viernes, 17 de junio de 2016

Lecturas del 17/06/2016: Viernes de la undécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segundo Libro de los Reyes 11,1-4.9-18.20.)

 
Atalía, la madre de Ocozías, al ver que había muerto su hijo, empezó a exterminar a todo el linaje real. Pero Josebá, hija del rey Jorám y hermana de Ocozías, tomó a Joás, hijo de Ocozías, lo sacó secretamente de en medio de los hijos del rey que iban a ser masacrados, y lo puso con su nodriza en la sala que servía de dormitorio. Así lo ocultó a los ojos de Atalía y no lo mataron. Él estuvo con ella en la Casa del Señor, oculto durante seis años, mientras Atalía reinaba sobre el país. El séptimo año, Iehoiadá mandó buscar a los centuriones de los carios y de la guardia, y los hizo comparecer ante él en la Casa del Señor. Hizo con ellos un pacto comprometiéndolos bajo juramento, y les mostró al hijo del rey. Los centuriones ejecutaron exactamente todo lo que les había ordenado el sacerdote Iehoiadá. Cada uno de ellos tomó a sus hombres - los que entraban de servicio y los que eran relevados el día sábado - y se presentaron ante el sacerdote Iehoiadá. El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David que estaban en la Casa del Señor. Los guardias se apostaron, cada uno con sus armas en la mano, desde el lado sur hasta el lado norte de la Casa, delante del altar y delante de la Casa, para formar un círculo alrededor del rey. Entonces Iehoiadá hizo salir al hijo del rey y le impuso la diadema y el Testimonio. Se lo constituyó rey, se lo ungió, y todos aplaudieron, aclamando: "¡Viva el rey!". Atalía oyó el griterío de la gente que corría, y se dirigió hacia la Casa del Señor, donde estaba el pueblo. Y al ver al rey de pie sobre el estrado, como era costumbre, a los jefes y las trompetas junto al rey, y a todo el pueblo del país que estaba de fiesta y tocaba las trompetas, rasgó sus vestiduras y gritó: "¡Traición!". Entonces el sacerdote Iehoiadá impartió órdenes a los centuriones encargados de la tropa, diciéndoles: "¡Háganla salir de entre las filas! Si alguien la sigue, que sea pasado al filo de la espada". Porque el sacerdote había dicho: "Que no la maten en la Casa del Señor". La llevaron a empujones, y por el camino de la entrada de los Caballos llegó a la casa del rey; allí la mataron. Iehoiadá selló la alianza entre el Señor, el rey y el pueblo, comprometiéndose este a ser el pueblo del Señor; y también selló una alianza entre el rey y el pueblo. Luego, todo el pueblo del país se dirigió al templo de Baal, lo derribó y destrozó por completo sus altares y sus imágenes. Y a Matán, el sacerdote de Baal, lo mataron delante de los altares. El sacerdote estableció puestos de guardia en la Casa del Señor. Toda la gente del país se alegró y la ciudad permaneció en calma. A Atalía la habían pasado al filo de la espada en la casa del rey.

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SALMO
(Salmo 132(131),11.12.13-14.17-18.)

El Señor hizo un juramento a David,
una firme promesa, de la que no se retractará:
«Yo pondré sobre tu trono
a uno de tus descendientes.

Si tus descendientes observan mi alianza
y los preceptos que yo les enseñaré,
también se sentarán sus hijos
en tu trono para siempre".

Porque el Señor eligió a Sión,
y la deseó para que fuera su Morada.
«Este es mi Reposo para siempre;
aquí habitaré, porque lo he deseado.

Allí haré germinar el poder de David:
yo preparé una lámpara para mi Ungido.
Cubriré de vergüenza a sus enemigos,
y su insignia real florecerá sobre él.»

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EVANGELIO
(Mateo 6,19-23)

 
Jesús dijo a sus discípulos: No acumulen tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen, y los ladrones perforan las paredes y los roban. Acumulen, en cambio, tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que los consuma, ni ladrones que perforen y roben. Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!

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COMENTARIO
(San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo)

Dios acepta nuestras ofrendas de dinero y se complace en los dones que les hacemos a los pobres, pero con esta condición: que todo pecador, cuando le ofrece a Dios su dinero, le ofrezca al mismo tiempo su alma... Cuando el Señor dijo: "Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" (Mc 12,17), es como decir: "como devolvéis al César su imagen sobre la moneda de plata, le devolvéis también a Dios la imagen de Dios" (cf Gn 1,26)...

