domingo, 6 de marzo de 2016

Lecturas del 06/03/2016: domingo de la cuarta semana de Cuaresma



PRIMERA LECTURA
(Libro de Josué 5,9a.10-12.)

 
Entonces el Señor dijo a Josué: "Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto". Y aquel lugar se llamó Guilgal hasta el día de hoy. Los israelitas acamparon en Guilgal, y el catorce del mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó. Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país - pan sin levadura y granos tostados - ese mismo día. El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán.

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SALMO
(Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.)

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia Él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

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SEGUNDA LECTURA
(Carta II de San Pablo a los Corintios 5,17-21.)

El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.

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EVANGELIO
(Lucas 15,1-3.11-32)

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'.
Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'. Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso. El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'. El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'. Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".

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COMENTARIO
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia)

"De lejos penetras mis pensamientos, distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares" (Sl 138, 2-3). Cuando todavía soy un viajero, antes de llegar a la patria, has comprendido mis pensamientos. Soñar al hijo pequeño, marchado lejos… El mayor no se había marchado lejos, trabajaba en el campo y era símbolo de los santos que, bajo la Ley, 0bservaban las prácticas y preceptos de la Ley. Así el género humano, que se había extraviado dando culto a los ídolos, había "marchado lejos". En efecto, nada está tan lejos de aquél que te ha creado que esta imagen modelada por ti mismo, para ti. El hijo menor marchó, pues, a un país lejano llevándose consigo la parte de herencia que le pertenecía y, tal como nos lo dice el Evangelio, la malgastó… Después de tantas desgracias y desalientos, de pruebas y sin nada, se acordó de su padre y quiso regresar donde estaba él. Se dijo: "Me pondré en camino adonde está mi padre…" Pero aquél que había abandonado ¿no está en todas partes? Por eso en el Evangelio el Señor nos dice que su padre "echando a correr se le echó al cuello". Es cierto, porque "de lejos había penetrado sus pensamientos, todas sus sendas le son familiares". ¿Cuáles, sino los malos caminos que había seguido para abandonar a su padre, como si pudiera esconderse a su mirada que le llamaba, o como si la miseria abrumadora que le hizo llegar hasta guardar puercos no fuera ya el castigo que su padre le impuso en su alejamiento con el fin de recibirlo a su regreso?... 

Dios castiga severamente nuestras pasiones, donde sea que vayamos, por mucho que nos alejemos de él. Así pues, como a un fugitivo a quien se detiene, el hijo dice: "Distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares". Mis sendas, por largas que sean, no han podido alejarme de tu mirada. Había andado mucho, pero tú estabas allí donde llegué. Incluso antes de que entrara, incluso antes de que empezara a caminar, tú conociste mi senda por adelantado. Y permitiste que siguiera mis caminos con dolor para que, si no quería sufrir más, hiciera mi camino de regreso a ti… Confieso mi culpa ante ti: he seguido mi propio camino, me alejé de ti; te abandoné siendo así que contigo estaba bien; y, si ha sido doloroso para mí el haber estado sin ti, ha sido para mí bien. Porque si me hubiera encontrado bien sin ti, posiblemente no hubiera querido regresar a ti.

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REFLEXIÓN
José Perea.

“Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo he encontrado”

Ser misericordioso no significa ser liberal o relejado, significa tener entrañas y un corazón dispuesto al perdón, si pusiéramos en práctica esta frase del Evangelio, es posible que la imagen de nuestro mundo, nuestro alrededor fuera distinta. Hay que amar y dejarse amar, sentir amor y ser amado para transformarse en un hombre nuevo.

El amor cambia, saber que somos acogidos y acoger a otros con misericordia, es el mensaje que nos urge en estos tiempos, debemos ser signos de reconciliación.

