lunes, 4 de julio de 2016

Lectura del 04/07/2016: Lunes de la decimocuarta semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Libro de Oseas 2,16.17b-18.21-22.)

 
Así habla el Señor: Yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón. Allí, ella responderá como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto.
Aquel día -oráculo del Señor- tú me llamarás: "Mi esposo" y ya no me llamarás: "Mi Baal".
Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor.

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SALMO
(Salmo 145(144),2-3.4-5.6-7.8-9.)

Señor, día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.
¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:
su grandeza es insondable!

Cada generación celebra tus acciones
y le anuncia a las otras tus portentos:
ellas hablan del esplendor de tu gloria,
y yo también cantaré tus maravillas.

Ellas publican tus tremendos prodigios
y narran tus grandes proezas;
divulgan el recuerdo de tu inmensa bondad
y cantan alegres por tu victoria.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.

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EVANGELIO
(Mateo 9,18-26)

 
Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: "Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá". Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: "Con sólo tocar su manto, quedaré curada". Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: "Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado". Y desde ese instante la mujer quedó curada. Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: "Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme". Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. Y esta noticia se divulgó por aquella región.

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COMENTARIO
(San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia)

Desde que Cristo entró en nosotros por su propia carne, resucitaremos enteramente; es inconcebible, o mejor aún, imposible, que la vida no dé vida a los que ella se introduce. De la misma manera que se recubre un tizón encendido con un montón de paja para que conserve intacto el fuego del interior, así también nuestro Señor Jesucristo, a través de su propia carne, esconde su vida en nosotros y pone en ella como una semilla de inmortalidad que aleja toda clase de corrupción que llevamos con nosotros.

No es, pues, tan sólo con su palabra que lleva a cabo la resurrección de los muertos, sino que para demostrar que su cuerpo da vida, tal como hemos dicho, toca los cadáveres y por el contacto con su cuerpo devuelve la vida a esos cuerpos que están en vías de descomposición. Si el solo contacto con su carne sagrada devuelve la vida a esos cuerpos mortales, ¡qué provecho no vamos a encontrar en su eucaristía vivificante cuando la recibamos!... No sería suficiente que nuestra alma fuera tan sólo regenerada por el Espíritu para una vida nueva; nuestro cuerpo pesado y terrestre debía también ser santificado por ser partícipe de un cuerpo también consistente y del mismo origen que el nuestro y ser así también llamado a la incorruptibilidad.

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REFLEXIÓN

“Por nuestra dureza de Corazón Moisés permitió que se diera carta de separación”

 
El lenguaje en la lectura es de un enamorado, de un esposo amante, para expresar la profundidad de la relación entre Dios y su pueblo. Pero el amor de Dios por su pueblo va más allá de lo normal. No se trata del amor pacífico entre dos esposos que se quieren uno al otro, que son fieles a ese amor. Va más allá. El texto da a entender que la mujer ha sido infiel al marido. Y que el amor del marido es tan grande que es capaz de perdonar, de olvidar, de comenzar de nuevo. Y de asumir todo el esfuerzo que supone hacer que ella se vuelva a enamorar de él.

Ayer como hoy continuamos siendo duros de Corazón y seguimos haciendo lo contrario a este texto relatado. Cuando uno de los esposos descubre que ha sido traicionado por el otro, mucho más especial cuando el hombre descubre una infidelidad, lo más normal es que el matrimonio se rompa, que se separen y que no haya posibilidad de restaurar el vínculo roto. La infidelidad es el camino más rápido hacia el entierro del amor. Eso cuando no se da un paso más y se termina en la violencia pura y dura, ya que la infidelidad provoca esa respuesta.

Nuestro amor desde lo humano es el que debemos profesarnos y debe ser más grande que la traición y que la infidelidad. Tiene que ser un amor constante y firmen ese amor que quiere siempre la vida del amado y que sea incapaz de llegar a la infidelidad o cualquier separación por otros motivos que también abundan en nosotros, incomprensiones, faltas de detalles, monotonías cotidianas de nuestro vivir en parejas el día a día y muchas otras producidas por ese individualismo.

Si aparte de este amor en lo humano colocamos ese amor a través de Dios y que ese amor de Dios es para todos, sin excepciones; porque en el testimonio y en las palabras y en la vida de Jesús se nos abrió la perspectiva y nos dimos cuenta de que el amor de Dios es para todos y todas sin excepción. Nos llevaría a tener parejas muy estables en su relación y por ende familias estables donde abunde la educación de los hijos en base al amor de Mamá y Papá, que ellos vean en nosotros esos Maestros, educadores en el hogar, el cual ellos traten de imitar.

 
Al aceptar a Jesús en nuestras vidas podemos leer el evangelio con una nueva luz, sus simples milagros, hechos maravillosos y sentir en Él el amor vivo, “tan sólo con su palabra que lleva a cabo la resurrección de los muertos, sino que para demostrar que su cuerpo da vida, tal como hemos dicho, toca los cadáveres y por el contacto con su cuerpo devuelve la vida a esos cuerpos que están en vías de descomposición. Si el solo contacto con su carne sagrada devuelve la vida a esos cuerpos mortales, ¡qué provecho no vamos a encontrar en su eucaristía vivificante cuando la recibamos!... No sería suficiente que nuestra alma fuera tan sólo regenerada por el Espíritu para una vida nueva; nuestro cuerpo pesado y terrestre debía también ser santificado por ser partícipe de un cuerpo también consistente y del mismo origen que el nuestro y ser así también llamado a la incorruptibilidad” (San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia).