Por eso, como ya dijimos, cuando le damos dinero a los pobres, le ofrecemos nuestra alma a Dios con el fin de que allí dónde está nuestro tesoro, allí también pueda estar nuestro corazón. En efecto, ¿por qué Dios nos pide dar dinero? Seguramente porque sabe que particularmente nos gusta y que pensamos en eso sin cesar; y que allí dónde está nuestro dinero, allí también está nuestro corazón. Por eso Dios nos exhorta a tener tesoros en el cielo dando a los pobres; para que nuestro corazón siga allí donde ya enviamos nuestro tesoro y donde, cuando el sacerdote dice: "Levantemos el corazón", pudiéramos responder con una conciencia tranquila: "Lo tenemos levantado hacia el Señor".

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REFLEXIÓN

“Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!”

 
“Les formó boca y lengua y ojos y oídos y mente para entender; los colmó de inteligencia y sabiduría y les enseñó el bien y el mal; les mostró sus maravillas, para que se fijaran en ellas, para que alaben el santo nombre y cuenten sus grandes hazañas”
(Eclo 17; 6-10).

Al empeñamos en atesorar tesoros en la tierra, estos van a “enfermar” el “ojo interior” que Dios puso en nuestros corazones. Y estaremos a oscuras; y seremos incapaces de reconocer y admirar las maravillas de la creación. Eso, a su vez, nos impedirá alabar su Nombre Santísimo y proclamar la grandeza de sus obras.

Por eso se dice que quien atesora tesoros en la tierra vive en las tinieblas. El que tiene su corazón orientado hacia lo material vive una ceguera espiritual. Las cosas materiales se convierten en una venda que impide que la Luz del Amor de Dios llegue a él y se refleje en sus ojos. De ahí la necesidad de tener nuestros ojos fijos en las “cosas del cielo”, es decir, en Dios-Luz.

La solidaridad, la fraternidad, la relación humana, la familia, todo eso es mucho más duradero. Todo es, en definitiva, el Reino de que nos habló Jesús. Todo eso no es más que la expresión aquí y ahora del amor con el que Dios nos ama y del que Jesús nos dio testimonio.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
tú nos reúnes alrededor de la mesa
de tu Hijo Jesucristo.
La eucaristía es para nosotros
el mejor y más precioso tesoro.
Haznos apreciar en todo su valor
la presencia de Jesús entre nosotros.
Que nos enriquezca siempre
con el profundo sentido de su cercanía.
Y que aprendamos de él
a estar presentes los unos a los otros
con generosidad y afecto.

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jueves, 16 de junio de 2016

Lecturas del 16/06/2016: Jueves de la undécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Libro de Eclesiástico 48,1-15.)

 

Surgió como un fuego el profeta Elías, su palabra quemaba como una antorcha. El atrajo el hambre sobre ellos y con su celo los diezmó. Por la palabra del Señor, cerró el cielo, y también hizo caer tres veces fuego de lo alto. ¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién puede jactarse de ser igual a ti? Tú despertaste a un hombre de la muerte y de la morada de los muertos, por la palabra de Altísimo. Tú precipitaste a reyes en la ruina y arrojaste de su lecho a hombres insignes: tú escuchaste un reproche en el Sinaí y en el Horeb una sentencia de condenación; tú ungiste reyes para ejercer la venganza y profetas para ser tu sucesores Tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego en un carro con caballos de fuego. De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y restablecer las tribus de Jacob. ¡Felices los que te verán y los que se durmieron en el amor, porque también nosotros poseeremos la vida! Cuando Elías fue llevado en un torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Durante su vida ningún jefe lo hizo temblar, y nadie pudo someterlo. Nada era demasiado difícil para él y hasta en la tumba profetizó su cuerpo. En su vida, hizo prodigios y en su muerte, realizó obras admirables. A pesar de todo esto, el pueblo no se convirtió ni se apartó de sus pecados. Hasta que fue deportado lejos de su país, y dispersado por toda la tierra.

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SALMO
(Salmo 97(96),1-2.3-4.5-6.7.)

¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
Nubes y Tinieblas lo rodean,
la Justicia y el Derecho son

la base de su trono.
Un fuego avanza ante él
y abrasa a los enemigos a su paso;
sus relámpagos iluminan el mundo;

al verlo, la tierra se estremece.
Las montañas se derriten como cera
delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.
Los cielos proclaman su justicia

y todos los pueblos contemplan su gloria.
Se avergüenzan los que sirven a los ídolos,
los que se glorían en dioses falsos;

todos los dioses se postran ante él.

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EVANGELIO
(Mateo 6,7-15)

 
Jesús dijo a sus discípulos: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

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COMENTARIO
(San Cipriano (c. 200-258), obispo de Cartago y mártir)

No se trata de que Dios haga lo que quiere, sino que nosotros hagamos lo que él quiere. ¿Quién puede impedir a Dios de hacer lo que él quiere? Pero nosotros estamos marcados por el demonio que nos impide obedecer en todo, interiormente y exteriormente, a la voluntad de Dios. Así pedimos que su voluntad se cumpla en nosotros; para que se cumpla, tenemos necesidad de su ayuda. Nadie es fuerte por sus propios recursos sino que la fortaleza radica en la bondad y en la misericordia de Dios...

