PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 7,51-60.8,1a.)
Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: "¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres. ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes, los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron". Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él. Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios. Entonces exclamó: "Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios". Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre; y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: "Señor, no les tengas en cuenta este pecado". Y al decir esto, expiró. Saulo aprobó la muerte de Esteban.
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SALMO
(Salmo 31(30),3cd-4.6ab.7b.8a.17.21ab.)
Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme.
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Confío en el Señor.
¡Tu amor será mi gozo y mi alegría!
Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia.
Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres.
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EVANGELIO
(Juan 6,30-35)
La gente dijo a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo". Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo". Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.
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COMENTARIO
(San Columbano (563-615), monje, fundador de monasterios)
El profeta dice: "Sedientos todos, acudid por agua" (Is 55,1). Se trata de los que tienen sed, no de los que beben. Llama a los que tienen hambre y sed, aquellos que en otra parte les nombra bienaventurados (Mt 5,6), aquellos cuya sed jamás se apaga, y cuya sed aumenta cuanto más van a la fuente a beber. Debemos pues, hermanos, desear la fuente de la sabiduría, el Verbo de Dios en las alturas, debemos buscarla, debemos amarla. En ella están escondidos, tal como lo dice el apóstol Pablo, "todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia" (Col 2,3) e invita a beber a todos los que tienen sed.
Si tú tienes sed, vete a beber a la fuente de vida. Si tienes hambre, come el pan de vida. Dichosos los que tienen hambre de este pan y sed de esta fuente. Bebiendo y comiendo sin fin, desean cada vez más beber y comer; dulce es este alimento y dulce esta bebida. Comemos y bebemos, pero seguimos teniendo hambre y sed; nuestro deseo está colmado y seguimos deseando. Por eso David, el rey profeta, clama: "Gustad y ved qué bueno es el Señor" (Sl 33,9). Por eso, hermanos, sigamos nuestra llamada. La Vida, la fuente de agua viva, la fuente de la vida eterna, la fuente de la luz y manantial de claridad, ella misma nos invita a venir y beber (Jn 7,37). Allí encontramos la sabiduría y la vida, la luz eterna. Allí bebemos del agua viva que mana hasta la vida eterna (Jn 4,14).
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REFLEXIÓN
“Yo soy el pan de vida”
El discurso que pronuncia Esteban (Mártir) ante el sumo sacerdote y el tribunal, En él, Esteban repasa la historia, ayer y hoy, de la salvación centrando su atención en cómo los judíos y nosotros cerráramos el corazón a la palabra divina eliminando todo aquel que nos habla de Dios, advirtiéndonos: “altivos, cerrados de corazón y de oídos” Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que sus antepasados, Ellos mataron a los que anunciaban la venida y la existencia de Jesús, y ahora nosotros lo traicionamos y eliminamos con nuestra actitud de no ver y recibir a Dios “Jesús” en nuestra vida.
El testimonio que da Esteban viene de arriba: Dios habla por medio suyo. Del mismo modo, comprobamos muchas veces que la grandeza de la palabra y el testimonio de Dios nos viene a través de la pequeñez humana de aquellos que formamos la Iglesia. Se cumplen así las paradojas presentes en el evangelio: para ser grande, hay que ser pequeño; el mayor es el que sirve; el que pierde su vida la gana; la fuerza se manifiesta en la debilidad, etc.
Jesús rectifica a sus interlocutores: “No fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que nos da el verdadero pan del cielo”. Moisés murió y esa es la prueba evidente de su pequeñez; pero al mismo tiempo fue grande porque confió en Dios y puso lo que tenía a su servicio, viviendo con fidelidad la dura tarea de conducir al pueblo de Israel. Pero quien sostiene y realiza la obra buena “El Mana” en última instancia es su verdadero autor, que es divino.
Pidamos al Señor que vivamos siempre con docilidad las inspiraciones del Espíritu y seamos capaces de reconocer su voz aunque nos llegue por instrumentos sencillos y pobres.
Hambre de pan, hambre de Dios. ¿Cuál de las dos predomina en mí?
Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida”. El sacia el hambre y la sed. ¿Qué experiencia tengo de esto?
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ORACIÓN
En ti, Yahvé, me cobijo,
¡nunca quede defraudado!
¡Líbrame conforme a tu justicia,
tiende a mí tu oído, date prisa!
Sé mi roca de refugio,
alcázar donde me salve. (Sal 31,2-3)
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Enviado desde Evangelio del día:
martes, 12 de abril de 2016
lunes, 11 de abril de 2016
Lecturas del 11/04/2016: Lunes de la tercera semana de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 6,8-15.)
Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y signos en el pueblo. Algunos miembros de la sinagoga llamada “de los Libertos”, como también otros, originarios de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para discutir con él. Pero como no encontraban argumentos, frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra, sobornaron a unos hombres para que dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y contra Dios. Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín. Entonces presentaron falsos testigos, que declararon: “Este hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar santo y contra la Ley. Nosotros le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este Lugar y cambiará las costumbres que nos ha transmitido Moisés”. En ese momento, los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel.
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SALMO
(Salmo 119(118),23-24.26-27.29-30.)
Aunque los poderosos se confabulen contra mí,
yo meditaré tus preceptos.
Porque tus prescripciones son todo mi deleite,
y tus preceptos, mis consejeros.
Te expuse mi conducta y tú me escuchaste:
enséñame tus preceptos.
Instrúyeme en el camino de tus leyes,
y yo meditaré tus maravillas.
Apártame del camino de la mentira,
y dame la gracia de conocer tu ley.
Elegí el camino de la verdad,
puse tus decretos delante de mí.
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EVANGELIO
(Juan 6,22-29)
Después de que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”. Ellos le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”. Jesús les respondió: “La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado”.
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COMENTARIO
(San Ignacio de Antioquia (¿- c. 110), obispo y mártir)
Vosotros, hijos de la verdadera luz, huid de las disputas y malas doctrinas. Igual que las ovejas, seguid a todas partes a vuestro pastor. Porque a menudo unos lobos aparentemente dignos de fe hacen extraviar a los que corren en los caminos de Dios, pero si permanecéis unidos, no encontrarán lugar adecuado entre vosotros.
