: "No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de nuevo’. Porque el Espíritu sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del agua y del Espíritu".

Creo en mi nuevo nacimiento sin comprenderlo, y en mi fe guardo lo que escapa a mi comprensión. Sé que tengo el poder de renacer, pero no sé cómo esto se realiza. El Espíritu no tiene ningún límite; habla cuando quiere, y dice lo que él quiere y donde quiere. La razón de su partida y de su venida permanecen desconocidas para mí, pero tengo la profunda convicción de su presencia.

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REFLEXIÓN
(José Perea)

“Hay que nacer de nuevo para entrar en el Reino de Dios”.

 
¿Qué nos dice esta palabra? Nosotros al igual que Nicodemo somos incapaces de comprender lo que nos dice Jesús, nuestra mentalidad no nos permite ver más allá de la Palabra y su cumplimiento. Jesús nos está hablando de la verdadera Libertad que solo el Espíritu (que es el Amor entre el Padre y el Hijo) puede darnos.

La idea de “nacer de nuevo” resulta irrisoria, imposible, para todo aquél que no ha conocido el Amor de Dios, el cielo del que le habla Jesús a Nicodemo (y a nosotros) no hay que buscarlo en las alturas; es la experiencia de hacerse uno con el Padre como Él lo es. Es ¡tomar conciencia! grande y profunda de que Dios está con uno y uno está con Dios, en un pacto producto de la Libertad que solo puede provenir del Amor.

Las palabras del evangelio son ejemplo de: llamada, denuncia, aguijón y condena evangélica a la forma de vivir la fe de nosotros los cristianos que nos contentamos con cumplir unas prácticas religiosas y nos duele internamente a la hora de compartir y desprendernos de nosotros mismos, “una fe sin obras es una fe muerta”, y nos cuestiona a los creyentes de hoy para que construyamos otro tipo de sociedad más justa y equitativa, para que demos a nuestros bienes, materiales y espirituales, un sentido más cristiano, solidario y fraternal. Pablo dice que “hay que equilibrar”.

Y tú, ¿le crees?

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ORACIÓN

Padre de nuestro Señor Jesucristo:
¡A ti toda alabanza y acción de gracias!
Tú nos has dado a tu Hijo, Jesús Resucitado,
para que viva en nuestras comunidades.
Haz que sepamos verlo con ojos de fe,
para que él nos una en una sola mente y un solo corazón.
Que su presencia dinámica entre nosotros
nos mueva a convertirnos con él
en pan de vida, los unos para los otros,
para que nadie entre nosotros tenga hambre
de alimento material o de ayuda espiritual
cuando se sienta necesitado.
Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.

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lunes, 4 de abril de 2016

Lecturas del 04/04/2016: Solemnidad de la Anunciación del Señor

PRIMERA LECTURA
(Libro de Isaías 7,10-14.8,10b.)

 

Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas». Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor.» Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel. Hagan un proyecto: ¡fracasará! Digan una palabra: ¡no se realizará! Porque Dios está con nosotros.

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SALMO
(Salmo 40(39),7-8a.8b-9.10.11.)

Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: "Aquí estoy.

En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,

y tu ley está en mi corazón».
Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,

Tú lo sabes, Señor.
No escondí tu justicia dentro de mí,
proclamé tu fidelidad y tu salvación,
y no oculté a la gran asamblea

tu amor y tu fidelidad.

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SEGUNDA LECTURA
(Carta a los Hebreos 10,4-10.)

Hermanos: Es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados.
Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo: "Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo.No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad." El comienza diciendo: Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo. Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.

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EVANGELIO
(Lucas 1,26-38)

 
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?". El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios". María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Ángel se alejó.

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COMENTARIO
(Santa Catalina de Siena (1347-1380), terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa)

María, templo de la Trinidad, hogar de fuego divino, madre de misericordia..., tú eres el tallo nuevo (Is 11,1) que ha producido la flor que perfuma al mundo, el Verbo, el Hijo único de Dios. En ti, tierra fecunda, fue depositado el germen de este Verbo. (Mt 13,3ss) Tú has escondido el fuego en las cenizas de nuestra humanidad. Vaso de humildad donde arde la luz de la sabiduría verdadera..., por el fuego de tu amor, por la llama de tu humildad, has atraído hacia ti y hacia nosotros al Padre eterno...