La voluntad de Dios es lo que Cristo ha obrado y enseñado: la humildad en la conducta, la solidez en la fe, la modestia en las palabras, la justicia en los actos, la misericordia en las obras, la disciplina en las costumbres. La voluntad de Dios consiste en no hacer daño a nadie, en soportar el daño que nos hacen los otros, conservar la paz con nuestros hermanos, amar a Dios con todo nuestro corazón, porque es nuestro Padre y reverenciarle porque es nuestro Dios. No preferir nada a Cristo ya que él nos prefiere ante todo lo demás, pegarnos indefectiblemente a su amor, mantenernos en pie bajo la cruz con valentía y confianza.

Cuando se trata de luchar por causa de su nombre y de su honor, ser fieles a nuestras palabras; dar pruebas de confianza en las dificultades para mantener el combate, tener paciencia en la muerte para obtener la corona. Esto significa ser coherederos de Cristo, cumplir los preceptos de Dios, hacer la voluntad de Dios.

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REFLEXIÓN

“Cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido”

 
Lo más importante: Reconocer que Dios es “nuestro padre” y que nos podemos dirigir a él con confianza... Que confiemos en él para que nos dé lo que necesitamos cada día y que nos comprometemos a perdonar y amar como él nos ama. ¿Qué más nos hace falta?

Ahora la más difícil del seguimiento: Que deseamos que venga su reino a nuestras vidas, ésa y no otra es su voluntad, aceptando, cumpliendo y haciendo su voluntad. Para que juntos podamos construir su reino de justicia y fraternidad, que podamos amarnos, perdonándonos y que nadie quede excluido. Que dedicarnos o gastar horas orando y meditando, esto no quiere decir que no debemos orar, es necesario hacerlo, pero de verdad, en ese silencio, tanto exterior como interior, estar a solas con el señor para que Él pueda entrar en nosotros llevándonos al amor; donde ese “coloquio amoroso” tan necesario para desarrollar una relación filial íntima con el Padre, “Si el amor que me tenéis, Dios mío, es como el que os tengo, decidme: ¿en qué me detengo? O Vos, ¿en qué os detenéis?” (Teresa de Jesús)

Al abandonarnos a Su santa Voluntad, confiemos en que Él en su infinita bondad y misericordia, nos concederá todo y solo lo que nos conviene.

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ORACIÓN

Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús, ahora vivo entre nosotros,
insiste en que nos perdonemos unos a otros.
Enséñanos a perdonar como tú perdonas,
completamente y sin reservas.
Te damos gracias porque nos has perdonado mucho
y porque no has tenido ya en cuenta
el castigo merecido por nuestros pecados
por Jesucris
to, nuestro Señor.
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miércoles, 15 de junio de 2016

Lectura del 15/06/2016: Miércoles de la undécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segundo Libro de los Reyes 2,1.6-14.)

Esto es lo que sucedió cuando el Señor arrebató a Elías y lo hizo subir al cielo en el torbellino. Elías y Eliseo partieron de Guilgal, Elías le dijo: "Quédate aquí, porque el Señor me ha enviado al Jordán". Pero Eliseo respondió: "Juro por la vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré". Y se fueron los dos. Cincuenta hombres de la comunidad de profetas fueron y se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras los dos estaban de pie a la orilla del Jordán.
Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó las aguas. Estas se dividieron hacia uno y otro lado, y así pasaron los dos por el suelo seco. Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo: "Pide lo que quieres que haga por antes de que sea separado de tu lado". Eliseo respondió: "¡Ah, si pudiera recibir las dos terceras partes de tu espíritu!". "¡No es nada fácil lo que pides!, dijo Elías; si me ves cuando yo sea separado de tu lado, lo obtendrás; de lo contrario, no será así". Y mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino. Al ver esto, Eliseo gritó: "¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de Israel y su caballería!". Y cuando no lo vio más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos pedazos. Luego recogió el manto que se le había caído a Elías de encima, se volvió y se detuvo al borde del Jordán. Después, con el manto que se le había caído a Elías, golpeó las aguas, pero estas no se dividieron. Entonces dijo: "¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?". El golpeó otra vez las aguas; estas se dividieron hacia uno y otro lado, y Eliseo cruzó.

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SALMO
(Salmo 31(30),20.21.24.)

¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos.

Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres;
y los escondes en tu Tienda de campaña,
lejos de las lenguas pendencieras.

