domingo, 1 de mayo de 2016
5 Razones para quedarse hasta el final de la misa
Documento:
https://docs.google.com/document/d/11vTa8k_IeBuh4rmxZ5i9zr0CMGF4Yyr2AgvqLkTYdBg/edit?usp=sharing
Lecturas del 01/05/2016: Sexto domingo de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 15,1-2.22-29.)
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Entonces los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: "Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje. El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber:
que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós".
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SALMO
(Salmo 67(66),2-3.5.6.8.)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.
Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.
¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.
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SEGUNDA LECTURA
(Apocalipsis 21,10-14.22-23.)
Me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios. La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino. Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero. No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero.
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EVANGELIO
(Juan 14,23-29)
Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.» Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.
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COMENTARIO
(San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia)
"El Padre y yo, decía el Hijo, vendremos a él, es decir, en el hombre que es santo, y vendremos a morar en él". Y yo creo que el profeta no se ha referido a otro cielo cuando ha dicho: "Tú que habitas en los santos, tú la gloria de Israel" (Sl 24 Vulg). Y el apóstol Pablo dice claramente: "Por la fe, Cristo habita en nuestros corazones" (Ef 3,17). No es de extrañar, pues, que Cristo se complazca en habitar en este cielo. Puesto que, si para crear el cielo invisible sólo tuvo necesidad de su palabra, tuvo que luchar para adquirir el otro cielo, y murió para rescatarlo. Por eso, después de todos estos trabajos, habiendo realizado su deseo, dice: "Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo" (sl 131,14)…
Ahora "¿por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas?" (sl 41,6). ¿Piensas encontrar en ti un lugar para el Señor? ¿Qué lugar hay en nosotros que sea digno de tan gran gloria? ¿Qué lugar sería digno para recibir su majestad? ¿Acaso sólo puedo adorarlo en el lugar en que sus pasos se detuvieron? ¿Quién me concederá, al menos, poder seguir las huellas de un alma santa "que él se escogió como heredad"? (sl 32,12)
Que se digne derramar en mi alma el ungüento de su misericordia, de tal manera que también yo sea capaz de decir: "Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón" (sal 118,32). ¿Acaso podré, yo también, mostrar en mi "una gran sala bien preparada, en la que pueda comer con sus discípulos? (Mc 14,15) o por lo menos "un lugar donde reclinar la cabeza"(Mc 8,20).
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REFLEXIÓN
“no hay camino; se hace camino al andar”
Hoy, nuestro mundo global se parece mucho a ese mercado de las religiones del Imperio Romano… Al comienzo del cristianismo ¿tiene mucho que enseñarnos hoy? Así como ayer tenemos la necesidad de tener un nuevo concilio, como el primero en Jerusalén, para ver cómo asegurar la fidelidad de todas las comunidades dispersas hoy por el mundo al proyecto originario de Jesús y que garantiza esa fidelidad.
“El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, será quien os vaya recordando todo lo que os he dicho”. Pero, de nuevo, hemos de atender a la historia en la que el Espíritu despliega su acción. Como ayer, hoy seguimos siendo Cristianismo en formación, toma vigencia la frase “no hay camino; se hace camino al andar”. El Espíritu nos lanza como Iglesia al camino, al camino que ha de hacer en su caminar, tarea que no debe ser fácil, el Camino no se ha concluido, porque su fin no es concluirse sino seguir ofreciendo a los hombres de toda época una senda de fe y esperanza fundada en Jesucristo. Hoy como entonces, el mundo no es uniforme, las circunstancias son plurales y diversas, pero el camino ha de servir a todos; o tal vez, hemos de asumir, fiándonos del Espíritu, nuestro guía, que no hay un solo camino, sino diversos que el mismo Espíritu se encargará de hacer llegar a buen puerto, siendo que el Espíritu “nos ha enseñado” que “lo indispensable” en ese camino es el hombre mismo, en quien Dios ha depositado su Espíritu.
Cuando descubramos, precisamente, que el hombre es lo más importante del camino, entonces nuestro camino habrá llegado a puerto, pues “el Padre y el Hijo han venido al hombre y han hecho morada en él”. Cuando eso suceda, ya no será necesario ningún camino, ninguna religión, ningún templo,… “Santuario no vi ninguno, porque su santuario es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero”.
Nota: Hoy es el 1º de Mayo, Día del Trabajo y de San José Obrero. En muchos sitios se celebra también el Día de la Madre, por ser el primer domingo de Mayo, mes dedicado a la Madre de Dios “María”.
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ORACIÓN
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú y tu Hijo Jesús ponen su morada
en los que guardan la palabra del mismo Jesús.
Él nos ha proclamado aquí su palabra
y nosotros creemos en ella, la amamos
y la haremos realidad en nuestras vidas.
Y si alguna vez llegamos a olvidarla,
que tu Espíritu nos la vuelva a recordar
y nos enseñe a vivir conforme a ella con alegría.
Que esa palabra y tu amor bondadoso
nos traigan tu paz.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.
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(Libro de los Hechos de los Apóstoles 15,1-2.22-29.)
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Entonces los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: "Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje. El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber:
que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós".
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SALMO
(Salmo 67(66),2-3.5.6.8.)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.
Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.
¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.
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SEGUNDA LECTURA
(Apocalipsis 21,10-14.22-23.)
Me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios. La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino. Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero. No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero.
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EVANGELIO
(Juan 14,23-29)
Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.» Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo.
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.