Por eso, cuando se nos acerca el extraño, el que no piensa y vive como nosotros, decimos: “Ese que…” y el padre nos dice: “Ese es hermano tuyo” y “Todo lo mío es tuyo”. Dios nos invita a los hermanos a acogerse con el mismo cariño, cuesta pedir perdón pero en ocasiones cuesta más perdonar y amar al que sentimos lejos de nuestras maneras de pensar. Y es que sin prejuicios, sin condenas, debemos de ser serios con nuestra propia conciencia, estimulándonos permanentemente al cambio y la conversión y comprensivos con los demás; llenos de ternura y misericordia. Difícil tarea, pero: ¿No será este el secreto de la vida cristiana?

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ORACIÓN

“Señor Dios, luz que alumbra a todo hombre que viene a este mundo, ilumina nuestros corazones con el resplandor de tu gracia, para que podamos siempre pensar lo que es digno y grato a tus ojos y amarte con sincero corazón”.

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sábado, 5 de marzo de 2016

Lecturas del 05/03/2016: Sábado de la tercera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Libro de Oseas 6,1-6.)

 
«Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia. Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra». ¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa. 
Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz. Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

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SALMO
(Salmo 51(50),3-4.18-19.20-21ab.)

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, 
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás los sacrificios rituales,
las oblaciones y los holocaustos-.

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EVANGELIO
(Lucas 18,9-14)

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: "Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".

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COMENTARIO
(San Juan Clímaco (c. 575-c. 650), monje en el Monte Sinaí)

Que vuestra oración sea totalmente simple; una sola palabra bastó al publicano y al hijo pródigo para alcanzar el perdón de Dios (Lc 15,21)… Ninguna búsqueda en las palabras de vuestra oración; ¡cuántas veces los tartamudeos simples y monótonos de los niños, hacen doblar el corazón de su padre! No os lancéis a hacer largos discursos a fin de no disipar vuestro espíritu buscando las palabras necesarias. Una sola  palabra del publicano conmovió la misericordia de Dios; una sola palabra llena de fe, salvó al buen ladrón (Lc 23,42). Ser prolijos en la oración, a menudo, no hace más que llenar el espíritu de imágenes y lo disipa, mientras que, a menudo, una sola palabra basta para recogerlo. ¿Te sientes consolado, atraído por una palabra de la oración? Párate en ella, porque es señal que nuestro ángel entonces ora con nosotros. No estés demasiado seguro, aunque hayas alcanzado la pureza, sino más bien una gran humildad, y entonces te sentirás con una gran confianza. Incluso si has subido la escalera de la perfección, ora para impetrar el perdón de tus pecados; escucha este grito de san Pablo: "Soy un pecador, yo, el primero" (1Tm 1,15)…Si estás revestido de dulzura y libre de toda cólera, no te va a costar mucho más liberar a tu espíritu de la cautividad. 
Mientras no hayamos obtenido la verdadera oración, nos asemejamos a aquellos que enseñan a los niños a dar sus primeros pasos. Trabajad para, con las palabras de vuestra oración, subir el pensamiento, o mejor, contenerlo; si la debilidad de la infancia le hace caer, levantadlo. Porque el espíritu es, por naturaleza, inestable, pero Aquel que todo lo hace firme puede también fijar el espíritu… El primer grado de la oración consiste, pues, en echar con una simple palabra las sugestiones del espíritu en el mismo momento en que ellas se presentan. El segundo es poner atención únicamente en lo que decimos y pensamos. El tercero, es que el alma esté captada por el Señor.


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REFLEXIÓN
José Perea

“Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”, ¡Quiero Misericordia!

Nuestra conversión debe estar relacionada con el arrepentimiento que sea producto de una transformación interior, en lo más profundo de nuestro ser, que nos haga reconocer nuestras faltas, lo que se ha de reflejar en nuestra forma de relacionarnos con Dios, con nosotros mismos y con nuestro prójimo.
 El arrepentimiento y la penitencia sean producto de la conversión y no a la inversa. Se trata de abrirnos incondicionalmente al Amor de Dios y rendirnos ante Él con la firme determinación de cumplir Su voluntad. 
No basta ir gritando delante del mundo que nos rodea diciendo: “Yo acepto a Jesucristo como mi único Salvador”, ni de cosas de este mundo obligado o pensando que si las hago estoy ayudando a mi conversión, no son las devociones las que hacen a un hombre “bueno” allí no hay Amor, hay que hacer la voluntad de Dios. 
Debemos tener una actitud interior, en el corazón. “Un corazón quebrantado y humillado, para que en esta Cuaresma, abramos nuestros corazones al Amor infinito de Dios y ese Amor nos permitirá reconocer las veces que le hemos fallado; permitiendo postrarnos ante Él con un corazón quebrantado y humillado; y entonces Él nos tomará de la mano, nos levantará, y nos dará el abrazo más amoroso que hayamos recibido.
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ORACIÓN

“Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias”.
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viernes, 4 de marzo de 2016

Lecturas del 04/03/2016: Viernes de la tercera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Libro de Oseas 14,2-10.)

 
Así habla el Señor: Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tú falta te ha hecho caer. Preparen lo que van decir y vuelvan al Señor. Díganle: "Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más "¡Dios nuestro!" a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión". Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos. Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano; sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano. Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano. Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto. ¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.

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SALMO
(Salmo 81(80),6c-8a.8bc-9.10-11ab.14.17.)

Oigo una voz desconocida que dice:

Yo quité el peso de tus espaldas
y tus manos quedaron libres de la carga.
Clamaste en la aflicción, y te salvé.

Te respondí oculto entre los truenos,
aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá.
Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti,
¡ojalá me escucharas, Israel!

No tendrás ningún Dios extraño,
no adorarás a ningún dios extranjero:
yo, el Señor, soy tu Dios, 
que te hice subir de la tierra de Egipto. 

¡Ojalá mi pueblo me escuchara,
e Israel siguiera mis caminos!
Yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo
y lo saciaría con miel silvestre.


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EVANGELIO
(Marcos 12,28b-34)

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:¿Cuál es el primero de los mandamientos?
Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos". El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, 
y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios". 
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

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COMENTARIO
(Concilio Vaticano II)

Entre los principales aspectos del mundo actual hay que señalar la multiplicación de las relaciones mutuas entre los hombres. Contribuye sobremanera a este desarrollo el moderno progreso técnico. Sin embargo, la perfección del coloquio fraterno no está en ese progreso, sino más hondamente en la comunidad que entre las personas se establece, la cual exige el mutuo respeto de su plena dignidad espiritual. La Revelación cristiana presta gran ayuda para fomentar esta comunión interpersonal y al mismo tiempo nos lleva a una más profunda comprensión de las leyes que regulan la vida social, y que el Creador grabó en la naturaleza espiritual y moral del hombre...
Dios, que cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos. Todos han sido creados a imagen y semejanza de Dios, quien hizo de uno todo el linaje humano y para poblar toda la haz de la tierra (Hch 17,26), y todos son llamados a un solo e idéntico fin, esto es, Dios mismo. Por lo cual, el amor de Dios y del prójimo es el primero y el mayor mandamiento. La Sagrada Escritura nos enseña que el amor de Dios no puede separarse del amor del prójimo: ... cualquier otro precepto en esta sentencia se resume: Amarás al prójimo como a ti mismo... El amor es el cumplimiento de la ley (Rom 13,9-10; cf. I 10 4,20). Esta doctrina posee hoy extraordinaria importancia a causa de dos hechos: la creciente interdependencia mutua de los hombres y la unificación asimismo creciente del mundo.
Más aún, el Señor, cuando ruega al Padre que todos sean uno, como nosotros también somos uno (Jn 17,21-22), abriendo perspectivas cerradas a la razón humana, sugiere una cierta semejanza entre la unión de las personas divinas y la unión de los hijos de Dios en la verdad y en la caridad. Esta semejanza demuestra que el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás.

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REFLEXIÓN
José Perea

“Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos”.

Como señala el concilio Vaticano II: en el mundo de hoy lo importante son las relaciones mutuas entre los hombres y que entre ellos debe actuarse sobre el respeto de su plena dignidad espiritual.

