sábado, 16 de abril de 2016

Lecturas del 16/04/2016: Sábado de la tercera semana de Pascua


PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 9,31-42.)

 
 
La Iglesia, entre tanto, gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba consolidando, vivía en el temor del Señor y crecía en número, asistida por el Espíritu Santo. Pedro, en una gira por todas las ciudades, visitó también a los santos que vivían en Lida. Allí encontró a un paralítico llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años. Pedro le dijo: "Eneas, Jesucristo te devuelve la salud: levántate, y arregla tú mismo la cama". El se levantó en seguida, y al verlo, todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sarón se convirtieron al Señor. Entre los discípulos de Jope había una mujer llamada Tabitá, que quiere decir "gacela". Pasaba su vida haciendo el bien y repartía abundantes limosnas. Pero en esos días se enfermó y murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación de arriba. Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes. Pedro salió en seguida con ellos. Apenas llegó, lo llevaron a la habitación de arriba. Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las túnicas y los abrigos que les había hecho Tabitá cuando vivía con ellas. Pedro hizo salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia el cadáver, dijo: "Tabitá, evántate". Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. El la tomó de la mano y la hizo levantar. Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y se la devolvió con vida. La noticia se extendió por toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Señor.

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SALMO
(Salmo 116(115),12-13.14-15.16-17.)

¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor.

Cumpliré mis votos al Señor
en presencia de todo su pueblo.
¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!

Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor.

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EVANGELIO
(Juan 6,60-69)

 
Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: "¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?". Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen". En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede". Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: "¿También ustedes quieren irse?". Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios".

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COMENTARIO
(San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia)

Leemos en el Evangelio que cuando el Señor se puso a predicar e instruir a sus discípulos sobre el misterio de su cuerpo dado a nosotros como alimento, y la necesidad de participar en sus sufrimientos, algunos dijeron: «Este modo de hablar es duro» y muchos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Mas, cuando Jesús preguntó a sus discípulos si también ellos querían marcharse, contestaron. «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna».


Igualmente os digo, hermanos, que, hoy en día, también para algunos las palabras de Jesús son «espíritu y vida» y caminan en pos de él. Pero a otros les parecen duras, de tal manera que buscan en otra parte una miserable consolación. En efecto «la Sabiduría alza su voz por las plazas» (Pr 1,20), y con más precisión aún «espacioso es el camino que lleva a la perdición» (Mt 7,13) para llamar a aquellos que se han comprometido con él. «Durante cuarenta años –dice un salmo-estando cerca de ellos, aquella generación me asqueó y dije: es un pueblo de corazón extraviado» (94,10). «Dios ha hablado una vez»(Sl 61,12): una vez, sí, porque su Palabra es única, ininterrumpida y perpetua. Ella invita a los pecadores a que entren en su propio corazón, puesto que es allí que él habita, allí que les habla... «Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis vuestro corazón» (Sl 94,8). Y en el Evangelio se nos dicen casi las mismas palabras...: «Mis ovejas escuchan mi voz» (Jn 10,17)... «Vosotros sois su pueblo, el rebaño que él guía, si hoy escucháis su voz» (Sl 94,8).

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REFLEXIÓN

“Comer” su carne y “Beber” su sangre – Eucaristía

 
Las palabras de Jesús siempre han sido motivo de controversia y hoy día no es diferente. Su seguimiento es exigente, duro, el estilo de vida que implica estar ceñido con los gustos, las tendencias del mundo actual. Seguir a Jesús implica hacerse uno con Él, “comer su carne”, no solo en la Eucaristía, sino también participar de su encarnación, y “beber la sangre” de su sacrificio.

Los que queremos perseverar, los que queremos permanecer fieles a Él, necesitamos comer constantemente de ese “pan de Vida”, no solo en la mesa de la Eucaristía, sino también en la mesa de la Palabra, que es también fuente de vida eterna: “¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”.

En la Eucaristía encontramos alimento, y en la Palabra el aliento y el consuelo que nos permite continuar en el camino a la Vida eterna que Él regala de balde a los que comemos de su cuerpo y bebemos de su sangre.

Él siempre tiene la mesa de la Eucaristía y la mesa de la Palabra dispuestas para ti. ¡Acércate! Él te está esperando…

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ORACIÓN

Padre, me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, te doy las gracias.

Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí,
y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Padre.

Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor
de que soy capaz,
porque te amo.

Y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre.

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viernes, 15 de abril de 2016

Lecturas del 15/04/2016: Viernes de la tercera semana de Pascua

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 9,1-20.)

 
Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres. Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?". El preguntó: "¿Quién eres tú, Señor?". "Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer". Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: "¡Ananías!". El respondió: "Aquí estoy, Señor". El Señor le dijo: "Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. El está orando y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista". Ananías respondió: "Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre". El Señor le respondió: "Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre". Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: "Saulo, hermano mío, el Señor Jesús -el mismo que se te apareció en el camino- me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo". En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

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SALMO
(Salmo 117(116),1.2.)

¡Alaben al Señor, todas las naciones,
glorifíquenlo, todos los pueblos!

Porque es inquebrantable su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre.

¡Aleluya!

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EVANGELIO
(Juan 6,52-59)

 
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente". Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.



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COMENTARIO
(Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa)

El camino que conduce a la vida interior y a los coros de los espíritus bienaventurados cantando el eterno Sanctus, es Cristo. Su sangre es la cortina del Templo a través de la cual penetramos en el Santo de los Santos de la vida divina (Heb 9,11; 10,20). Por el bautismo y el sacramento de la penitencia nos purifica del pecado, abre nuestros ojos a la luz eterna, abre nuestros oídos para percibir la Palabra divina, abre nuestros labios para entronar el canto de alabanza, para orar la plegaria de reconciliación, de petición, de acción de gracias; y todas estas plegarias no son otra cosa que formas diversas de la única y misma adoración...

Más, por encima de todo, la persona de Cristo es el sacramento que hace de todos nosotros los miembros de su cuerpo. Participando en el sacrificio y a la comida sagrada, siendo alimentados con el cuerpo y la sangre de Jesús, nosotros mismos llegamos a ser su cuerpo y su sangre. Y es solamente cuando llegamos a ser miembros de su cuerpo, y en la medida en que lo somos de verdad, que su Espíritu puede vivificarnos y reinar en nosotros... Llegamos a ser miembros del cuerpo de Cristo «no solamente por el amor..., sino también, y muy realmente, siendo uno con su carne: y esto se realiza a través de la comida que él nos ha ofrecido para demostrarnos el deseo que él tiene de nosotros. Por eso él mismo se ha abajado hasta llegar nosotros y es él quien modela en nosotros su propio cuerpo, para que seamos uno, al igual que el cuerpo está unido a la cabeza» (S. Juan Crisóstomo). En tanto que miembros de su cuerpo, animados por su mismo Espíritu, nos ofrecemos nosotros mismos en sacrificio « por él, con él y en él» y unimos nuestras voces a la acción de gracias eterna.

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REFLEXIÓN

“Fortalecer la Iglesia Domestica que tenemos y llevamos en nuestro Interior”

 
Dios, en su infinita sabiduría que rebasa toda comprensión humana, hace de la conversión de Saulo, el mayor perseguidor, en Pablo quien se convirtió, en un instante, en el más valiente y decidido defensor de “La Iglesia Naciente”. Pablo fue precisamente la persona que Jesús, en su sabia “necedad”, escogió para ser el “súper apóstol” que necesitaba su Iglesia, pequeña como un grano de mostaza, extendiera sus ramas hasta los confines de la tierra.

¿Qué ocurrió en ese instante enceguecedor en que Saulo cayó en tierra, que le hizo entregarse a la causa de Jesús? Jesús le mostró a Pablo en ese instante un Amor como no había conocido jamás, y en ese momento Saulo conoció la Verdad, el Amor incondicional que Dios nos tiene y ese impacto de Amor fue tal, que Pablo experimentó una conversión instantánea. Ya no había marcha atrás; había conocido el Amor de Dios, y ese Amor lo impulsó, lo obligó a compartirlo; no pudo evitarlo, era una fuerza superior a la de él.

El perseguidor se enamoró del perseguido y se sintió llevado a predicar el amor hacia Él a todos. Eso le llevaría a evangelizar a los pueblos paganos, lo que le ganó el título de “apóstol de los gentiles”.