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COMENTARIO
(San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia)
"El Padre y yo, decía el Hijo, vendremos a él, es decir, en el hombre que es santo, y vendremos a morar en él". Y yo creo que el profeta no se ha referido a otro cielo cuando ha dicho: "Tú que habitas en los santos, tú la gloria de Israel" (Sl 24 Vulg). Y el apóstol Pablo dice claramente: "Por la fe, Cristo habita en nuestros corazones" (Ef 3,17). No es de extrañar, pues, que Cristo se complazca en habitar en este cielo. Puesto que, si para crear el cielo invisible sólo tuvo necesidad de su palabra, tuvo que luchar para adquirir el otro cielo, y murió para rescatarlo. Por eso, después de todos estos trabajos, habiendo realizado su deseo, dice: "Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo" (sl 131,14)…
Ahora "¿por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas?" (sl 41,6). ¿Piensas encontrar en ti un lugar para el Señor? ¿Qué lugar hay en nosotros que sea digno de tan gran gloria? ¿Qué lugar sería digno para recibir su majestad? ¿Acaso sólo puedo adorarlo en el lugar en que sus pasos se detuvieron? ¿Quién me concederá, al menos, poder seguir las huellas de un alma santa "que él se escogió como heredad"? (sl 32,12)
Que se digne derramar en mi alma el ungüento de su misericordia, de tal manera que también yo sea capaz de decir: "Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón" (sal 118,32). ¿Acaso podré, yo también, mostrar en mi "una gran sala bien preparada, en la que pueda comer con sus discípulos? (Mc 14,15) o por lo menos "un lugar donde reclinar la cabeza"(Mc 8,20).
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REFLEXIÓN
“no hay camino; se hace camino al andar”
Hoy, nuestro mundo global se parece mucho a ese mercado de las religiones del Imperio Romano… Al comienzo del cristianismo ¿tiene mucho que enseñarnos hoy? Así como ayer tenemos la necesidad de tener un nuevo concilio, como el primero en Jerusalén, para ver cómo asegurar la fidelidad de todas las comunidades dispersas hoy por el mundo al proyecto originario de Jesús y que garantiza esa fidelidad.
“El Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, será quien os vaya recordando todo lo que os he dicho”. Pero, de nuevo, hemos de atender a la historia en la que el Espíritu despliega su acción. Como ayer, hoy seguimos siendo Cristianismo en formación, toma vigencia la frase “no hay camino; se hace camino al andar”. El Espíritu nos lanza como Iglesia al camino, al camino que ha de hacer en su caminar, tarea que no debe ser fácil, el Camino no se ha concluido, porque su fin no es concluirse sino seguir ofreciendo a los hombres de toda época una senda de fe y esperanza fundada en Jesucristo. Hoy como entonces, el mundo no es uniforme, las circunstancias son plurales y diversas, pero el camino ha de servir a todos; o tal vez, hemos de asumir, fiándonos del Espíritu, nuestro guía, que no hay un solo camino, sino diversos que el mismo Espíritu se encargará de hacer llegar a buen puerto, siendo que el Espíritu “nos ha enseñado” que “lo indispensable” en ese camino es el hombre mismo, en quien Dios ha depositado su Espíritu.
Cuando descubramos, precisamente, que el hombre es lo más importante del camino, entonces nuestro camino habrá llegado a puerto, pues “el Padre y el Hijo han venido al hombre y han hecho morada en él”. Cuando eso suceda, ya no será necesario ningún camino, ninguna religión, ningún templo,… “Santuario no vi ninguno, porque su santuario es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. La ciudad no necesita sol ni luna que la alumbre, porque la gloria de Dios la ilumina y su lámpara es el Cordero”.
Nota: Hoy es el 1º de Mayo, Día del Trabajo y de San José Obrero. En muchos sitios se celebra también el Día de la Madre, por ser el primer domingo de Mayo, mes dedicado a la Madre de Dios “María”.
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ORACIÓN
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú y tu Hijo Jesús ponen su morada
en los que guardan la palabra del mismo Jesús.
Él nos ha proclamado aquí su palabra
y nosotros creemos en ella, la amamos
y la haremos realidad en nuestras vidas.
Y si alguna vez llegamos a olvidarla,
que tu Espíritu nos la vuelva a recordar
y nos enseñe a vivir conforme a ella con alegría.
Que esa palabra y tu amor bondadoso
nos traigan tu paz.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.
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Lecturas de Pascua de Resurrección
sábado, 30 de abril de 2016
Lecturas del 30/04/2016: Sábado de la quinta semana de Pascua
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 16,1-10.)
Pablo llegó luego a Derbe y más tarde a Listra, donde había un discípulo llamado Timoteo, hijo de una judía convertida a la fe y de padre pagano. Timoteo gozaba de buena fama entre los hermanos de Listra y de Iconio. Pablo quería llevarlo consigo, y por eso lo hizo circuncidar en consideración a los judíos que había allí, ya que todo el mundo sabía que su padre era pagano.
Por las ciudades donde pasaban, transmitían las decisiones tomadas en Jerusalén por los apóstoles y los presbíteros, recomendando que las observaran. Así, las Iglesias se consolidaban en la fe, y su número crecía día tras día. Como el Espíritu Santo les había impedido anunciar la Palabra en la provincia de Asia, atravesaron Frigia y la región de Galacia. Cuando llegaron a los límites de Misia, trataron de entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Pasaron entonces por Misia y descendieron a Tróade. Durante la noche, Pablo tuvo una visión. Vio a un macedonio de pie, que le rogaba: "Ven hasta Macedonia y ayúdanos".
Apenas tuvo esa visión, tratamos de partir para Macedonia, convencidos de que Dios nos llamaba para que la evangelizáramos.
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SALMO
(Salmo 100(99),1-2.3.5.)
Aclame al Señor toda la tierra,
sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos.
Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones.
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EVANGELIO
(Juan 15,18-21)
Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí.
Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia. Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes.
Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»
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COMENTARIO
(San Juan Pablo II (1920-2005), papa)
"El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna" (Jn 12,25). Se trata aquí de una verdad que el mundo contemporáneo a menudo rechaza y desprecia, porque hace del amor a sí mismo el criterio supremo de la existencia. Pero los testigos de la fe [del siglo XX] no han pensado en su ventaja propia, ni en su bienestar, ni tan sólo en su supervivencia como si fueran valores superiores a la fidelidad al Evangelio. A pesar de su debilidad, se han opuesto vigorosamente al mal. En su fragilidad ha brillado la fuerza de la fe y de la gracia del Señor.