Amen al Señor, todos sus fieles,
porque él protege a los que son leales
y castiga con severidad a los soberbios.

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EVANGELIO
(Mateo 6,1-6.16-18)

 
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

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COMENTARIO
(San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968), capuchino)

Sé asiduo a la oración y a la meditación. Me has dicho que habías ya empezado. ¡Esta es una gran consolación para un padre que te ama como a él mismo! Continúa, pues, progresando en este ejercicio de amor a Dios. Da cada día un paso más: de noche, bajo el débil resplandor de la lámpara, entre las debilidades y en la sequedad de espíritu; o bien de día, en el gozo y la iluminación que deslumbra al alma...

Si puedes, habla al Señor en la oración, alábale. Si no lo consigues porque todavía no estás suficientemente adelantado en la vida espiritual, de ninguna manera te inquietes: enciérrate en tu habitación y ponte en la presencia de Dios. Él te verá y apreciará tu presencia y tu silencio. Seguidamente, te tomará de la mano, te hablará, hará los cien pasos en los senderos de este jardín que es la oración, y allí encontrarás tu consolación. Permanecer en la presencia de Dios simplemente para manifestar nuestra voluntad de reconocernos sus servidores, es un excelente ejercicio espiritual que nos hace adelantar en el camino de la perfección.

Cuando estás unido a Dios por medio de la oración, examina quién eres, en verdad; háblale si puedes, y si esto te resulta imposible, párate, quédate frente a él. No te esfuerces en otra cosa.

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REFLEXIÓN

“Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor”

 
En nuestras vidas todos estamos inmersos en grupos sociales: la familia, los vecinos, el trabajo, las comunidades, la ciudad, etc., y queremos estar a bien con ellos; nos adaptamos a sus propios actuar y asumimos lo que es normal en cada grupo, hacer lo que hacen todos, pensar lo que piensan todos. De esta manera, nos sentimos integrados y protegidos.

Continuar con ese comportamiento y no estar acompañadas de una disposición interior cónsona con lo que hay en nuestros corazones caemos en aparentan ser justos, en nuestras ofrendas (haciendo que todos vean la denominación del billete que echamos en la canasta de las ofendas), orar y participar de las celebraciones litúrgicas y los sacramentos con gran pompa, de que todos sepan cuándo ayunamos y hacemos otros actos penitenciales, mientras en nuestro interior está lleno de desprecio, envidia, rencor, soberbia, y hasta delirios de grandeza, pues estos nos llevan a recibir el reconocimiento de todos y más aún hacemos lo indecible para ocupar “puestos” en las comunidades de fe y ministerios parroquiales. El reconocimiento por parte de los demás nos podrá llenar de prestigio, de “gloria”, pero se trata de una gloria terrenal, pasajera y efímera.

Seguir en estos tipos de práctica que no son agradables a Dios y no practicar la Ley del Amor y escribirla en nuestros corazones, que es allí donde se cumple, y el Padre “que ve en lo escondido”, nos juzgará según lo que hay en nuestros interior. Por eso nos reitera que si practicamos la limosna en secreto, si oramos en la intimidad de nuestro ser, y si ayunamos manteniendo nuestro buen semblante, el Padre, que “ve en lo secreto” nos recompensará. Porque habremos practicado la caridad (el Amor) hacia Dios, nuestro prójimo y nosotros mismos; "habremos vivido el espíritu de las Bienaventuranzas".

“Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor” (San Juan de la Cruz).

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro, nuestro Padre en el cielo:
Tus propios dones son con frecuencia
humildes y velados,
como el de darnos a tu Hijo
en los signos de pan y vino.
Oh Dios, que miras
en lo más profundo de nuestros corazones,
enséñanos a compartir sin exhibicionismos;
que nuestra mano izquierda no sepa
lo que nuestra mano derecha está dando.
Que nos contentemos con saber que tú lo sabes:
tú que eres nuestro Padre
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

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martes, 14 de junio de 2016

Lecturas del 14/06/2016: Martes de la undécima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Primer Libro de los Reyes 21,17-29.)

 
Después que murió Nabot, la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos:
"Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí lamerán tu sangre". Ajab respondió a Elías: "¡Me has sorprendido, enemigo mío!". "Sí, repuso Elías, te he sorprendido, porque te has prestado a hacer lo que es malo a los ojos de Señor. Yo voy a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta tus últimos restos y extirparé a todos los varones de la familia de Ajab, esclavos o libres en Israel. Dejaré tu casa como la de Jeroboám, hijo de Nebat, y como la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi indignación y has hecho pecar a Israel. Y el Señor también ha hablado contra Jezabel, diciendo: Los perros devorarán la carne de Jezabel en la parcela de Izreel. Al de la familia de Ajab que muera en la ciudad, se lo comerán los perros, y al que muera en despoblado, se lo comerán los pájaros del cielo". No hubo realmente nadie que se haya prestado como Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor, instigado por su esposa Jezabel.El cometió las peores abominaciones, yendo detrás de los ídolos, como lo habían hecho los amorreos que el Señor había desposeído delante de los israelitas. Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se acostaba con el sayal y andaba taciturno. Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: "¿Has visto cómo Ajab se ha humillado delante de mí? Porque se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva, sino que la haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo".