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ORACIÓN

Oh Dios, Padre nuestro: Nuestra vida y nuestra muerte están en tus manos. Estamos seguros de ti, porque sabemos que tu amor es irrevocable y nos das una vez más a tu Hijo en cada eucaristía. Te pedimos la gracia de aprender de ti y de tu mismo Hijo Jesús a hacernos presentes los unos a los otros, y a ser mensajeros creíbles de tu cuidado paternal y de tu gratuito amor.

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viernes, 1 de julio de 2016

Lectura del 01/07/2016: Viernes de la decimotercera semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Libro de Amós 8,4-6.9-12.)

 
Escuchen esto, ustedes, los que pisotean al indigente para hacer desaparecer a los pobres del país. Ustedes dicen: "¿Cuándo pasará el novilunio para que podamos vender el grano, y el sábado, para dar salida al trigo? Disminuiremos la medida, aumentaremos el precio, falsearemos las balanzas para defraudar; compraremos a los débiles con dinero y al indigente por un par de sandalias, y venderemos hasta los desechos del trigo". Aquel día -oráculo del Señor- yo haré que el sol se ponga al mediodía, y en pleno día cubriré la tierra de tinieblas; cambiaré sus fiestas en duelo y todos sus cantos en lamentaciones; haré que todos se ciñan un sayal y que se rapen todas las cabezas; haré que estén de duelo como por un hijo único, y su final será como un día de amargura. Vendrán días -oráculo del Señor- en que enviaré hambre sobre el país, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor. Se arrastrarán de un mar a otro e irán errantes del norte al este, buscando la palabra del Señor, pero no la encontrarán.

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SALMO
(Salmo 119(118),2.10.20.30.40.131.)

Felices los que cumplen sus prescripciones
y lo buscan de todo corazón,

Yo te busco de todo corazón:
no permitas que me aparte de tus mandamientos.

Mi alma se consume,
deseando siempre tus decisiones.

Elegí el camino de la verdad,
puse tus decretos delante de mí.

Yo deseo tus mandamientos:
vivifícame por tu justicia.

Abro mi boca y aspiro hondamente,
porque anhelo tus mandamientos.

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EVANGELIO
(Mateo 9,9-13)

 
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?". Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".

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COMENTARIO
(Juan Taulero (c. 1300-1361), dominico en Estrasburgo)

Nuestro Señor le dijo a san Mateo: "Sígueme". Este santo amable fue un modelo para todos los hombres. Había sido en primer lugar un gran pecador, como el Evangelio dice sobre él, y después fue uno de los grandes, entre todos los amigos de Dios. Porque nuestro Señor le habló en el fondo de su ser, y como consecuencia lo abandonó todo para seguir al Maestro.

Seguir a Dios en verdad: en efecto todo está ahí, y para hacerlo, verdaderamente hay que abandonar completamente todas las cosas que no son Dios, cualesquiera que sean. Dios desea corazones; no se interesa por lo exterior, sino que quiere de nosotros una viva devoción interior. Esta devoción es más verdadera, que si rezase más que el mundo entero, o que si cantase tanto, que mi canto subiera hasta el cielo, más verdadera que todo lo que pudiera hacer exteriormente en ayunos, vigilancias y otras prácticas.

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REFLEXIÓN

“Qué me dice: Yo quiero misericordia y no sacrificios”

 
Seguir a Dios de verdad: Hay que abandonar completamente todas las cosas que no son Dios, cualesquiera que sean. Dios desea corazones; no se interesa por lo exterior, sino que quiere de nosotros una viva devoción interior. Esta devoción es más verdadera, que si rezase más que el mundo entero, o que si cantase tanto, que mi canto subiera hasta el cielo, más verdadera que todo lo que pudiera hacer exteriormente en ayunos, vigilancias y otras prácticas. (Juan Taulero: Dominico)

¿Qué pensaría Mateo en aquel preciso momento en que aquel hombre que pasaba y le miraba con cariño le dijo: “Sígueme”? No lo sabemos. Pero sí sabemos que aquel día le cambió la vida. Y que se fío del amor ¡porque no hay temor en el amor! Y que dejando atrás lo pasado, “se levantó y lo siguió”

Hoy que piensa Dios de Nosotros y que pensamos Nosotros que siempre nos repite: “Sígueme”

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro, Padre misericordioso: por medio de tu Hijo en medio de nosotros ayúdanos a ser apacibles y compasivos sin condenar a nadie, porque tú has sido tierno con nosotros. Y no permitas que nos jactemos de nuestros logros porque todo lo debemos a tu gracia y tu llamado en Cristo Jesús nuestro Señor.
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jueves, 30 de junio de 2016

Lecturas del 30/06/2016: Jueves de la decimotercera semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Libro de Amós 7,10-17.)