La preciosa herencia que estos testigos de la fe nos han dejado es un patrimonio común a todas las Iglesias y a todas las Comunidades eclesiales… El ecumenismo más convincente es el de los mártires y los testigos de la fe; ello indica a los cristianos del siglo veintiuno el camino de la unidad. Es la herencia de la cruz vivida a la luz de la Pascua; herencia que enriquece y sostiene a los cristianos a medida que avanzan en el nuevo milenio…
¡Que en el siglo y milenio que empieza, la memoria de estos hermanos y hermanas, permanezca siempre viva! ¡Que se transmita de generación en generación, a fin de ser semilla fecunda de una profunda renovación cristiana! ¡Que se guarde como un tesoro de insigne valor para los cristianos del nuevo milenio y sea levadura para llegar a la plena comunión de todos los discípulos de Cristo!... ¡Pido al Señor para que la nube de testimonios que nos rodea (Hb 12,1) nos ayude a todos nosotros, creyentes, a saber expresar nuestro amor a Cristo con una valentía igual a la suya, para aquel que permanece viviendo en su Iglesia, hoy como ayer, mañana y siempre!
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REFLEXIÓN
“Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí.”
Para seguir a Jesús tenemos que recorrer el camino de la cruz, que no es otra cosa que el desprendernos de todo obstáculo que nos impida amarle más y mejor, ofreciéndole nuestro cumplimiento esmerado, ser fiel a nuestra fe, tener el control de nuestras reacciones y la renuncia a todo lo que nos impida servirle a los demás.
Ser cristiano no es algo sencillo, hay que saber ceder y ayudar a otros a que cedan también, nuestras posturas rígidas e inamovibles nos llenan de confusión, Jesús no se pasó la vida echando a los mercaderes del templo o insultando dirigentes. Lo hizo, cuando tuvo que hacerlo, pero no fue odiado por eso, fue odiado; por transmitir un nuevo modo de comprender el mundo y la vida, porque demostró que el ser humano puede amar sin límites, aprendiendo a amar como el Padre ama al Hijo, porque enseñó que todos podemos aspirar a la plenitud de la vida humana y más allá, a la vida eterna.
Si hemos de ser odiados y perseguidos, que lo seamos porque entendemos y vivimos a Jesús, porque, a pesar de todo, Él vive en nosotros. Y, en definitiva, Él sigue siendo el perseguido. No nosotros. El mensaje de Cristo no siempre es un mensaje cómodo, tanto más cuanto que habla también necesariamente de la cruz. Pero debemos, no solo de proclamar el mensaje, sino vivir de acuerdo a el, aun cuando tengamos que afrontar el ridículo y la contradicción.
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ORACIÓN
Señor Dios nuestro:
Te damos gracias
por la alegría de participar en el banquete de tu Hijo
en esta celebración eucarística.
Haz nuestra fe suficientemente fuerte
para poder compartir la vida entera de Jesús,
incluso cuando fue rechazado o ignorado,
y nosotros con él.
Haznos comprender que su misterio pascual
es, a la vez, muerte y vida
y que ésa es la forma cómo tenemos que vivir
con Jesucristo resucitado, nuestro Señor.
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viernes, 29 de abril de 2016
Lecturas del 29/04/2016: Viernes dela quinta semana de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 15,22-31.)
En aquellos días, los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: "Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje. El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós". Los delegados, después de ser despedidos, descendieron a Antioquía donde convocaron a la asamblea y le entregaron la carta. Esta fue leída y todos se alegraron por el aliento que les daba.
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SALMO
(Salmo 57(56),8-9.10-12.)
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar al son de instrumentos:
¡despierta, alma mía!
¡Despierten, arpa y cítara,
para que yo despierte a la aurora!
Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,
te cantaré entre las naciones,
porque tu misericordia se eleva hasta el cielo
y tu fidelidad hasta las nubes.
¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!
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EVANGELIO
(Juan 15,12-17)
Jesús dijo a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»
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COMENTARIO
(Doroteo de Gaza (c. 500 -?), monje en Palestina)
Cuanto más se está unido al prójimo, más unido se está a Dios. Para que comprendáis el sentido de esta frase os voy a poner una imagen sacada de los Padres: Suponed un círculo trazado sobre la tierra, es decir, una línea redonda dibujada con un compás, y un centro. Precisamente se llama centro el punto más interior del círculo. Poned atención con vuestro espíritu a lo que os voy a decir. Imaginaos que el círculo es el mundo, el centro Dios, y los radios los diferentes caminos o maneras de vivir que tienen los hombres. Cuando los santos, deseando acercarse a Dios, caminan hacia el centro del círculo, tanto cuanto más penetran en el interior, se acercan los unos a los otros y al mismo tiempo de Dios. Cuanto más se acercan a Dios, tanto más se acercan los unos de los otros; y cuanto más se acercan los unos de los otros, más se acercan a Dios.
Y ya comprendéis que igual ocurre en sentido inverso: cuanto más uno se aleja de Dios para retirarse hacia lo exterior, es evidente que cuando uno se aleja de Dios, más se aleja de los demás, y cuanto más uno se aleja de los demás, más se aleja también de Dios.
Así es la naturaleza de la caridad. En la medida en que estamos en lo exterior y que no amamos a Dios, en esa misma medida nos alejamos cada uno del prójimo. Pero si amamos a Dios, tanto nos acercamos a Dios a través de la caridad para con él, tanto estamos en comunión de caridad con el prójimo; y tanto estamos unidos al prójimo cuanto lo estamos de Dios.
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REFLEXIÓN
“Esto les mando: que se amen unos otros”
Hoy, el Señor nos invita al amor fraterno: «Que nos amemos los unos a los otros como yo les he amado», Jesús te habla como a un amigo, que quiere que seamos sus seguidores, y que nos destina a dar fruto, un fruto que se manifiesta en el amor. «Si el amor estuviera esparcido por todas partes, nacería de él una infinidad de bienes - San Juan Crisóstomo».
