domingo, 19 de junio de 2016

Lectura del 19/06/2016: Duodécimo domingo del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Libro de Zacarías 12,10-11.13,1.)

Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de súplica; y ellos mirarán hacia mí. En cuanto al que ellos traspasaron, se lamentarán por él como por un hijo único y lo llorarán amargamente como se llora al primogénito. Aquel día, habrá un gran lamento en Jerusalén, como el lamento de Hadad Rimón, en la llanura de Meguido. Aquel día, habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, a fin de lavar el pecado y la impureza.

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SALMO
(Salmo 63(62),2abcd.2e-4.5-6.8-9.)

Oh Dios, tú eres mi Dios, a ti te busco, mi alma tiene sed de ti; en pos de ti mi carne languidece cual tierra seca, sedienta, sin agua.
Sí, yo te contemplé en el Santuario

para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor vale más que la vida,
mis labios te alabarán.
Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedará saciada

como con un manjar delicioso,
y mi boca te alabará
con júbilo en los labios.
Veo que has sido mi ayuda
y soy feliz a la sombra de tus alas.
Mi alma está unida a ti,

tu mano me sostiene.

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SEGUNDA LECTURA
(Carta de San Pablo a los Gálatas 3,26-29.)

Porque todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo. Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa.

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EVANGELIO
(Lucas 9,18-24)

Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado". "Pero ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro, tomando la palabra, respondió: "Tú eres el Mesías de Dios". Y él les ordenó terminantemente que no lo dijeran a nadie. "El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día". Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.

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COMENTARIO
(San Juan XXIII (1881-1963), papa)

El amor a la cruz de mi Señor, me atrae cada vez más estos días. ¡Jesús bendito, que esto no sea un fuego de paja que se apague con la primera lluvia, sino un incendio que arda sin consumirse jamás! He encontrado estos días otra bella oración que corresponde muy bien a mis condiciones espirituales: "Oh Jesús, mi amor crucificado, te adoro en todos tus sufrimientos... Abrazo con todo mi corazón, por amor a ti, todas las cruces de cuerpo y espíritu que me llegarán. Y hago profesión de poner toda mi gloria, mi tesoro y mi satisfacción en tu cruz, es decir en las humillaciones, privaciones y sufrimientos, diciendo con Santo Pablo: «qué jamás me vanaglorie, si no en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Ga 6,14). En cuanto a mí, no quiero otro paraíso en este mundo que la cruz de mi Señor Jesucristo "... Todo me hace pensar que el Señor me quiere todo para él, en el "camino real de la santa cruz". Y es por este camino, y no por otro, que quiero seguirlo...

Una nota característica de este retiro, ha sido una gran paz y una gran alegría interior, que me dan el coraje de ofrecerme al Señor para todos los sacrificios que quiera pedir a mi sensibilidad. De esta calma y de esta alegría, quiero que toda mi ser y toda mi vida estén siempre penetradas, por dentro y por fuera... Cuidaré de guardar esta alegría interior y exterior... La comparación de San Francisco de Sales que me gusta repetir, entre otras: "Estoy como un pájaro que canta sobre un matorral de espinas", debe ser una invitación continua para mí. Por tanto, pocas confidencias sobre lo que puede hacer sufrir; mucha discreción e indulgencia juzgando a los hombres y las situaciones; me esforzaré por rezar especialmente por los que me hacen sufrir; y luego en toda cosa una gran bondad, una paciencia sin límites, acordándome de que otro sentimiento... no está conforme con el espíritu del Evangelio y de la perfección evangélica. Desde el momento que hago triunfar la caridad cueste lo que cueste, quiero pasar por un hombre cualquiera. Me dejaré atropellar, pero quiero ser paciente y bueno hasta el heroísmo.

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REFLEXIÓN

¿Quién es Jesús para mí?

 
Hoy debemos evocar la estrecha relación que debe existir entre el creyente y su Señor. Mirar hacia Él, estar unido a Él, revestirse de Él, seguirle a Él, son diferentes maneras de expresar esa vinculación única que condiciona la vida entera del seguidor de Jesús. Porque no se trata sólo de confesar la fe o bautizarse; se trata sobre todo de tomar conciencia de que, al hacerlo, adquirimos el compromiso de vivir según los valores del Reino, aunque a veces resulte difícil y hasta doloroso.

Cuando creemos en Jesucristo y aceptamos el regalo de la salvación que Dios nos ofrece, somos revestidos de Él y llegamos a tener una vida espiritual en la que ya no encontraremos barreras ni rangos humanos que puedan hacernos diferencia entre una persona y otra. Humanamente la sociedad nos clasifica de muchas maneras y nos ubica en diferentes categorías. Dios, por el contrario, no hace acepción de ninguno de nosotros. En Cristo, las distinciones de raza, rango o sexo no impiden establecer vínculos fraternales, ni garantizan privilegios especiales. El deseo del Señor es la unidad y hermandad de todos sus creyentes. En Cristo son eliminadas las barreras humanas y las distinciones sociales, y todo gozamos de la bendición de tener a Dios como Padre y de tener a todos los otros creyentes como hermanos.