 
Amasías, el sacerdote de Betel, mandó a decir a Jeroboám, rey de Israel: "Amós conspira contra ti en medio de la casa de Israel; el país ya no puede tolerar todas sus palabras. Porque él anda diciendo: 'Jeroboám morirá por la espada e Israel irá al cautiverio lejos de su país'". Después, Amasías dijo a Amós: "Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino". Amós respondió a Amasías: "Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de sicómoros; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: 'Ve a profetizar a mi pueblo Israel'. Y Ahora, escucha la palabra del Señor. Tú dices: 'No profetices contra Israel, no vaticines contra la casa de Isaac'. Por eso, dice el Señor: 'Tu mujer se prostituirá en plena ciudad, tus hijos y tus hijas caerán bajo la espada; tu suelo será repartido con la cuerda, tú mismo morirás en tierra impura e Israel irá al cautiverio lejos de su país'".

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SALMO
(Salmo 19(18),8.9.10.11.)

La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.

Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.

La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.

Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal.

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EVANGELIO
(Mateo 9,1-8)

 
Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados". Algunos escribas pensaron: "Este hombre blasfema". Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate y camina'? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

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COMENTARIO
(San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia)

El paralítico incurable yacía en su camilla. Después de haber agotado el arte de los médicos llegó, traído por sus familiares, hacia el verdadero y único médico, el que viene del cielo. Pero, una vez puesto delante de aquel que le podía curar, el Señor se fijó en su fe. Para demostrar que esta fe borra los pecados, Jesús dijo al instante: "Tus pecados te quedan perdonados." (Mt 9,2) Alguien dirá, quizá: Este hombre quería ser curado de su enfermedad ¿por qué Cristo le anuncia el perdón de sus pecados? Lo hizo para que aprendas que Dios ve el corazón del hombre en el silencio y sin ruido, que contempla los caminos de todos los vivientes. La Escritura, en efecto, dice: "El Señor ve los caminos del hombre, vigila todas sus veredas." (Prov 5,21)...

No obstante, cuando Cristo dijo: "Tus pecados te quedan perdonados" deja el campo libre para la incredulidad. El perdón de los pecados no se ve con los ojos del cuerpo, mientras que cuando el paralítico se levanta y echa a andar manifiesta con evidencia que Cristo posee el poder de Dios...

¿Quién posee este poder? ¿Sólo él o nosotros también? También nosotros, junto con él. Perdona los pecados porque es Dios-Hombre, el Señor de la Ley. En cuanto a nosotros, hemos recibido de él esta gracia admirable y maravillosa porque ha querido dar al hombre este poder. En efecto, él dijo a los apóstoles: "Os aseguro que todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo."» (Mt 18,18) Y también “A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengáis, Dios se los retendrá." (Jn 20,21)

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REFLEXIÓN

"Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados" - “Levántate y anda”

 
“Levántate y anda”
. Para caminar erguidos –que no engreídos-. Para eso nos ha hecho Dios. Con capacidad de mirar a los ojos del prójimo. Con la posibilidad de elevar la vista al horizonte que nos convoca y al cielo que nos protege, para descubrir al Dios que quiere lo mejor de nosotros y a los prójimos que necesitan ser llevados ante el Maestro. <<< El señor es Sabio y Bondadoso, antepuso el Perdón de todos nuestros pecados para así ganar la vida eterna; que cualquier padecimiento que tengamos que es lo cotidiano por lo cual tendemos a aclamar a Dios >>>

“Es una gran miseria el hombre orgulloso, pero más grande es la misericordia de Dios humilde” (San Agustín). La misericordia divina va más allá, como complemento del perdón, devuelve la salud: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Jesús quiere que el gozo del pecador convertido sea completo.

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ORACIÓN

Señor, Dios nuestro: Nos has fortalecido de nuevo por la presencia de Jesús, tu Hijo. Ensancha los horizontes de nuestra fe y ayúdanos a aceptar, no solo con nuestra mente sino también con nuestros corazones y con todo nuestro ser que tú ves más lejos que nosotros, que tu corazón es más grande que el nuestro, y que el sacrificio es el precio que hay que pagar por libertad, alegría y felicidad. Haznos disponibles para aceptar esto en confianza y amor, por Jesucristo nuestro Señor.

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lunes, 27 de junio de 2016

Lectura del 27/06/2016: Lunes de la decimotercera semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Libro de Amós 2,6-10.13-16.)

 
Así habla el Señor: Por tres crímenes de Israel, y por cuatro, no revocaré mi sentencia. Porque ellos venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; pisotean sobre el polvo de la tierra la cabeza de los débiles y desvían el camino de los humildes; el hijo y el padre tienen relaciones con la misma joven, profanando así mi santo Nombre; se tienden sobre ropas tomadas en prenda, al lado de cualquier altar, y beben en la Casa de su Dios el vino confiscado injustamente... ¡Y pensar que yo destruí ante ellos al amorreo, cuya altura era igual a la de los cedros y que era fuerte como las encinas: arranqué su fruto por arriba y sus raíces por debajo! Y a ustedes, los hice subir del país de Egipto y los conduje cuarenta años por el desierto, para que tomaran en posesión el país del amorreo. Por eso, yo los voy a aplastar, como aplasta un carro cargado de gavillas. El hombre veloz no tendrá escapatoria, el fuerte no podrá valerse de su fuerza ni el valiente salvará su vida; el arquero no resistirá, el de piernas ágiles no escapará, el jinete no salvará su vida, y el más valeroso entre los valientes huirá desnudo aquel día -oráculo del Señor-.