Amar es dar la vida, Jesús, nos dice que somos sus amigos. Sí, el Señor está en el cielo, pero nos ha escogido y nos abraza con amor para que demos un fruto perdurable y ese fruto perdurable no es imposible, porque Jesús, nuestro amigo, nos ha dado acceso a su Padre y a todos los recursos del cielo. Siendo amigo, el Señor comparte libremente los pensamientos y planes de su Padre con nosotros. Y es precisamente por esto que podemos tener un efecto perdurable en el mundo. Jesús tiene el permiso de su Padre para darnos todo lo que pidamos en su nombre, y por eso siempre podemos tener todo lo que necesitemos para dar buen fruto.
La mejor noticia es que Dios nos dará toda la fuerza, el dominio propio, la bondad, la paciencia, la humildad, la esperanza y todo lo necesitemos para cumplir estos deberes.
“Gracias, amado Jesús, por considerarme tu amigo. Derrama tu gracia en mi corazón para que fluya de mí hacia los que tengo cerca. Confío en que tú me darás todos los recursos que necesito para dar un fruto que perdure.”
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ORACIÓN
Señor Dios nuestro:
Hemos escuchado las palabras de Jesús,
nuestro maestro y Señor.
Te pedimos que no tengamos miedo
de ninguna renovación que hayamos de realizar
en nosotros mismos y en la Iglesia,
y concédenos que el cambio profundo
comience en nosotros
por una fe rejuvenecida,
una vida de oración más profunda,
y una voluntad resuelta para realizar
lo que percibamos ser tu deseo y voluntad.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor
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(Libro de los Hechos de los Apóstoles 15,22-31.)
En aquellos días, los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: "Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje. El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós". Los delegados, después de ser despedidos, descendieron a Antioquía donde convocaron a la asamblea y le entregaron la carta. Esta fue leída y todos se alegraron por el aliento que les daba.
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SALMO
(Salmo 57(56),8-9.10-12.)
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar al son de instrumentos:
¡despierta, alma mía!
¡Despierten, arpa y cítara,
para que yo despierte a la aurora!
Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,
te cantaré entre las naciones,
porque tu misericordia se eleva hasta el cielo
y tu fidelidad hasta las nubes.
¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!
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EVANGELIO
(Juan 15,12-17)
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COMENTARIO
(Doroteo de Gaza (c. 500 -?), monje en Palestina)
Cuanto más se está unido al prójimo, más unido se está a Dios. Para que comprendáis el sentido de esta frase os voy a poner una imagen sacada de los Padres: Suponed un círculo trazado sobre la tierra, es decir, una línea redonda dibujada con un compás, y un centro. Precisamente se llama centro el punto más interior del círculo. Poned atención con vuestro espíritu a lo que os voy a decir. Imaginaos que el círculo es el mundo, el centro Dios, y los radios los diferentes caminos o maneras de vivir que tienen los hombres. Cuando los santos, deseando acercarse a Dios, caminan hacia el centro del círculo, tanto cuanto más penetran en el interior, se acercan los unos a los otros y al mismo tiempo de Dios. Cuanto más se acercan a Dios, tanto más se acercan los unos de los otros; y cuanto más se acercan los unos de los otros, más se acercan a Dios.
Y ya comprendéis que igual ocurre en sentido inverso: cuanto más uno se aleja de Dios para retirarse hacia lo exterior, es evidente que cuando uno se aleja de Dios, más se aleja de los demás, y cuanto más uno se aleja de los demás, más se aleja también de Dios.
Así es la naturaleza de la caridad. En la medida en que estamos en lo exterior y que no amamos a Dios, en esa misma medida nos alejamos cada uno del prójimo. Pero si amamos a Dios, tanto nos acercamos a Dios a través de la caridad para con él, tanto estamos en comunión de caridad con el prójimo; y tanto estamos unidos al prójimo cuanto lo estamos de Dios.
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REFLEXIÓN
“Esto les mando: que se amen unos otros”
Amar es dar la vida, Jesús, nos dice que somos sus amigos. Sí, el Señor está en el cielo, pero nos ha escogido y nos abraza con amor para que demos un fruto perdurable y ese fruto perdurable no es imposible, porque Jesús, nuestro amigo, nos ha dado acceso a su Padre y a todos los recursos del cielo. Siendo amigo, el Señor comparte libremente los pensamientos y planes de su Padre con nosotros. Y es precisamente por esto que podemos tener un efecto perdurable en el mundo. Jesús tiene el permiso de su Padre para darnos todo lo que pidamos en su nombre, y por eso siempre podemos tener todo lo que necesitemos para dar buen fruto.
La mejor noticia es que Dios nos dará toda la fuerza, el dominio propio, la bondad, la paciencia, la humildad, la esperanza y todo lo necesitemos para cumplir estos deberes.
“Gracias, amado Jesús, por considerarme tu amigo. Derrama tu gracia en mi corazón para que fluya de mí hacia los que tengo cerca. Confío en que tú me darás todos los recursos que necesito para dar un fruto que perdure.”
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ORACIÓN
Señor Dios nuestro:
Hemos escuchado las palabras de Jesús,
nuestro maestro y Señor.
Te pedimos que no tengamos miedo
de ninguna renovación que hayamos de realizar
en nosotros mismos y en la Iglesia,
y concédenos que el cambio profundo
comience en nosotros
por una fe rejuvenecida,
una vida de oración más profunda,
y una voluntad resuelta para realizar
lo que percibamos ser tu deseo y voluntad.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor
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jueves, 28 de abril de 2016
Lecturas del 28/04/2016: Jueves de la quinta semana de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 15,7-21.)