Y Nosotros, ¿hemos sentido ese Amor y tenido un encuentro íntimo con Jesús? Si hemos sentido un impulso incontrolable de predicar con palabras y testimonio de vida ese Amor a todos, no hay duda que lo hemos tenido. Pero si todavía lo dudamos o somos necios en no recibirlo y no cambiar nuestra vida, tenemos una buena Noticia “Estamos a tiempo”. “Pero el tiempo se nos puede terminar”.

Para conocerás ese Amor, y vivir por Él, como lo hizo Saulo de Tarso después de aquél encuentro en el camino a Damasco, es necesario que Jesús habite en nosotros, y nosotros habitemos en Él.

Si creemos en Jesús y le creemos a Jesús, es decir, si tenemos fe, hay que creer que Él está real y sustancialmente presente en las especies eucarísticas, con todo su cuerpo, sangre, alma y divinidad, para ello acerquémonos a la Santa Eucaristía, Jesús nos dice: “Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí”.

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ORACIÓN

Te pedimos, Señor, que ya que nos has dado la gracia de conocer la resurrección de tu Hijo, nos concedas también que el Espíritu Santo, con su amor, nos haga resucitar a una vida nueva.

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jueves, 14 de abril de 2016

Lecturas del 14/04/2016: Jueves de la tercera semana de Pascua

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 8,26-40.)

 
El Ángel del Señor dijo a Felipe: "Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto". El se levantó y partió. Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu Santo dijo a Felipe: "Acércate y camina junto a su carro". Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: "¿Comprendes lo que estás leyendo?". El respondió: "¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?". Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca. En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra? El etíope preguntó a Felipe: "Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?". Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús. Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: "Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?". Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino. Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea.

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SALMO
(Salmo 66(65),8-9.16-17.20.)

Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza:
él nos concedió la vida
y no dejó que vacilaran nuestros pies.

Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
apenas mi boca clamó hacia él,
mi lengua comenzó a alabarlo.

Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia.

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EVANGELIO
(Juan 6,44-51)

Jesús dijo a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".

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COMENTARIO
(Santa Teresa de Ávila (1515-1582), carmelita descalza y doctora de la Iglesia)

Cuando el Señor suspende y hace parar (el entendimiento), dale de qué se espante y se ocupe, y que sin discurrir entienda más en un credo que nosotros podemos entender con todas nuestras diligencias de tierra en muchos años. Ocupar las potencias del alma y pensar hacerlas estar quedas, es desatino....

Hartos años estuve yo que leía muchas cosas y no entendía nada de ellas; y mucho tiempo que, aunque me lo daba Dios, palabra no sabía decir para darlo a entender, que no me ha costado esto poco trabajo. Cuando su Majestad quiere, en un punto lo enseña todo, de manera que yo me espanto. Una cosa puedo decir con verdad: que, aunque hablaba con muchas personas espirituales que querían darme a entender lo que el Señor me daba, para que se lo supiese decir, y es cierto que era tanta mi torpeza que poco ni mucho me aprovechaba; o quería el Señor, como su Majestad fue siempre mi maestro (sea por todo bendito, que harta confusión es para mí poder decir esto con verdad), que no tuviese a nadie que agradecer; y sin querer ni pedirlo (que en esto no he sido nada curiosa porque fuera virtud serlo sino en otras vanidades), dármelo Dios en un punto a entender con toda claridad y para saberlo decir, de manera que se espantaban y yo más que mis confesores, porque entendía mejor mi torpeza.... Torno otra vez a avisar que va mucho en no subir el espíritu si el Señor no le subiere; qué cosa es, se entiende luego.

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REFLEXIÖN

“Ir por todo el mundo y proclamar el Evangelio”

 
Aquél etíope encontró el Evangelio, no en el templo, sino en la carretera de Jerusalén a Gaza. ¡Jesús viene a nuestro encuentro en las calles, en las carreteras, en todos los caminos! El Evangelio es Palabra de Dios viva, y nos sale al paso donde menos lo imaginamos. Al igual que Felipe, todos estamos llamados a proclamar la Buena Noticia de la Resurrección a todo el que se cruce en nuestro camino, sobre todo con nuestro testimonio de vida.

La Biblia es un libro que hace milagros, que cambia, que transforma ya que la palabra de Dios es viva y eficaz, hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió y ver el sentido exacto de los textos, un relato suelto no permite conocer mucho a Dios, hace falta ver el conjunto completo. Sólo así cada parte adquiere su valor.