Tened cuidado de no participar más que a una sola eucaristía; en efecto, no hay más que una sola carne de nuestro Señor, una sola copa para unirnos en su sangre, un solo altar, igual que no hay más que un solo obispo rodeado de presbíteros y diáconos. Entonces, todo lo que hagáis, lo haréis según Dios… Mi refugio es el Evangelio, que es para mí el mismo Jesús en carne, y los apóstoles son los que encarnan el presbiterio de la Iglesia. Amemos también a los profetas, porque también ellos han anunciado el Evangelio; pusieron su esperanza en Cristo y lo esperaron; creyendo en él fueron salvados y, permaneciendo en la unidad de Jesucristo, santos dignos de amor y de admiración, merecieron recibir el testimonio de Jesucristo y tener parte en el Evangelio, nuestra común esperanza…
Dios no habita donde reina la división y la cólera. Sino que el Señor perdona a todos los que se arrepienten, si el arrepentimiento les conduce a la unidad de Dios y a la comunión con el obispo. Creo en la gracia de Jesucristo que nos librará de toda cadena. Os lo suplico, no actuéis jamás por espíritu de disputa, sino según la enseñanza de Cristo. He oído a algunos que dicen: “Lo que no encuentro en los archivos, no lo creo en el Evangelio”… Para mí, mi archivo, es Cristo; mis archivos inviolables, son su cruz, su muerte y su resurrección y la fe que se desprende de ellas. Es de ahí que espero, con la ayuda de vuestras plegarias, toda mi justificación.
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REFLEXIÓN
"Vivir, Conocer, Amar y Seguir"
La multitud que sigue a Jesús, impresionada por sus milagros, presencian la multiplicación de los panes y han saciado su hambre corporal, quieren seguirlo y al no encontrarlo, fueron a Cafarnaún en busca de Jesús; Cuando al fin lo encuentran, Jesús les cuestiona sus motivaciones para seguirle: “Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios”.
No se trata de que las motivaciones sean malas, pues se refieren a satisfacer necesidades humanas básicas, lo que Jesús quiere transmitirles a ellos (y a nosotros) es que esas no son motivaciones válidas para seguirle.
Miremos nuestra vida, en ocasiones no nos encontramos con Dios porque no estamos donde tenemos que estar: Vamos a Misa y estamos pensando en lo que tenemos que hacer por la tarde, salimos de paseo y estamos mirando la agenda para mañana, estamos en el trabajo y nos gustaría estar rezando en un monasterio, vamos a un monasterio y no sabemos encontrar lo que queremos….
Nunca tenemos el cuerpo, la cabeza y el corazón en el mismo sitio y así cuesta encontrar al Señor. Otras veces nos pasa que sabemos cosas del Señor, pero no le queremos, es duro decirlo y aceptarlo, pero no queremos a Dios como queremos a nuestra mujer o nuestro marido, a nuestros hijos, padres o a la novia, o a los hermanos o a los amigos. Conocemos a Dios pero no nos sabemos queridos por Él y no le reconocemos. Podemos tener a Dios delante y no darnos cuenta, a nuestro lado y no saber dónde está. Cuántos sufrimos porque esperamos de Dios cosas y no que le quisiéramos. Y cuando ya descubrimos a Dios surge el encuentro personal con Cristo. Donde te das cuenta que Dios está contigo y te llama. No tenemos un Dios “ajustado a nuestra medida”, todos iguales, cada uno tenemos nuestra misión y nuestra vocación para transformar el mundo en que vivimos.
“La obra que Dios quiere es ésta, que creamos en el que él ha enviado”, nos dice Jesús. Y para creer tenemos que conocer su Amor. “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”, y ese amor nos hará creer en Jesús Resucitado, que es el pan de vida que puede saciar todas nuestras hambres y nos conduce a la vida eterna.
Hoy San Esteban Diacono
¡Que se te note!” Algo así sucedió a Esteban estaba tan “lleno de gracia y poder”, que realizaba grandes prodigios y signos delante del pueblo, y predicaba con tanta elocuencia que nadie podía rebatir su discurso. Esa gracia y poder provenían de la efusión del Espíritu Santo que había recibido por la oración e imposición de manos de los Apóstoles (6,6) al ser ordenado como diácono. Tan grande era su fe, y el Espíritu obraba con tanto poder en él, que cuando fue apresado y conducido ante el Sanedrín, “todos los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel”.
En ocasiones anteriores, al tratar el tema de la fe, hemos dicho que la fe es “algo que se ve”. Porque los hombres y mujeres de fe actúan conforme a la Palabra de Jesús, en quien confían plenamente. Y eso se ve, la gente lo nota, y les hace decir: “Yo no sé lo que esa persona quiere, pero yo quiero de eso”. La persona que cree en Jesús, y le cree a Jesús, actúa diferente, despliega una seguridad que es contagiosa, y la gente le nota algo distinto en el rostro. Es la certeza de que Dios le ama y que su voluntad es que todos alcancemos la salvación. Eso fue lo que los del Sanedrín vieron en Esteban, al punto que “su rostro les pareció el de un ángel”
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ORACIÓN
Señor, te pido perdón por haber faltado contra Ti, ya sea por mis omisiones, por mis faltas o por mis pecados. Estoy arrepentido de todo corazón y te prometo esforzarme por no volver a cometerlos nuevamente. Gracias por tu perdón y por tu inmensa misericordia. Yo sé que no lo merezco, pero Tú aun así quieres salvarme. Gracias Señor por amarme tanto.
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Enviado desde Evangelio del día:
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 6,8-15.)
Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y signos en el pueblo. Algunos miembros de la sinagoga llamada “de los Libertos”, como también otros, originarios de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron para discutir con él. Pero como no encontraban argumentos, frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su palabra, sobornaron a unos hombres para que dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y contra Dios. Así consiguieron excitar al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron y lo llevaron ante el Sanedrín. Entonces presentaron falsos testigos, que declararon: “Este hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar santo y contra la Ley. Nosotros le hemos oído decir que Jesús de Nazaret destruirá este Lugar y cambiará las costumbres que nos ha transmitido Moisés”. En ese momento, los que estaban sentados en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron que el rostro de Esteban parecía el de un ángel.
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SALMO
(Salmo 119(118),23-24.26-27.29-30.)
Aunque los poderosos se confabulen contra mí,
yo meditaré tus preceptos.
Porque tus prescripciones son todo mi deleite,
y tus preceptos, mis consejeros.
Te expuse mi conducta y tú me escuchaste:
enséñame tus preceptos.