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SALMO
(Salmo 50(49),16bc-17.18-19.20-21.22-23.)

¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos
y a mencionar mi alianza con tu boca,
tú, que aborreces toda enseñanza
y te despreocupas de mis palabras?

Si ves a un ladrón, tratas de emularlo;
haces causa común con los adúlteros;
hablas mal sin ningún reparo
y tramas engaños con tu lengua.

Te sientas a conversar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu propia madre.
Haces esto, ¿y yo me voy a callar?
¿Piensas acaso que soy como tú?
Te acusaré y te argüiré cara a cara.

Entiendan bien esto, los que olvidan a Dios,
no sea que yo los destruya sin remedio.
El que ofrece sacrificios de alabanza,
me honra de verdad;
y al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios."

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EVANGELIO
(Mateo 8,18-22)

 
Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla.
Entonces se aproximó un escriba y le dijo: "Maestro, te seguiré adonde vayas". Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". Otro de sus discípulos le dijo: "Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre". Pero Jesús le respondió: "Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos".

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COMENTARIO
(Beato Carlos de Foucauld (1858-1916), ermitaño y misionero en el Sahara)

¡Oh, Señor mío, Jesús, he aquí esta divina pobreza! ¡Con qué razón es necesario que tú mismo me instruyas! ¡Tú querías tanto la pobreza!... En tu vida mortal era tu fiel compañera. La has dejado como heredad a tus santos, a todos aquellos que quieren seguirte, a todos los que quieren ser discípulos tuyos. La has enseñado con los ejemplos de toda tu vida. La has glorificado, declarado bienaventurada, necesaria. Has elegido como padres a unos pobres trabajadores. Has nacido en una cueva que servía de establo. Has sido pobre en las peripecias de tu infancia. Tus primeros adoradores eran los pastores. En tu presentación en el templo fueron ofrecidos dos pichones, el don de los pobres. Has vivido treinta años como pobre trabajador, en este Nazaret que tengo la dicha poder conocer, donde tengo el gozo...de recoger estiércol.

Luego, durante tu vida pública, has vivido de limosna en medio de unos pescadores pobres que te habías escogido como compañeros. "Sin una piedra donde reclinar la cabeza". En el Calvario, fuiste despojado de todos tus vestidos, tu única posesión, y los soldados echaron la suerte sobre ellos, a ver a quien tocaba. Moriste desnudo y fuiste sepultado por limosna, por unos extranjeros. "Dichosos los pobres". (Mt 5,3) ¡Señor mío, Jesús, aquel que te ama de todo corazón, no queriendo ser más rico que tú, su bien-amado, llegará muy pronto a ser pobre!

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REFLEXIÓN

“Deja que los muertos entierren a sus muertos”

 
A veces la Palabra de Dios resulta sencilla, clara, transparente. Pero otras tienen frases que resultan difíciles de comprender. Una de ellas es: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”.

¿Es que Jesús no era sensible a la familia? ¿Cómo Él, que se compadecía de todos y con todos fue paciente, no es capaz de esperar a que aquél discípulo fuera a hacer algo tan “sagrado” como enterrar a su padre?

Como siempre, la Palabra de Dios necesita ser interpretada, para no hacerle decir aquello que no quiere. ¿Qué significan estas palabras provocativas?

Jesús, como buen hijo de su pueblo, conocía la historia de cuando Elías llamó a Eliseo. Éste le pidió que le dejara ir a despedirse de sus padres antes de seguirle. Y Elías le dejó. En cambio, ahora Jesús dice que lo suyo, el anuncio del Reino, es tan urgente que ya no hay que entretenerse en lo que queda atrás, aunque parezca muy importante. “Tú, sígueme”.

“Deja que los muertos entierren a sus muertos”. Bien interpretado, es un buen lema de vida. Invita al seguimiento, a la decisión, a ponerse ya en camino, sin entretenerse ni dar disculpas. Invita también a dejar atrás lo que ya está muerto, lo pasado, aunque haya sido muy importante, y a mirar a lo que está por delante. Invita a no vivir de lo antiguo, a no quedarnos fijados mirando para atrás –como la mujer de Lot-, sino a lanzarnos a lo que está por delante... detrás de Jesús. Porque Él vivió todo esto. Sin tener dónde reclinar la cabeza.

Tomado de “ciudadredonda.org”

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro: Te damos gracias por Jesús y por el mensaje de su Evangelio. Aparta de nosotros el miedo de tener que estar disponibles para ti y para nuestro prójimo, como Jesús nos exige en su mismo evangelio. Danos el valor de ser suficientemente radicales para comprometernos a servir, de tal forma que seamos así verdaderos discípulos de Jesucristo nuestro Señor.
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domingo, 26 de junio de 2016

Lectura del 26/06/2016: Décimotercer domingo del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Primer Libro de los Reyes 19,16-21.)