Al cabo de una prolongada discusión, Pedro se levantó y dijo: "Hermanos, ustedes saben que Dios, desde los primeros días, me eligió entre todos ustedes para anunciar a los paganos la Palabra del Evangelio, a fin de que ellos abracen la fe. Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio en favor de ellos, enviándoles el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros. El no hizo ninguna distinción entre ellos y nosotros, y los purificó por medio de la fe. ¿Por qué ahora ustedes tientan a Dios, pretendiendo imponer a los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos soportar? Por el contrario, creemos que tanto ellos como nosotros somos salvados por la gracia del Señor Jesús". Después, toda la asamblea hizo silencio para oír a Bernabé y a Pablo, que comenzaron a relatar los signos y prodigios que Dios había realizado entre los paganos por intermedio de ellos. Cuando dejaron de hablar, Santiago tomó la palabra, diciendo: "Hermanos, les ruego que me escuchen: Simón les ha expuesto cómo Dios dispuso desde el principio elegir entre las naciones paganas, un Pueblo consagrado a su Nombre. Con esto concuerdan las palabras de los profetas que dicen: Después de esto, yo volveré y levantaré la choza derruida de David; restauraré sus ruinas y la reconstruiré, para que el resto de los hombres busque al Señor, lo mismo que todas las naciones que llevan mi Nombre. Así dice el Señor, que da a conocer estas cosas desde la eternidad. Por eso considero que no se debe inquietar a los paganos que se convierten a Dios, sino que solamente se les debe escribir, pidiéndoles que se abstengan de lo que está contaminado por los ídolos, de las uniones ilegales, de la carne de animales muertos sin desangrar y de la sangre. Desde hace muchísimo tiempo, en efecto, Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores que leen la Ley en la sinagoga todos los sábados".
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SALMO
(Salmo 96(95),1-2a.2b-3.10.)
Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre.
Día tras día, proclamen su victoria.
Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.
Digan entre las naciones: "¡El Señor reina!
el mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud".
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EVANGELIO
(Juan 15,9-11)
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COMENTARIO
(San Anselmo (1033-1109), benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia)
Te lo pido, Dios mío, haz que te conozca, haz que te amé para que mi gozo seas tú. Y si esto no es plenamente posible en esta vida, haz que, por lo menos, progrese cada día en este deseo hasta que llegue a la plenitud. Que mi conocimiento de ti aumente cada día más en mí, y que sólo se acabe en el último día; que tu amor crezca en mí y que sea perfecto en mi vida futura para que mi gozo, que ya es grande aquí abajo en esperanza, sea allí colmado en la realidad.
Señor Dios, por tu Hijo nos has dado orden, o mejor el consejo, de pedir; y has prometido que seríamos escuchados para que nuestro gozo fuera completo (Jn 16,24). Señor, te hago esta petición por mediación de aquél que es nuestro "Consejero admirable" (Is 9,5). Que yo pueda recibir lo que nos has prometido por medio de aquél que es la Verdad, para que mi gozo sea perfecto. Dios verdadero, te hago esta súplica; escúchame para que mi gozo sea perfecto.
Que esto sea desde ahora lo que medite mi espíritu y la palabra salida de mis labios. Que sea el amor de mi corazón y el discurso salido de mi boca, que sea el hambre de mi alma, la sed de mi carne y el deseo de todo mi ser, hasta que entre.
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REFLEXIÓN
“Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes, permanezcan en mi amor”
¡Qué magnífico y bello sería un mundo -incluso una Iglesia- sin prejuicios ni discriminación, donde las personas sinceramente se aceptaran, se apreciaran y se amaran unas a otras!
Jesucristo, por su Misericordia, quiere que permanezcamos unidos a Él y nos dice cómo hemos de hacerlo: guardando sus mandamientos y permaneciendo en su Amor. En el Amor de Cristo encontramos fuerza para hacer el bien, pero ¡atentos! para amar a Dios hay que buscar y cumplir su Voluntad. Hagamos silencio interior ante la Palabra de Dios. Acerquémonos al Evangelio, humildes y orando, para poder comprender y entender las palabras que Jesús nos dejó.
En el mundo de hoy, que es nuestra realidad, los cristianos llevamos una vida de mucha actividad. Además, el ritmo social de estos tiempos es acelerado, pretende abarcar mucho: muchas relaciones sociales, muchas reuniones sociales, muchos compromisos sociales, muchos aprendizajes sociales. Estar de un lado para otro, de una actividad a otra, puede desorientarnos y nublar la experiencia de permanecer unidos a Cristo, mantenernos en su amor, de perseverar en nuestra comunión con Él, y, a través de Él, con nuestros hermanos.
Por eso, en medio de unas cosas y otras, no podemos perder la perspectiva que nos nutre y une. Conviene que miremos y cuidemos, para que la verdad de Jesús fluya con todo su vigor hacia nosotros, para que siempre tengamos vida en abundancia, “nos salvamos por la gracia del Señor Jesús”, ya que la verdad del Evangelio, y nuestra fidelidad a ella, es la única que salva al hombre.
“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga”. No es cuestión de valor; se trata de creer en Jesús y creer en su Palabra.
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ORACIÓN
Señor Dios nuestro, Padre de todos:
Permanecemos en tu amor
si guardamos tus mandamientos.
Danos la fuerza necesaria
para cumplir tu mandato de amor
sin discriminación alguna.
Y, si tenemos algunos favoritos,
que sean precisamente los pobres y los pequeños,
los que no cuentan,
los que no tienen ni nombre ni derechos,
para que entre todos les facilitemos acceso
a la justicia, al bienestar humano y a la alegría de vivir.
Que de este modo la alegría de tu Hijo esté en nosotros
hasta que un día se perfeccione y complete
en la gloria eterna, por los siglos de los siglos.
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COMENTARIO
(San Anselmo (1033-1109), benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia)
Te lo pido, Dios mío, haz que te conozca, haz que te amé para que mi gozo seas tú. Y si esto no es plenamente posible en esta vida, haz que, por lo menos, progrese cada día en este deseo hasta que llegue a la plenitud. Que mi conocimiento de ti aumente cada día más en mí, y que sólo se acabe en el último día; que tu amor crezca en mí y que sea perfecto en mi vida futura para que mi gozo, que ya es grande aquí abajo en esperanza, sea allí colmado en la realidad.