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ORACIÓN

Oh Padre bondadoso:
Hemos sido uno con Jesús participando en su banquete;
que también estemos unidos con él
en su camino hacia ti y hacia los hermanos.
Que sepamos seguirle a donde él quiera llevarnos,
tanto en días oscuros y tristes, como en días de alegría.
Envíanos a cualquier lugar
donde los hermanos nos esperen
para recibir tu palabra liberadora
y tu mano amiga y servicial.

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sábado, 18 de junio de 2016

Lectura del 18/06/2016: Sábado de la undécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segundo Libro de Crónicas 24,17-25.)

 
Después de la muerte de Iehoiadá, los jefes de Judá fueron a postrarse delante del rey, y este se dejó llevar por sus palabras. Entonces abandonaron la Casa del Señor, el Dios de sus padres, y rindieron culto a los postes sagrados y a los ídolos. Por este pecado, se desató la indignación del Señor contra Judá y Jerusalén. Les envió profetas que dieron testimonio contra ellos, para que se convirtieran al Señor, pero no quisieron escucharlos. El espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacerdote Iehoiadá, y este se presentó delante del pueblo y les dijo: "Así habla Dios: ¿Por qué quebrantan los mandamientos del Señor? Así no conseguirán nada. ¡Por haber abandonado al Señor, él los abandonará a ustedes!". Ellos se confabularon contra él, y por orden del rey lo apedrearon en el atrio de la Casa del Señor. El rey Joás no se acordó de la fidelidad que le había profesado Iehoiadá, padre de Zacarías, e hizo matar a su hijo, el cual exclamó al morir: "¡Que el Señor vea esto y les pida cuenta!". Al comenzar el año, el ejército de los arameos subió a combatir contra Joás. Invadieron Judá y Jerusalén, ejecutaron a todos los jefes que había en el pueblo, y enviaron el botín al rey de Damasco. Aunque el ejército de Arám había venido con pocos hombres, el Señor entregó en sus manos a un ejército mucho más numeroso, por haberlo abandonado a él, el Dios de sus padres. De esta manera, los arameos hicieron justicia con Joás, y cuando se fueron, lo dejaron gravemente enfermo. Sus servidores tramaron una conspiración contra él para vengar la sangre del hijo del sacerdote Iehoiadá, y lo mataron cuando estaba en su lecho. Así murió, y fue sepultado en la Ciudad de David, pero no en el sepulcro de los reyes.

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SALMO
(Salmo 89(88),4-5.29-30.31-32.33-34.)

Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
«Estableceré tu descendencia para siempre,
mantendré tu trono por todas las generaciones.»

Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi alianza será estable para él.
le daré una descendencia eterna
y un trono duradero como el cielo.

Si sus hijos abandonan mi enseñanza
y no proceden de acuerdo con mis juicios;
si profanan mis preceptos
y no observan mis mandamientos.

Castigaré sus rebeldías con la vara
y sus culpas, con el látigo.
Pero a él no le retiraré mi amor
ni desmentiré mi fidelidad.

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EVANGELIO
(Mateo 6,24-34)

 
Dijo Jesús a sus discípulos: Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

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COMENTARIO
(San Vicente de Paúl (1581-1660), presbítero, fundador de la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad)

«Buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura»... Se dice, pues, que hay que buscar el reino de Dios. «Buscad», no es más que una palabra, pero me parece que dice muchas cosas. Quiere decir... trabajar incesantemente para el reino de Dios y no permanecer en un estado flojo y parado, poner atención al interior para que esté bien regulado, pero no al exterior para divertirse... Buscar a Dios en vosotros, porque san Agustín confiesa que mientras le buscó fuera de él, no le encontró. Buscadle en vuestra alma que le es su agradable morada; es en ese fondo donde quedan establecidas todas las virtudes que sus siervos intentan practicar. La vida interior es necesaria, es preciso tender a ella; si la descuidamos, faltamos a todo... Busquemos ser personas de interioridad... Busquemos la gloria de Dios, busquemos el reino de Jesucristo...

«Pero [me diréis], hay tantas cosas que hacer, tantos trabajos en casa, tantos lugares de trabajo en la ciudad, en el campo... hay trabajo en todas partes; ¿es preciso pues dejarlo todo tal cual está para no pensar sino en Dios?» No, sino que es necesario santificar esas ocupaciones buscando a Dios en ellas, y hacerlas más para encontrarle a él que para verlas hechas. Nuestro Señor quiere que, ante todo, busquemos su gloria, su reino, su justicia, y para ello quiere que construyamos nuestro capital, con la vida interior, con la fe, con la confianza, con el amor, con ejercicios religiosos..., con trabajos y sufrimientos, a la vista de Dios, nuestro soberano Señor... Una vez establecidos en esa búsqueda de la gloria de Dios, podemos estar seguros de que el resto vendrá por sí solo.