 
A Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti." Al que escape de la espada de Jazael, lo hará morir Jehú; al que escape de la espada de Jehú, lo hará morir Eliseo. Pero yo preservaré en Israel un resto de siete mil hombres: todas las rodillas que no se doblaron ante Baal y todas las bocas que no lo besaron". Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto. Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: "Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré". Elías le respondió: "Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?"  Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.

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SALMO
(Salmo 16(15),1-2.5.7-8.9-10.11.)

Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Guárdame, oh Dios, pues me refugio en ti. Yo le he dicho: «Tú eres mi Señor, no hay dicha para mí fuera de ti.
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:

él está a mi lado, nunca vacilaré.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:

porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha.

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SEGUNDA LECTURA
(Carta de San Pablo a los Gálatas 5,1.13-18.)

 
Hermanos: Esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud. Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales" háganse más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor. Porque toda la Ley está resumida plenamente en este precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si ustedes se están mordiendo y devorando mutuamente, tengan cuidado porque terminarán destruyéndose los unos a los otros. Yo los exhortos a que se dejen conducir por el Espíritu de Dios, y así no serán arrastrados por los deseos de la carne. Porque la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Ambos luchan entre sí, y por eso, ustedes no pueden hacer todo el bien que quieren. Pero si están animados por el Espíritu, ya no están sometidos a la Ley.

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EVANGELIO
(Lucas 9,51-62)

 
Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?". Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo. Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!". Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios". Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos". Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios".

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COMENTARIO
(San León Magno (¿-c. 461), papa y doctor de la Iglesia)

Amados míos, Pablo, el apóstol de los paganos no contradice en nada nuestra fe cuando dice: «Aunque alguna vez hayamos conocido a Cristo según la carne, ahora ya no es así» (2C 5,16). La resurrección del Señor no ha puesto fin a su carne, sino que la ha transformado. El aumento de su poder no ha destruido su sustancia; la calidad ha cambiado; la naturaleza no ha sido anonadada. Clavaron su cuerpo en la cruz: se volvió inaccesible al sufrimiento. Fue condenado a muerte: se volvió eterno. Lo mataron: se volvió incorruptible. Y se puede muy bien decir que la carne de Cristo ya no es la misma que conocimos; porque ya no queda en ella ningún rastro de sufrimiento o debilidad. Permanece la misma en su sustancia, pero ya no es la misma desde el punto de vista de la gloria. ¿Por qué sorprenderse, por otra parte, de que san Pablo se exprese así a propósito del cuerpo de Jesucristo cuando, hablando a todos los cristianos que viven según el espíritu, les dice: «Desde ahora ya no conocemos a nadie según la carne»?

Con ello quiere decir que nuestra resurrección ha comenzado en Jesucristo. En él, que murió por todos, nuestra esperanza ha adquirido consistencia. Ninguna duda ni reticencia en nosotros, ninguna decepción en la espera: las promesas se han comenzado a cumplir ya, y con los ojos de la fe, vemos las gracias de las que mañana seremos saciados. Nuestra naturaleza ha sido elevada; entonces, con gozo, poseemos ya el objeto de nuestra fe...

Que el pueblo de Dios tome conciencia que es «una nueva creación en Cristo» (2C 5,17). Que comprenda bien quién le ha escogido, y a quién el mismo ha escogido. Que el ser renovado no vuelva a la inestabilidad de su antiguo estado. Que el que «ha echado mano al arado» no cese de trabajar, que vele sobre el grano que ha sembrado, y que no se gire a mirar lo que ha abandonado. Este es el camino de salvación; esta es la manera de imitar la resurrección en Cristo.

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REFLEXIÓN

¡Son a veces difíciles tus palabras para seguirte!
 
Ser seguidor de Jesús es vocación a la libertad: no una libertad para hacer que se aproveche la debilidad de nuestra carne; al contrario, “ser esclavos unos de otros por amor”, la adhesión a Jesús y a sus valores, es la garantía para que nada se interponga entre nuestro deseo de ser libres y el seguimiento para conseguir esa libertad. Él no es la competencia de los demás amores, lo que busca es que nuestro amor sea libre.

Las repuestas nos parecen duras para los que quieren seguirle: “Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. En el segundo caso la llamada de Jesús se encuentra con excusas, que a nosotros nos pueden parecer comprensibles: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre” y le dice:” Deja que los muerto entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el Reino de Dios”, no se pueden anteponer las personas o las cosas a la misión. El tercero, quiere despedirse de su familia, pero el Reino comparta decisiones firmes y rupturas: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios”.

La libertad es exigente. Tenemos “miedo a la libertad”, nos identificamos más con el orden y la seguridad que con la búsqueda y el riesgo. Seguimos atados a nuestros muertos, al pasado, a los edificios, los lugares, a las autoridades y a todo lo cotidiano. Nuestras historias nos han hecho desconfiados y distantes con lo que tenga que ver con la libertad, pero en el origen de nuestro seguimiento esta un acto de libertad. Es verdad que todos somos pecadores y débiles, pero tenemos que ser capaces de poner todo en juego para seguirle.