La Iglesia, por esta razón, nos da cada día en la liturgia de la palabra de la Misa las piezas para entender la Escritura y que conozcamos a Dios, cada día vamos asimilando, ampliando y comprendiendo todo el contexto. Así como refiere el pasaje bíblico “Felipe le pregunta “¿Entiendes lo que estás leyendo? La repuesta se da ¿Y cómo voy a entenderlo si nadie me guía?”. Nosotros deseamos entenderla, con humildad, buscar a quien nos explique, teniendo confianza y la docilidad entender de qué uno por sí mismo no logra comprender, hace falta vivir en comunión con la Iglesia, que aparece, aquí, representada por Felipe. El mensaje se comunica por mensajeros vivos, quienes nos guían y nos indican el camino. Quizá es momento de darle gracias al Señor por todos los que nos han comunicado la tradición: nuestros padres, catequistas, amigos, sacerdotes…

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ORACIÓN

Dios todopoderoso y eterno que nos has revelado más claramente tu amor y nos has permitido conocerlo con más profundidad, concede a quienes has librado de las tinieblas del error adherirse con firmeza a las enseñanzas de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

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miércoles, 13 de abril de 2016

Lecturas del 13/04/2016: Miércoles de la tercera semana de Pascua


PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 8,1b-8.)



Ese mismo día, se desencadenó una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los Apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban y lo lloraron con gran pesar. Saulo, por su parte, perseguía a la Iglesia; iba de casa en casa y arrastraba a hombres y mujeres, llevándolos a la cárcel. Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra. Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados. Y fue grande la alegría de aquella ciudad.


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SALMO
(Salmo 66(65),1-3a.4-5.6-7a.)

¡Aclame al Señor toda la tierra!
¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!»

Toda la tierra se postra ante ti,
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.
Vengan a ver las obras del Señor,
las cosas admirables que hizo por los hombres.

El convirtió el Mar en tierra firme,
a pie atravesaron el Río.
Por eso, alegrémonos en él,
que gobierna eternamente con su fuerza.

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EVANGELIO
(Juan 6,35-40)


Jesús dijo a la gente: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré,
porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió. La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día".


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COMENTARIO
(San Francisco de Asís (1182-1226), fundador de los Hermanos menores)

Dios todopoderoso, eterno, justo y bueno, por nosotros mismos no somos más que pobreza.

Pero tú, a causa de ti mismo, concédenos hacer eso que sabemos es lo que tú quieres, y querer siempre lo que te complace.

Así, interiormente purificados, iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu, llegaremos a ser capaces de seguir las huellas de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por tu sola gloria, llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en simplicísima Unidad, vives y reinas y recibes toda gloria, Dios todopoderoso por los siglos de los siglos. Amén.

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REFLEXIÓN
“Ésta es la voluntad del Padre: que todo el que ve al Hijo tenga vida eterna”

Todo el que reconoce, recibe mediante la fe al Hijo de Dios, crea en Él tendrá la vida eterna y resucitará en el último día. La fe es un don de Dios que nos los da para ver las verdades reveladas y no es algo que se logre por el mero esfuerzo humano.

Pero es necesaria nuestra colaboración y Él siente nuestra necesidad, habremos cristianos que llevamos años buscando esas verdades y no las encontramos porque nuestro en nuestro interior estamos completamente secos, la falta está en nuestros corazones que se comportan como el de los judíos del evangelio "que vieron pero no creyeron".

Nada hemos de valorar tanto como este regalo de la fe por defenderla, se da incluso la vida, como tantas veces ha ocurrido a lo largo de los siglos. Pero no nos sintamos solos, “Cristo” nos espera con los brazos abiertos, porque quien camina hacia Él por la fe, nunca será rechazado.

El ideal de cumplir siempre su voluntad es costoso dado que: El orgullo, la pereza espiritual o el miedo son obstáculos que necesitamos vencer, pero frecuentemente olvidamos que sólo su gracia podrá lograr esa transformación de nuestro egoísmo y soberbia en amor hacía Él y a los demás. “Señor nunca permitas que me aparte de la fuente de esa gracia ¡La Eucaristía!”.

Que el recibir la Eucaristía nunca se convierta en un acto rutinario, hoy (y siempre) debemos prepararnos lo mejor posible para recibirla y agradeceré a Dios en su infinito Amor y Misericordia.

