viernes, 20 de mayo de 2016

Santa Rita de Casia, madre, esposa y “Santa de lo Imposible”



Aquélla que en el futuro sería conocida como la abogada de los desesperados nació en 1381 en villarejo de Roccaporena, una región de Cascia en Umbría (centro de Italia). Sus padres – Antonio Mancini y Amata Ferri – fueron un matrimonio ejemplar y gozaban de fama de reconciliadores por la habilidad que tenían en deshacer enemistades y terminar peleas; por esta razón fueron llamados “pacificadores de Cristo”. Aunque eran un matrimonio de edad avanzada, sus oraciones fueron escuchadas y una niña vino al mundo. A los cuatro días de su nacimiento, en la pila bautismal de la iglesia de Santa María en Cascia recibió el nombre de Margarita, que con el tiempo fue reducido cariñosamente a “Rita”.

Infancia y adolescencia de Rita

Desde su infancia Rita se destacó por su inclinación a la piedad y a la unión con Dios por medio de la oración, de modo que sus padres adecuaron una pequeña habitación en la casa con un oratorio donde ella pasaba agradables momento en oración . Aunque eran analfabetos, Amata y Antonio buscaban transmitir a su hija los edificantes hechos de la vida de Jesús, de la Virgen María y de los santos más populares; así ella creció dócil, respetuosa y obediente hacia sus ancianos padres. A los ocho años se inclinó a consagrar su virginidad a Jesús, esposo de las vírgenes, pero según la costumbre de la época se resignó a la voluntad de sus padres y al final de la adolescencia se casó con el joven Paulo Fernando, fuente de muchos sufrimientos durante la vida matrimonial.

La familia, iglesia doméstica: sufrimientos y pruebas

Su esposo, descrito como un individuo pervertido e impulsivo, de carácter feroz y sin temor de Dios, no admitía opiniones diferentes a la suya . Muchas veces insultaba a su esposa sin motivos, pero ella nunca respondía con resentimiento o quejas. Rita era obediente, pidiendo permiso incluso hasta para ir a la iglesia, lo que con el pasar de los años transformó al feroz león en un manso cordero gracias a la docilidad y cariño de su esposa. Comenzó a ser respetuoso, dando buen ejemplo a sus dos hijos, Juan Tiago y Paulo María, que lamentablemente heredaron el temperamento paterno.

El matrimonio duró dieciocho años, hasta el momento en que Paulo Fernando fue cruelmente asesinado por enemigos que cultivó en los tiempos de violencia. Sepultado, fue agraciado con muchas oraciones y penitencias de Rita en sufragio de su alma, tomando la santa viuda la valiente decisión de perdonar a los asesinos.

Prefiere que los hijos mueran antes que cometan un pecado

Otro sufrimiento se abatió sobre Rita: además del dolor causado por la muerte de su esposo y dedicándose sólo a la formación de sus dos hijos, se dio cuenta que ambos estaban inclinados a vengar la muerte de su padre. Tomó entonces la difícil pero firme resolución de pedir a Jesús que se llevase a sus hijos antes que cometieran ese pecado, si fuese humanamente imposible evitarlo; los amaba tanto que quería encontrarlos en el Paraíso, llevada por el mismo sentimiento que llevó a la madre de San Luis, rey de Francia, a decirle a su hijo que prefería verlo muerto a sus pies antes que cometiese un pecado mortal. Juan Tiago y Paulo María se enfermaron, recibieron continuamente los cuidados de su diligente madre que les conseguía los remedios entonces disponibles para conservarles la vida, y luego de haberse reconciliado con Dios y habiendo perdonado a los asesinos del padre, partieron para la eternidad (un año después de la muerte de Paulo Fernando, junto al que fueron sepultados). Se podría decir que Rita se quedó sola en el mundo, pero en la más perfecta de las soledades, pues tenía a Dios consigo.

Se inclina a la vida religiosa conventual

Al no tener obligaciones matrimoniales ni maternales, Rita se perfeccionó en la práctica de las virtudes dedicándose a la caridad y la oración, pero esto no era suficiente para quien estaba tomada por el amor a Dios y que desde la infancia aspiraba a la vida religiosa. Al pasar junto a los conventos y monasterios sentía una atracción interior para la vida de los claustros, con una santa envidia de las almas vírgenes que allí estaban encerradas en total entrega a Jesús, pero el matrimonio levantó un muro infranqueable entre ella y la vida monástica: según las normas y reglas entonces vigentes le era prohibida la entrada a la vida que tanto quería. Rita quería algo imposible: tocando las puertas del convento de las religiosas agustinas de Santa María Magdalena, recibió de la madre superiora la respuesta negativa a pesar de la buena impresión que le causó, pues allí sólo admitían mujeres solteras, no siendo permitido el ingreso a quien ya había tenido vida matrimonial.

Quería seguir los consejos evangélicos

Rechazada, continuó con sus oraciones y penitencias, además de sus buenas obras, pero manteniendo la confianza en aquello que consideraba una “causa perdida” regresó dos veces al mismo convento para implorar la admisión, siendo en ambas ocasiones nuevamente rechazada. Se entregó a la voluntad de Dios, encomendándose a los santos de su devoción. Practicaba la pobreza, desapegándose de los bienes que poseía para distribuirlos entre los necesitados; la castidad la vivía en el estado de viudez, desinteresándose de contraer nupcias nuevamente y desapegándose del propio cuerpo. Le faltaba todavía la obediencia que deseaba abrazar dentro de un convento sometiéndose enteramente su voluntad a alguna persona revestida de superioridad religiosa.

Dios le proporcionó la entrada al convento

Cierta noche escuchó a alguien que la llamaba por su nombre: " Rita, Rita "... Nadie parecía estar allí y regresando nuevamente a sus oraciones escuchó nuevamente el llamado " Rita, Rita ". Fue hasta la puerta y se encontró con tres personas y en ellas reconoció a San Juan Bautista (quien al igual que ella fue concebido en la vejez de los padres), San Agustín (fundador de la familia agustiniana y a quien tanto admiraba) y San Nicolás de Tolentino (religioso agustino), los cuales la invitaron a seguirlos.