Instrúyeme en el camino de tus leyes,
y yo meditaré tus maravillas.
Apártame del camino de la mentira,
y dame la gracia de conocer tu ley.
Elegí el camino de la verdad,
puse tus decretos delante de mí.
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EVANGELIO
(Juan 6,22-29)
Después de que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste?”. Jesús les respondió: “Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello”. Ellos le preguntaron: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”. Jesús les respondió: “La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado”.
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COMENTARIO
(San Ignacio de Antioquia (¿- c. 110), obispo y mártir)
Vosotros, hijos de la verdadera luz, huid de las disputas y malas doctrinas. Igual que las ovejas, seguid a todas partes a vuestro pastor. Porque a menudo unos lobos aparentemente dignos de fe hacen extraviar a los que corren en los caminos de Dios, pero si permanecéis unidos, no encontrarán lugar adecuado entre vosotros.
Tened cuidado de no participar más que a una sola eucaristía; en efecto, no hay más que una sola carne de nuestro Señor, una sola copa para unirnos en su sangre, un solo altar, igual que no hay más que un solo obispo rodeado de presbíteros y diáconos. Entonces, todo lo que hagáis, lo haréis según Dios… Mi refugio es el Evangelio, que es para mí el mismo Jesús en carne, y los apóstoles son los que encarnan el presbiterio de la Iglesia. Amemos también a los profetas, porque también ellos han anunciado el Evangelio; pusieron su esperanza en Cristo y lo esperaron; creyendo en él fueron salvados y, permaneciendo en la unidad de Jesucristo, santos dignos de amor y de admiración, merecieron recibir el testimonio de Jesucristo y tener parte en el Evangelio, nuestra común esperanza…
Dios no habita donde reina la división y la cólera. Sino que el Señor perdona a todos los que se arrepienten, si el arrepentimiento les conduce a la unidad de Dios y a la comunión con el obispo. Creo en la gracia de Jesucristo que nos librará de toda cadena. Os lo suplico, no actuéis jamás por espíritu de disputa, sino según la enseñanza de Cristo. He oído a algunos que dicen: “Lo que no encuentro en los archivos, no lo creo en el Evangelio”… Para mí, mi archivo, es Cristo; mis archivos inviolables, son su cruz, su muerte y su resurrección y la fe que se desprende de ellas. Es de ahí que espero, con la ayuda de vuestras plegarias, toda mi justificación.
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REFLEXIÓN
"Vivir, Conocer, Amar y Seguir"
La multitud que sigue a Jesús, impresionada por sus milagros, presencian la multiplicación de los panes y han saciado su hambre corporal, quieren seguirlo y al no encontrarlo, fueron a Cafarnaún en busca de Jesús; Cuando al fin lo encuentran, Jesús les cuestiona sus motivaciones para seguirle: “Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios”.
No se trata de que las motivaciones sean malas, pues se refieren a satisfacer necesidades humanas básicas, lo que Jesús quiere transmitirles a ellos (y a nosotros) es que esas no son motivaciones válidas para seguirle.
Miremos nuestra vida, en ocasiones no nos encontramos con Dios porque no estamos donde tenemos que estar: Vamos a Misa y estamos pensando en lo que tenemos que hacer por la tarde, salimos de paseo y estamos mirando la agenda para mañana, estamos en el trabajo y nos gustaría estar rezando en un monasterio, vamos a un monasterio y no sabemos encontrar lo que queremos….
Nunca tenemos el cuerpo, la cabeza y el corazón en el mismo sitio y así cuesta encontrar al Señor. Otras veces nos pasa que sabemos cosas del Señor, pero no le queremos, es duro decirlo y aceptarlo, pero no queremos a Dios como queremos a nuestra mujer o nuestro marido, a nuestros hijos, padres o a la novia, o a los hermanos o a los amigos. Conocemos a Dios pero no nos sabemos queridos por Él y no le reconocemos. Podemos tener a Dios delante y no darnos cuenta, a nuestro lado y no saber dónde está. Cuántos sufrimos porque esperamos de Dios cosas y no que le quisiéramos. Y cuando ya descubrimos a Dios surge el encuentro personal con Cristo. Donde te das cuenta que Dios está contigo y te llama. No tenemos un Dios “ajustado a nuestra medida”, todos iguales, cada uno tenemos nuestra misión y nuestra vocación para transformar el mundo en que vivimos.
“La obra que Dios quiere es ésta, que creamos en el que él ha enviado”, nos dice Jesús. Y para creer tenemos que conocer su Amor. “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”, y ese amor nos hará creer en Jesús Resucitado, que es el pan de vida que puede saciar todas nuestras hambres y nos conduce a la vida eterna.
Hoy San Esteban Diacono
¡Que se te note!” Algo así sucedió a Esteban estaba tan “lleno de gracia y poder”, que realizaba grandes prodigios y signos delante del pueblo, y predicaba con tanta elocuencia que nadie podía rebatir su discurso. Esa gracia y poder provenían de la efusión del Espíritu Santo que había recibido por la oración e imposición de manos de los Apóstoles (6,6) al ser ordenado como diácono. Tan grande era su fe, y el Espíritu obraba con tanto poder en él, que cuando fue apresado y conducido ante el Sanedrín, “todos los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel”.
En ocasiones anteriores, al tratar el tema de la fe, hemos dicho que la fe es “algo que se ve”. Porque los hombres y mujeres de fe actúan conforme a la Palabra de Jesús, en quien confían plenamente. Y eso se ve, la gente lo nota, y les hace decir: “Yo no sé lo que esa persona quiere, pero yo quiero de eso”. La persona que cree en Jesús, y le cree a Jesús, actúa diferente, despliega una seguridad que es contagiosa, y la gente le nota algo distinto en el rostro. Es la certeza de que Dios le ama y que su voluntad es que todos alcancemos la salvación. Eso fue lo que los del Sanedrín vieron en Esteban, al punto que “su rostro les pareció el de un ángel”
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ORACIÓN
Señor, te pido perdón por haber faltado contra Ti, ya sea por mis omisiones, por mis faltas o por mis pecados. Estoy arrepentido de todo corazón y te prometo esforzarme por no volver a cometerlos nuevamente. Gracias por tu perdón y por tu inmensa misericordia. Yo sé que no lo merezco, pero Tú aun así quieres salvarme. Gracias Señor por amarme tanto.