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ORACIÓN

Ven, Señor, en ayuda de nosotros, y a cuantos hemos recibido el don de la fe concédenos tener parte en la herencia eterna de tu Hijo resucitado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

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martes, 12 de abril de 2016

Lecturas del 12/04/2016: Martes de la tercera semana de Pascua

 
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 7,51-60.8,1a.)

 
Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: "¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres. ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes, los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron". Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él. Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios. Entonces exclamó: "Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios". Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre; y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y al decir esto, expiró. Saulo aprobó la muerte de Esteban.

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SALMO
(Salmo 31(30),3cd-4.6ab.7b.8a.17.21ab.)

Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.

Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Confío en el Señor.
¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!

Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia.
Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres.

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EVANGELIO
(Juan 6,30-35)

La gente dijo a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo". Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo". Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

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COMENTARIO
(San Columbano (563-615), monje, fundador de monasterios)

El profeta dice: "Sedientos todos, acudid por agua" (Is 55,1). Se trata de los que tienen sed, no de los que beben. Llama a los que tienen hambre y sed, aquellos que en otra parte les nombra bienaventurados (Mt 5,6), aquellos cuya sed jamás se apaga, y cuya sed aumenta cuanto más van a la fuente a beber. Debemos pues, hermanos, desear la fuente de la sabiduría, el Verbo de Dios en las alturas, debemos buscarla, debemos amarla. En ella están escondidos, tal como lo dice el apóstol Pablo, "todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia" (Col 2,3) e invita a beber a todos los que tienen sed.

Si tú tienes sed, vete a beber a la fuente de vida. Si tienes hambre, come el pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este pan y sed de esta fuente. Bebiendo y comiendo sin fin, desean cada vez más beber y comer; dulce es este alimento y dulce esta bebida. Comemos y bebemos, pero seguimos teniendo hambre y sed; nuestro deseo está colmado y seguimos deseando. Por eso David, el rey profeta, clama: "Gustad y ved qué bueno es el Señor" (Sl 33,9). Por eso, hermanos, sigamos nuestra llamada. La Vida, la fuente de agua viva, la fuente de la vida eterna, la fuente de la luz y manantial de claridad, ella misma nos invita a venir y beber (Jn 7,37). Allí encontramos la sabiduría y la vida, la luz eterna. Allí bebemos del agua viva que mana hasta la vida eterna (Jn 4,14).

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REFLEXIÓN

“Yo soy el pan de vida”

El discurso que pronuncia Esteban (Mártir) ante el sumo sacerdote y el tribunal, En él, Esteban repasa la historia, ayer y hoy, de la salvación centrando su atención en cómo los judíos y nosotros cerráramos el corazón a la palabra divina eliminando todo aquel que nos habla de Dios, advirtiéndonos: “altivos, cerrados de corazón y de oídos” Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que sus antepasados, Ellos mataron a los que anunciaban la venida y la existencia de Jesús, y ahora nosotros lo traicionamos y eliminamos con nuestra actitud de no ver y recibir a Dios “Jesús” en nuestra vida.

El testimonio que da Esteban viene de arriba: Dios habla por medio suyo. Del mismo modo, comprobamos muchas veces que la grandeza de la palabra y el testimonio de Dios nos viene a través de la pequeñez humana de aquellos que formamos la Iglesia. Se cumplen así las paradojas presentes en el evangelio: para ser grande, hay que ser pequeño; el mayor es el que sirve; el que pierde su vida la gana; la fuerza se manifiesta en la debilidad, etc.

Jesús rectifica a sus interlocutores: “No fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que nos da el verdadero pan del cielo”. Moisés murió y esa es la prueba evidente de su pequeñez; pero al mismo tiempo fue grande porque confió en Dios y puso lo que tenía a su servicio, viviendo con fidelidad la dura tarea de conducir al pueblo de Israel. Pero quien sostiene y realiza la obra buena “El Mana” en última instancia es su verdadero autor, que es divino.

Pidamos al Señor que vivamos siempre con docilidad las inspiraciones del Espíritu y seamos capaces de reconocer su voz aunque nos llegue por instrumentos sencillos y pobres.

Hambre de pan, hambre de Dios. ¿Cuál de las dos predomina en mí?

Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida”. El sacia el hambre y la sed. ¿Qué experiencia tengo de esto?