Señor Dios, por tu Hijo nos has dado orden, o mejor el consejo, de pedir; y has prometido que seríamos escuchados para que nuestro gozo fuera completo (Jn 16,24). Señor, te hago esta petición por mediación de aquél que es nuestro "Consejero admirable" (Is 9,5). Que yo pueda recibir lo que nos has prometido por medio de aquél que es la Verdad, para que mi gozo sea perfecto. Dios verdadero, te hago esta súplica; escúchame para que mi gozo sea perfecto.
Que esto sea desde ahora lo que medite mi espíritu y la palabra salida de mis labios. Que sea el amor de mi corazón y el discurso salido de mi boca, que sea el hambre de mi alma, la sed de mi carne y el deseo de todo mi ser, hasta que entre.
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REFLEXIÓN
“Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes, permanezcan en mi amor”
¡Qué magnífico y bello sería un mundo -incluso una Iglesia- sin prejuicios ni discriminación, donde las personas sinceramente se aceptaran, se apreciaran y se amaran unas a otras!
Jesucristo, por su Misericordia, quiere que permanezcamos unidos a Él y nos dice cómo hemos de hacerlo: guardando sus mandamientos y permaneciendo en su Amor. En el Amor de Cristo encontramos fuerza para hacer el bien, pero ¡atentos! para amar a Dios hay que buscar y cumplir su Voluntad. Hagamos silencio interior ante la Palabra de Dios. Acerquémonos al Evangelio, humildes y orando, para poder comprender y entender las palabras que Jesús nos dejó.
En el mundo de hoy, que es nuestra realidad, los cristianos llevamos una vida de mucha actividad. Además, el ritmo social de estos tiempos es acelerado, pretende abarcar mucho: muchas relaciones sociales, muchas reuniones sociales, muchos compromisos sociales, muchos aprendizajes sociales. Estar de un lado para otro, de una actividad a otra, puede desorientarnos y nublar la experiencia de permanecer unidos a Cristo, mantenernos en su amor, de perseverar en nuestra comunión con Él, y, a través de Él, con nuestros hermanos.
Por eso, en medio de unas cosas y otras, no podemos perder la perspectiva que nos nutre y une. Conviene que miremos y cuidemos, para que la verdad de Jesús fluya con todo su vigor hacia nosotros, para que siempre tengamos vida en abundancia, “nos salvamos por la gracia del Señor Jesús”, ya que la verdad del Evangelio, y nuestra fidelidad a ella, es la única que salva al hombre.
“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga”. No es cuestión de valor; se trata de creer en Jesús y creer en su Palabra.
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ORACIÓN
Señor Dios nuestro, Padre de todos:
Permanecemos en tu amor
si guardamos tus mandamientos.
Danos la fuerza necesaria
para cumplir tu mandato de amor
sin discriminación alguna.
Y, si tenemos algunos favoritos,
que sean precisamente los pobres y los pequeños,
los que no cuentan,
los que no tienen ni nombre ni derechos,
para que entre todos les facilitemos acceso
a la justicia, al bienestar humano y a la alegría de vivir.
Que de este modo la alegría de tu Hijo esté en nosotros
hasta que un día se perfeccione y complete
en la gloria eterna, por los siglos de los siglos.
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miércoles, 27 de abril de 2016
Lecturas del 27/04/2016: Miércoles de la quinta semana de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 15,1-6.)
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Los que habían sido enviados por la Iglesia partieron y atravesaron Fenicia y Samaría, contando detalladamente la conversión de los paganos. Esto causó una gran alegría a todos los hermanos. Cuando llegaron a Jerusalén, fueron bien recibidos por la Iglesia, por los Apóstoles y los presbíteros, y relataron todo lo que Dios había hecho con ellos. Pero se levantaron algunos miembros de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron que era necesario circuncidar a los paganos convertidos y obligarlos a observar la Ley de Moisés. Los Apóstoles y los presbíteros se reunieron para deliberar sobre este asunto.
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SALMO
(Salmo 122(121),1-2.3-4a.4b-5.)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
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EVANGELIO
(Juan 15,1-8)
Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»
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COMENTARIO
(Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa)
En lo que se refiere a la Iglesia, la concepción sobre ella más accesible al espíritu humano es la de una comunidad de creyentes. Cualquiera que cree en Jesucristo y en su Evangelio y espera el cumplimiento de sus promesas, cualquiera que está unido a él por un sentimiento de amor y obedece sus mandamientos, debe de estar unido a todos los que comparten el mismo espíritu por una profunda comunión espiritual y por un verdadero afecto. Los que siguieron al Señor durante su estancia en la tierra fueron los primeros brotes jóvenes de la comunidad cristiana; son ellos los que la difundieron y transmitieron las riquezas de la fe que les dio cohesión, como herencia a los tiempos que les siguieron hasta nuestros días.
Incluso una comunidad humana natural puede llegar a ser mucho más que una simple asociación de individuos distintos, puesto que puede haber una unión estrecha que llegue a crear una unidad orgánica; y esto es todavía más fuerte y más verdadero tratándose de la comunidad sobrenatural de la Iglesia. La unión del alma con Cristo es muy distinta de la comunión entre dos personas terrenas; esta unión, iniciada en el bautismo y reforzada constantemente por los demás sacramentos, es una integración y una impulsión de savia –tal como nos lo dice el símbolo de la vid y el sarmiento. Este acto de unión con Cristo comporta un acercamiento, miembro a miembro, entre todos los cristianos. Es así que la Iglesia toma la figura del cuerpo místico de Cristo. Este cuerpo es un cuerpo viviente y el espíritu que lo anima es el Espíritu de Cristo que, partiendo de la cabeza fluye hacia todos los miembros (Ef 5,23.30); el espíritu que emana de Cristo es el Espíritu Santo y la Iglesia es, pues, el templo del Santo Espíritu (Ef 2,21-22).