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Enviado desde Evangelio del día:
domingo, 10 de abril de 2016
Lecturas del 10/04/2016: Tercer domingo de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,27b-32.40b-41.)
Los hicieron comparecer ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo: "Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!". Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen". Llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús.
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SALMO
(Salmo 30(29),2.4.5-6.11.12a.13b.)
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.
«Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.»
Tú convertiste mi lamento en júbilo,
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!
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SEGUNDA LECTURA
(Apocalipsis 5,11-14.)
Y después oí la voz de una multitud de Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Seres Vivientes y de los Ancianos. Su número se contaba por miles y millones, y exclamaban con voz potente: "El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la abiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza". También oí que todas las criaturas que están en el cielo, sobre la tierra, debajo de ella y en el mar, y todo lo que hay en ellos, decían: "Al que está sentado sobre el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder, por los siglos de los siglos". Los cuatro Seres Vivientes decían: "¡Amén!", y los Ancianos se postraron en actitud de adoración.
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EVANGELIO
(Juan 21,1-19)
Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres?", porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos". Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Él le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".
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COMENTARIO
(San Juan Pablo II (1920-2005), papa)
"¿Amas?... ¿Me amas?..." Para siempre, hasta el fin de su vida, Pedro hizo su camino acompañado de esta triple pregunta: "¿Me amas?" Y todas sus actividades fueron conformes a la respuesta que había dado en su momento: cuando fue llamado a aparecer delante del Sanedrín; cuando fue encarcelado en Jerusalén, de cuya cárcel no debía salir y, sin embargo, salió. Y.. en Antioquia, y de allí, más lejos todavía, a Roma. Y cuando en Roma hubo perseverado hasta el fin de sus días, conoció la fuerza de las palabras según la que Otro le conduciría allí donde él no querría. Sabía también que, gracias a la fuerza de sus palabras, la Iglesia "era constante en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones" y que "el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando" (Hech 2,42.48)…
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,27b-32.40b-41.)
Los hicieron comparecer ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo: "Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!". Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen". Llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús.
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SALMO
(Salmo 30(29),2.4.5-6.11.12a.13b.)
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.
«Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.»
Tú convertiste mi lamento en júbilo,
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!
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SEGUNDA LECTURA
(Apocalipsis 5,11-14.)
Y después oí la voz de una multitud de Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Seres Vivientes y de los Ancianos. Su número se contaba por miles y millones, y exclamaban con voz potente: "El Cordero que ha sido inmolado es digno de recibir el poder y la riqueza, la abiduría, la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza". También oí que todas las criaturas que están en el cielo, sobre la tierra, debajo de ella y en el mar, y todo lo que hay en ellos, decían: "Al que está sentado sobre el trono y al Cordero, alabanza, honor, gloria y poder, por los siglos de los siglos". Los cuatro Seres Vivientes decían: "¡Amén!", y los Ancianos se postraron en actitud de adoración.
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EVANGELIO
(Juan 21,1-19)
Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres?", porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos. Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos". Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Él le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".
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COMENTARIO
(San Juan Pablo II (1920-2005), papa)
"¿Amas?... ¿Me amas?..." Para siempre, hasta el fin de su vida, Pedro hizo su camino acompañado de esta triple pregunta: "¿Me amas?" Y todas sus actividades fueron conformes a la respuesta que había dado en su momento: cuando fue llamado a aparecer delante del Sanedrín; cuando fue encarcelado en Jerusalén, de cuya cárcel no debía salir y, sin embargo, salió. Y.. en Antioquia, y de allí, más lejos todavía, a Roma. Y cuando en Roma hubo perseverado hasta el fin de sus días, conoció la fuerza de las palabras según la que Otro le conduciría allí donde él no querría. Sabía también que, gracias a la fuerza de sus palabras, la Iglesia "era constante en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones" y que "el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando" (Hech 2,42.48)…
Pedro no quiere jamás desprenderse de esta pregunta: "¿Me amas?". Dondequiera que iba la llevaba con él. Y la lleva a través de los siglos, a través de las generaciones. En medio de pueblos nuevos y nuevas naciones. En medio de lenguas y razas siempre nuevas. Él la lleva solo, y sin embargo no es nunca solo… otros la llevan con él…Ha habido y hay muchos hombres y mujeres que han sabido y saben todavía hoy que toda su vida tiene valor y sentido solamente en la medida en que es una respuesta a esta misma pregunta: "¿Amas? ¿Me amas?". Ellos han dado y dan su respuesta de manera total y perfecta –una respuesta heroica- o bien de manera común, ordinaria. Pero en todo caso saben que su vida, que la vida humana en general, tiene valor y sentido en la medida que es la respuesta a esta pregunta: "¿Amas?" Es sólo por esta pregunta que la vida vale la pena ser vivida.
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REFLEXIÓN
REFLEXIÓN
¿Tú
me Amas? - ¿Sígueme?
Sencillamente, es necesario tener un
corazón, como el del discípulo a quien Jesús quería mucho. Un corazón que se
sabe amado por el Señor, reconoce la presencia del resucitado con facilidad. Su
presencia no es una prueba irrefutable, una señal inequívoca y absolutamente
transparente. Jesús se hace presente en el sacramento del hermano, en el gesto
fraterno que nos une, en el estallido constante de la vida que nos llega sin
notarla.
¿Hasta cuándo tenemos que sufrir para
comprender que Dios está siempre donde está la vida?
¿Hasta cuándo mantendremos nuestros ojos
y nuestros corazones cerrados para los milagros de la vida que se presentan
diariamente en todo momento?
En hoy de cada uno, tenemos que dejar
atrás el miedo y la desconfianza, para abrirnos a la presencia resucitada del
Señor que nos arranca de nuestras tristezas y desesperanzas, para lanzarnos a
colaborar con él en la construcción de una vida plena para todos.
Pero lo definitivo es: “Sí, Señor, tú
conoces todo, tú sabes que te quiero” como repitió Pedro tres veces,
recordémoslo en muchos momentos en los que intentamos volver a nuestras
seguridades y sobre todo tengamos presente que quererle a Él, es querer a todos
sus hijos, sobre todo a los más necesitados. Él se aparece, está cada día
esperándonos en la orilla, en la calle, en los hogares, en cualquier esquina, “no
notamos su presencia”.
Jesús nos dirá siempre las mismas palabras
que no cesa de repetirnos día tras día: ¿Tú me amas? ¿Cuántas veces tendrá que preguntárnoslos?