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REFLEXIÓN

“vaciarnos” de las cosas de este mundo, podemos “llenarnos” plenamente del amor de Dios…

 
Jesús no nos está diciendo que podemos sentarnos a esperar que Él nos provea todas nuestras necesidades o elimine nuestras vicisitudes del continuo vivir nuestro día a día.

Dios nos quiere libres. Dios quiere personas capaces de amar, de ser responsables, de construir la fraternidad, de vivir en armonía sin preocupaciones y dejar todas las ataduras a este mundo que podamos olvidar nuestras pequeños problemas y ansiedades, “pura hechura nuestra”.

Es lo que siempre nos dice Jesús, “tener un solo señor mejor tener a Dios”; conceder el máximo interés y prioridad a Él, para vivir su Reino de Bondad y Misericordia, de integridad y de justicia. Así cambiaremos la esclavitud por la libertad.

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ORACIÓN

Señor Dios, Padre nuestro:
En tu entrega Eucarística
has reafirmado nuestra confianza
de que conoces lo que necesitamos
mejor que nosotros mismos;
y de que tú estás con nosotros
por medio de Jesucristo tu Hijo.

Que ojalá permanezca él siempre con nosotros,
para que así podamos olvidar
nuestros pequeños problemas y ansiedades
“tantas veces, pura hechura nuestra”
y conceder el máximo interés y prioridad
a ti, y a tu Reino de bondad y misericordia,
de integridad y de justicia,
confiados siempre en la Palabra del evangelio:
que lo demás se nos dará por añadidura.

Que ese sea nuestro genuino interés,
seguir los pasos de Jesucristo.

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viernes, 17 de junio de 2016

Lecturas del 17/06/2016: Viernes de la undécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segundo Libro de los Reyes 11,1-4.9-18.20.)

 
Atalía, la madre de Ocozías, al ver que había muerto su hijo, empezó a exterminar a todo el linaje real. Pero Josebá, hija del rey Jorám y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías, lo sacó secretamente de en medio de los hijos del rey que iban a ser masacrados, y lo puso con su nodriza en la sala que servía de dormitorio. Así lo ocultó a los ojos de Atalía y no lo mataron. Él estuvo con ella en la Casa del Señor, oculto durante seis años, mientras Atalía reinaba sobre el país. El séptimo año, Iehoiadá mandó buscar a los centuriones de los carios y de la guardia, y los hizo comparecer ante él en la Casa del Señor. Hizo con ellos un pacto comprometiéndolos bajo juramento, y les mostró al hijo del rey. Los centuriones ejecutaron exactamente todo lo que les había ordenado el sacerdote Iehoiadá. Cada uno de ellos tomó a sus hombres - los que entraban de servicio y los que eran relevados el día sábado - y se presentaron ante el sacerdote Iehoiadá. El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David que estaban en la Casa del Señor. Los guardias se apostaron, cada uno con sus armas en la mano, desde el lado sur hasta el lado norte de la Casa, delante del altar y delante de la Casa, para formar un círculo alrededor del rey. Entonces Iehoiadá hizo salir al hijo del rey y le impuso la diadema y el Testimonio. Se lo constituyó rey, se lo ungió, y todos aplaudieron, aclamando: "¡Viva el rey!". Atalía oyó el griterío de la gente que corría, y se dirigió hacia la Casa del Señor, donde estaba el pueblo. Y al ver al rey de pie sobre el estrado, como era costumbre, a los jefes y las trompetas junto al rey, y a todo el pueblo del país que estaba de fiesta y tocaba las trompetas, rasgó sus vestiduras y gritó: "¡Traición!". Entonces el sacerdote Iehoiadá impartió órdenes a los centuriones encargados de la tropa, diciéndoles: "¡Háganla salir de entre las filas! Si alguien la sigue, que sea pasado al filo de la espada". Porque el sacerdote había dicho: "Que no la maten en la Casa del Señor". La llevaron a empujones, y por el camino de la entrada de los Caballos llegó a la casa del rey; allí la mataron. Iehoiadá selló la alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, comprometiéndose este a ser el pueblo del Señor; y también selló una alianza entre el rey y el pueblo. Luego, todo el pueblo del país se dirigió al templo de Baal, lo derribó y destrozó por completo sus altares y sus imágenes. Y a Matán, el sacerdote de Baal, lo mataron delante de los altares. El sacerdote estableció puestos de guardia en la Casa del Señor. Toda la gente del país se alegró y la ciudad permaneció en calma. A Atalía la habían pasado al filo de la espada en la casa del rey.