Toda vocación supone un deshacer de las cosas cotidianas, una ruptura con la casa, con la familia, para entrar en la dinámica de un camino nuevo y desconocido. El seguimiento, el no apegarse a las cosas, el saber que estamos de paso y el no ser intransigentes, debe ser el estilo del cristiano.

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ORACIÓN

Es una guerra que dura una vida
la que enfrenta, en mí, dos mundos.
Entre el algo y el todo,
entre el “por ahora”, y el “para siempre”,
entre “yo” y “Tú”…
La seguridad se enfrenta al riesgo,
las garantías a la confianza,
el ruido a un silencio no siempre poblado,
las pequeñas miserias se oponen al Amor
y el orgullo quiere pisar a la verdad.

Dame, Señor, capacidad para luchar.
Toca pelear cada día,
hasta esa jornada última
en que Tú vencerás por los dos.
Dame fe para no rendir el evangelio,
la bondad, el sacrificio o la cruz.
Dame alegría para sobrellevar
cada revés, cada caída,
cada tormenta.

Yo, por mi parte, aquí estoy,
dispuesto a seguir remando
con mis pocas fuerzas,
con mis pobres brazos.
No sé si basta,
pero hay que intentarlo.

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miércoles, 22 de junio de 2016

Lectura del 22/06/2016: Miércoles de la duodécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segundo Libro de los Reyes 22,8-13.23,1-3.)

 
El sumo sacerdote Jilquías dijo al secretario Safán: "He encontrado el libro de la Ley en la Casa del Señor". Jilquías entregó el libro a Safán, y este lo leyó. Luego el secretario Safán se presentó ante el rey, y le informó, diciendo: "Tus servidores han volcado la plata que se encontraba en la Casa y se la entregaron a los que dirigen las obras, a los encargados de supervisar la Casa del Señor". Luego el secretario Safán anunció al rey "Jilquías, el sacerdote, me ha dado un libro". Y Safán lo leyó delante del rey. Cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras, y dio esta orden a Jilquías, el sacerdote, a Ajicám, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, a Safán, el secretario, y a Asaías, el servidor del rey: "Vayan a consultar al Señor por mí, por todo el pueblo y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que ha sido encontrado. Porque es grande el furor del Señor que se ha encendido contra nosotros, ya que nuestros padres no han obedecido a las palabras de este libro y no han obrado conforme a todo lo que está escrito en él". El rey mandó que se reunieran junto a él todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Luego subió a la Casa del Señor, acompañado de todos los hombres de Judá y de todos los habitantes de Jerusalén - los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño al más grande - , y les leyó todas las palabras del libro de la Alianza, que había sido hallado en la Casa del Señor. Después, de pie sobre el estrado, el rey selló delante del Señor la alianza que obliga a seguir al Señor y a observar sus mandamientos, sus testimonios y sus preceptos, de todo corazón y con toda el alma, cumpliendo las palabras de esta alianza escritas en aquel libro. Y todo el pueblo se comprometió en la alianza.

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SALMO
(Salmo 119(118),33.34.35.36.37.40.)

Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos,
y yo los cumpliré a la perfección.

Instrúyeme, para que observe tu ley
y la cumpla de todo corazón.

Condúceme por la senda de tus mandamientos,
porque en ella tengo puesta mi alegría.

Inclina mi corazón hacia tus prescripciones
y no hacia la codicia.

Aparta de mí el oprobio que temo,
porque tus juicios son benignos.

Yo deseo tus mandamientos:
vivifícame por tu justicia.

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EVANGELIO
(Mateo 7,15-20)

 
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos. Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán.

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COMENTARIO
(Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad)

Si alguien siente que Dios le pide comprometerse en la reforma la sociedad, eso es una cuestión entre él y Dios. Todos debemos servir a Dios allí donde nos sintamos llamados. Personalmente me siento llamada a servir a los individuos, a amar a cada ser humano. Nunca pienso en términos de masas o de grupos, sino siempre en las personas. Si pensara en las multitudes, no empezaría nunca nada; es la persona la que cuenta para mí; creo en los encuentros cara a cara.

Nuestros actos transparentan la plenitud de nuestro corazón: según es mi comportamiento con este leproso, según es mi comportamiento con este agonizante, según me comporto con este SDF. A veces es más difícil trabajar con los vagabundos que con los moribundos de nuestros hospicios, porque estos últimos están apaciguados ante la expectativa de que pronto se encontrarán con Dios. Podemos acercarnos al enfermo, al leproso y estar convencidos que tocamos al cuerpo de Cristo. Pero cuando se trata de un borracho que chilla, es más difícil pensar que estamos delante de Jesús escondido en él. ¡Cuán puras y amorosas deben estar nuestras manos para hacer llegar a estos seres la compasión!

Ver a Jesús en la persona espiritualmente más pobre requiere un corazón puro. Cuanto más desfigurada esté la imagen de Dios en una persona, tanto más grandes deben ser la fe y la veneración en nuestra búsqueda del rostro de Jesús y nuestro ministerio de amor cerca de él... Hagámoslo con un sentimiento de profundo reconocimiento y piedad. Según el carácter repugnante del trabajo a realizar, será la medida del amor y el gozo de servir.