Es seguro que si abrimos los oídos del
alma escucharemos su voz que nos dice: “Sígueme”.
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ORACIIÓN
ORACIIÓN
Señor, Tú lo sabes todo, Tú conoces lo
más profundo de mi corazón. Yo sé que no me abandonas nunca y siempre estás a
mi lado. Tú sabes que te amo. Te pido que en esta oración pueda abrir mi mente
y mi corazón a tu palabra y pueda después llevarla con alegría a la acción Siguiéndote
toda mi vida.
Enviado desde Evangelio del día:
sábado, 9 de abril de 2016
Lectura del 09/04/2016: Sábado de la segunda semana de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 6,1-7.)
En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba, los helenistas
comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en
la distribución diaria de los alimentos. Entonces los Doce convocaron a
todos los discípulos y les dijeron: "No es justo que descuidemos el
ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas. Es
preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama,
llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta
tarea. De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de
la Palabra". La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban,
hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a
Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a
los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos. Así la
Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba
considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.(Libro de los Hechos de los Apóstoles 6,1-7.)
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SALMO
(Salmo 33(32),1-2.4-5.18-19.)
Aclamen, justos, al Señor:
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas.
Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.
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EVANGELIO
(Juan 6,16-21)
Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento. Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. Él les dijo: "Soy yo, no teman". Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.
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COMENTARIO
(San Clemente de Alejandría (150-c. 215), teólogo)
Dirijamos nuestra oración al Verbo: Sé propicio a tus pequeños, Pedagogo, Padre, Guía de Israel (2 R 2,12); Hijo y Padre, ambos un solo Señor. Concede a quienes seguimos tus preceptos llevar a su perfección la semejanza de la imagen (Gn 1,26) y sentir en lo posible la bondad de Dios, como juez, y su rigor; y concédenos tú mismo todo eso: que vivamos en tu paz sobre la tierra, que seamos trasladados a tu ciudad; que atravesemos sin naufragar las olas del pecado y que, en plena calma, seamos transportados junto al Espíritu Santo, la inefable sabiduría.
Que de noche y de día,- hasta el día final-, alabemos y demos gracias al único Padre e Hijo, Hijo y Padre, al Hijo Pedagogo y Maestro, junto con el Espíritu Santo. Todo está en el Uno, puesto que en Él son todas las cosas (Jn 1,3; 1 Co 8,6; Col 1,16-17), por quien todo es uno, por quien la eternidad es, de quien todos somos miembros (Rm 12,5; 1 Ci 12,12); de Él es la gloria y los siglos; todo sea para el Bueno; todo, para el Bello; todo, para el Sabio; todo, para el Justo. A Él la gloria, ahora y por los siglos de los siglos. Amén (Rm 11,36).
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REFEXIÓN
REFEXIÓN
“Soy yo, no teman”
Muchas veces en nuestras vidas acudimos
a la celebración dominical y al salir nos enfrentamos a la aventura de la vida,
a “navegar” el mar de situaciones e incertidumbre que nos presenta la
cotidianidad. Y las “cosas pequeñas” del diario vivir consumen toda nuestra
atención. Nos olvidamos que hemos recibido a Jesús-Eucaristía con todo su
cuerpo, sangre, alma y divinidad, y que esa presencia permanece con nosotros.
Él prometió que iba a estar con nosotros “todos los días hasta el fin del
mundo”. Pero estamos tan ocupados atendiendo nuestra barca, que no lo vemos; y
si lo vemos, o no lo reconocemos, o nos sobresaltamos, como ocurrió a los
discípulos aquella noche en el lago de Tiberíades.
Cuando caemos en la cuenta que se trata
de Él, y decidimos “recogerlo a bordo” de nuestra vida, nos sucede lo mismo que
a los discípulos: “Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en
seguida, en el sitio a donde iban”. Nos percatamos que hemos llegado a nuestro
destino y no nos habíamos dado cuenta que Él había estado caminando a nuestro
lado, sobre el mar embravecido, todo el tiempo.
Señor, ayúdame a estar consciente de Tu
presencia en mi vida, para abandonarme a Tu santa voluntad, con la certeza de
que me has de conducir al puerto seguro de la Salvación que compraste para
nosotros con tu Misterio Pascual.
“Diaconado en la Iglesia”
Hoy se nos narra la institución del
diaconado en la Iglesia, “…escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama,
llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea (atender a
las viudas): nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la
palabra”.
La institución del diaconado permanente
ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la Iglesia, y había caído en
desuso hasta que el Concilio Vaticano II lo restableció.
ORACIÓN
Jesús, en Ti confío. Me pongo en tus
manos en este momento de oración. Quiero dejarme forjar al calor de tu Sagrado
Corazón. Enséñame, Señor, a creer en Ti en todo momento. Hasta en la duda y en
las tribulaciones: creer en Ti. Y enséñame, Señor, a anunciarte sin miedo como
tu Madre, María, con el corazón ardiente de amor a Ti.
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Enviado desde Evangelio del día:
viernes, 8 de abril de 2016
Lecturas del 07/04/2016: Viernes de la segunda semana de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,34-42.)
Un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley, respetado por todo el
pueblo, se levantó en medio del Sanedrín. Después de hacer salir por un momento
a los Apóstoles,(Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,34-42.)
dijo a los del Sanedrín: "Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres.
Hace poco apareció Teudas, que pretendía ser un personaje, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres; sin embargo, lo mataron, sus partidarios se dispersaron, y ya no queda nada. Después de él, en la época del censo, apareció Judas de Galilea, que también arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron. Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo, pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios". Los del Sanedrín siguieron su consejo: llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron. Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús. Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús.
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SALMO
(Salmo 27(26),1.4.13-14.)
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?
Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.
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EVANGELIO
(Juan 6,1-15)
Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer?". Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan". Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?". Jesús le respondió: "Háganlos sentar". Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada". Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: "Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo". Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.
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COMENTARIO
(San Alberto Magno (c. 1200-1280) dominico)
Señor, lavados y purificados en lo más profundo de nosotros mismos, vivificados por tu santo Espíritu, saciados por tu Eucaristía, haz que nosotros compartamos la gracia que ha sido parte de los santos apóstoles que han recibido el sacramento de tu mano. Desarrolla en nosotros el deseo y la voluntad de seguirte, como miembros tuyos (1Co 12,27) para que nosotros seamos dignos de recibir de ti la sabiduría y la experiencia de tu alimento espiritual.