Al amar al prójimo como a uno mismo, “No estaremos lejos del Reino de Dios”

¿Cómo esta nuestra relación con los que nos rodean? ¿Con lo que actuamos día a día?, aparte de mi relación con Dios que debe haberse superado, ¡Como se dijo ayer Hacemos de acuerdo a lo que hablamos o escribimos!


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ORACIÓN

Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones para que sepamos dominar nuestro egoísmo y secundar las inspiraciones que nos vienen del cielo.

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jueves, 3 de marzo de 2016

Lecturas del 03/03/2016: Jueves de la tercera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Libro de Jeremías 7,23-28.)

 
Así habla el Señor: Esta fue la orden que les di: Escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que yo les ordeno, a fin de que les vaya bien. Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia delante. Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis servidores los profetas, los envié incansablemente, día tras día. Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres. Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán: los llamarás y no te responderán. Entonces les dirás: "Esta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido, ha sido arrancada de su boca".

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SALMO
(Salmo 95(94),1-2.6-7.8-9.)

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor!

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios, 
y nosotros, el pueblo que él apacienta, 
las ovejas conducidas por su mano.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón como en Meribá, 
como en el día de Masá, en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque habían visto mis obras.»

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EVANGELIO
(Lucas 11,14-23)

Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios". Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo. Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.

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COMENTARIO
(Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo)

Si las guerras (del Antiguo Testamento) no fueran símbolo de las guerras espirituales, pienso que nunca los libros históricos de los judíos se hubieran transmitido a los discípulos de Cristo que ha venido para traer la paz. Nunca los hubieran transmitido los apóstoles como lectura pública en las asambleas ¿A qué servirían tales descripciones de guerras a aquellos que oyen a Jesús que dice: "La paz os dejo, mi paz os doy", (Jn 14,27) a aquellos a quienes manda Pablo: "No os toméis la justicia por vuestra mano." (Rm 12,19) y "¿No sería preferible soportar la injusticia y permitir ser despojados?" (1Cor 6,7)

Pablo sabe muy bien que ya no tenemos que ganar batallas materiales sino que hay que luchar con gran esfuerzo en nuestra alma contra nuestros adversarios espirituales. Como un jefe de ejército, nos da este precepto a los soldados de Cristo: "Revestíos de las armas que Dios os ofrece para que podáis resistir a las asechanzas del diablo." (Ef 6,11) Y para poder aprovecharnos de los ejemplos de nuestros antepasados en las guerras espirituales, quiso que sea leído en la asamblea el relato de sus hazañas. Así, si somos hombres espirituales, nosotros que sabemos que la ley es "espiritual" (cf Rm 7,14) nos acercamos en estas lecturas a las realidades espirituales en términos espirituales. (cf 1Cor 2,13) Así contemplamos a través de estas naciones que atacaron materialmente al pueblo de Israel, el poder de las "naciones espirituales" enemigas interiores, los espíritus malos que están en el aire (cf Ef 6,22) que levantan las guerras contra la Iglesia del Señor, el nuevo Israel.


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REFLEXIÓN
José Perea

Desde el principio se nos presenta a un Dios desilusionado con su pueblo, porque le dieron la espalda, no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, le daban la espalda y no la frente. Desde que salieron de Egipto hasta les envió a sus siervos, los profetas, un día y otro día; endurecieron cada vez más su corazón, fueron peores que sus ancestros.

“Ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón”, Salmo (94).

En el tiempo de Jesús le acusaron de echar demonios por arte del príncipe de estos, mientras otros pedían un signo en el cielo, les resultaba más cómodo creer que Jesús actuaba por el poder del demonio, que aceptar que el Reino había llegado; Tenían un signo dentro de sí mismo, la Palabra encarnada y nuevamente le dieron la espalda, se negaron a escucharle, tenían aún más su corazón endurecido, entonces la sentencia de Jesús no se hizo esperar: “El que no está conmigo está contra mí”.

Mirémonos hoy uno a otros y preguntémonos: ¿qué diferencia hay entre nuestro hoy, y el pueblo de Israel en tiempos antes de Jesús, o en tiempos de Jesús?