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REFLEXIÓN
“Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador”
Jesús nos incluye como elemento dentro de su gran plan de salvación: la vid (Jesús), los sarmientos (los seguidores) y el labrador (el Padre) y sobre todo nos da un instrumento de limpieza y poda, que es la Palabra de Él: “A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado”.
Jesús nos está invitando a seguirlo, pero ese seguimiento implica constancia y permanencia en su Palabra. “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino”, si no nos limitamos meramente a creer en Jesús, sino que le creemos a Jesús, entonces permaneceremos en Él, y Él permanecerá en nosotros y todo lo que le pidamos se realizará.
Debemos estar vigilante y permanecer en Él, saber ver que está ahí con nosotros o que, al menos, al despertar de nuestros despistes cristianos, podamos decirle: “Perdona, no me había dado cuenta de que estabas ahí”. Velar es permanecer en el camino, no cesar en la búsqueda de la verdad, comprometerse para que triunfe en este mundo la vida. Para velar y permanecer en Él, es necesario orar, para conservar en el corazón sus palabras y pedir, alabar, adorar, agradecer, conversar… lo que deseamos, de forma que se haga la voluntad del Padre y abunden los frutos del Reino.
Así, si vivimos insertos en la vid de Cristo, cualquier “altercado”, “discusión” o “tensión” que se manifieste en la familia, la pareja, la comunidad, el trabajo, grupos de amigos, en nuestro vivir cotidiano… podrá encaminarse hacia su superación, ya que con Él todo es posible. No nos “durmamos”, ni un segundo, pensando qué ocurriría si lo intentáramos sin Él.
¿Existe promesa mejor?
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ORACIÓN
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
Te damos gracias por colmarnos
con la savia de vida de Jesús
-que es nuestra vid verdadera-.
Queremos seguir viviendo
en unión con él y con los hermanos,
para que en las incertidumbres de la vida
sigamos creyendo, esperando
y construyendo juntos
un reino de fraternidad y de amor.
Y cuando andemos un poco a ciegas en la oscuridad
-en días de prueba y sufrimiento-,
danos la convicción
de que tú estás purificando nuestra fe
y de que estás siempre con nosotros:
en los hermanos y en tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 15,1-6.)
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Los que habían sido enviados por la Iglesia partieron y atravesaron Fenicia y Samaría, contando detalladamente la conversión de los paganos. Esto causó una gran alegría a todos los hermanos. Cuando llegaron a Jerusalén, fueron bien recibidos por la Iglesia, por los Apóstoles y los presbíteros, y relataron todo lo que Dios había hecho con ellos. Pero se levantaron algunos miembros de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron que era necesario circuncidar a los paganos convertidos y obligarlos a observar la Ley de Moisés. Los Apóstoles y los presbíteros se reunieron para deliberar sobre este asunto.
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SALMO
(Salmo 122(121),1-2.3-4a.4b-5.)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
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EVANGELIO
(Juan 15,1-8)
Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»
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COMENTARIO
(Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa)
En lo que se refiere a la Iglesia, la concepción sobre ella más accesible al espíritu humano es la de una comunidad de creyentes. Cualquiera que cree en Jesucristo y en su Evangelio y espera el cumplimiento de sus promesas, cualquiera que está unido a él por un sentimiento de amor y obedece sus mandamientos, debe de estar unido a todos los que comparten el mismo espíritu por una profunda comunión espiritual y por un verdadero afecto. Los que siguieron al Señor durante su estancia en la tierra fueron los primeros brotes jóvenes de la comunidad cristiana; son ellos los que la difundieron y transmitieron las riquezas de la fe que les dio cohesión, como herencia a los tiempos que les siguieron hasta nuestros días.
Incluso una comunidad humana natural puede llegar a ser mucho más que una simple asociación de individuos distintos, puesto que puede haber una unión estrecha que llegue a crear una unidad orgánica; y esto es todavía más fuerte y más verdadero tratándose de la comunidad sobrenatural de la Iglesia. La unión del alma con Cristo es muy distinta de la comunión entre dos personas terrenas; esta unión, iniciada en el bautismo y reforzada constantemente por los demás sacramentos, es una integración y una impulsión de savia –tal como nos lo dice el símbolo de la vid y el sarmiento. Este acto de unión con Cristo comporta un acercamiento, miembro a miembro, entre todos los cristianos. Es así que la Iglesia toma la figura del cuerpo místico de Cristo. Este cuerpo es un cuerpo viviente y el espíritu que lo anima es el Espíritu de Cristo que, partiendo de la cabeza fluye hacia todos los miembros (Ef 5,23.30); el espíritu que emana de Cristo es el Espíritu Santo y la Iglesia es, pues, el templo del Santo Espíritu (Ef 2,21-22).
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REFLEXIÓN
“Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador”
Jesús nos incluye como elemento dentro de su gran plan de salvación: la vid (Jesús), los sarmientos (los seguidores) y el labrador (el Padre) y sobre todo nos da un instrumento de limpieza y poda, que es la Palabra de Él: “A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado”.
Jesús nos está invitando a seguirlo, pero ese seguimiento implica constancia y permanencia en su Palabra. “Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino”, si no nos limitamos meramente a creer en Jesús, sino que le creemos a Jesús, entonces permaneceremos en Él, y Él permanecerá en nosotros y todo lo que le pidamos se realizará.
Debemos estar vigilante y permanecer en Él, saber ver que está ahí con nosotros o que, al menos, al despertar de nuestros despistes cristianos, podamos decirle: “Perdona, no me había dado cuenta de que estabas ahí”. Velar es permanecer en el camino, no cesar en la búsqueda de la verdad, comprometerse para que triunfe en este mundo la vida. Para velar y permanecer en Él, es necesario orar, para conservar en el corazón sus palabras y pedir, alabar, adorar, agradecer, conversar… lo que deseamos, de forma que se haga la voluntad del Padre y abunden los frutos del Reino.