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SALMO
(Salmo 51(50),3-4.5-6a.11.16.)

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
Aparta tu vista de mis pecados

y borra todas mis culpas.
¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia!

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EVANGELIO
(Mateo 5,43-48)

 
Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

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COMENTARIO
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia)

«En esto reconocemos que estamos en Dios: si en él somos perfectos.» Aquí Juan quiere decir: perfectos en el amor (1Jn 4,17). ¿Cuál es la perfección del amor? Amar a nuestros enemigos y amarlos hasta tal punto que lleguen a ser nuestros hermanos. En efecto, nuestro amor no debe ser un amor según la carne. Ama, pues, a tus enemigos deseando que sean tus hermanos; ama a tus enemigos de manera que se sientan llamados a vivir en comunión contigo.

Es así que amó aquél que, colgado de la cruz, decía: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34). A través de una oración cargada de misericordia y de un gran poder, quería arrancarlos de la muerte eterna. Por otra parte, muchos de ellos creyeron y fueron perdonados por haber hecho derramar la sangre de Cristo. Se la hicieron derramar encarnizándose contra él; al creer la bebieron. «En esto reconocemos que estamos en él: si en él somos perfectos.» El Señor nos invita a esta perfección de amor a los enemigos cuando dice: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto».

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REFLEXIÓN

¿Amar al enemigo?, “casi tendríamos que decir que bastante hacemos con desearle el mal”

 
Amar al que nos agrada es fácil, decir como ayer “la conducta del cristiano es no buscar revancha, pero sí mantenerse firme; estar abierto al perdón y decir las cosas claramente” hoy se nos dice “Amar al enemigo”.

Los sentimientos no son ni buenos ni malos, simplemente son; de que sean buenos o malos depende de nosotros mismo. ¿Qué connotación le damos en nuestro interior? Amar es un sentimiento y para ello hay que tomar una decisión en nuestras vidas y esa decisión es “Amar sin medidas, sin límites” (1 Co; 1-3).

¡Amar a nuestros enemigos! es demasiado se nos hace y creemos que es imposible, se debe hacer posible y para todo cristiano es una consecuencia inevitable del llamado que Jesús nos hace: “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”. “Ser perfecto” significa amar sin medida, como Él nos ama, a pesar de todas nuestras diferencias, nuestras tibiezas, nuestras traiciones. “Ser perfecto” es aprender a ver el rostro de Jesús en todos nuestros hermanos, aun en aquellos que nos hace la vida difícil, aquellos que nos ponen trabas, que entorpecen nuestra vida de confort o, pero aun, nos causan daño con toda deliberación. Es a esos a quienes Jesús dice que tenemos que amar. ¿Difícil? Sí. ¿Imposible? No.
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ORACIÓN

Dios, Padre nuestro:
Hemos celebrado con tu Hijo
el sacrificio que nos ha traído
paz y reconciliación

Con sus palabras y su vida nos ha enseñado
a perdonarnos unos a otros de corazón.

Que su Espíritu more en nosotros;
que sepamos perdonar sin reservas ni condiciones,
y que podamos caminar juntos
mucho más lejos de lo que se nos pide
en el camino hacia los otros y hacia ti,
que eres nuestro Dios santo y misericordioso,
ahora y por siempre

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lunes, 13 de junio de 2016

Lecturas del 13/06/2016: Lunes de la undécima semana del tiempo ordinario




PRIMERA LECTURA
(Primer Libro de los Reyes 21,1-16.)

Nabot, el izreelita, tenía una viña en Izreel, al lado del palacio de Ajab, rey de Samaría. Ajab dijo a Nabot: "Dame tu viña para hacerme una huerta, ya que está justo al lado de mi casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su valor en dinero". Pero Nabot respondió a Ajab: "¡El Señor me libre de cederte la herencia de mis padres!". Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: "No te daré la herencia de mis padres". Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso probar bocado. Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó: "¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?". Él le dijo: "Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: 'Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra a cambio'. Pero él respondió: 'No te daré mi viña'". Su esposa Jezabel le dijo: "¿Así ejerces tú la realeza sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el izreelita!". En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot. En esa carta escribió: "Proclamen un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila. Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen contra él, diciendo: 'Tú has maldecido a Dios y al rey'. Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas". Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había enviado. Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en primera fila. En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron enfrente y atestiguaron contra él diciendo: "Nabot ha maldecido a Dios y al rey". Entonces lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas. Y mandaron decir a Jezabel: "Nabot fue apedreado y murió". Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido matado a pedradas, dijo a Ajab: "Ya puedes tomar posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba a venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto". Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de ella.