Seguimos igual dándole la espalda a Dios, nos negamos a escuchar su voz, nuestro corazón sigue endurecido.

En este tiempo de Cuaresma “Nosotros” los bautizados debemos prestar atención al llamado a la conversión que se nos hace. Detengámonos por un momento y pensemos por un momento: ¿estoy con Jesús, o contra Él?

El seguimiento de Jesús no puede ser a medias, tiene que ser de entrega total que salga de dentro de nosotros, que tomemos la decisión de ir tras Jesús y comportémonos como tal. “Todavía estamos a tiempo”. Cuidado con sus palabras: “El que no está conmigo, está contra mí”.


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ORACIÓN

Gracias, Señor, por este momento de oración. Yo quiero ser como esos amigos que te aman y te poseen en su interior como un tesoro inviolable. Yo sé que en la vida cristiana hay dificultades y que debemos ser signos de contradicción. Por eso te ruego que me ayudes a no ceder a las presiones del mundo para que jamás te niegue ni deje de anunciarte a los demás.  Amén


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miércoles, 2 de marzo de 2016

Lecturas del 02/03/2016: Miércoles de la tercera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Deuteronomio 4,1.5-9.)
 
Moisés habló al pueblo, diciendo: "Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo
les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión. Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: "¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!". ¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes? Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un sólo instante. Enséñales a tus hijos y a tus nietos."

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SALMO
(Salmo 147,12-13.15-16.19-20.)

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti.

Envía su mensaje a la tierra, 
su palabra corre velozmente;
reparte la nieve como lana
y esparce la escarcha como ceniza.

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos.

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EVANGELIO
(Mateo 5,17-19)

Jesús dijo a sus discípulos: «No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

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COMENTARIO
(San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia)

Hemos visto a Cristo obedecer las leyes de Moisés, es decir que Dios, el legislador, se sometía, como un hombre, a sus propias leyes. Es lo que nos enseña San Pablo...: « Cuando los tiempos fueron cumplidos, Dios envió a su Hijo; nacido de una mujer, estuvo sujeto a le Ley judía, para rescatar a los que estaban sujetos a la ley » (Ga 4,4-5). Por lo tanto, Cristo rescató de la maldición de la Ley a los que estaban sujetos a ella, pero que no la observaban. ¿De qué manera los rescató? Cumpliendo la Ley; de otra manera, con el fin de borrar la transgresión de la que Adán se hizo culpable, se mostró obediente y dócil en nuestro lugar, hacia Dios Padre. Porque está escrito: « Así como todos han llegado a ser pecadores porque un sólo hombre desobedeció, de la misma forma todos llegarán justos porque un solo hombre obedeció» (Rm 5,18). Con nosotros inclinó la cabeza delante de la Ley, y lo hizo según el plan divino de la Encarnación. En efecto, « Debía cumplir perfectamente lo que es justo» (cf Mt 3,15).


Después de haber tomado perfectamente la condición de servidor (Ph 2,7), precisamente porque su condición humana le colocaba con el número de los que llevan el yugo, pagó a los recaudadores, como todo el mundo, el pago del impuesto, mientras que por naturaleza, y como Hijo, estaba dispensado (Mt 18,23-26). Así, cuando le veas observar la Ley, no te extrañes, no pongas en la hilera de los servidores al que es libre, pero mide con el pensamiento la profundidad de un tal designio.


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REFLEXIÓN
José Perea

Más que cumplir o no cumplir los que nos dicta la Palabra, es ser coherente entre lo que vivimos y lo que Enseñamos o damos Testimonio.

Vivir la vida de sacrificio por el bien del prójimo, de perseverar en un noble ideal por cumplir la misión que se le fue encomendado y morir por ello, ¿verdad que podemos decir que ha muerto en su ley? Ese es Jesús. Podemos decir que la ley de Jesús es Él  mismo, su manera de vivir, de ver la vida, de sentir, de creer, de hacer y de amar. Vida que todos debemos de imitar, es difícil pero con nuestra decisión y el auxilio de Jesús como nuestro Cireneo, lo lograremos.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
Tú nos has elegido para ser tu pueblo.
Que tu Hijo esté vivo en nosotros,
para que con él te seamos fieles a ti,
y marchemos juntos hacia adelante 
para edificar una tierra de libertad
y para compartir los unos con los otros
hasta que tú te nos des totalmente por siempre.