Gracias a esta luz, o María, nunca te has parecido a las vírgenes insensatas (Mt 25,1ss) sino que rebosas de virtud y de prudencia. Por esto has querido saber cómo se podía realizar lo que el ángel te anunciaba. Tú sabías que "para Dios todo es posible". No tenías duda alguna. ¿Por qué, entonces, tú dices: -no conozco ningún hombre-?

No te faltaba la fe. Era la humildad profunda que te hacía decir esto. No dudabas del poder de Dios, te considerabas como indigna de tan gran prodigio. Si fuiste turbada por la palabra del ángel, no era por temor. Mirándolo a la misma luz de Dios, me parece que era más bien por admiración. Y qué admirabas, pues, o María, sino la inmensidad de la bondad de Dios. Mirándote a ti misma, te juzgabas indigna de esta gracia y quedabas turbada. Tu pregunta es la prueba de tu humildad. No eras presa del temor sino de admiración ante la inmensa bondad.

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REFLEXIÓN
José Perea

María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho"
 
Dios elige a María, una mujer sin ningún título de nobleza, ya que no pertenecía a ninguna familia importante. María es parte de esa humanidad que, pese a las situaciones históricas de marginalidad, rechazo y abandono por parte del oficialismo socio-religioso de su tiempo, confía, espera y está abierta al querer divino. De esta forma hace posible que la Palabra –Jesús- asuma nuestro barro y lo redima. Ella es la firme aliada de la salvación de Dios que colmará la expectativa de los pobres de su pueblo. Su “SI” es fruto de una fe profunda y de un maduro discernimiento que la convierte en instrumento eficaz de la salvación de todos.

EL sentido de la expresión “voluntad de Dios”: hace referencia al gran plan y al proyecto de Dios para la humanidad. Dios nos ha creado para que seamos felices, los padres que amamos de verdad a sus hijos tienen expectativas con respecto a ellos, siempre desean que ellos desarrollen todas sus capacidades, quieren que ellos hagan libre uso de sus dones para convertirse así en adultos, esto es aún más cierto en el caso de Dios, Él desea nuestra felicidad.

Por eso el proyecto de Dios no es anular nuestra libertad, sino una invitación a que nuestra libertad sea utilizada plenamente a fin de que seamos cada vez más, a imagen suya, capaces de amar y servir al hermano, que es el camino más directo hacia esa felicidad que todos buscamos; así como María no sabía muy bien lo que le pedía el ángel, pero amaba a Dios y por eso aceptó lo que Él le pedía.

¿Cómo y en que dimensión es nuestro SI?

Con ese Sí es “Lo que Dios espera de nosotros” ¿En qué grado estamos dispuestos a decir haga en nosotros tu Palabra, hágase Tú Voluntad?

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ORACIÓN
Señor Jesús, hoy que celebramos la Solemnidad de tu Anunciación, concédeme un corazón profundamente recogido y silente, como el de la Virgen María. Quiero, como Ella, recibir tu Santo Espíritu. Quiero, como Ella, ponerme enteramente en tus manos. Concédeme, como a Ella, aprender a decir siempre «hágase» a tu Plan de amor.
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domingo, 3 de abril de 2016

Lecturas del 03/04/2016: Segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,12-16.)

Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón, pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos. Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres. Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos. La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados.

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SALMO
(Salmo 118(117),2-4.22-24.25-27a.)

Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
íes eterno su amor!

Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina».

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SEGUNDA LECTURA
(Apocalipsis 1,9-11a.12-13.17-19.)

Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las tribulaciones, el Reino y la espera perseverante en Jesús, estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía: "Escribe en un libro lo que ahora vas a ver, y mándalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea".
Me di vuelta para ver de quién era esa voz que me hablaba, y vi siete candelabros de oro,
y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro. Al ver esto, caí a sus pies, como muerto, pero él, tocándome con su mano derecha, me dijo: "No temas: yo soy el Primero y el Ultimo, el Viviente. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo la llave de la Muerte y del Abismo. Escribe lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá en el futuro.