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ORACIÓN

En ti, Yahvé, me cobijo,
¡nunca quede defraudado!
¡Líbrame conforme a tu justicia,
tiende a mí tu oído, date prisa!
Sé mi roca de refugio,
alcázar donde me salve. (Sal 31,2-3)

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lunes, 11 de abril de 2016

Lecturas del 11/04/2016: Lunes de la tercera semana de Pascua

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 6,8-15.)

Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y signos en el pueblo. Algunos miembros de la sinagoga llamada “de los Libertos”, como también otros, originarios de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para discutir con él. Pero como no encontraban argumentos, frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra, sobornaron a unos hombres para que dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y contra Dios. Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín. Entonces presentaron falsos testigos, que declararon: “Este hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar santo y contra la Ley. Nosotros le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este Lugar y cambiará las costumbres que nos ha transmitido Moisés”. En ese momento, los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel.

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SALMO
(Salmo 119(118),23-24.26-27.29-30.)

Aunque los poderosos se confabulen contra mí,
yo meditaré tus preceptos.
Porque tus prescripciones son todo mi deleite,
y tus preceptos, mis consejeros.

Te expuse mi conducta y tú me escuchaste:
enséñame tus preceptos.
Instrúyeme en el camino de tus leyes,
y yo meditaré tus maravillas.

Apártame del camino de la mentira,
y dame la gracia de conocer tu ley.
Elegí el camino de la verdad,
puse tus decretos delante de mí.

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EVANGELIO
(Juan 6,22-29)

Después de que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”. Ellos le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”. Jesús les respondió: “La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado”.

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COMENTARIO
(San Ignacio de Antioquia (¿- c. 110), obispo y mártir)

Vosotros, hijos de la verdadera luz, huid de las disputas y malas doctrinas. Igual que las ovejas, seguid a todas partes a vuestro pastor. Porque a menudo unos lobos aparentemente dignos de fe hacen extraviar a los que corren en los caminos de Dios, pero si permanecéis unidos, no encontrarán lugar adecuado entre vosotros.

Tened cuidado de no participar más que a una sola eucaristía; en efecto, no hay más que una sola carne de nuestro Señor, una sola copa para unirnos en su sangre, un solo altar, igual que no hay más que un solo obispo rodeado de presbíteros y diáconos. Entonces, todo lo que hagáis, lo haréis según Dios… Mi refugio es el Evangelio, que es para mí el mismo Jesús en carne, y los apóstoles son los que encarnan el presbiterio de la Iglesia. Amemos también a los profetas, porque también ellos han anunciado el Evangelio; pusieron su esperanza en Cristo y lo esperaron; creyendo en él fueron salvados y, permaneciendo en la unidad de Jesucristo, santos dignos de amor y de admiración, merecieron recibir el testimonio de Jesucristo y tener parte en el Evangelio, nuestra común esperanza…

Dios no habita donde reina la división y la cólera. Sino que el Señor perdona a todos los que se arrepienten, si el arrepentimiento les conduce a la unidad de Dios y a la comunión con el obispo. Creo en la gracia de Jesucristo que nos librará de toda cadena. Os lo suplico, no actuéis jamás por espíritu de disputa, sino según la enseñanza de Cristo. He oído a algunos que dicen: “Lo que no encuentro en los archivos, no lo creo en el Evangelio”… Para mí, mi archivo, es Cristo; mis archivos inviolables, son su cruz, su muerte y su resurrección y la fe que se desprende de ellas. Es de ahí que espero, con la ayuda de vuestras plegarias, toda mi justificación.

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REFLEXIÓN

"Vivir, Conocer, Amar y Seguir"

La multitud que sigue a Jesús, impresionada por sus milagros, presencian la multiplicación de los panes y han saciado su hambre corporal, quieren seguirlo y al no encontrarlo, fueron a Cafarnaún en busca de Jesús; Cuando al fin lo encuentran, Jesús les cuestiona sus motivaciones para seguirle: “Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios”.

No se trata de que las motivaciones sean malas, pues se refieren a satisfacer necesidades humanas básicas, lo que Jesús quiere transmitirles a ellos (y a nosotros) es que esas no son motivaciones válidas para seguirle.