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SALMO
(Salmo 5,2-3.5-6.7.)

Señor, escucha mis palabras,
y a mi queja pon atención.
Presta oído a mi clamor, ¡oh mi rey y mi Dios!
Pues a ti te imploro, Señor.

Tú no eres un Dios al que le gusta la maldad,
ni el malvado tiene en ti acogida.
ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada.

Tu detestas a los que hacen el mal
y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor!

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EVANGELIO
(Mateo 5,38-42)

 
Jesús, dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

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COMENTARIO
(Concilio Vaticano II)

En el nombre de este Dios y de su hijo, Jesús, os exhortamos a ensanchar vuestros corazones a las dimensiones del mundo, a escuchar la llamada de vuestros hermanos y a poner ardorosamente a su servicio vuestras energías. Luchad contra todo egoísmo. Negaos a dar libre curso a los instintos de violencia y de odio, que engendran las guerras y su cortejo de males. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edificad con entusiasmo un mundo mejor que el de vuestros mayores.

La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo pasado, siempre vivo en ella, y marchando hacia la perfección humana en el tiempo y hacia los objetivos últimos de la historia y de la vida, es la verdadera juventud del mundo. Posee lo que hace la fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas. Miradla y veréis en ella el rostro de Cristo, el héroe verdadero, humilde y sabio, el Profeta de la verdad y del amor, el compañero y amigo de los jóvenes. Precisamente en nombre de Cristo os saludamos, os exhortamos y os bendecimos.

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REFLEXIÓN

“Venganza - Mansedumbre”

 
Jesús con su gran enseñanza nos ha dicho “que el odio solo se supera en el perdón”. La ley del talión es solo una regla y estaba limitada al derecho de venganza con una justa proporción: “sólo puedes hacer al prójimo lo que él te ha hecho a ti, de lo contrario cometerías una injusticia”; esto es lo que significa la sentencia breve y doctrinal de «ojo por ojo, diente por diente». Jesucristo nos afirma la necesidad que tenemos de superar la venganza con el amor; así lo expresó Él mismo cuando, en la Cruz, intercedió por sus verdugos: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).

El perdón debe acompañarse con la verdad. No perdonamos tan sólo porque nos vemos impotentes o acomplejados. A menudo confundimos la expresión “poner la otra mejilla” con la idea de la renuncia a nuestros derechos legítimos. No es eso. Poner la otra mejilla quiere decir denunciar e interpelar a quien lo ha hecho, con un gesto pacífico pero decidido, la injusticia que ha cometido; es como decirle: «Me has pegado en una mejilla, ¿qué, quieres pegarme también en la otra?, ¿te parece bien tu proceder?». Jesús respondió con serenidad al criado insolente del sumo sacerdote: «Si he hablado mal, demuéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,23).

Hoy busquemos cuál debe ser la conducta del cristiano: no buscar revancha, pero sí mantenerse firme; estar abierto al perdón y decir las cosas claramente. Ciertamente no es un arte fácil, pero es el único modo de frenar la violencia y manifestar la gracia divina a un mundo a menudo carente de gracia.

«Hagamos caso omiso y olvidemos las injurias y agravios que nos vengan del prójimo. Así podremos ver los nombres diversos que tendremos unos y otros; a ellos los llamarán coléricos y violentos, y a nosotros mansos y pacíficos. Ellos podrán arrepentirse un día de su violencia, y nosotros no nos arrepentíamos nunca de vuestra mansedumbre y humildad» (San Basilio).

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro,
nos has hablado tu palabra
y nos has alimentado para el camino
con el Pan vivo de tu Hijo Jesucristo.
Ojalá que,
por intercesión de San Antonio de Padua,
su evangelio no sea palabra vacía
sino un claro llamado y un serio reto
para vivir su vida
y para difundir su evangelio entre nuestros hermanos.
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domingo, 12 de junio de 2016

Lecturas del 12/06/2016: Undécimo domingo del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Segundo Libro de Samuel 12,7-10.13.)