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EVANGELIO
(Juan 20,19-31)

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". Él les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

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COMENTARIO
(Beato Pablo VI, papa 1963-1978)

La alegría pascual no es solamente la de una transfiguración posible: es la de una nueva presencia de Cristo resucitado, dispensando a los suyos el Espíritu, para que habite en ellos. Así el Espíritu Paráclito es dado a la Iglesia como principio inagotable de su alegría de esposa de Cristo glorificado. Él lo envía de nuevo para recordar, mediante el ministerio de gracia y de verdad ejercido por los sucesores de los Apóstoles, la enseñanza misma del Señor. El suscitó en la Iglesia la vida divina y el apostolado. Y el cristiano sabe que este Espíritu no se extinguirá jamás en el curso de la historia. La fuente de esperanza manifestada en Pentecostés no se agotará.

El Espíritu que procede del Padre y del Hijo, de quienes es el amor mutuo viviente, es pues comunicado al Pueblo de la nueva Alianza y a cada alma que se muestre disponible a su acción íntima. El hace de nosotros su morada, dulce huésped del alma. Con él habitan en el corazón del hombre el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo suscita en el corazón humano una plegaria filial impregnada de acción de gracias, que brota de lo íntimo del alma, en la oración y se expresa en la alabanza, la acción de gracias, la reparación y la súplica. Entonces podemos gustar la alegría propiamente espiritual, que es fruto del Espíritu Santo (Ga.5,22).

Esta alegría caracteriza por tanto todas las virtudes cristianas. Las pequeñas alegrías humanas que constituyen en nuestra vida como la semilla de una realidad más alta, queden transfiguradas. Esta alegría espiritual, aquí abajo, incluirá siempre en alguna medida la dolorosa prueba de la mujer en trance de dar a luz, y un cierto abandono aparente, parecido al del huérfano: lágrimas y gemidos, mientras que el mundo hará alarde de satisfacción, falsa en realidad. Pero la tristeza de los discípulos, que es según Dios y no según el mundo, se trocará pronto en una alegría espiritual que nadie podrá arrebatarles (Jn. 16,20-22).

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REFLEXIÓN
José Perea

“Dichosos los que crean sin haber visto”

 
Los discípulos tuvieron la dicha de ver a Jesús resucitado. Nosotros por fe creemos que Él se hace presente con todo su cuerpo, sangre, alma y divinidad, en las especies de pan y vino durante la celebración eucarística; presencia tan real como lo fue la aparición a los discípulos en aquél primer domingo de Resurrección. ¡Y por ello Jesús nos llama dichosos, bienaventurados!

Jesús conoce nuestra naturaleza pecadora y no quiso dejarnos huérfanos: “exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’”, este es el “Tribunal de la Divina Misericordia”, y ¡qué Tribunal! No se parece en nada a los tribunales terrenos, en los que los culpables son declarados culpables y tienen que pagar su pena. ¡Y no estamos hablando de tribunales injustos y corruptos que abundan! Estamos hablando de los tribunales buenos y honestos; la manifestación más patente de la Misericordia Divina, llamado así porque es el único Tribunal en el cual uno, al declararse culpable, sale absuelto.

¡Resaltamos y participemos hoy de la institución del Sacramento de la Reconciliación!

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ORACIÓN

 
"Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia."

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.

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sábado, 2 de abril de 2016

Lecturas del 02/04/2016: Sábado de la Octava de Pascua

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 4,13-21.)

 
Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús, pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido curado estaba de pie, al lado de ellos. Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y comenzaron a deliberar, diciendo: "¿Qué haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén. A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre". Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús. Pedro y Juan les respondieron: "Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios. Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído". Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.

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SALMO
(Salmo 118(117),1.14-15.16ab-18.19-21.)

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
El Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos.

"La mano del Señor hace proezas,
La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor.
El Señor me castigó duramente,

pero no me entregó a la muerte.
«Abran las puertas de la justicia
y entraré para dar gracias al Señor.»
«Esta es la puerta del Señor:
sólo los justos entran por ella.»
Yo te doy gracias porque me escuchaste

y fuiste mi salvación.

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EVANGELIO
(Marcos 16,9-15)

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron. En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación."