Miremos nuestra vida, en ocasiones no nos encontramos con Dios porque no estamos donde tenemos que estar: Vamos a Misa y estamos pensando en lo que tenemos que hacer por la tarde, salimos de paseo y estamos mirando la agenda para mañana, estamos en el trabajo y nos gustaría estar rezando en un monasterio, vamos a un monasterio y no sabemos encontrar lo que queremos….

Nunca tenemos el cuerpo, la cabeza y el corazón en el mismo sitio y así cuesta encontrar al Señor. Otras veces nos pasa que sabemos cosas del Señor, pero no le queremos, es duro decirlo y aceptarlo, pero no queremos a Dios como queremos a nuestra mujer o nuestro marido, a nuestros hijos, padres o a la novia, o a los hermanos o a los amigos. Conocemos a Dios pero no nos sabemos queridos por Él y no le reconocemos. Podemos tener a Dios delante y no darnos cuenta, a nuestro lado y no saber dónde está. Cuántos sufrimos porque esperamos de Dios cosas y no que le quisiéramos. Y cuando ya descubrimos a Dios surge el encuentro personal con Cristo. Donde te das cuenta que Dios está contigo y te llama. No tenemos un Dios “ajustado a nuestra medida”, todos iguales, cada uno tenemos nuestra misión y nuestra vocación para transformar el mundo en que vivimos.

“La obra que Dios quiere es ésta, que creamos en el que él ha enviado”, nos dice Jesús. Y para creer tenemos que conocer su Amor. “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”, y ese amor nos hará creer en Jesús Resucitado, que es el pan de vida que puede saciar todas nuestras hambres y nos conduce a la vida eterna.

Hoy San Esteban Diacono

 
¡Que se te note!” Algo así sucedió a Esteban estaba tan “lleno de gracia y poder”, que realizaba grandes prodigios y signos delante del pueblo, y predicaba con tanta elocuencia que nadie podía rebatir su discurso. Esa gracia y poder provenían de la efusión del Espíritu Santo que había recibido por la oración e imposición de manos de los Apóstoles (6,6) al ser ordenado como diácono. Tan grande era su fe, y el Espíritu obraba con tanto poder en él, que cuando fue apresado y conducido ante el Sanedrín, “todos los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel”.

En ocasiones anteriores, al tratar el tema de la fe, hemos dicho que la fe es “algo que se ve”. Porque los hombres y mujeres de fe actúan conforme a la Palabra de Jesús, en quien confían plenamente. Y eso se ve, la gente lo nota, y les hace decir: “Yo no sé lo que esa persona quiere, pero yo quiero de eso”. La persona que cree en Jesús, y le cree a Jesús, actúa diferente, despliega una seguridad que es contagiosa, y la gente le nota algo distinto en el rostro. Es la certeza de que Dios le ama y que su voluntad es que todos alcancemos la salvación. Eso fue lo que los del Sanedrín vieron en Esteban, al punto que “su rostro les pareció el de un ángel”

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ORACIÓN

Señor, te pido perdón por haber faltado contra Ti, ya sea por mis omisiones, por mis faltas o por mis pecados. Estoy arrepentido de todo corazón y te prometo esforzarme por no volver a cometerlos nuevamente. Gracias por tu perdón y por tu inmensa misericordia. Yo sé que no lo merezco, pero Tú aun así quieres salvarme. Gracias Señor por amarme tanto.

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domingo, 10 de abril de 2016

Lecturas del 10/04/2016: Tercer domingo de Pascua

PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,27b-32.40b-41.)

Los hicieron comparecer ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo: "Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!". Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen". Llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús.

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SALMO
(Salmo 30(29),2.4.5-6.11.12a.13b.)

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo

y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
Canten al Señor, sus fieles;

den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:

si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.
«Escucha, Señor, ten piedad de mí;

ven a ayudarme, Señor.»
Tú convertiste mi lamento en júbilo,
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!

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SEGUNDA LECTURA
(Apocalipsis 5,11-14.)

Y después oí la voz de una multitud de Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Seres Vivientes y de los Ancianos. Su número se contaba por miles y millones, y exclamaban con voz potente: "El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la abiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza". También oí que todas las criaturas que están en el cielo, sobre la tierra, debajo de ella y en el mar, y todo lo que hay en ellos, decían: "Al que está sentado sobre el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder, por los siglos de los siglos". Los cuatro Seres Vivientes decían: "¡Amén!", y los Ancianos se postraron en actitud de adoración.