Llegando al convento de Santa María Magdalena, donde ella fue tres veces rechazada, la puerta estaba obviamente bien cerrada, pues las religiosas dormían, pero los tres protectores hicieron que ella milagrosamente se encontrara en el interior de la propiedad. Al reunirse para las obligaciones matinales, las religiosas se sorprendieron al encontrar a Rita rezando en la capilla y tras haber comprobado que la puerta no había sido forzada y que no había señales que explicasen la entrada de la viuda por medios humanos, creyeron el relato que de ella escucharon, reconociendo así la voluntad de Dios: una nueva alma fue entonces recibida en aquella familia religiosa. Rita se deshizo de sus bienes, abrazando formalmente la pobreza evangeliza, siguió manteniendo la castidad en la viudez después de haber pasado por el matrimonio y fue sumisa a la autoridad de la madre superiora, renunciando hasta su propia voluntad.

Un milagro es el premio a la obediencia

En una ocasión recibió de la superiora la orden para regar dos veces al día una rama seca, lo que fue cumplido con diligencia por la mañana y la tarde cotidianamente, mes a mes, observada con sonrisa irónica por las demás hermanas. Ellas se sorprendieron un año mas tarde con el nacimiento de un viñedo que allí comenzaba a crecer y que comenzó a dar sabrosas uvas siglo tras siglo, producto de la santa obediencia. Este árbol atravesó los siglos, llegando hasta nuestros días, manteniéndose vivo y fructífero, fruto de la ciega obediencia a la que se sometió.

Con los estigmas, participa del sufrimiento de Jesús

En la cuaresma de 1443 Rita escuchó un edificante sermón predicado por San Tiago de Marca (Giacomo della Marca, 1394-1476), fraile franciscano, discípulo de San Bernardino de Siena. Las palabras del religioso la conmovieron profundamente, y, postrada delante de la imagen del Crucificado, pidió la participación en aquellos profundos dolores, incluso que sólo fuese el dolor de una de las espinas, a lo que fue inmediatamente atendida: su frente fue herida por una espina de la corona, lo que la hizo desmayar del dolor. A diferencia de las llagas de Jesús que se abrieron en otros santos, la de Rita se manifestó con aspecto repugnante, con salida de pus y un olor fétido, lo que la llevó a una vida aislada dentro del convento, en una habitación alejada a la que una religiosa le llevaba lo necesario para vivir. Ese sufrimiento se extendió por quince años.

Con motivo del año del Jubileo proclamado por el Papa Nicolás IV, en 1450, Rita manifestó el deseo de ir a Roma con otras religiosas, pero no obtuvo el permiso de la superiora debido a su estado de salud que empeoraba como consecuencia de la herida causada por la espina. Rita entonces pidió a Dios la desaparición de la herida, el cual fue atendido, de modo que pudo viajar a la Ciudad Eterna para practicar los actos de piedad propios de la ocasión. Al regresar al convento la herida reapareció y la religiosa regresó a su vida de sufrimientos. La salud se debilitaba, los dolores aumentaban, pero la alegría y la sonrisa continuaban en medio del santo sufrimiento por el que pasaba. En sus últimos días de vida su único alimento fue el Pan Eucarístico.

La rosa floreció en pleno invierno, representando la realización de algo imposible

Hacia el final de su vida, para Rita fue una consolación la noticia de un fenómeno inusual, o mejor “imposible”: durante un fuerte invierno se observó en la huerta una hermosa rosa florecida y además una higuera cuyos frutos estaban maduros y sabrosos. Este hecho era prefigura de la nueva rosa que en poco tiempo adornaría el Paraíso y el fruto que Jesús recogería en la Tierra para deleitarse con él en el Cielo. Hasta hoy es tradicional la Bendición de las Rosas, las cuales son llevadas a los enfermos, alusión a la rosa que milagrosamente floreció en pleno invierno y que confortó a Rita en su enfermedad. Al fin, confortada por los Sacramentos, Rita fue llamada a la Casa del Padre, el 22 de mayo de 1457, cuando tenía 76 años de edad y cuatro décadas de vida religiosa. No dejó escritos (cartas, libros, diarios: ninguno), solamente sus ejemplos y el recuerdo de su vida de santidad. Se registró en los archivos de la Historia, que las campanas del convento y de la ciudad de Cascia sonaron sin ser tocadas por manos humanas.

En el Cielo, patrona de las cosas imposibles y de las causas perdidas

Con la muerte de Rita la herida en la frente, antes repugnante, se convirtió en brillante y limpia, exhalando un olor perfumado. La exposición de su cuerpo para el último adiós de los numerosos peregrinos que fueron al convento se fue extendiendo día tras día y terminó por no haber un entierro formal, pero el cadáver no sufrió la habitual descomposición, por lo que lo pueden hasta hoy apreciar los visitantes de la capilla del convento donde la Santa de las Cosas Imposibles vivió.

Hija obediente, esposa maltratada, madre amorosa, viuda confiante, religiosa con estigmas... tantos adjetivos que se le podrían aplicar a esta agustina de espíritu, quien no descansó hasta que se convirtió en religiosa, aunque todos ellos se resumen en aquellas palabras que son motivo de esperanza para todos sus devotos: patrona de las cosas imposibles y de las causas perdidas.

Fuentes:
Heavenly Friends (Rosalie Marie Levy, St. Paul Editions, 1984).
The Incorruptibles (Joan Carroll Cruz, Tan Books, 1977) 
A História de Santa Rita de Cássia (site dos religiosos Agostinianos Recoletos, 
http://www.santarita-oar.org.br/base.php?page=santarita_historico)

jueves, 19 de mayo de 2016

Lecturas del 19/05/2016: Jueves de la séptima semana del tiempo ordinario



PRIMERA LECTURA
(Epístola de Santiago 5,1-6.)

Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final! Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo. Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza. Han condenado y han matado al justo, sin que él les opusiera resistencia.

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SALMO
(Salmo 49(48),14-15ab.15cd-16.17-18.19-20.)

Hacia allá van los que en sí confían,
ese será el fin de los que les gusta escucharse.
Abajo cual rebaño la muerte los reúne,
los pastorea y les impone su ley.