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COMENTARIO
(San León Magno (¿-c. 461), papa y doctor de la Iglesia)

Que no nos veamos apresados por el espectáculo de las cosas de este mundo; que los bienes de la tierra no aparten del cielo nuestras miradas. Sepamos sobrepasar lo que ya no es nada; que nuestro espíritu, ligado a lo que debe permanecer, fije su deseo en las promesas de eternidad. Aunque actualmente no estemos "salvados más que en esperanza" (Rm 8, 24), aunque nuestra carne esté todavía sujeta a la corrupción de la muerte, bien podemos afirmar que vivimos fuera de la carne si escapamos a la influencia de sus pasiones. No, no merecemos llevar más tiempo el nombre de esta carne de la cual hemos hecho callar sus apetitos…

Que el pueblo de Dios, pues, tome conciencia de que es "una nueva criatura en Cristo" (2C 5,17). Que comprenda bien que ha sido escogido, y que es Él mismo quien lo ha escogido. Que el nuevo ser no vuelva a la inconstancia de su antiguo estado. Que "el que ha puesto la mano en el arado" (Lc 9,62) no cese de trabajar, que vele sobre el grano que él mismo ha sembrado, que no regrese a lo que ha abandonado. Que nadie caiga de nuevo en la degradación de la cual se ha levantado. Y si, puesto que la carne es débil, alguno yace todavía en alguna de sus enfermedades, que tome la firme resolución de curar y levantarse de ella. Este es el camino de la salvación; esta es la manera de imitar la resurrección comenzada en Cristo… Que nuestros pasos abandonen la arena movediza para caminar sobre tierra firme, porque está escrito: "El Señor asegura los pasos del hombre, se complace en sus camino; si tropieza, no caerá, porque el Señor lo tiene de la mano" (Sl 36,23s).

Amados hermanos, conservad estas reflexiones en vuestro espíritu, no solamente para celebrar estas fiestas de Pascua, sino para santificar toda vuestra vida.

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REFLEXIÓN
José Perea

“ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

Esta es la fe Pascual, que se aviva por el evento de Pentecostés, es la que nos brinda hoy y brindo a los apóstoles la valentía para enfrentar a las autoridades de ese entonces, que es la continuación para poder predicar, hoy, la resurrección de Jesús en cuyo nombre se anuncia la Buena Noticia del Reino, siguiendo el mandato de Jesús de ir al mundo entero y proclamar el Evangelio a toda la creación.

Durante esta semana hemos estado celebrando la Resurrección de Jesús. No se trata de un acontecimiento del pasado; se trata de un acontecimiento presente, tan real como lo fue para los Once y los demás discípulos. Y como Pedro en la primera lectura, estamos llamados a ser testigos. ¡Jesús vive; verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
¿Qué elementos debemos tomar para poder anunciar esa Buena Noticias?

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ORACIÓN
Papa Francisco

Hijo de Dios, Jesús:
Hoy estás vivo en cada criatura
con tu gloria de resucitado. Alabado seas.
Espíritu Santo, que con tu luz
orientas este mundo hacia el amor del Padre y acompañas el gemido de la creación,
tú vives también en nuestros corazones para impulsarnos al bien.
Enséñanos a contemplarte en la belleza del universo,
donde todo nos habla de ti.
Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud por cada ser que has creado.
Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos con todo lo que existe.
Dios de amor,
muéstranos nuestro lugar en este mundo como instrumentos de tu cariño
por todos los seres de esta tierra,
porque ninguno de ellos está olvidado ante ti.
Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz, para proteger toda vida,
para preparar un futuro mejor, para que venga tu Reino
de justicia, de paz, de amor y de hermosura. Alabado seas.

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jueves, 31 de marzo de 2016

Lecturas del 31/03/2016: Jueves de la Octava de Pascua

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 3,11-26.)

 

Como el paralítico que había sido curado no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón. Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: "Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes pueden comprobar. Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer. Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados." Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. Él debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas. Moisés, en efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo. Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días. Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades".

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SALMO
(Salmo 8,2a.5.6-7.8-9.)

¡Señor, nuestro Dios,
¿Qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos.
Todo lo pusiste bajo sus pies.
Todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas.

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EVANGELIO
(Lucas 24,35-48)

Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo". Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo para comer?". Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos. Después les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos". Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto."