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REFLEXIÓN

Dios, que “ve en lo secreto” y nos recompensará según lo que hay en nuestro corazón
 
Jesús usaba en sus palabras la comparación de los fariseos de su tiempo, ¿Pero qué hay en nuestro tiempo hoy?, lejos de levantar un dedo acusador contra aquellos que podamos considerar “falsos profetas”, debemos ver en nuestro actuar de nuestra vida en ese día a día, una invitación a examinar nuestra propia vida interior y nuestra fe.

“Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos”. Con esta palabra, que perduran en el tiempo, Jesús sentenció y sigue sentenciando a esos falsos profetas: “El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego”.

Tenemos que profundizar un poco en nuestra humildad para reconocer a ese “fariseo” que llevamos dentro y que aflora en cada momento, tanto en la vida real como en nuestro pensamiento. Para darnos cuenta de que las palabras de Jesús se dirigen también a nosotros, que todos somos profetas y que todos tenemos la tentación de ser falsos profetas, de cuidar más las apariencias que la realidad en nuestra vida. ¿Qué es más importante?: que nos reconozcan por nuestras palabras, nuestras apariencias, nuestra imagen; o que nos reconozcan por nuestras obras, por nuestros frutos.

La invitación de Jesús es a: estar consiente que todo esto se aplica por igual, incluso al que escribe estas líneas, que debemos esforzarnos a ser más humildes y sin perder la esperanza. Porque Dios Padre nos quiere tanto que seguro que nos dará una segunda oportunidad que nos permita cambiar de vida. ¡Cuidado! Jesús es misericordioso pero también es un juez severo: “El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego”…

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
Por medio de tu Hijo,
que está en medio de nosotros,
ayúdanos a descubrir de nuevo
qué significa ser amado por ti.
Que todas nuestras vidas sean
un descubrimiento y una profundización
de las riquezas y capacidades
de nuestra fe, esperanza y amor,
para que demos frutos duraderos
de bondad y de justicia,
en respuesta a tu amor,
que permanece por los siglos de los siglos.

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martes, 21 de junio de 2016

Lectura del 21/06/2016: Martes de la duodécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segundo Libro de los Reyes 19,9b-11.14-21.31-35a.36.)

 
Él había oído, en efecto, que el rey se había retirado de Laquis, al recibir la noticia de que Tirjacá, rey de Cus, se había puesto en campaña para combatirlo. Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías para decirle: "Hablen así a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confías, haciéndote pensar que Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria. Tú has oído, seguramente, lo que hicieron los reyes de Asiria a todos los países, al consagrarlos al exterminio total. ¿Y tú te vas a librar? Ezequías tomó la carta de la mano de los mensajeros y la leyó. Después subió a la Casa del Señor, la desplegó delante del Señor y oró, diciendo: "Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que tienes tu trono sobre los querubines: tú solo eres el Dios de todos los reinos de la tierra, tú has hecho el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha las palabras que Senaquerib ha mandado decir, para insultar al Dios viviente. Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han arrasado todas las naciones y sus territorios. Ellos han arrojado sus dioses al fuego, porque no son dioses, sino obra de las manos del hombre, nada más que madera y piedra. Por eso los hicieron desaparecer. Pero ahora, Señor, Dios nuestro, ¡sálvanos de su mano, y que todos los reinos de la tierra reconozcan que tú solo, Señor, eres Dios!". Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: "Así habla el Señor, Dios de Israel: Tú me has dirigido una súplica acerca de Senaquerib, rey de Asiria, y yo la he escuchado. Esta es la palabra que el Señor ha pronunciado contra él: Te desprecia, se burla de ti, la virgen hija de Sión; a tus espaldas mueve la cabeza la hija de Jerusalén. Porque de Jerusalén saldrá un resto, y del monte Sión, algunos sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto. Por eso, así habla el Señor acerca del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni le lanzará una flecha; no la enfrentará con el escudo, ni levantará contra ella un terraplén. Se volverá por el mismo camino, sin entrar en esta ciudad -oráculo del Señor-. Yo protegeré a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi servidor". Aquella misma noche, el Ángel del Señor salió e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres. Y cuando los demás se levantaron por la mañana, vieron que todos eran cadáveres, que estaban muertos.
Entonces Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, emprendió el regreso y se quedó en Nínive.

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SALMO
(Salmo 48(47),2-3a.3b-4.10-11.)

El Señor es grande y digno de alabanza,
en la Ciudad de nuestro Dios.
Su santa Montaña, la altura más hermosa,
es la alegría de toda la tierra.

El Señor se manifestó como un baluarte
en medio de sus palacios.
Nosotros evocamos tu misericordia
en medio de tu Templo, oh Dios.

Tu alabanza, lo mismo que tu nombre,
llega hasta los confines de la tierra.
Tu derecha está llena de justicia.