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SALMO
(Salmo 132(131),11.12.13-14.17-18.)

El Señor hizo un juramento a David,
una firme promesa, de la que no se retractará:
«Yo pondré sobre tu trono
a uno de tus descendientes.

Si tus descendientes observan mi alianza
y los preceptos que yo les enseñaré,
también se sentarán sus hijos
en tu trono para siempre".

Porque el Señor eligió a Sión,
y la deseó para que fuera su Morada.
«Este es mi Reposo para siempre;
aquí habitaré, porque lo he deseado.

Allí haré germinar el poder de David:
yo preparé una lámpara para mi Ungido.
Cubriré de vergüenza a sus enemigos,
y su insignia real florecerá sobre él.»

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EVANGELIO
(Mateo 6,19-23)

 
Jesús dijo a sus discípulos: No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

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COMENTARIO
(San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo)

Dios acepta nuestras ofrendas de dinero y se complace en los dones que les hacemos a los pobres, pero con esta condición: que todo pecador, cuando le ofrece a Dios su dinero, le ofrezca al mismo tiempo su alma... Cuando el Señor dijo: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" (Mc 12,17), es como decir: "como devolvéis al César su imagen sobre la moneda de plata, le devolvéis también a Dios la imagen de Dios" (cf Gn 1,26)...

Por eso, como ya dijimos, cuando le damos dinero a los pobres, le ofrecemos nuestra alma a Dios con el fin de que allí dónde está nuestro tesoro, allí también pueda estar nuestro corazón. En efecto, ¿por qué Dios nos pide dar dinero? Seguramente porque sabe que particularmente nos gusta y que pensamos en eso sin cesar; y que allí dónde está nuestro dinero, allí también está nuestro corazón. Por eso Dios nos exhorta a tener tesoros en el cielo dando a los pobres; para que nuestro corazón siga allí donde ya enviamos nuestro tesoro y donde, cuando el sacerdote dice: "Levantemos el corazón", pudiéramos responder con una conciencia tranquila: "Lo tenemos levantado hacia el Señor".

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REFLEXIÓN

“Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!”

 
“Les formó boca y lengua y ojos y oídos y mente para entender; los colmó de inteligencia y sabiduría y les enseñó el bien y el mal; les mostró sus maravillas, para que se fijaran en ellas, para que alaben el santo nombre y cuenten sus grandes hazañas”
(Eclo 17; 6-10).

Al empeñamos en atesorar tesoros en la tierra, estos van a “enfermar” el “ojo interior” que Dios puso en nuestros corazones. Y estaremos a oscuras; y seremos incapaces de reconocer y admirar las maravillas de la creación. Eso, a su vez, nos impedirá alabar su Nombre Santísimo y proclamar la grandeza de sus obras.

Por eso se dice que quien atesora tesoros en la tierra vive en las tinieblas. El que tiene su corazón orientado hacia lo material vive una ceguera espiritual. Las cosas materiales se convierten en una venda que impide que la Luz del Amor de Dios llegue a él y se refleje en sus ojos. De ahí la necesidad de tener nuestros ojos fijos en las “cosas del cielo”, es decir, en Dios-Luz.

La solidaridad, la fraternidad, la relación humana, la familia, todo eso es mucho más duradero. Todo es, en definitiva, el Reino de que nos habló Jesús. Todo eso no es más que la expresión aquí y ahora del amor con el que Dios nos ama y del que Jesús nos dio testimonio.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
tú nos reúnes alrededor de la mesa
de tu Hijo Jesucristo.
La eucaristía es para nosotros
el mejor y más precioso tesoro.
Haznos apreciar en todo su valor
la presencia de Jesús entre nosotros.
Que nos enriquezca siempre
con el profundo sentido de su cercanía.
Y que aprendamos de él
a estar presentes los unos a los otros
con generosidad y afecto.

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jueves, 16 de junio de 2016

Lecturas del 16/06/2016: Jueves de la undécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Libro de Eclesiástico 48,1-15.)

 

Surgió como un fuego el profeta Elías, su palabra quemaba como una antorcha. El atrajo el hambre sobre ellos y con su celo los diezmó. Por la palabra del Señor, cerró el cielo, y también hizo caer tres veces fuego de lo alto. ¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién puede jactarse de ser igual a ti? Tú despertaste a un hombre de la muerte y de la morada de los muertos, por la palabra de Altísimo. Tú precipitaste a reyes en la ruina y arrojaste de su lecho a hombres insignes: tú escuchaste un reproche en el Sinaí y en el Horeb una sentencia de condenación; tú ungiste reyes para ejercer la venganza y profetas para ser tu sucesores Tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego en un carro con caballos de fuego. De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y restablecer las tribus de Jacob. ¡Felices los que te verán y los que se durmieron en el amor, porque también nosotros poseeremos la vida! Cuando Elías fue llevado en un torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Durante su vida ningún jefe lo hizo temblar, y nadie pudo someterlo. Nada era demasiado difícil para él y hasta en la tumba profetizó su cuerpo. En su vida, hizo prodigios y en su muerte, realizó obras admirables. A pesar de todo esto, el pueblo no se convirtió ni se apartó de sus pecados. Hasta que fue deportado lejos de su país, y dispersado por toda la tierra.