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COMENTARIO
(Beato John Henry Newman (1801-1890), teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra)

El corazón de cada cristiano debería representar, en miniatura, a la Iglesia católica, puesto que el mismo Espíritu hace, tanto de la Iglesia entera como de cada uno de sus miembros, el Templo de Dios (1C 3,16). De la misma manera que se debe a él la unidad de la Iglesia, pues si la dejara a su propio arbitrio se dividiría en numerosas partes, asimismo es él quien hace que el alma sea una, a pesar de sus diversos gustos y facultades, de sus tendencias contradictorias. De igual manera que da la paz a todas las naciones que, por su misma naturaleza disienten unas de otras, así pone al alma a un sometimiento ordenado y establece que la razón y la conciencia sean soberanas y tengan sometidos los aspectos inferiores de nuestra naturaleza… Y estemos ciertos que estas dos operaciones de nuestro divino Consolador dependen la una de la otra. Mientras los cristianos no busquen la unidad y la paz en su propio corazón, jamás la misma Iglesia no estará en paz y unidad en el seno de este mundo que la envuelve. Y de manera muy semejante, mientras la Iglesia en todo el mundo esté en este lamentable estado de desorden que constatamos, no habrá particularmente ningún país, simple porción de esta Iglesia, que no se encuentre él mismo en un estado de gran confusión religiosa.

Es ésta una cosa sobre la cual debemos poner toda nuestra actual consideración, porque ella va a temperar nuestras esperanzas y a disipar nuestras ilusiones; no podemos esperar la paz dentro de nuestra casa si estamos en guerra con los de fuera.

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REFLEXIÓN
José Perea

¿Qué es vivir resucitados? 
Cambiar nuestra vida para que los sentidos todos se reviven, resucitan y se pongan al servicio de la resurrección.

Cuando llega la noche después de un día de prisas, agobios, ocupaciones y tratamos de recogernos en silencio para orar, a veces sólo nos sale: ¡Estoy agotado! ¡Este ritmo de vida es tremendo! Hay días que parece que no se acaban nunca y otros que transcurren como un suspiro. Pero todos llenos de sensaciones, de sentimientos, de mensajes...

Pero tenemos que experimentar, como los discípulos, que Jesús anda «en medio de todo», percibir su presencia, intuir su mirada y su voz con esa palabra serena y contagiosa: «Paz a vosotros», para entender que resucitar es vivir la vida en plenitud. Hace falta «sentir la vida que se vive». Orar así: repasando, intuyendo, profundizando y rumiando lo vivido.

Esta vida es complicada, difícil y a veces nos parece ver «fantasmas», nos quedamos atónitos, la rutina, la desgana, las personas «tóxicas» amargadas, los miedos, los errores, las prisas, las presiones de todo tipo, nuestra testarudez... nos la complican mucho.

La experiencia de la resurrección de Jesús, que se presenta «en medio», abriendo puertas, soplando Aire (=Espíritu), curando parálisis, disolviendo miedos, compartiendo la mesa (que eso significa ser «compañero»), haciéndonos entender las cosas... nos hace capaces de darle el valor que representa, de escuchar la opinión de quien sabe más que yo, de esperar con paciencia el desarrollo de los acontecimientos y sobretodo de vivir, en lo cotidiano, una vida plena.

Vivir es algo más que estar vivos. La vida es un regalo, un tesoro, una oportunidad, alegría, tristeza, triunfos y fracasos... y tantas otras cosas. Pero ¡hay que vivirla, leerla, orarla, contemplarla!

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ORACIÓN

Jesús, Amor de todo amor, tu compasión no tiene límites. Tenemos sed de ti, que nos dices: ¿Por qué tener miedo? No temas, yo estoy aquí.

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miércoles, 30 de marzo de 2016

Lecturas del 30/03/2016: Miércoles de la Octava de Pascua


PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 3,1-10.)

 
En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", para pedir limosna a los que entraban. Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna. Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: "Míranos". El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina". Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos. Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios. Toda la gente lo vio camina y alabar a Dios. Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido.

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SALMO
(Salmo 105(104),1-2.3-4.6-7.8-9.)

¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!

¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro!

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac.

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EVANGELIO
(Lucas 24,13-35)

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!". "¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron". Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?" Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?". En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!". Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

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COMENTARIO
(Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa)

El mismo Salvador, a quien la Palabra de la Escritura nos pone ante nuestros ojos en su humanidad mostrándonos como recorrió todos los caminos sobre la tierra, habita entre nosotros escondido bajo la apariencia del pan eucarístico, viene a nosotros todos los días como Pan de Vida. Es en estos dos aspectos que se hace próximo a nosotros, y es bajo estos dos aspectos que desea ser buscado y encontrado por nosotros. El uno llama al otro. Cuando con los ojos de la fe vemos al Salvador delante de nosotros, tal como nos lo describe la Escritura, entonces crece nuestro deseo de acogerle en el Pan de Vida. El pan eucarístico, a su vez, aviva nuestro deseo de conocer cada vez más profundamente al Señor a partir de la Palabra de la Escritura, y da fuerzas a nuestro espíritu para que le comprendamos mejor.