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EVANGELIO
(Mateo 7,6.12-14)

 
No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

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COMENTARIO
(Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo)

Veamos ahora qué se dice a continuación a Moisés, qué camino se le manda elegir... Quizá tú pensarás que el camino que Dios muestra es un camino llano y fácil, sin ninguna dificultad ni esfuerzo: no, es una subida, y una subida tortuosa. No es un camino descendente el que conduce a las virtudes, se trata de una ascensión, una angosta y difícil ascensión. Escucha al Señor cuando dice en el Evangelio: "El camino que conduce a la vida es estrecho y angosto". Observa, pues, qué consonancia hay entre el Evangelio y la Ley... ¿Acaso no es verdad que hasta los ciegos pueden ver claramente que la Ley y el Evangelio han sido escritos por uno y el mismo Espíritu?

El camino por el que marchan es, por tanto, una subida tortuosa...; Muestra que tanto en las obras como en la fe hay mucha dificultad y mucho esfuerzo. En efecto, a los que quieren obrar según Dios se les oponen muchas tentaciones, muchos estorbos. Así, te encontrarás en la fe con muchas cosas tortuosas, muchas preguntas, muchas objeciones de los herejes... Escucha lo que dice el Faraón al ver estas cosas: "Estos se equivocan". Para el Faraón, el que sigue a Dios se equivoca, porque, como ya hemos dicho, el camino de la sabiduría es tortuoso, tiene muchas curvas, muchas dificultades y muchas angosturas. De este modo, cuando confiesas que hay un solo Dios, y en la misma confesión afirmas que el Padre, el Hijo y el Espíritu son un solo Dios. ¡Cuán tortuoso, cuán inextricable parece esto a los infieles! Aún más, cuando dices que «el Señor de la majestad» fue crucificado (1 Co 2,8) y que el Hijo del hombre es «el que ha bajado del cielo» (Jn 3,13) ¡Cuán tortuosas y difíciles parecen estas cosas! El que las oye, si nos las oye con fe, dice que éstos se equivocan; pero tú mantente firme y no dudes de esta fe, sabiendo que Dios te muestra el camino de esta fe.

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REFLEXIÓN

“Ayúdame Padre a seguir tus huellas y a permanecer vigilante en mi camino hacia Ti”

 
Esto de ser fácil o difícil es algo representativo, claro que lo más intuitivo, no fácil, es dejarse llevar por la agresividad, me están atacando y tengo que defenderme, eso es instinto animal. Si me hace enfadar, pues me enfado, grito, chillo. En definitiva, me dejo llevar por la furia. Eso es lo que llamaríamos, más fácil. Lo contrario, que siempre tildamos de difícil, es intentar controlarme, detenerme antes de empezar a chillar, pensar un poco si merece la pena. Y, sobre todo, danos cuenta de las consecuencias que pueden tener mis chillidos y mis frases llenas de ira sobre los otros, esto no es muy poco si damos riendas suelta a ese instinto que va dentro de nosotros, tendemos a ser más agresivos, nos dan ataques de furia, guardando en nuestro corazón el odio y lo atesoramos y le damos vueltas y peor lo cultivamos, siempre pensando en lo que vamos a hacer para vengarnos de la afrenta recibida. Esto nos conduce fácil para tirarnos cuesta abajo. Lo más grave es que estamos claros que todo esto no construye nada, más bien destruye, deshace, arrasa, derriba cualquier intento de salvar una relación que hayamos podido construir y se hace duro reconstruirla de nuevo.

“Ancho y espacioso es el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos” (Mt 7,13-14). Como somos duros de corazón, Jesús nos conoce y con estas palabras, nos plantea los dos caminos que, en prácticamente todas las culturas y religiones, simbolizan los dos tipos de conducta humana.

Hacer lo contrario hace el camino arduo, ya que requiere un consentimiento y permiso para entrar en ese “Yo” interno y decirle “NO”, si lo hacemos el premio que nos espera hace palidecer las dificultades y sacrificios que implique. Lo que Jesús nos promete es algo más preciado que una mera medalla de oro, o plata, o bronce, que logremos ganar en la vida y esa es la vida eterna. Jesús nos ha dicho: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” (Lc 9,23-24). Jesús siempre nos lo dice: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,26). Palabras que suenan fuertes, duras, que pretenden ejemplificar el grado de seguimiento que Él espera de nosotros. Las palabras de Jesús muchas veces tienen ese efecto porque nos hacen enfrentarnos con nuestra realidad; con lo que somos, no con lo que queremos o pretendemos ser. Por eso muchos lo abandonaban, y por eso dijo a los suyos (y a nosotros): “¿También vosotros queréis marcharos?” (Jn 6,67).

Solo debemos albergar y cultivar en nuestro interior y poder dominar ese “YO” tener una Fe: Una Fe que pida sabiduría en la dificultad y acepta comprensión antes cualquiera de nuestras caídas y negaciones. Una Fe que sepa confiar en ti “Señor” y nos ponga en tus manos. Una Fe que clame a tu corazón para que todo nuestro vivir sea lleno de Bendiciones.

Ayúdame Padre a seguir tus huellas y a permanecer vigilante en mi camino hacia Ti. Amén.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro,
Ayúdanos a imitar a tu Hijo en su total entrega,
incluso a costa de su vida.
Ayúdanos a superar el miedo
de ponernos en manos de los hermanos
para servirles sin reservas.
Que sepamos amarlos y servirlos
mientras, con la mayor confianza,
nos ponemos también en tus manos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
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