Son como un espectro desvaído
que a la mañana vuelve su casa abajo.
Pero a mí Dios me rescatará,
y me sacará de las garras de la muerte.

No te preocupes cuando un hombre
se enriquece
o aumenta el esplendor de su casa:
cuando muera, no podrá llevarse nada,

su esplendor no bajará con él.
Aunque en vida se congratulaba, diciendo:
"Te alabarán porque lo pasas bien",
igual irá a reunirse con sus antepasados,

con esos que nunca verán la luz.

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EVANGELIO
(Marcos 9,41-50)

Jesús dijo a sus discípulos: «Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar? Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros».

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COMENTARIO
(San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia)

¿Queréis que os indique los caminos de la conversión? Son numerosos, variados y diferentes, pero todos conducen al cielo. El primer camino de la conversión es aborrecer nuestros pecados. "Empieza tú a confesar tus pecados para ser justo" (Is 43,26). Esto porque dice el profeta: "Me dije: -confesaré al Señor mis culpas.- Y tú perdonaste mi falta y mi pecado" (Sal 31,5). Condena tú mismo las faltas que has cometido y esto bastará para que el Maestro te escuche. El que condena sus pecados irá con más cuidado para no recaer en ellos...

Hay un segundo camino que no es inferior al primero y es: no guardar rencor a nuestros enemigos, dominar nuestra cólera para perdonar las ofensas que nos infligen nuestros compañeros de servicio, porque así obtendremos el perdón de las ofensas contra el Maestro. Es la segunda manera de obtener la purificación de nuestras faltas. "Si perdonáis a vuestros deudores, dice el Señor, mi Padre que está en el cielo perdonará también vuestras faltas" (Mt 6,14).

¿Quieres conocer el tercer camino de la conversión? ES la oración ferviente y atenta desde el fondo del corazón... El cuarto camino es la limosna. Tiene un poder considerable e indecible... Luego, la modestia y la humildad no son medios menores para destruir el pecado desde la raíz. Tenemos como testimonio de ello el publicano que no podía proclamar su buenas acciones sino que en su lugar ofreció su humildad y depositó ante el Señor el pesado fardo de sus faltas (Lc 18,9ss).

Acabamos de indicar cinco caminos hacia la conversión... ¡No te quedes inactivo sino que cada día avanza por estos caminos! Son fáciles, y a pesar de tus miserias puedes ir por ellos.

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REFLEXIÓN

Escandalizar a “los más débiles”

Nuestro comportamiento debe ser consonó con lo queremos vivir a la luz de la fe para no escandalizar a otros con nuestra conducta. Por el contrario, nuestra conducta debe servir de ejemplo. Jesús es amor, es la Misericordia encarnada, pero también es exigente con los que decidimos seguirle.

Jesús no nos está llamando a la mutilación física. Nos está advirtiendo contra todas las cosas del mundo que nos seducen y nos alejan del Reino, y nos pueden llevar a una conducta que valla a escandalizar a “los más débiles”. “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia”; “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?”.

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ORACIÓN

Oh Dios de esperanza:
Tú nos has dado a Jesucristo tú Hijo
como nuestro compañero de camino
para que podamos entender
las antiguas cosas familiares
con un corazón nuevo y joven;
y para renovarnos a nosotros y al mundo.
Que él mismo nos empuje hacia adelante
cuando tendemos a transigir
simplemente poniendo parches en lo viejo.
Que Jesús frene un poco nuestras impaciencias
cuando intentamos meter prisa a la gente
más allá de su capacidad de crecimiento.
Llévanos hacia adelante guiados siempre por él,
en quien plenamente confiamos:

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jueves, 12 de mayo de 2016

Lecturas del 12/05/2016: Jueves de la séptima semana de Pascua



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 22,30.23,6-11.)

 
Queriendo saber con exactitud de qué lo acusaban los judíos, el tribuno le hizo sacar las cadenas, y convocando a los sumos sacerdotes y a todo el Sanedrín, hizo comparecer a Pablo delante de ellos. Pablo, sabiendo que había dos partidos, el de los saduceos y el de los fariseos, exclamó en medio del Sanedrín: "Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos". Apenas pronunció estas palabras, surgió una disputa entre fariseos y saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos niegan la resurrección y la existencia de los ángeles y de los espíritus; los fariseos, por el contrario, admiten una y otra cosa. Se produjo un griterío, y algunos escribas del partido de los fariseos se pusieron de pie y protestaron enérgicamente: "Nosotros no encontramos nada de malo en este hombre. ¿Y si le hubiera hablado algún espíritu o un ángel...?". Como la disputa se hacía cada vez más violenta, el tribuno, temiendo por la integridad de Pablo, mandó descender a los soldados para que lo sacaran de allí y lo llevaran de nuevo a la fortaleza. A la noche siguiente, el Señor se apareció a Pablo y le dijo: "Animo, así como has dado testimonio de mí en Jerusalén, también tendrás que darlo en Roma".

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SALMO
(Salmo 16(15),1-2a.5.7-8.9-10.11.)

Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor:
«Señor, tú eres mi bien.»

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!

Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré.
Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas

y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
Me harás conocer el camino de la vida,

saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha.

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EVANGELIO
(Juan 17,20-26)

 
Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: "Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste. Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".

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COMENTARIO
(Isaac de Stella (¿-c. 1171), monje cisterciense)

Así como la cabeza y el cuerpo de un hombre no hacen más que un solo y único hombre, el hijo de la Virgen y sus miembros, los elegidos, no hacen más que un solo y único hombre y un solo Hijo del hombre. Es el Cristo total y completo, Cabeza y cuerpo, de quien habla la Escritura. Sí, todos los miembros unidos forman un solo cuerpo que, con su Cabeza, constituye el único Hijo del hombre el cual, con el Hijo de Dios, constituye el único Hijo de Dios, de la misma manera que con Dios, él constituye un sólo Dios. Así el cuerpo entero, con su Cabeza, es Hijo del hombre e Hijo de Dios y, por consiguiente, Dios. He ahí la razón de estas palabras: «Padre, quiero que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros». Por eso, conforme a esta afirmación frecuente en la Escritura, el cuerpo no es sin la Cabeza, ni la Cabeza sin el cuerpo, igual que la Cabeza y el cuerpo no existen sin Dios. Así es el Cristo total...