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REFLEXIÓN
José Perea

“Camino Hacia Emaús, Es el Caminar Juntos por toda la Vida”

En el relato Bíblico uno de ellos solo tiene nombre (Cleofás). Pero ¿quién es el otro? Es otro somos cada uno de nosotros ocupemos su lugar, sintámonos identificados con él.

Jesús Muere, ya no está ni estará más, todo son preguntas, cansancio y tristeza, por eso se alejan con su desconcierto y su desengaño; Esos «chismes de mujeres» que les han llegado sobre ángeles y apariciones, y la tumba vacía... no les ha convencido en absoluto.

Así nos pasa a nosotros que andamos buscando a Dios, nos llenamos de palabras, de historias, que creemos extrañas, nos alejamos entristecidos a «Emaús», a nuestras cosas de siempre.

En ese largo caminar ¿quién puede decir que no hemos vivido situaciones parecidas a esta?: “nosotros esperábamos que esto fuera otra cosa”, “yo creía que esto no era así”, “con todo lo que yo he hecho, ¿cómo es posible que Dios permita que me pase esto?”.

Muchas veces pedimos a Dios cosas que queremos que Él cambie, y como no se producen, creemos que no nos escucha, y no nos enteramos todavía que Él no va a cambiar nada, bueno sí, lo único que quiere cambiar es nuestro corazón, para que veamos las cosas de otra manera y eso no estamos dispuestos a hacerlo. Pedimos a Dios milagros y Él el único milagro que quiere hacer es cambiarnos a nosotros.

Debemos seguir invitando a Jesús a que se quede con nosotros, pero no esperemos cosas, sino aumentar la generosidad para que sabiendo lo que Él nos pide estemos dispuesto a dárselo.

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ORACIÓN

Quédate con nosotros, Señor.... para que no se apague nuestra fe, ni se oculte tu rostro...

Quédate con nosotros, Señor... en los momentos de dificultad, para que no nos falte ilusión, fortaleza en el dolor y luz en los momentos de confusión.

Quédate con nosotros, Señor.... para que nuestro corazón arda al calor del tuyo...

Quédate con nosotros, Señor... para que nuestro amor se manifieste, nuestra entrega se afiance y podamos acogerte a Ti en cada hermano.

Quédate con nosotros, Señor.... para que vivamos con esperanza.

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martes, 29 de marzo de 2016

Lecturas de 29/03/2016: Martes de la Octava de Pascua

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 2,36-41.)

 
El día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos: "Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías". Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?". Pedro les respondió: "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar". Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

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SALMO
(Salmo 33(32),4-5.18-19.20.22.)

Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.

Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti.

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EVANGELIO
(Juan 20,11-18)

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!". Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'". María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

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COMENTARIO
(San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia)

¿Por qué lloras? (Jn 20,15) Tú eres la causa de tus lágrimas, tú lloras por ti... Lloras porque no crees en Cristo. ¡Cree y lo verás! Cristo está aquí, nunca falta a los que le buscan. ¿Por qué lloras? No conviene llorar sino creer con una fe despierta y digna de Dios. ¡No pienses en las cosas mortales y no llorarás! ¿Por qué llorar lo que es causa de alegría para los otros?

"¿A quién buscas?" (Jn 20,15) ¿No ves que Cristo es la fuerza de Dios, que Cristo es la sabiduría de Dios, que Cristo es la santidad, que Cristo es la castidad, que Cristo es la pureza, que Cristo nació de una virgen, que Cristo es del Padre y está junto al Padre y en el Padre? Nacido y no creado, no abandonado, siempre amado, "Dios verdadero de Dios verdadero". "Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto." (Jn 20,13) Te equivocas, mujer. Piensas que Cristo ha sido robado del sepulcro por otros y no resucitado por su propio poder. Nadie puede robar el poder de Dios, nadie puede llevarse la sabiduría de Dios, nadie puede quitar la venerable castidad. Cristo no ha sido robado de la tumba del justo ni de lo íntimo de la virgen, ni del secreto del alma fiel. Incluso si alguien lo quisiera arrebatar de ahí, no podría.