Desarrolla en nosotros el celo de Pedro para rechazar toda voluntad contraria a la tuya, ese celo que Pedro demostró en la Cena... Desarrolla en nosotros la paz interior, la determinación y la alegría que gustó Juan, inclinado sobre tu hombro (Jn 13,25), que podamos adquirir tu sabiduría, que aprendamos el gusto de tu dulzura, de tu bondad. Desarrolla en nosotros una fe recta, una esperanza firme y una caridad perfecta.
Por intercesión de los santos apóstoles y de todos los discípulos bienaventurados, haznos recibir de tu mano el sacramento, haznos evitar sin dudar la traición de Judas e inspira en nuestro espíritu aquello que tu Espíritu ha revelado a los santos que están en el cielo. Haz todo esto, Tú que vives y reinas con el Padre, en la unidad de un mismo Espíritu desde el principio hasta el fin de los siglos. Amén.
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REFLEXIÓN
REFLEXIÓN
Este muchacho que entrego los panes y los peces pasa muy desapercibido en el relato, apenas se menciona, pero su presencia y generosidad fueron claves para que Jesús obrara el milagro.
Todos los milagros de Jesús requirieren de la fe de quienes los pidan, de nuestra generosidad, como aquel muchacho del relato, de nuestra propia conversión o del propio progreso espiritual y humano. “Darlo todo, y darlo de corazón”.
Cuando se trata de la ayuda a los demás, muchas veces tenemos en nuestras cestas los cinco panes y los dos peces que necesita nuestro prójimo. A veces es una limosna, a veces es ceder el paso en la calle o una simple sonrisa que devuelva la confianza a nuestros hijos o compañeros de trabajo, después de que hemos sufrido algún percance.
Los cinco panes son, sin duda, una representación de los talentos que Dios nos ha regalado. Sólo en la medida en que los demos a los demás, fructifican y rinden todo cuanto pueden. Si los guardamos para nosotros mismos, pueden echarse a perder. Hay que recordar que el milagro comienza cuando aquel muchacho cedió al Maestro sus panes, para que diera de comer a toda una multitud... ¿Qué estamos dispuestos darle a Jesús para que obre sus milagros, en nosotros y los demás? ¿Hemos puesto a producir nuestros talentos o por el contrario los enterramos?
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ORACIÓN
ORACIÓN
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Enviado desde Evangelio del día:
jueves, 7 de abril de 2016
Lecturas del 07/04/2016: Jueves de la segunda semana de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,27-33.)
Los guardias hicieron comparecer a los Apóstoles ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo: "Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!". Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen". Al oír estas palabras, ellos se enfurecieron y querían matarlos.
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SALMO
(Salmo 34(33),2.9.17-18.19-20.)
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!
Pero el Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.
El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.
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EVANGELIO
(Juan 3,31-36)
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.
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COMENTARIO
(Afraates (¿-c. 345), monje, obispo cerca de Mossul)
Si tú, a partir de un fuego primero enciendes muchos otros en muchos y diversos lugares, el primero no queda empequeñecido… Lo mismo es Dios son su Mesías; son uno a pesar de permanecer en multitud de hombres. El sol no empequeñece por el mero hecho de que su fuerza llegue a toda la tierra. Y cuanto más grande es la fuerza de Dios puesto que es por su fuerza que existe el sol…
Para Moisés representaba una carga conducir él solo el campamento de Israel. El Señor le dijo: "Derramaré de tu mismo Espíritu sobre setenta hombres de entre los ancianos de Israel" (Nm 11,17) Cuando cogió del Espíritu de Moisés y los setenta hombres quedaron llenos de él ¿acaso disminuyó el Espíritu que habitaba en Moisés? ¿Acaso percibieron que Moisés tenía menos espíritu? El bienaventurado Pablo dice también: Dios repartió el Espíritu de Cristo, el Mesías, y lo envió a los profetas (1C 12,11.28). Pero el Mesías no estuvo perjudicado en nada, porque su Padre le dio el Espíritu sin medida.
Es en este sentido… que Cristo habita en los creyentes. No queda perjudicado en nada si es compartido con la multitud, porque es el Espíritu de Cristo que han recibido los profetas [del Nuevo Testamento], cada uno según lo que necesitaba. Y todavía hoy, es este mismo Espíritu de Cristo el que es derramado sobre toda carne a fin de que profeticen hijos e hijas, ancianos y jóvenes, siervos y siervas (Jl 3,1; Hch 2,17). El Mesías está en nosotros, y el Mesías está en el cielo a la derecha de su Padre. No ha recibido el Espíritu comedidamente, sino que su Padre lo ha amado y lo ha puesto todo en sus manos, dándole poder sobre todo su tesoro… Nuestro Señor dice también: "Todo me lo ha entregado mi Padre" (Mt 11,27)… En fin, el apóstol Pablo dice: "Todo será sometido a Cristo, salvo su Padre que todo se lo ha sometido. Al final, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos" (1C 15, 27-28).
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REFLEXIÓN
“Quien cree en el Hijo tiene vida eterna” - "Fe"
La fe en Jesús nos descubre esa otra “dimensión” de la vida humana: la trascendencia, lo que está más allá de las cosas de este mundo, la vida eterna.
Pero también la fe nos acerca esas realidades a este mundo porque la fe es luz que ilumina y penetra el sentido profundo de la vida humana; la fe es esa sabiduría del Espíritu que ayuda a discernir entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, lo verdadero de lo falso; la fe es esa fuerza que robustece al creyente para dar testimonio de Jesús; la fe crea convicciones profundas que difícilmente se doblegan ante los poderosos ya que el creyente ha descubierto que no hay nada más cierto y seguro que Dios y obedecerle a Él por encima de los hombres es lo más importante y bello.
La fe es “el tesoro escondido” y “la perla preciosa” de que habla el Evangelio por los cuales uno da todo lo que posee por conseguirla, incluso la propia vida como los mártires.
La vida eterna no es algo sólo para el más allá; la vida eterna es ya ahora “la levadura” que transforma la masa; nos cambia a cada uno por dentro y cambia la sociedad también.
La vida eterna la empezamos a vivir aquí y ahora y tendrá su culminación en el más allá; Por eso los cristianos “no somos del mundo, pero estamos en el mundo” para ir transformando este mundo en “la tierra nueva y el cielo nuevo”.