Por eso los creyentes, miembros espirituales de Cristo, pueden todos decir, en verdad, que ellos son eso que es él mismo, es a saber, Hijo de Dios, y Dios. Ahora bien, eso que él es por naturaleza, ellos lo son como miembros asociados; eso que él es en plenitud, ellos lo son por participación. En pocas palabras, si él es Hijo de Dios por su origen, sus miembros lo son... por adopción, según la palabra del apóstol Pablo: «Habéis recibido un Espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba!, Padre» (Rm 8,15). Con este Espíritu «les ha dado poder llegar a ser hijos de Dios» (Jn 1,12), a fin de que siguiendo la enseñanza «del primer nacido de entre muchos hermanos» (Rm, 8,29) aprendan a decir: «Padre nuestro que estás en los cielos» (Mt 6,9).

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REFLEXIÓN
(De la mano de María: Héctor L. Márquez (Conferencista católico))

“…Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti”

 
Jesús después de la última cena nos presenta su gran oración como sacerdote supremos, en la cual hace énfasis en la importancia de la unidad de los cristianos, Jesús reitera la petición que ya había hecho al Padre “…para que sean uno como nosotros”, pero esta vez de manera más explícita: “Para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

Cristo enfatiza que el modelo y fundamento de la unidad entre los cristianos está precisamente en la unidad entre el Padre y el Hijo; en que abandonemos nuestros egoísmos, nuestra “autosuficiencia”, para dar paso a una vida vivida en comunión y dependencia, como Él y el Padre. Esa comunión y dependencia logra su máxima expresión en el misterio de la Santísima Trinidad, en la cual Padre, Hijo y Espíritu Santo forman una comunión en perfecta armonía.

¡Cuántas divisiones vemos a diario en nuestras familias, nuestras comunidades, nuestras parroquias, nuestros movimientos apostólicos! ¿Y qué de la multiplicidad de denominaciones “cristianas” que reclaman su propia “verdad”?

Esa división, entre fariseos y saduceos, la encontramos en el relato de los hechos de los Apóstoles, al punto que se produjo un altercado entre ambas facciones, llegando a la gritería, que terminó dividiendo la asamblea. Aunque gracias a esa división Pablo evitó ser condenado en ese momento, vemos que eso no es lo que Jesús quiere para nosotros, sus seguidores.

Vivimos hambrientos de unidad. Jesús nos está diciendo que la unidad que Él pide para nosotros solo vamos a encontrarla en la unidad de Cristo con el Padre. ¿Cómo podemos encontrarla?

Pidamos al Espíritu Santo que avive en nosotros el don de Ciencia que recibimos en nuestro Bautismo, para que podamos reconocer el rostro de Jesús en “todo el que se cruce en nuestro camino”, sin importar su raza, origen, nacionalidad, credo, ideología, estatus social, etc. Eso nos permitirá amarle como el Padre ama a Cristo, y como Cristo nos ama a nosotros. Solo así podremos hacer realidad la petición de Jesús al Padre: “…que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”.

 
Refiriéndose a la unidad de los cristianos, el papa Francisco ha dicho que “nos necesitamos unos a otros, necesitamos encontrarnos y confrontarnos bajo la guía del Espíritu Santo, que armoniza la diversidad y supera los conflictos”, añadiendo que “la unidad se hace caminando” y que “muchas controversias entre los cristianos, heredadas del pasado, pueden superarse dejando de lado cualquier actitud polémica o apologética, y tratando de comprender juntos en profundidad lo que nos une, es decir, la llamada a participar en el misterio del amor del Padre, revelado por el Hijo a través del Espíritu Santo”.

¡Amén, amén, amén!

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
El Salmista se regocija
cuando hermanos y hermanas
pueden vivir juntos en un mismo amor.
Te pedimos que esto se haga realidad entre nosotros,
que creemos en nuestro único Señor Jesucristo.
Que el testimonio más profundo de nuestra fe sea
el hecho de vivir los unos para los otros
en la misma unidad
que unió a tu Hijo Jesús contigo,
que eres nuestro Dios de vida y amor,
ahora y por los siglos de los siglos.

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miércoles, 11 de mayo de 2016

Lecturas del 11/05/2016: Miércoles de la séptima semana de Pascua



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 20,28-38.)

 

Pablo decía a los principales de la Iglesia de Éfeso: "Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre. Yo sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas. Velen, entonces, y recuerden que durante tres años, de noche y de día, no he cesado de aconsejar con lágrimas a cada uno de ustedes. Ahora los encomiendo al Señor y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y darles la parte de la herencia que les corresponde, con todos los que han sido santificados. En cuanto a mí, no he deseado ni plata ni oro ni los bienes de nadie. Ustedes saben que con mis propias manos he atendido a mis necesidades y a las de mis compañeros. De todas las maneras posibles, les he mostrado que así, trabajando duramente, se debe ayudar a los débiles, y que es preciso recordar las palabras del Señor Jesús: 'La felicidad está más en dar que en recibir'". Después de decirles esto, se arrodilló y oró junto a ellos. Todos se pusieron a llorar, abrazaron a Pablo y lo besaron afectuosamente,
apenados sobre todo porque les había dicho que ya no volverían a verlo. Después lo acompañaron hasta el barco.

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SALMO
(Salmo 68(67),29-30.33-35a.35b-36c.)

Tu Dios ha desplegado tu poder:
¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!
A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,
los reyes te presentarán tributo.

¡Canten al Señor, reinos de la tierra,
entonen un himno al Señor,
al que cabalga por el cielo,
por el cielo antiquísimo!

El hace oír su voz poderosa,
¡reconozcan el poder del Señor!
Su majestad brilla sobre Israel
¡Bendito sea Dios!

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EVANGELIO
(Juan 17,11b-19)

 
Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo: "Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto. Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad."