Entonces Natán dijo a David: "¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; te entregué la casa de tu señor y puse a sus mujeres en tus brazos; te di la casa de Israel y de Judá, y por si esto fuera poco, añadiría otro tanto y aún más. ¿Por qué entonces has despreciado la palabra del Señor, haciendo lo que es malo a sus ojos? ¡Tú has matado al filo de la espada a Urías, el hitita! Has tomado por esposa a su mujer, y a él lo has hecho morir bajo la espada de los amonitas. Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita. David dijo a Natán: "¡He pecado contra el Señor!". Natán le respondió: "El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás.

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SALMO
(Salmo 32(31),1-2.5.7.11.)

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado
y liberado de su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor

no le tiene en cuenta las culpas,
y en cuyo espíritu no hay doblez!
Pero yo reconocí mi pecado,

no te escondí mi culpa,
pensando: "Confesaré mis faltas al Señor".
¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!

Tú eres mi refugio,
tú me libras de los peligros
y me colmas con la alegría de la salvación.

¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos!
¡Canten jubilosos los rectos de corazón!

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SEGUNDA LECTURA
(Carta de San Pablo a los Gálatas 2,16.19-21.)

Pero como sabemos que el hombre no es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe en Jesucristo, hemos creído en él, para ser justificados por la fe Cristo y no por las obras de la Ley: en efecto, nadie será justificado en virtud de las obras de la Ley. Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. Yo no anulo la gracia de Dios: si la justicia viene de la Ley, Cristo ha muerto inútilmente.

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EVANGELIO
(Lucas 7,36-50.8,1-3)

 
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa. Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume. Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!". Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!", respondió él. "Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?". Simón contestó: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien". Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies. Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor". Después dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados". Los invitados pensaron: "¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?". Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz". Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes.

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COMENTARIO
(San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968), capuchino)

Que la esperanza en la misericordia de Dios nos sostenga en el tumulto de las pasiones y contradicciones. Corramos confiadamente al sacramento de la penitencia en el que el Señor nos espera con una ternura infinita. Y una vez perdonados nuestros pecados, olvidémonos de ellos, porque el Señor ya lo ha hecho antes que nosotros. Aun admitiendo que hubieras hecho todos los pecados del mundo, el Señor te repite: «Tus muchos pecados están perdonados porque has amado mucho».

Señor Jesús, tú eres la misma dulzura: ¿cómo podría vivir sin ti? Ven, Señor, a tomar tú solo posesión de mi corazón.

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REFLEXIÓN

No en vano dijo: “Misericordia quiero y no sacrificios.”  

Jesús sólo dijo: “tu fe te ha salvado, vete en paz”. La mujer al oír estas palabras, salió del ensimismamiento con que había hecho todas aquellas cosas. Se sintió liberada de sus pecados expresados en lágrimas. La fragancia del perfume la hizo asomar una sonrisa. Caminó veloz con el pelo extendido a contárselo a cuantos pudiese. Ella que había soñado que algún hombre le propusiera el matrimonio y la sacara de aquella ruina… Sintió ahora, que su pasado, toda su historia, Dios no la tenía en cuenta. No volvería a aquella vida porque se había sentido querida, amada. Alguien, sin pedir nada carnal a cambio, le había concedido la paz, la había respetado sin importarle quién era, ni su fama. Los otros hombres la buscaban a escondidas.

Como quisiéramos sentirnos hoy como la pecadora, liberados después de haber pecado, queridos y amados. Quisiéramos amar también como ella. Pero, dentro de nuestro interior tenemos bastante de este Simón, su actitud, aun leyendo y creyendo entender la palabra, y en ocasiones no entendemos la lógica de Jesús. Estamos en una búsqueda constante, nos debatimos entre el amor y las piedras. Sobre todo, quisiéramos tratar a los demás como tratamos a esta mujer de la vida. Pidamos al Maestro que nos conceda el perdón y la paz, “como lo nuevo siempre sale del corazón”, que nos enseñes a renacer de nuevo como la primavera, con ese montón de perfume que deja el rastro de tu presencia en los hombres y mujeres que se te acercan.

A fin de cuentas lo que queremos es que Dios nos mire con MISERICORDIA. Es verdad. Lo de Jesús nos deja a todos boquiabiertos, lo mismo ocurre con muchos de sus encuentros y milagros. Él es “el Viviente” y por eso nos enseña caminos para la misericordia. No en vano dijo: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Tenemos en nuestra vida muchas tareas que hacer para merecernos esta “Misericordia”. ¡No esperemos a que sea tarde y al final nos lean el texto de nuestras vidas sin glorias!

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ORACIÓN

Padre misericordioso:
Jesús nos ha dicho a nosotros también:

“Tus pecados quedan perdonados”,
y ha compartido con nosotros el banquete
que nos trae reconciliación.

Que todo esto, Señor,
haga más profundo nuestro amor a ti
y nos disponga a extender una mano de paz
a todos los que nos hayan ofendido
y a todos a los que nosotros hayamos herido.