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SALMO
(Salmo 97(96),1-2.3-4.5-6.7.)

¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
Nubes y Tinieblas lo rodean,
la Justicia y el Derecho son

la base de su trono.
Un fuego avanza ante él
y abrasa a los enemigos a su paso;
sus relámpagos iluminan el mundo;

al verlo, la tierra se estremece.
Las montañas se derriten como cera
delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.
Los cielos proclaman su justicia

y todos los pueblos contemplan su gloria.
Se avergüenzan los que sirven a los ídolos,
los que se glorían en dioses falsos;

todos los dioses se postran ante él.

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EVANGELIO
(Mateo 6,7-15)

 
Jesús dijo a sus discípulos: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

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COMENTARIO
(San Cipriano (c. 200-258), obispo de Cartago y mártir)

No se trata de que Dios haga lo que quiere, sino que nosotros hagamos lo que él quiere. ¿Quién puede impedir a Dios de hacer lo que él quiere? Pero nosotros estamos marcados por el demonio que nos impide obedecer en todo, interiormente y exteriormente, a la voluntad de Dios. Así pedimos que su voluntad se cumpla en nosotros; para que se cumpla, tenemos necesidad de su ayuda. Nadie es fuerte por sus propios recursos sino que la fortaleza radica en la bondad y en la misericordia de Dios...

La voluntad de Dios es lo que Cristo ha obrado y enseñado: la humildad en la conducta, la solidez en la fe, la modestia en las palabras, la justicia en los actos, la misericordia en las obras, la disciplina en las costumbres. La voluntad de Dios consiste en no hacer daño a nadie, en soportar el daño que nos hacen los otros, conservar la paz con nuestros hermanos, amar a Dios con todo nuestro corazón, porque es nuestro Padre y reverenciarle porque es nuestro Dios. No preferir nada a Cristo ya que él nos prefiere ante todo lo demás, pegarnos indefectiblemente a su amor, mantenernos en pie bajo la cruz con valentía y confianza.

Cuando se trata de luchar por causa de su nombre y de su honor, ser fieles a nuestras palabras; dar pruebas de confianza en las dificultades para mantener el combate, tener paciencia en la muerte para obtener la corona. Esto significa ser coherederos de Cristo, cumplir los preceptos de Dios, hacer la voluntad de Dios.

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REFLEXIÓN

“Cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido”

 
Lo más importante: Reconocer que Dios es “nuestro padre” y que nos podemos dirigir a él con confianza... Que confiemos en él para que nos dé lo que necesitamos cada día y que nos comprometemos a perdonar y amar como él nos ama. ¿Qué más nos hace falta?

Ahora la más difícil del seguimiento: Que deseamos que venga su reino a nuestras vidas, ésa y no otra es su voluntad, aceptando, cumpliendo y haciendo su voluntad. Para que juntos podamos construir su reino de justicia y fraternidad, que podamos amarnos, perdonándonos y que nadie quede excluido. Que dedicarnos o gastar horas orando y meditando, esto no quiere decir que no debemos orar, es necesario hacerlo, pero de verdad, en ese silencio, tanto exterior como interior, estar a solas con el señor para que Él pueda entrar en nosotros llevándonos al amor; donde ese “coloquio amoroso” tan necesario para desarrollar una relación filial íntima con el Padre, “Si el amor que me tenéis, Dios mío, es como el que os tengo, decidme: ¿en qué me detengo? O Vos, ¿en qué os detenéis?” (Teresa de Jesús)

Al abandonarnos a Su santa Voluntad, confiemos en que Él en su infinita bondad y misericordia, nos concederá todo y solo lo que nos conviene.

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ORACIÓN

Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús, ahora vivo entre nosotros,
insiste en que nos perdonemos unos a otros.
Enséñanos a perdonar como tú perdonas,
completamente y sin reservas.
Te damos gracias porque nos has perdonado mucho
y porque no has tenido ya en cuenta
el castigo merecido por nuestros pecados
por Jesucris
to, nuestro Señor.
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miércoles, 15 de junio de 2016

Lectura del 15/06/2016: Miércoles de la undécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segundo Libro de los Reyes 2,1.6-14.)