Así, si vivimos insertos en la vid de Cristo, cualquier “altercado”, “discusión” o “tensión” que se manifieste en la familia, la pareja, la comunidad, el trabajo, grupos de amigos, en nuestro vivir cotidiano… podrá encaminarse hacia su superación, ya que con Él todo es posible. No nos “durmamos”, ni un segundo, pensando qué ocurriría si lo intentáramos sin Él.
¿Existe promesa mejor?
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ORACIÓN
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
Te damos gracias por colmarnos
con la savia de vida de Jesús
-que es nuestra vid verdadera-.
Queremos seguir viviendo
en unión con él y con los hermanos,
para que en las incertidumbres de la vida
sigamos creyendo, esperando
y construyendo juntos
un reino de fraternidad y de amor.
Y cuando andemos un poco a ciegas en la oscuridad
-en días de prueba y sufrimiento-,
danos la convicción
de que tú estás purificando nuestra fe
y de que estás siempre con nosotros:
en los hermanos y en tu Hijo,
Jesucristo nuestro Señor
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martes, 26 de abril de 2016
Lecturas del 26/04/2016: Martes de la quinta semana de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 14,19-28.)
Vinieron de Antioquía y de Iconio algunos judíos que lograron convencer a la multitud. Entonces apedrearon a Pablo y, creyéndolo muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad. Pero él se levantó y, rodeado de sus discípulos, regresó a la ciudad. Al día siguiente, partió con Bernabé rumbo a Derbe. Después de haber evangelizado esta ciudad y haber hecho numerosos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir. A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos. Después permanecieron largo tiempo con los discípulos.
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SALMO
(Salmo 145(144),10-11.12-13ab.21.)
Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.
Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre.
Mi boca proclamará la alabanza del Señor:
que todos los vivientes bendigan su santo Nombre,
desde ahora y para siempre.
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EVANGELIO
(Juan 14,27-31a)
Jesús dijo a sus discípulos: «Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.»
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COMENTARIO
(San Columbano (563-615), monje, fundador de monasterios)
Moisés escribió en la Ley: "Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza." (Gn 1,26)...Pues, nos toca a nosotros reflejar a nuestro Dios, nuestro Padre, la imagen de su santidad... No seamos pintores de una imagen extraña...Y para que no introduzcamos en nosotros la imagen del orgullo ¡dejemos que Cristo pinte en nosotros su imagen¡ Lo hizo cuando dijo: "Os dejo la paz, os doy mi propia paz." (Jn 14,27)
Pero ¿a qué sirve saber que esta paz es buena para nosotros si no la guardamos con cuidado? Lo bueno es a menudo muy frágil, y los bienes preciosos necesitan un cuidado esmerado y una gran vigilancia. La paz es muy frágil y se puede perder por una palabra dicha con ligereza o por una pequeña herida causada al hermano. Ahora bien, no hay nada que guste tanto a los humanos como hablar palabras ociosas y ocuparse de cosas que no les importa, hacer discursos vanos y criticar a los ausentes. De ahí se desprende que los que no puedan decir con el profeta: "El Señor me ha dado una lengua de discípulo para que sepa sostener con mi palabra al abatido." (Is 50,4), se callen, o bien, si dicen alguna palabra que sea una palabra de paz... "La plenitud de la Ley consiste en el amor." (cf Rm 13,8) ¡Que Nuestro Señor y Salvador Jesucristo se digne inspirar nuestras palabras, él que es el autor de la paz y el Dios del amor.
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REFLEXCIÓN
“Mi paz os doy”
El Señor ha derramado la paz en nuestro corazón y está presente dentro de nosotros, con el Padre y el Espíritu Santo. Esto nos da un sentido de seguridad y de fuerza, si Dios está con nosotros, ¿quién estará en contra?
Sin embargo, a menudo nos inquietamos y atemorizamos, ya que el mundo se presenta amenazante, los pasiones no dan tregua, todo parece como si Dios no existiera”, y Dios calla dentro de nosotros, juega a esconderse, no responde. Entonces nuestro corazón se espanta, nos asalta la duda y la paz queda asediada. Entonces ahora es cuando debemos recordar que Dios está presente en la luz oscura de la fe, que hemos de ejercitar en esos momentos para oír aquello que no oímos, para ver aquello que no vemos, para aferrarnos a un agarradero que hemos de buscar en la niebla. Es, en efecto, la fe lo que está en la base de la paz, que, de hecho, procede de la comunión con Dios. Fe en el Dios ya presente, pero no poseído aún en plenitud; fe que se madura con el tiempo, que se perfecciona en la búsqueda, que se purifica a través de los acontecimientos más duros y atroces de nuestro vivir.
La paz procede de una mirada de fe sobre la realidad de un Dios presente, aunque buscado con todo el ardor de un corazón herido por el sentimiento de su ausencia. La paz viene cuando se comprende y se acepta el misterio de la ausencia de Dios también en su presencia, en su silencio, en el sufrimiento y el misterio de la cruz como momento más elevado del amor de Dios y del testimonio de nuestro amor por Él.
Podremos ser cristianos normales o seres vulgares, hombres descreídos o personajes mundanos, pero con la fe y la esperanza nos va a ser muy difícil dudar acerca de la verdad del evangelio, de la realidad de Dios.
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ORACIÓN
¡Señor!
¡Colma de esperanza mi corazón
y de dulzura mis labios!
Pon en mis ojos la luz que acaricia y purifica,
en mis manos el gesto que perdona.
Dame el valor para la lucha,
compasión para las injurias,
misericordia para la ingratitud y la injusticia.
Líbrame de la envidia
y de la ambición mezquina,
del odio y de la venganza.
Y que al volver hoy nuevamente
al calor de mi lecho, pueda,
en lo más íntimo de mi ser,
sentirte a Tí presente.
Amén.
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