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sábado, 11 de junio de 2016

Lecturas del 11/06/2016: Memoria de san Bernabé, Apóstol



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 11,21b-26.13,1-3.)

 
En aquellos días, muchos creyeron y se convirtieron. Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una gran multitud adhirió al Señor. Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de "cristianos". En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: "Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado". Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

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SALMO
(Salmo 98(97),1.2-3ab.3c-4.5-6.)

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.
Canten al Señor con el arpa

y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.

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EVANGELIO
(Mateo 10,7-13)

 
Jesús dijo a sus apóstoles: Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente." No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

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COMENTARIO
(Concilio Vaticano II)

En la persona, pues, de los obispos, a quienes asisten los presbíteros, el Señor Jesucristo, Pontífice supremo, está presente en medio de los fieles. Porque sentado a la diestra del Padre, no está ausente de la congregación de sus pontífices, sino que, principalmente a través de su servicio eximio, predica la palabra de Dios a todas las gentes y administra continuamente los sacramentos de la fe a los creyentes, y por medio de su solicitud paternal va congregando nuevos miembros a su Cuerpo con regeneración sobrenatural; finalmente, por medio de su sabiduría y prudencia dirige y ordena al Pueblo del Nuevo Testamento en su peregrinar hacia la eterna felicidad...

Para realizar estas cargas tan altas, los apóstoles fueron enriquecidos por Cristo, con una efusión especial del Espíritu Santo, que descendió sobre ellos (Hch 1,8; 2,4; Jn 20,22). Y ellos, a su vez, por la imposición de las manos, transmitieron a sus colaboradores este don espiritual (1Tm 4,14; 2Tm 1,6), que ha llegado hasta nosotros en la consagración episcopal. Enseña pues, el santo concilio, que en la consagración episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden, llamado, en la práctica litúrgica de la Iglesia y en la enseñanza de los Santos Padres, sumo sacerdocio, cumbre del ministerio sagrado. La consagración episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere también los oficios de enseñar y regir, los cuales, sin embargo, por su misma naturaleza, no pueden ejercerse sino en comunión jerárquica con la cabeza y los miembros del colegio. Pues según la Tradición..., es cosa clara que por la imposición de las manos y las palabras de la consagración se confiere la gracia del Espíritu Santo y se imprime el sagrado carácter, de tal manera que los obispos, de modo visible y eminente, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Pontífice, y actúan en lugar suyo.

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REFLEXIÓN

“Ayúdanos Señor a confiar plenamente en Ti”
 

Debemos confiar plenamente en el Señor, dar gratis lo que gratis hemos recibido y no debemos preocuparnos por nada, pues el Señor sabe lo que necesitamos y nos dará lo que necesitamos y merecemos. Si pudiéramos comprender la exigencia del Señor, no andaríamos preocupándonos por nada y mucho menos por lo que diremos o haremos en cada lugar. Se trata de hacernos TOTALMENTE disponibles para cumplir con la misión a la cual hemos sido llamados. Entregarnos plenamente, sabiendo que todo lo que no podamos hacer o lo que dejemos de hacer por cumplir con la Misión encomendada, será cubierto por Jesús.

El Señor nos pide una y otra vez ordenar nuestras vidas, en función de lo que es realmente importante. Saber discernir y hacer con nuestro tiempo, con nuestra vida y con todo lo que hemos recibido gratis, lo que debemos, es lo importante. Lo que recibiste gratis, dalo gratis. ¿Qué cosa podemos decir que mereceremos? ¿Qué de lo que tenemos lo hemos ganado? Nuestra vista, nuestra inteligencia, nuestra simpatía, el don de la palabra, nuestras extremidades, nuestra familia, nuestros padres, nuestros hijos, todo lo que tenemos?

¿Por qué nos perdemos entre tantas tonterías y las convertimos en indispensables, cuando una sola cosa es importante…? Recordemos que cuando Martha le reprochó a Jesús que María no la ayudaba en las cosas de la casa, este le recordó que una sola cosa es importante y esta es la que había escogido María. “No te afanes por el día a día, vivirlo como Dios nos lo está dando”

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ORACIÓN

Oh Dios de todos los hombres,
en la fiesta de San Bernabé
te rogamos por los misioneros de la Iglesia.
Haz a todos ellos, como a Bernabé,
hombres de profunda fe,
llenos del Espíritu Santo.
Que prediquen al pueblo al que han sido enviados
palabras de vida y alegría,
anuncio de la Buena Noticia de salvación.
Dales fuerza para curar enfermos y resucitar muertos,
para limpiar a los impuros y arrojar lejos al maligno.
Que ejerzan su misión generosamente, gratis,
ya que ellos todo lo recibieron de ti también gratis.
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