Entonces, el Señor dice: "María, ¡mírame!" En tanto en cuanto no cree es "una mujer". Cuando empieza a volverse hacia él, es llamada María. Recibe el nombre de aquella que dio a luz a Cristo, porque es el alma que concibe espiritualmente a Cristo. ¡Mírame!, le dice. Quien mira a Cristo se convierte. El que no mira a Cristo va desencaminado. Ella, volviéndose, le ve y dice: "rabboni" que quiere decir maestro. (cf Jn 20,16) Quien mira se vuelve, quien se vuelve se da más cuenta de lo que ve, quien ve progresa. Llama maestro a aquel que creía muerto. Encontró a aquel que tenía por perdido.

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REFLEXIÓN
José Perea

“Ellos le preguntan: ‘Mujer, ¿por qué lloras?’ Ella les contesta: ‘Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto’”.

Vemos que el llanto de María se ve acentuado por la ausencia del cadáver. Ya no solo llora por la muerte de Jesús, sino porque no sabe dónde está su cadáver. No podría sentirse más “abandonada”.

Jesús lo había adelantado: “Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar;… Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo” (Jn 16,20). Y esa Palabra no se hizo esperar. Estando María ahogada en llanto se le presenta Jesús y le dice: “Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?”. Pero María no lo reconoce (Jesús estaba con su cuerpo glorificado) y le confunde con el jardinero, diciéndole que si él se ha llevado el cadáver que le diga dónde está para ir a recogerlo. Un acto de misericordia y caridad.

Cuando buscamos a Dios sin verdadera FE, la relación solo se da en un plano impersonal, como le ocurrió a María que llora por la ausencia del cadáver sintiéndose abandonada y fue llama por el apelativo de “mujer”, esto es el reflejo del vacío y la tristeza que experimentamos en el corazón, cuando estamos en pecado, en ese momento nuestra alma está tan vacía como lo estuvo aquel sepulcro hace casi dos mil años. Jesús no está y no lo podemos encontrar, lo vemos pero no le reconocemos, si nos arrepentimos de corazón y lloramos nuestra culpa, Jesús nos llamará por nuestro propio nombre. Y entonces se nos abrirán los ojos del alma y le reconoceremos. Pero a diferencia de María, quien no pudo abrazar al Resucitado porque todavía no había subido al Padre, nosotros sí podemos fundirnos con Él en el abrazo más amoroso imaginable. Y saldremos con júbilo a decir a nuestros hermanos: ¡Él vive!

Jesús le repite a los cristianos de hoy: "Cristiano, ¿por qué lloras? ¿Por qué te angustias por tus problemas, como si Yo no existiera? ¿Por qué no dejas de tratarme como a un cadáver, y vienes a Mí, que estoy en la Eucaristía, para que pueda obrar para ti milagros que ni siquiera puedes imaginar? Ven a Mí, adórame en la Eucaristía, recíbeme en tu corazón, y verás que no estoy muerto, que he resucitado y que tengo para ti un destino de alegría eterna".

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ORACIÓN
Martín Descalzo

Lo mismo que María Magdalena decimos hoy nosotros:
«Me han quitado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Marchamos por el mundo y no encontramos nada en qué poner los ojos,
nadie en quien podamos poner entero nuestro corazón.

Desde que tú te fuiste nos han quitado el alma
y no sabemos dónde apoyar nuestra esperanza,
ni encontrarnos una sola alegría que no tenga venenos.

¿Dónde estás? ¡Dónde fuiste, jardinero del alma,
en qué sepulcro, en qué jardín te escondes!
¿O es que tú estás delante de nuestros mismos ojos y no sabemos verte?
¿Estás en los hermanos y no te conocemos?
¿Te ocultas en los pobres, resucitas en ellos
y nosotros pasamos a su lado sin reconocerte?

Llámame por mi nombre para que yo te vea,
para que reconozca la voz con que hace años
me llamaste a la vida en el bautismo,
para que redescubra que tú eres mi maestro.
Y envíame de nuevo a transmitir de nuevo tu gozo a mis hermanos,
hazme apóstol de apóstoles
como aquella mujer privilegiada
que, porque te amó tanto,
conoció el privilegio de beber la primera
el primer sorbo de tu resurrección.

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