Jesús vino a este mundo no para condenarlo sino para salvarlo, pero desde dentro; la revolución de Jesús se da al interior de las personas. Él comenzó su predicación diciendo “convertíos” convencido de que si la persona cambia, el entorno también mejora.
¿Cómo está Hoy Nuestra Fe? ¿Creemos de Verdad?
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ORACIÓN
Ama quien todo lo entrega
Ama quien todo lo da
Ama quien nada espera
Ama quien no desespera y confía
Ama quien deposita en mis benditas manos su vida y no exige más
Ama hijos míos quien entrega su propia vida en beneficio de los demás
Ama quien respetuosamente dice te amo señor, pero tus gobiernas mi vida y no yo
Ama sobre todo quien enseña, quien transmite mi palabra, aún a costa de su propio dolor.
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Enviado desde Evangelio del día:
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COMENTARIO
(Afraates (¿-c. 345), monje, obispo cerca de Mossul)
Si tú, a partir de un fuego primero enciendes muchos otros en muchos y diversos lugares, el primero no queda empequeñecido… Lo mismo es Dios son su Mesías; son uno a pesar de permanecer en multitud de hombres. El sol no empequeñece por el mero hecho de que su fuerza llegue a toda la tierra. Y cuanto más grande es la fuerza de Dios puesto que es por su fuerza que existe el sol…
Para Moisés representaba una carga conducir él solo el campamento de Israel. El Señor le dijo: "Derramaré de tu mismo Espíritu sobre setenta hombres de entre los ancianos de Israel" (Nm 11,17) Cuando cogió del Espíritu de Moisés y los setenta hombres quedaron llenos de él ¿acaso disminuyó el Espíritu que habitaba en Moisés? ¿Acaso percibieron que Moisés tenía menos espíritu? El bienaventurado Pablo dice también: Dios repartió el Espíritu de Cristo, el Mesías, y lo envió a los profetas (1C 12,11.28). Pero el Mesías no estuvo perjudicado en nada, porque su Padre le dio el Espíritu sin medida.
Es en este sentido… que Cristo habita en los creyentes. No queda perjudicado en nada si es compartido con la multitud, porque es el Espíritu de Cristo que han recibido los profetas [del Nuevo Testamento], cada uno según lo que necesitaba. Y todavía hoy, es este mismo Espíritu de Cristo el que es derramado sobre toda carne a fin de que profeticen hijos e hijas, ancianos y jóvenes, siervos y siervas (Jl 3,1; Hch 2,17). El Mesías está en nosotros, y el Mesías está en el cielo a la derecha de su Padre. No ha recibido el Espíritu comedidamente, sino que su Padre lo ha amado y lo ha puesto todo en sus manos, dándole poder sobre todo su tesoro… Nuestro Señor dice también: "Todo me lo ha entregado mi Padre" (Mt 11,27)… En fin, el apóstol Pablo dice: "Todo será sometido a Cristo, salvo su Padre que todo se lo ha sometido. Al final, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo. Y así Dios lo será todo para todos" (1C 15, 27-28).
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REFLEXIÓN
“Quien cree en el Hijo tiene vida eterna” - "Fe"
La fe en Jesús nos descubre esa otra “dimensión” de la vida humana: la trascendencia, lo que está más allá de las cosas de este mundo, la vida eterna.
Pero también la fe nos acerca esas realidades a este mundo porque la fe es luz que ilumina y penetra el sentido profundo de la vida humana; la fe es esa sabiduría del Espíritu que ayuda a discernir entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, lo verdadero de lo falso; la fe es esa fuerza que robustece al creyente para dar testimonio de Jesús; la fe crea convicciones profundas que difícilmente se doblegan ante los poderosos ya que el creyente ha descubierto que no hay nada más cierto y seguro que Dios y obedecerle a Él por encima de los hombres es lo más importante y bello.
La fe es “el tesoro escondido” y “la perla preciosa” de que habla el Evangelio por los cuales uno da todo lo que posee por conseguirla, incluso la propia vida como los mártires.
La vida eterna no es algo sólo para el más allá; la vida eterna es ya ahora “la levadura” que transforma la masa; nos cambia a cada uno por dentro y cambia la sociedad también.
La vida eterna la empezamos a vivir aquí y ahora y tendrá su culminación en el más allá; Por eso los cristianos “no somos del mundo, pero estamos en el mundo” para ir transformando este mundo en “la tierra nueva y el cielo nuevo”.
Jesús vino a este mundo no para condenarlo sino para salvarlo, pero desde dentro; la revolución de Jesús se da al interior de las personas. Él comenzó su predicación diciendo “convertíos” convencido de que si la persona cambia, el entorno también mejora.
¿Cómo está Hoy Nuestra Fe? ¿Creemos de Verdad?
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ORACIÓN
Ama quien todo lo entrega
Ama quien todo lo da
Ama quien nada espera
Ama quien no desespera y confía
Ama quien deposita en mis benditas manos su vida y no exige más
Ama hijos míos quien entrega su propia vida en beneficio de los demás
Ama quien respetuosamente dice te amo señor, pero tus gobiernas mi vida y no yo
Ama sobre todo quien enseña, quien transmite mi palabra, aún a costa de su propio dolor.
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Enviado desde Evangelio del día:
miércoles, 6 de abril de 2016
Lecturas del 06/04/2016: Miércoles de la segunda semana de Pascua
PRIMERA LECTURA
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,17-26.)
Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia, hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública. Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo: "Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida". Los Apóstoles, obedecieron la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar. Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron: "Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro". Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido. En ese momento llegó uno, diciendo: "Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo". El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por el pueblo.
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SALMO
(Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9.)
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.
Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.
Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!
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EVANGELIO
(Juan 3,16-21)
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.
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COMENTARIO
(San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia)
El Padre nos ha enviado a su Hijo, que es "el don mejor, el don perfecto" (St 1,17). El don mejor, que ningún otro sobrepasa; el don perfecto al que nada se puede añadir. Cristo es el don mejor porque lo que el Padre nos da es su propio Hijo, soberano, eterno como Él. Cristo es el don perfecto, tal como lo dice el apóstol Pablo, "Con él, Dios nos lo ha dado todo" (Rm 8,32)… Nos ha dado a aquél "que es la cabeza de la Iglesia" (Ef 5,23). No podía darnos más. Cristo es el don perfecto porque, dándonoslo, el Padre ha llevado por él todas las cosas a su plenitud".