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EVANGELIO
(Juan 21,1-19)

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres?", porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos". Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Él le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".

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COMENTARIO
(San Juan Pablo II (1920-2005), papa)

"¿Amas?... ¿Me amas?..." Para siempre, hasta el fin de su vida, Pedro hizo su camino acompañado de esta triple pregunta: "¿Me amas?" Y todas sus actividades fueron conformes a la respuesta que había dado en su momento: cuando fue llamado a aparecer delante del Sanedrín; cuando fue encarcelado en Jerusalén, de cuya cárcel no debía salir y, sin embargo, salió.  Y.. en Antioquia, y de allí, más lejos todavía, a Roma. Y cuando en Roma hubo perseverado hasta el fin de sus días, conoció la fuerza de las palabras según la que Otro le conduciría allí donde él no querría. Sabía también que, gracias a la fuerza de sus palabras, la Iglesia "era constante en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones" y que "el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando" (Hech 2,42.48)…

Pedro no quiere jamás desprenderse de esta pregunta: "¿Me amas?". Dondequiera que iba la llevaba con él. Y la lleva a través de los siglos, a través de las generaciones. En medio de pueblos nuevos y nuevas naciones. En medio de lenguas y razas siempre nuevas. Él la lleva solo, y sin embargo no es nunca solo… otros la llevan con él…Ha habido y hay muchos hombres y mujeres que han sabido y saben todavía hoy que toda su vida tiene valor y sentido solamente en la medida en que es una respuesta a esta misma pregunta: "¿Amas?  ¿Me amas?". Ellos han dado y dan su respuesta de manera total y perfecta –una respuesta heroica- o bien de manera común, ordinaria. Pero en todo caso saben que su vida, que la vida humana en general, tiene valor y sentido en la medida que es la respuesta a esta pregunta: "¿Amas?" Es sólo por esta pregunta que la vida vale la pena ser vivida.

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REFLEXIÓN

¿Tú me Amas? - ¿Sígueme?


Jesús resucitado se hace presente en nuestra vida cotidiana, en medio de la pesca, del trabajo, de la rutina de nuestras vidas cansadas porque no tenemos éxito en nuestras búsquedas ordinarias. Él se deja sentir en lo sencillo de nuestras labores. No hacen falta experiencias extraordinarias; no se trata de apariciones o manifestaciones luminosas y radiantes.

Sencillamente, es necesario tener un corazón, como el del discípulo a quien Jesús quería mucho. Un corazón que se sabe amado por el Señor, reconoce la presencia del resucitado con facilidad. Su presencia no es una prueba irrefutable, una señal inequívoca y absolutamente transparente. Jesús se hace presente en el sacramento del hermano, en el gesto fraterno que nos une, en el estallido constante de la vida que nos llega sin notarla.

¿Hasta cuándo tenemos que sufrir para comprender que Dios está siempre donde está la vida?

¿Hasta cuándo mantendremos nuestros ojos y nuestros corazones cerrados para los milagros de la vida que se presentan diariamente en todo momento?

En hoy de cada uno, tenemos que dejar atrás el miedo y la desconfianza, para abrirnos a la presencia resucitada del Señor que nos arranca de nuestras tristezas y desesperanzas, para lanzarnos a colaborar con él en la construcción de una vida plena para todos.

Pero lo definitivo es: “Sí, Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero” como repitió Pedro tres veces, recordémoslo en muchos momentos en los que intentamos volver a nuestras seguridades y sobre todo tengamos presente que quererle a Él, es querer a todos sus hijos, sobre todo a los más necesitados. Él se aparece, está cada día esperándonos en la orilla, en la calle, en los hogares, en cualquier esquina, “no notamos su presencia”.

Jesús nos dirá siempre las mismas palabras que no cesa de repetirnos día tras día: ¿Tú me amas? ¿Cuántas veces tendrá que preguntárnoslos?

Es seguro que si abrimos los oídos del alma escucharemos su voz que nos dice: “Sígueme”.

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ORACIIÓN

Señor, Tú lo sabes todo, Tú conoces lo más profundo de mi corazón. Yo sé que no me abandonas nunca y siempre estás a mi lado. Tú sabes que te amo. Te pido que en esta oración pueda abrir mi mente y mi corazón a tu palabra y pueda después llevarla con alegría a la acción Siguiéndote toda mi vida.

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