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COMENTARIO
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia)

Habiendo dicho a su Padre: «Desde ahora ya no voy a estar en el mundo...; mientras yo voy a ti» (Jn 17,11), nuestro Señor recomienda a su Padre aquellos que van a estar privados de su presencia física: «Padre santo: guárdalos en tu nombre a los que me has dado». En cuanto hombre Jesús pide a Dios por los discípulos que de Dios mismo ha recibido. Pero, atención a lo que sigue: «Para que sean uno como nosotros». No dice: Para que sean uno con nosotros, o: Para que no seamos, ellos y nosotros, más que una sola cosa, como nosotros somos uno, sino: «Para que sean uno como nosotros». Que sean uno en su naturaleza, tal como nosotros somos uno en la nuestra. Estas palabras, para ser verdaderas, exigen que Jesús haya hablado primero de forma que se comprenda que él tiene la misma naturaleza divina que su Padre, tal como lo dice en otro lugar: «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10,30). Según su naturaleza humana, él había dicho: «El Padre es más que yo» (Jn 14,28), pero como que en él Dios y el hombre no son más que una sola y la misma persona, comprendemos que es hombre porque ora, y comprendemos que es Dios porque es uno con aquel a quien ora...

"Y ahora voy a ti y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida". Aún no había dejado el mundo, estaba todavía en él, pero puesto que muy pronto iba a dejarlo, es, por así decir, como si ya no estuviera en él. Pero ¿cuál es esta alegría que quiere que sus discípulos tengan cumplida? Lo ha explicado ya más arriba, cuando dice: "Para que sean uno como nosotros". Esta alegría que es la suya y que les ha dado, les predice su cumplimiento perfecto, y es por ello que habla de ella "en el mundo". Esta alegría, es la paz y la felicidad del mundo venidero; para obtenerlas es preciso vivir en este mundo de acá en la moderación, la justicia y la piedad.

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REFLEXIÓN

“No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal”

 
Jesús nos ha enviado para ser luz de las naciones, para que por nuestras nuestro “Actuar” la gente crea, para ser fermento de la sociedad. Si hablamos “de las naciones” es algo demasiado grande para la mayoría, hay los que están reservados para esto de acuerdo a su ministerio, pero para nosotros, la gran mayoría es ser luz en nuestro entorno, en nuestro vivir día a día, del trabajo, dentro de la familia, del grupo de amistades, en la comunidad que nos rodea, hasta en lo más mínimo que hagamos y tengamos relación con otros.

Jesús sabe lo difícil que puede llegar a ser esto y por eso ha pedido al Padre, no que nos saque del mundo, este mundo hay que vivirlo con todo lo que nos rodea, en nuestra condición humana. Para esto necesitamos prepararnos con las herramientas que tengamos a nuestro alcance, sobre todo con la oración constante, esa oración de comunicación con Jesús.

“Qué nos libre del mal”, esta es la parte final de la oración que el mismo nos enseñó. Esta tarea no se la podemos dejar solo a Dios, ya que nunca le prestamos atención y nos dejamos llevar por ese facilismo de la vida, por las cosas de ella, que en realidad tenemos que vivirlas pero sin abusar y dejarnos llevar, ya que nos haríamos esclavo de ellas.

No tengamos temor de vivir como auténticos cristianos en medio del mundo, esta es nuestra misión; si nos persiguen, Dios estará para fortalecernos, defendernos y rescatarnos. Su Espíritu nos acompaña hasta el final de los tiempos.

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ORACIÓN

Señor, quiero llenarme de la fuerza de tu Palabra, quiero experimentar en mí la fuerza sanadora y restauradora que tiene para cada momento y situación de mi vida, quiero estar siempre impregnado de ella; por eso, te pido la gracia y la inteligencia para poder poner en mi entorno los principios de tu mensaje de amor, de justicia y de paz.

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lunes, 9 de mayo de 2016

Lecturas del 09/05/2016: Lunes de la séptima semana de Pascua



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 19,1-8.)

 
Mientras Apolo permanecía en Corinto, Pablo, atravesando la región interior, llegó a Efeso. Allí encontró a algunos discípulos y les preguntó: "Cuando ustedes abrazaron la fe, ¿recibieron el Espíritu Santo?". Ellos le dijeron: "Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu Santo". "Entonces, ¿qué bautismo recibieron?", les preguntó Pablo. "El de Juan", respondieron. Pablo les dijo: "Juan bautizaba con un bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyera en el que vendría después de él, es decir, en Jesús". Al oír estas palabras, ellos se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús. Pablo les impuso las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo. Entonces comenzaron a hablar en distintas lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres. Pablo fue luego a la sinagoga y durante tres meses predicó abiertamente, hablando sobre el Reino de Dios y tratando de persuadir a sus oyentes.

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SALMO
(Salmo 68(67),2-3.4-5ac.6-7ab.)

¡Se alza Dios!
Sus enemigos se dispersan
y sus adversarios huyen delante de él.

Tú los disipas como se disipa el humo;
como se derrite la cera ante el fuego,
así desaparecen los impíos ante Dios.

Pero los justos se regocijan,
gritan de gozo delante de Dios
y se llenan de alegría.

¡Canten a Dios,
¡Abranle paso al que cabalga sobre las nubes!
El Señor en su santa Morada

es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:
él instala en un hogar a los solitarios
y hace salir con felicidad a los cautivos.

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EVANGELIO
(Juan 16,29-33)

 
Los discípulos le dijeron a Jesús: "Por fin hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios".
Jesús les respondió: "¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo".

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COMENTARIO
(Beato Enrique Suso (c. 1295-1366), dominico)

«Señor, desde los días de mi juventud, he buscado un no sé qué, con una sed impaciente. ¿Qué era esto, Señor?» Y todavía no lo he captado del todo. He aquí que hace muchos años que lo deseo ardientemente y todavía no lo he podido captar... Y, sin embargo, es sólo esto lo que atrae a mi corazón y mi alma, y sin lo cual no puedo permanecer en una paz verdadera.