Esto es lo que sucedió cuando el Señor arrebató a Elías y lo hizo subir al cielo en el torbellino. Elías y Eliseo partieron de Guilgal, Elías le dijo: "Quédate aquí, porque el Señor me ha enviado al Jordán". Pero Eliseo respondió: "Juro por la vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré". Y se fueron los dos. Cincuenta hombres de la comunidad de profetas fueron y se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras los dos estaban de pie a la orilla del Jordán.
Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó las aguas. Estas se dividieron hacia uno y otro lado, y así pasaron los dos por el suelo seco. Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo: "Pide lo que quieres que haga por antes de que sea separado de tu lado". Eliseo respondió: "¡Ah, si pudiera recibir las dos terceras partes de tu espíritu!". "¡No es nada fácil lo que pides!, dijo Elías; si me ves cuando yo sea separado de tu lado, lo obtendrás; de lo contrario, no será así". Y mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino. Al ver esto, Eliseo gritó: "¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de Israel y su caballería!". Y cuando no lo vio más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos pedazos. Luego recogió el manto que se le había caído a Elías de encima, se volvió y se detuvo al borde del Jordán. Después, con el manto que se le había caído a Elías, golpeó las aguas, pero estas no se dividieron. Entonces dijo: "¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?". El golpeó otra vez las aguas; estas se dividieron hacia uno y otro lado, y Eliseo cruzó.

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SALMO
(Salmo 31(30),20.21.24.)

¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos.

Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres;
y los escondes en tu Tienda de campaña,
lejos de las lenguas pendencieras.

Amen al Señor, todos sus fieles,
porque él protege a los que son leales
y castiga con severidad a los soberbios.

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EVANGELIO
(Mateo 6,1-6.16-18)

 
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

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COMENTARIO
(San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968), capuchino)

Sé asiduo a la oración y a la meditación. Me has dicho que habías ya empezado. ¡Esta es una gran consolación para un padre que te ama como a él mismo! Continúa, pues, progresando en este ejercicio de amor a Dios. Da cada día un paso más: de noche, bajo el débil resplandor de la lámpara, entre las debilidades y en la sequedad de espíritu; o bien de día, en el gozo y la iluminación que deslumbra al alma...

Si puedes, habla al Señor en la oración, alábale. Si no lo consigues porque todavía no estás suficientemente adelantado en la vida espiritual, de ninguna manera te inquietes: enciérrate en tu habitación y ponte en la presencia de Dios. Él te verá y apreciará tu presencia y tu silencio. Seguidamente, te tomará de la mano, te hablará, hará los cien pasos en los senderos de este jardín que es la oración, y allí encontrarás tu consolación. Permanecer en la presencia de Dios simplemente para manifestar nuestra voluntad de reconocernos sus servidores, es un excelente ejercicio espiritual que nos hace adelantar en el camino de la perfección.

Cuando estás unido a Dios por medio de la oración, examina quién eres, en verdad; háblale si puedes, y si esto te resulta imposible, párate, quédate frente a él. No te esfuerces en otra cosa.

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REFLEXIÓN

“Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor”

 
En nuestras vidas todos estamos inmersos en grupos sociales: la familia, los vecinos, el trabajo, las comunidades, la ciudad, etc., y queremos estar a bien con ellos; nos adaptamos a sus propios actuar y asumimos lo que es normal en cada grupo, hacer lo que hacen todos, pensar lo que piensan todos. De esta manera, nos sentimos integrados y protegidos.

Continuar con ese comportamiento y no estar acompañadas de una disposición interior cónsona con lo que hay en nuestros corazones caemos en aparentan ser justos, en nuestras ofrendas (haciendo que todos vean la denominación del billete que echamos en la canasta de las ofendas), orar y participar de las celebraciones litúrgicas y los sacramentos con gran pompa, de que todos sepan cuándo ayunamos y hacemos otros actos penitenciales, mientras en nuestro interior está lleno de desprecio, envidia, rencor, soberbia, y hasta delirios de grandeza, pues estos nos llevan a recibir el reconocimiento de todos y más aún hacemos lo indecible para ocupar “puestos” en las comunidades de fe y ministerios parroquiales. El reconocimiento por parte de los demás nos podrá llenar de prestigio, de “gloria”, pero se trata de una gloria terrenal, pasajera y efímera.

Seguir en estos tipos de práctica que no son agradables a Dios y no practicar la Ley del Amor y escribirla en nuestros corazones, que es allí donde se cumple, y el Padre “que ve en lo escondido”, nos juzgará según lo que hay en nuestros interior. Por eso nos reitera que si practicamos la limosna en secreto, si oramos en la intimidad de nuestro ser, y si ayunamos manteniendo nuestro buen semblante, el Padre, que “ve en lo secreto” nos recompensará. Porque habremos practicado la caridad (el Amor) hacia Dios, nuestro prójimo y nosotros mismos; "habremos vivido el espíritu de las Bienaventuranzas".

“Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor” (San Juan de la Cruz).