"El Hijo del hombre, dice san Mateo, ha venido a salvar lo que estaba perdido" (18,11). Por eso la Iglesia exclama: "Cantad al Señor un cántico nuevo" (Sl 97,1), como si nos dijera: Oh fieles, vosotros a quienes el Hijo del hombre ha salvado y renovado, cantad un cántico nuevo, porque debéis "rechazar todo lo que es antiguo, ahora que se os dan los frutos nuevos" (Lv 26,10). Cantad, porque el Padre "ha hecho maravillas" (sl 97,1) cuando nos ha enviado todo don perfecto, que es su Hijo. "El Señor revela a las naciones su justicia" (Sl 97,2) cuando nos ha dado todo don perfecto, que es su único Hijo, que justifica las naciones y lleva todas las cosas a su perfección.
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REFLEXIÓN
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único”…
El uso del superlativo “tanto”, implica que ese amor no tiene límites, es hasta el fin, hasta el extremo, nos ama con locura, con pasión; y ese amor lo llevó a regalarnos a su propio Hijo, para que todos podamos ser salvados, “para que no perezcamos ninguno de los que creemos en él, sino que tengamos vida eterna”. Tanto nos ama Jesús, tanto te ama, tanto me ama…
Su amor es tan grande que siempre respetara nuestra libertad, nuestro libre albedrío; nos da la opción de aceptarle, o rechazarlo: “El que cree en él no será juzgado y el que no cree ya está juzgado”.
El sufrimiento y la marginación en que vivimos millones de personas evidencian lo lejos que estamos de vivir en el amor y la luz que Dios nos ofrece en Jesús. Ante esta realidad los cristianos tenemos que estar conscientes de que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, y seguros de que cuando Dios quiere que algo vaya adelante toda oposición humana es ridícula. El pesimismo, la apatía, la indiferencia, la cobardía, el miedo no dicen bien con el cristiano. Las dificultades del momento presente no son ninguna excusa para dejar de creer y anunciar a Jesucristo. Cuando uno está convencido de algo, no hay nada que se le resista ni que le haga detenerse o volver atrás.
¿Cuándo ha sido fácil vivir y anunciar el Evangelio?
¿Qué me falta y tengo que cambiar para ser más Cristiano y seguir a Jesús?
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ORACIÓN
Señor Jesús, quiero, al comenzar mi oración, ponerme ante Ti con un corazón lleno de fe, esperanza y caridad. Tanto me has amado que has entregado a tu Hijo Único, Jesucristo, para que tenga vida eterna. Que aprenda yo de Él a amar sin reservas, tanto a Ti como a los demás.
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Enviado desde Evangelio del día:
(Libro de los Hechos de los Apóstoles 5,17-26.)
Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia, hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública. Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo: "Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida". Los Apóstoles, obedecieron la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar. Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron: "Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro". Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido. En ese momento llegó uno, diciendo: "Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo". El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por el pueblo.
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SALMO
(Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9.)
Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.
Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.
Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!
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EVANGELIO
(Juan 3,16-21)
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.
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COMENTARIO
(San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia)
El Padre nos ha enviado a su Hijo, que es "el don mejor, el don perfecto" (St 1,17). El don mejor, que ningún otro sobrepasa; el don perfecto al que nada se puede añadir. Cristo es el don mejor porque lo que el Padre nos da es su propio Hijo, soberano, eterno como Él. Cristo es el don perfecto, tal como lo dice el apóstol Pablo, "Con él, Dios nos lo ha dado todo" (Rm 8,32)… Nos ha dado a aquél "que es la cabeza de la Iglesia" (Ef 5,23). No podía darnos más. Cristo es el don perfecto porque, dándonoslo, el Padre ha llevado por él todas las cosas a su plenitud".
"El Hijo del hombre, dice san Mateo, ha venido a salvar lo que estaba perdido" (18,11). Por eso la Iglesia exclama: "Cantad al Señor un cántico nuevo" (Sl 97,1), como si nos dijera: Oh fieles, vosotros a quienes el Hijo del hombre ha salvado y renovado, cantad un cántico nuevo, porque debéis "rechazar todo lo que es antiguo, ahora que se os dan los frutos nuevos" (Lv 26,10). Cantad, porque el Padre "ha hecho maravillas" (sl 97,1) cuando nos ha enviado todo don perfecto, que es su Hijo. "El Señor revela a las naciones su justicia" (Sl 97,2) cuando nos ha dado todo don perfecto, que es su único Hijo, que justifica las naciones y lleva todas las cosas a su perfección.
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REFLEXIÓN
“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único”…
El uso del superlativo “tanto”, implica que ese amor no tiene límites, es hasta el fin, hasta el extremo, nos ama con locura, con pasión; y ese amor lo llevó a regalarnos a su propio Hijo, para que todos podamos ser salvados, “para que no perezcamos ninguno de los que creemos en él, sino que tengamos vida eterna”. Tanto nos ama Jesús, tanto te ama, tanto me ama…
Su amor es tan grande que siempre respetara nuestra libertad, nuestro libre albedrío; nos da la opción de aceptarle, o rechazarlo: “El que cree en él no será juzgado y el que no cree ya está juzgado”.
El sufrimiento y la marginación en que vivimos millones de personas evidencian lo lejos que estamos de vivir en el amor y la luz que Dios nos ofrece en Jesús. Ante esta realidad los cristianos tenemos que estar conscientes de que “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, y seguros de que cuando Dios quiere que algo vaya adelante toda oposición humana es ridícula. El pesimismo, la apatía, la indiferencia, la cobardía, el miedo no dicen bien con el cristiano. Las dificultades del momento presente no son ninguna excusa para dejar de creer y anunciar a Jesucristo. Cuando uno está convencido de algo, no hay nada que se le resista ni que le haga detenerse o volver atrás.
¿Cuándo ha sido fácil vivir y anunciar el Evangelio?
¿Qué me falta y tengo que cambiar para ser más Cristiano y seguir a Jesús?
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ORACIÓN
Señor Jesús, quiero, al comenzar mi oración, ponerme ante Ti con un corazón lleno de fe, esperanza y caridad. Tanto me has amado que has entregado a tu Hijo Único, Jesucristo, para que tenga vida eterna. Que aprenda yo de Él a amar sin reservas, tanto a Ti como a los demás.
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