Señor, quería buscar mi felicidad en las criaturas de este mundo, tal como veía que lo hacían tantas personas a mí alrededor. Pero cuánto más buscaba, menos hallaba; cuánto más me acercaba a ellas, más me alejaba. Porque las cosas me decían: «Yo no soy eso que buscas». ¿Es, pues, a ti, Señor a quien durante tanto tiempo he buscado? ¿Es, pues, hacia ti que la atracción de mi corazón siempre y sin cesar luchaba? Entonces ¿por qué no te me has mostrado antes? ¿Cómo es posible que durante tanto tiempo hayas diferido este encuentro? ¿En cuántos caminos extenuantes no me he yo atascado? Porque es realmente feliz el hombre a quien tu previenes con tanto amor; no le dejas en reposo hasta que en ti sólo busca su descanso.

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REFLEXIÓN

“En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo”

 
Mantenemos la sensación de que el mundo de la fe en Cristo se debilita. Escuchamos muchas noticias que van en contra de la fortaleza de una vida fundamentada íntegramente en el Evangelio. Los valores del consumismo, del capitalismo, de la sensualidad y del materialismo siempre estarán en boga y en contra de todo lo que suponemos ponerse en sintonía con las exigencias evangélicas. Este conjunto de valores y de maneras de entender la vida no dan ni la plenitud personal ni la paz, sino que sólo traen más malestar e inquietud interior. ¿No será por esto que, hoy, nos vemos que vamos por la vida enfurecidos, cerrados y preocupados por un futuro que no vemos nada claro, porque lo hemos hipotecado al precio de un vehículo, de una vivienda o de unas vacaciones, etc.?

Las palabras de Jesús nos invitan a la confianza: «¡Ánimo!: yo he vencido al mundo», es decir, por su Pasión, Muerte y Resurrección ha alcanzado la vida eterna, aquella que no tiene obstáculos, aquella que no tiene límite porque ha vencido todos los límites y ha superado todas las dificultades.

Los de Cristo debemos vencer las dificultades tal y como Él las ha vencido, a pesar de que en nuestra vida también hayamos de pasar por sucesivas muertes y resurrecciones, nunca deseadas pero sí asumidas por el mismo Misterio Pascual de Cristo. ¿Acaso no son “muertes” la pérdida de un amigo, la separación de la persona amada, el fracaso de un proyecto o las limitaciones que experimentamos a causa de nuestra fragilidad humana?

Jesús, que se encarnó para conocer de cerca nuestras emociones y nuestras debilidades, sabe que esa fe será probada continuamente y, más aún, sabe que fallará en la primera prueba de fuego. Esa fe debe ser fortalecida y nos da la fórmula para sobreponernos a ella: “Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo”. Para comprender esto debemos recibir la fuerza del Espíritu de Pentecostés. Entonces sabremos que no estamos solos, y que si Jesús “venció al mundo”, nosotros también podremos también vencer al mundo.

Se trata del mismo Espíritu que recibimos en nuestro Bautismo. Tan solo tenemos que invocarlo y Él vendrá sobre nosotros. Tal vez no hablemos en lenguas, pero la fuerza del Espíritu nos permitirá enfrentar con valentía las adversidades, la enfermedad y el sufrimiento cuando estas se crucen en nuestro camino, para con nuestra conducta dar testimonio de que Jesucristo es el Señor.

 
Para ayudarnos a vencer al mundo el mismo Jesús nos deja a María, Ella se encargará de llevarnos a Él. Cristo no podía dejarnos al final de su vida un regalo más precioso que el de su madre

¿Para qué nos dejó a María? Ciertamente para que la veneremos, pero sobre todo porque María ha sido elegida para traer a la existencia humana al Hijo de Dios y llevar a los hombres a Jesús. A Jesús por María. La Virgen María es un camino seguro que conduce certera y rápidamente al Señor. ¿Quién mejor que nuestra madre María puede guiarnos a la presencia de su Hijo divino? Existe un vínculo indisoluble entre madre e Hijo. Estar con la madre es estar con el Hijo.

Todo cristiano es un discípulo de Cristo. En la escuela de Jesús, María es discípula aventajada y al mismo tiempo maestra por concesión del único Maestro. María es la cantera de las virtudes de Cristo. Acerquémonos a ella para construir nuestra santidad con las piedras vivas de sus virtudes.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
Tú nos prometes lo que ni ojo ha visto
ni oído ha escuchado.
Danos la fuerza del Espíritu
para soportar el sufrimiento con esperanza
y como un modo de crecer en la vida de Cristo.
Que ésta vida en Cristo dé a todos
valor para esperar en tu promesa
de un nuevo cielo y una nueva tierra,
y para vivir en tu amistad.
Te lo pedimos por medio de Cristo nuestro Señor.

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domingo, 8 de mayo de 2016

Lecturas del 08/05/2016: Solemnidad de la Ascensión del Señor



PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 1,1-11.)

 
En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días". Los que estaban reunidos le preguntaron: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". Él les respondió: "No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra". Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir".

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SALMO
(Salmo 47(46),2-3.6-9.)

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios, canten,
canten a nuestro Rey.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.

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SEGUNDA LECTURA
(Carta a los Hebreos 9,24-28.10,19-23.)

Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro.
Y no entró para ofrecerse así mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya. Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio. Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan. Por lo tanto, hermanos, tenemos plena seguridad de que podemos entrar en el Santuario por la sangre de Jesús, siguiendo el camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne. También tenemos un Sumo Sacerdote insigne al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, entonces, con un corazón sincero y llenos de fe, purificados interiormente de toda mala conciencia y con el cuerpo lavado por el agua pura. Mantengamos firmemente la confesión de nuestra esperanza, porque aquel que ha hecho la promesa es fiel.

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EVANGELIO
(Lucas 24,46-53)

 
y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto."
Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto". Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

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COMENTARIO
(San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia)

"En la casa de mi Padre hay lugar para todos; de no ser así, ya os lo habría dicho; ahora voy a prepararos ese lugar." (Jn 14,2)... El Señor sabía que muchas de sus moradas ya estaban preparadas y esperaban la llegada de los amigos de Dios. Por esto, da otro motivo a su partida: preparar el camino para nuestra ascensión hacia estos lugares del cielo, abriendo el camino, que antes era intransitable para nosotros. Porque el cielo estaba cerrado a los hombres y nunca ningún ser creado no había penetrado en este dominio santísimo de los ángeles.