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro, nuestro Padre en el cielo:
Tus propios dones son con frecuencia
humildes y velados,
como el de darnos a tu Hijo
en los signos de pan y vino.
Oh Dios, que miras
en lo más profundo de nuestros corazones,
enséñanos a compartir sin exhibicionismos;
que nuestra mano izquierda no sepa
lo que nuestra mano derecha está dando.
Que nos contentemos con saber que tú lo sabes:
tú que eres nuestro Padre
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

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martes, 14 de junio de 2016

Lecturas del 14/06/2016: Martes de la undécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Primer Libro de los Reyes 21,17-29.)

 
Después que murió Nabot, la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos:
"Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre". Ajab respondió a Elías: "¡Me has sorprendido, enemigo mío!". "Sí, repuso Elías, te he sorprendido, porque te has prestado a hacer lo que es malo a los ojos de Señor. Yo voy a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta tus últimos restos y extirparé a todos los varones de la familia de Ajab, esclavos o libres en Israel. Dejaré tu casa como la de Jeroboám, hijo de Nebat, y como la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi indignación y has hecho pecar a Israel. Y el Señor también ha hablado contra Jezabel, diciendo: Los perros devorarán la carne de Jezabel en la parcela de Izreel. Al de la familia de Ajab que muera en la ciudad, se lo comerán los perros, y al que muera en despoblado, se lo comerán los pájaros del cielo". No hubo realmente nadie que se haya prestado como Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor, instigado por su esposa Jezabel.El cometió las peores abominaciones, yendo detrás de los ídolos, como lo habían hecho los amorreos que el Señor había desposeído delante de los israelitas. Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se acostaba con el sayal y andaba taciturno. Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: "¿Has visto cómo Ajab se ha humillado delante de mí? Porque se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva, sino que la haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo".

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SALMO
(Salmo 51(50),3-4.5-6a.11.16.)

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
Aparta tu vista de mis pecados

y borra todas mis culpas.
¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!

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EVANGELIO
(Mateo 5,43-48)

 
Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

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COMENTARIO
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia)

«En esto reconocemos que estamos en Dios: si en él somos perfectos.» Aquí Juan quiere decir: perfectos en el amor (1Jn 4,17). ¿Cuál es la perfección del amor? Amar a nuestros enemigos y amarlos hasta tal punto que lleguen a ser nuestros hermanos. En efecto, nuestro amor no debe ser un amor según la carne. Ama, pues, a tus enemigos deseando que sean tus hermanos; ama a tus enemigos de manera que se sientan llamados a vivir en comunión contigo.

Es así que amó aquél que, colgado de la cruz, decía: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). A través de una oración cargada de misericordia y de un gran poder, quería arrancarlos de la muerte eterna. Por otra parte, muchos de ellos creyeron y fueron perdonados por haber hecho derramar la sangre de Cristo. Se la hicieron derramar encarnizándose contra él; al creer la bebieron. «En esto reconocemos que estamos en él: si en él somos perfectos.» El Señor nos invita a esta perfección de amor a los enemigos cuando dice: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto».

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REFLEXIÓN

¿Amar al enemigo?, “casi tendríamos que decir que bastante hacemos con desearle el mal”

 
Amar al que nos agrada es fácil, decir como ayer “la conducta del cristiano es no buscar revancha, pero sí mantenerse firme; estar abierto al perdón y decir las cosas claramente” hoy se nos dice “Amar al enemigo”.

Los sentimientos no son ni buenos ni malos, simplemente son; de que sean buenos o malos depende de nosotros mismo. ¿Qué connotación le damos en nuestro interior? Amar es un sentimiento y para ello hay que tomar una decisión en nuestras vidas y esa decisión es “Amar sin medidas, sin límites” (1 Co; 1-3).

¡Amar a nuestros enemigos! es demasiado se nos hace y creemos que es imposible, se debe hacer posible y para todo cristiano es una consecuencia inevitable del llamado que Jesús nos hace: “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. “Ser perfecto” significa amar sin medida, como Él nos ama, a pesar de todas nuestras diferencias, nuestras tibiezas, nuestras traiciones. “Ser perfecto” es aprender a ver el rostro de Jesús en todos nuestros hermanos, aun en aquellos que nos hace la vida difícil, aquellos que nos ponen trabas, que entorpecen nuestra vida de confort o, pero aun, nos causan daño con toda deliberación. Es a esos a quienes Jesús dice que tenemos que amar. ¿Difícil? Sí. ¿Imposible? No.
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ORACIÓN

Dios, Padre nuestro:
Hemos celebrado con tu Hijo
el sacrificio que nos ha traído
paz y reconciliación

Con sus palabras y su vida nos ha enseñado
a perdonarnos unos a otros de corazón.