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martes, 1 de marzo de 2016

Lectura del 01/03/2016: Martes de la tercera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Libro de Daniel 3,25.34-43.)

Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así: No nos abandones para
siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza, no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abrahám, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo, a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, y así, alcanzar tu favor. Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti. Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia. Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.

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SALMO
(Salmo 25(24),4bc-5ab.6-7bc.8-9.)

Enséñame tus senderos.

Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.

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EVANGELIO
(Mateo 18,21-35)

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'. 
El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'. E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

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COMENTARIO
(San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo)

Sabéis lo que vamos a decir a Dios en la oración antes de acercarnos a comulgar: "Perdona nuestra ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden." Preparaos interiormente a perdonar, porque estas palabras las volveréis a encontrar en la oración. ¿Cómo las vais a decir? ¿No las vais a pronunciar? Porque al fin y al cabo, ésta es la cuestión: ¿diréis estas palabras o no las diréis? ¿Detestas a tu hermano y pronuncias las palabras "perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que no ofenden"? --- "Evito estas palabras", me dirás. Pero entonces, ¿estás realmente orando? Poned atención, hermanos míos. En un instante pronunciaréis la oración. ¡Perdonaos de todo corazón!


Mira a Cristo colgado en la cruz, escucha su oración: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen." (Lc 23,34) Dirás, sin duda: él lo podía decir, yo no. Yo soy un hombre, y él es Dios. ¿No puedes imitar a Cristo? Entonces ¿porque el apóstol Pedro escribió: "Cristo sufrió por vosotros, y os ha dejado un ejemplo para que sigáis sus huellas."? (1Pe 2,21), Por qué el apóstol Pablo nos dice: "Sed, pues, imitadores de Dios como hijos suyos muy queridos." (Ef 5,1), Por qué el mismo Señor dijo: "Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón." (Mt 11,29)? Andamos con rodeos, buscamos excusas cuando nos parece imposible aquello que no queremos hacer... Hermanos míos, ¡no acusemos a Cristo de habernos dado unos preceptos demasiado difíciles, imposibles de realizar! Con toda humildad digamos más bien con el salmista: "Qué justo eres, Señor, qué rectas tus decisiones!" (Sl 118,137)

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REFLEXIÓN
José Perea

“Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”

A este fragmento de la oración que el mismo Cristo nos enseñó y que repetimos a diario, ¿le préstamo atención o no lo que decimos?

¿Cómo esta nuestra intención, cuán prestos somos al juzgar y criticar al prójimo, y cuán lentos somos a la hora de perdonar?

Recodemos que se nos ha dicho que en la medida con que nosotros midamos también se nos medirá a nosotros.

El perdonar no es solo un deber moral, sino el eco de nuestra conciencia que nos induce a tener ese perdón  y  una consecuencia directa del perdón que recibimos del mismo Dios.

No podemos negar el perdón a los demás, porque nosotros mismos hemos sido perdonados y ese perdón no puede estar sujeto a un número de veces, a una “tarifa”, porque a nosotros Dios nos perdona sin límite.

Al perdonar hagámoslo sin medida al que nos ofende y estaremos proclamando la Buena Noticia del perdón de Dios. “Señor, ayúdame a perdonar como Tú me perdonas”…

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ORACIÓN

Padre,
Me declaro culpable, pido clemencia, perdón por mis pecados.

Me acerco a ti con absoluta confianza; Porque sé que tú prefieres la penitencia a la muerte del pecador

A ti no te gusta ni la venganza ni el rencor, tu corazón es compasivo y misericordioso, y sé que sólo estás esperando a que tenga la humildad de reconocer mi pecado, arrepentirme y pedir perdón

Para así desbordar la abundancia de tu misericordia


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