Es Cristo quien inaugura para nosotros este sendero hacia las alturas. Ofreciéndose él mismo a Dios Padre como primicia de los que duermen el sueño de la muerte, permite a la carne mortal subir al cielo. El fue el primer hombre que penetra en las moradas celestiales. Los ángeles no conocían este misterio grandioso de la entronización celeste de una criatura. Veían con estupor y admiración esta ascensión de Cristo. Casi turbados por este espectáculo desconocido, exclamaron: "¿Quién es ese que viene de Edom?" (Is 63,1), es decir, de la tierra. Pero el Espíritu no permitió que se quedaran en la ignorancia... Mandó que se abrieran las puertas ante el Rey y Señor del universo: "Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, compuertas eternas, para que haga su entrada el rey de la gloria!" (Sal 23,7)

Así, pues, Nuestro Señor Jesucristo inaugura para nosotros "este camino nuevo y vivo", como dice San Pablo: "...ha inaugurado para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo de su carne" (Heb 10,20) y "Cristo no entró en un santuario construido por hombres -que no pasa de ser simple imagen del verdadero-, sino en el cielo mismo, a fin de presentarse ahora ante Dios para interceder por nosotros." (Heb 9,24)

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REFLEXIÓN

¿Por qué siguen mirando al cielo?

La Ascensión es la culminación de la misión redentora de Jesús. Deja el mundo y regresa al mismo lugar de donde “descendió” al momento de su encarnación: a la derecha del Padre. Pero no regresa solo. Lleva consigo aquella multitud imposible de contar de todos los justos que le antecedieron en el mundo y fueron redimidos por su muerte de cruz. Las puertas del paraíso que se habían cerrado con el pecado de Adán, estaban abiertas nuevamente.

Hoy nos toca a Nosotros entrar por esa puerta que Jesús nos enseñó. El preparar el camino para nuestra ascensión hacia estos lugares del Cielo, abriendo el camino, que antes era intransitable para nosotros. Porque el Cielo estaba cerrado a los hombres y nunca ningún ser creado había penetrado en este dominio santísimo de los ángeles. Es Cristo quien inaugura para nosotros este sendero hacia las alturas. Ofreciéndose él mismo a Dios Padre como primicia de los que duermen el sueño de la muerte, permite a la carne mortal subir al cielo. Él fue el primer hombre que penetra en las moradas celestiales… Así, pues, Nuestro Señor Jesucristo inaugura para nosotros este camino nuevo y vivo: “Ha inaugurado para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo de su carne”.

No es cuestión de quedarse “plantados mirando al cielo”, es también tiempo de estar atentos a los clamores que ascienden hasta el cielo desde la tierra, en los gritos y angustias de muchas personas que extienden sus manos a lo alto, implorando salvación. La conclusión es clara: la razón de ser de la Iglesia y de nuestras comunidades en el mundo, no es otra que proclamar el Reino de Dios a todos los hombres y pueblos. Parece sencillo, pero no consiste sólo en buenas palabras, sino confirmar la Palabra con los signos que la acompañan, hacer presente con palabras y hechos la realidad del Reino.

En la Ascensión descubrimos la culminación de la vida humana, la total transformación de nuestra condición de hombres, para abrirnos a la luz de la trascendencia. Sintetiza de alguna manera todo el evangelio, Jesús vuelve a Dios, mientras los creyentes nos disponemos a seguir su mismo camino, su Espíritu nos guía y anima en esta lucha a toda la comunidad cristiana a continuar la obra iniciada. Dice la lectura de los Hechos: “Juan bautizó con agua, dentro de pocos días seréis bautizados con Espíritu Santo”, aprendamos de Juan a decrecer para que Él crezca y de tantas personas que olvidándose de sí, se entregan a los demás y a este hermoso proyecto que es el reinado de Dios y la gloria del ser humano.

Para subir, antes hemos tenido que bajar: “que él nos de la sabiduría y la revelación para conocerlo, ilumine los ojos de nuestros corazones, para comprender la esperanza a la que nos llama, la riqueza de su gloria y su extraordinaria grandeza”, nos dice la segunda lectura a los Efesios. Pues que así sea.
 
La feliz partida de María de esta vida y la asunción de su cuerpo al cielo. La contemplamos a Ella para que nos abre a la esperanza, a un futuro lleno de alegría, nos enseña que el camino para alcanzarlo debemos acoger en la fe a su Hijo; no perder nunca la amistad con él, sino dejarnos iluminar y guiar por su Palabra; seguirlo cada día, incluso en los momentos en que sentimos que nuestras cruces resultan pesadas. María, el arca de la alianza que está en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa, la comunión de alegría y de paz con Dios”.

Dogma de fe proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus:

"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".

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ORACIÓN

Aquí vino
y se fue.
Vino..., nos marcó nuestra tarea
y se fue.
Tal vez detrás de aquella nube
hay alguien que trabaja
lo mismo que nosotros,
y tal vez las estrellas
no son más que ventanas encendidas
de una fábrica
donde Dios tiene que repartir
una labor también.
Aquí vino
y se fue.
Vino..., llenó nuestra caja de caudales
con millones de siglos y de siglos,
nos dejó unas herramientas...
y se fue.
El, que lo sabe todo,
sabe que estando solos,
sin dioses que nos miren,
trabajamos mejor.
Detrás de ti no hay nadie. Nadie.
Ni un maestro, ni un amo, ni un patrón.
Pero tuyo es el tiempo.
El tiempo y esa gubia
con que Dios comenzó la creación.

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sábado, 7 de mayo de 2016

Lecturas del 07/05/2016: Sábado de la sexta semana de Pascua




PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 18,23-28.)

 
Después de haber permanecido un tiempo allí, partió de nuevo y recorrió sucesivamente la región de Galacia y la Frigia, animando a todos los discípulos. Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Efeso. Era un hombre elocuente y versado en las Escrituras. Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo más que el de Juan. Comenzó a hablar con decisión en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios. Como él pensaba ir a Acaya, los hermanos lo alentaron, y escribieron a los discípulos para que lo recibieran de la mejor manera posible. Desde que llegó a Corinto fue de gran ayuda, por la gracia de Dios, para aquellos que habían abrazado la fe, porque refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús es el Mesías.