Que su Espíritu more en nosotros;
que sepamos perdonar sin reservas ni condiciones,
y que podamos caminar juntos
mucho más lejos de lo que se nos pide
en el camino hacia los otros y hacia ti,
que eres nuestro Dios santo y misericordioso,
ahora y por siempre

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lunes, 13 de junio de 2016

Lecturas del 13/06/2016: Lunes de la undécima semana del tiempo ordinario




PRIMERA LECTURA
(Primer Libro de los Reyes 21,1-16.)

Nabot, el izreelita, tenía una viña en Izreel, al lado del palacio de Ajab, rey de Samaría. Ajab dijo a Nabot: "Dame tu viña para hacerme una huerta, ya que está justo al lado de mi casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su valor en dinero". Pero Nabot respondió a Ajab: "¡El Señor me libre de cederte la herencia de mis padres!". Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: "No te daré la herencia de mis padres". Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso probar bocado. Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó: "¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?". Él le dijo: "Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: 'Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra a cambio'. Pero él respondió: 'No te daré mi viña'". Su esposa Jezabel le dijo: "¿Así ejerces tú la realeza sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el izreelita!". En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot. En esa carta escribió: "Proclamen un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila. Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen contra él, diciendo: 'Tú has maldecido a Dios y al rey'. Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas". Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había enviado. Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en primera fila. En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron enfrente y atestiguaron contra él diciendo: "Nabot ha maldecido a Dios y al rey". Entonces lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas. Y mandaron decir a Jezabel: "Nabot fue apedreado y murió". Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido matado a pedradas, dijo a Ajab: "Ya puedes tomar posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba a venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto". Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de ella.

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SALMO
(Salmo 5,2-3.5-6.7.)

Señor, escucha mis palabras,
y a mi queja pon atención.
Presta oído a mi clamor, ¡oh mi rey y mi Dios!
Pues a ti te imploro, Señor.

Tú no eres un Dios al que le gusta la maldad,
ni el malvado tiene en ti acogida.
ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada.

Tu detestas a los que hacen el mal
y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor!

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EVANGELIO
(Mateo 5,38-42)

 
Jesús, dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

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COMENTARIO
(Concilio Vaticano II)

En el nombre de este Dios y de su hijo, Jesús, os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías. Luchad contra todo egoísmo. Negaos a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores.

La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo pasado, siempre vivo en ella, y marchando hacia la perfección humana en el tiempo y hacia los objetivos últimos de la historia y de la vida, es la verdadera juventud del mundo. Posee lo que hace la fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la verdad y del amor, el compañero y amigo de los jóvenes. Precisamente en nombre de Cristo os saludamos, os exhortamos y os bendecimos.

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REFLEXIÓN

“Venganza - Mansedumbre”

 
Jesús con su gran enseñanza nos ha dicho “que el odio solo se supera en el perdón”. La ley del talión es solo una regla y estaba limitada al derecho de venganza con una justa proporción: “sólo puedes hacer al prójimo lo que él te ha hecho a ti, de lo contrario cometerías una injusticia”; esto es lo que significa la sentencia breve y doctrinal de «ojo por ojo, diente por diente». Jesucristo nos afirma la necesidad que tenemos de superar la venganza con el amor; así lo expresó Él mismo cuando, en la Cruz, intercedió por sus verdugos: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).

El perdón debe acompañarse con la verdad. No perdonamos tan sólo porque nos vemos impotentes o acomplejados. A menudo confundimos la expresión “poner la otra mejilla” con la idea de la renuncia a nuestros derechos legítimos. No es eso. Poner la otra mejilla quiere decir denunciar e interpelar a quien lo ha hecho, con un gesto pacífico pero decidido, la injusticia que ha cometido; es como decirle: «Me has pegado en una mejilla, ¿qué, quieres pegarme también en la otra?, ¿te parece bien tu proceder?». Jesús respondió con serenidad al criado insolente del sumo sacerdote: «Si he hablado mal, demuéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,23).

Hoy busquemos cuál debe ser la conducta del cristiano: no buscar revancha, pero sí mantenerse firme; estar abierto al perdón y decir las cosas claramente. Ciertamente no es un arte fácil, pero es el único modo de frenar la violencia y manifestar la gracia divina a un mundo a menudo carente de gracia.

«Hagamos caso omiso y olvidemos las injurias y agravios que nos vengan del prójimo. Así podremos ver los nombres diversos que tendremos unos y otros; a ellos los llamarán coléricos y violentos, y a nosotros mansos y pacíficos. Ellos podrán arrepentirse un día de su violencia, y nosotros no nos arrepentíamos nunca de vuestra mansedumbre y humildad» (San Basilio).

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro,
nos has hablado tu palabra
y nos has alimentado para el camino
con el Pan vivo de tu Hijo Jesucristo.
Ojalá que,
por intercesión de San Antonio de Padua,
su evangelio no sea palabra vacía
sino un claro llamado y un serio reto
para vivir su vida
y para difundir su evangelio entre nuestros hermanos.
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