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SALMO
(Salmo 47(46),2-3.8-9.10.)

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.

Los nobles de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham:
del Señor son los poderosos de la tierra,
y él se ha elevado inmensamente.

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EVANGELIO
(Juan 16,23b-28)

 
Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre".

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COMENTARIO
(San Clemente de Alejandría (150-c. 215), teólogo)

Venerar y honrar a quien creemos que es el Verbo, nuestro Salvador y nuestro jefe, y por su medio al Padre, es nuestro deber, y no solamente ciertos días especiales como algunos hacen, sino continuamente, durante toda la vida, y de todas las maneras. "Siete veces al día entonaré tus alabanzas" (sl 118, 164) clama el pueblo elegido, según un precepto que lo santifica. No es, pues, en un lugar determinado, ni en un templo escogido, ni en ciertas fiestas o en días fijos, sino que durante toda la vida, en todas partes, el verdadero espiritual, honra a Dios, es decir, proclama su acción de gracias por el conocimiento de la verdadera vida.

La presencia de un hombre de bien, por el respeto que inspira, hace mejorar siempre al que se le acerca, ¡Cuánto más el hombre que está continuamente en presencia de Dios por el conocimiento, la manera de vivir y la acción de gracias, no se hará normalmente mejor cada día en todo: acciones, palabras, disposiciones!... Viviendo, pues, toda nuestra vida como una fiesta, con la certeza de que Dios está totalmente presente en todas partes, trabajamos cantando, navegamos al son de himnos, nos comportamos como "ciudadanos del cielo" (Flp 3,20).

Me atrevería a decir que la oración es una conversación íntima con Dios. Aunque musitemos suavemente y hablemos en silencio sin mover los labios, interiormente gritamos. Y Dios tiene constantemente atento el oído a esta voz interior… Sí, el verdadero espiritual ora durante toda su vida, porque orar es para él esfuerzo de unión con Dios, y rechaza todo lo que es inútil porque ha alcanzado ya el estado en que de alguna manera he recibido la perfección que consiste en actuar por amor…Toda su vida es una liturgia sagrada.

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REFLEXIÓN

“Porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios” – La Alegría del Cristiano.
 
La Alegría del Cristiano se trata de esa alegría desbordante producto de saberse amado; un gozo que se nos sale por los poros y que todo el que se nos acerca la nota, y quiere “de eso” para car la mejor y más efectiva evangelización, que es el testimonio de vivir una vida acorde al evangelio y los tiempos de hoy. El papa Francisco nos ha dicho que “el gozo del cristiano no es la alegría que proviene de un momento, sino un don del Señor que llena el interior”. Se trata de un gozo que, según sus palabras, “es como una unción del Espíritu y se encuentra en la seguridad de que Jesús está con nosotros y con el Padre’” y esa alegría, la verdadera alegría del cristiano, no es algo para quedárnoslo; tenemos que compartirla, porque, como nos sigue diciendo, “si queremos tenerlo solo para nosotros al final se enferma y nuestro corazón se encoge un poco, y nuestra cara no transmite aquel gran gozo sino aquella nostalgia, aquella melancolía que no es sana”.

Pablo irradiaba ese “enamoramiento” que todo cristiano debe sentir al caminar acompañado de su Amado, he ahí donde radicó el secreto de su éxito. Este detalle nos debe a todo bautizado que haya tenido ese encuentro personal con Jesús: No solo tenemos el deber de formarnos y evangelizar a otros, sino que en la medida de nuestras capacidades tenemos la obligación de formar a otros para que lleven el mensaje correcto, para que estos, a su vez, formen a otros. Así es como la tradición apostólica, aquella predicación de las primeras comunidades cristianas, ha perdurado a través de la historia y llegado hasta nosotros, para que aún a costa de grandes sacrificios continuemos con esa tradición adaptada a nuestros tiempos.

La Iglesia es misionera, evangelizadora, por definición. Si no se “sale” a predicar y dar el testimonio del Evangelio se estanca, se enferma, se encoge, y termina desapareciendo, siendo la máxima prioridad de quiénes conformamos la Iglesia, que somos Nosotros, el “Pueblo de Dios”. ¡Anda! ¿Qué estás esperando?

 
Misión de María en nuestro Caminar evangelizador y nuestro vivir como Cristianos. Siempre hemos escuchado decir que los católicos somos idólatras porque ponemos a la Virgen María al mismo nivel que a Dios. Una afirmación como ésta desconoce la enseñanza de la Iglesia sobre Santa María así como las actitudes que nos invita a tener con la Madre de Jesús.

En primer lugar es fundamental comprender que el lugar que tiene María en la vida cristiana de los discípulos del Señor Jesús brota de la misma fe. «El ¿Cómo nos ayuda María a vivir nuestra fe? papel de María con relación a la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo, deriva directamente de ella» “nos enseña el Catecismo”. Es Cristo mismo quien nos ha señalado a su Madre. Él nos ha invitado a amarla como hijos suyos y a ver en Ella un ejemplo a seguir. El pasaje de la crucifixión que nos trae el Evangelio de San Juan es elocuente: «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa». Esta es una razón poderosa del porque Veneramos a nuestra madre del cielo “María Virgen y Madre de todos Nosotros”.

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ORACIÓN

Señor Dios nuestro:
Hay veces en que la oración se nos hace fácil
y entonces podemos abrirte nuestros corazones.
Esto nos puede ayudar mucho espiritualmente,
pero ayúdanos también a reservar tiempo para ti
cuando no nos sea fácil orar,
para que te escuchemos cuando nos hablas
en tu palabra, en la gente
y en los acontecimientos de la vida,
que interpretan y detallan para nosotros
tu amorosa voluntad;
pero, de una manera especial,
haznos escuchar a tu Hijo,
que es tu Palabra viva encarnada aquí entre nosotros:
Jesucristo nuestro Salvador y Señor
por los siglos de los siglos.

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