miércoles, 23 de marzo de 2016
Lecturas del 23/03/2016: Miércoles Santo
PRIMERA LECTURA
(Libro de Isaías 50,4-9a.)
El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado. Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí! Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar?
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SALMO
(Salmo 69(68),8-10.21bcd-22.31.33-34.)
Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:
porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
Y no tengo remedio.
Espero compasión y no la encuentro,
en vano busco un consuelo:
pusieron veneno en mi comida,
y cuando tuve sed me dieron vinagre.
Así alabaré con cantos el nombre de Dios,
y proclamaré su grandeza dando gracias;
que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos.
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EVANGELIO
(Mateo 26,14-25)
Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?". El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'". Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".
El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.
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COMENTARIO
(Beata Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad)
Fijaos cuánta compasión ha tenido Jesús con Judas, el hombre que ha recibido tanto amor y, sin embargo, ha traicionado a su propio Maestro, este Maestro que ha guardado un silencio sagrado sin traicionarlo a sus compañeros. En efecto, Jesús fácilmente hubiera podido hablar abiertamente y decir a los demás las intenciones que Judas escondía y sus actuaciones; pero no lo hizo. Prefirió dar prueba de misericordia y caridad: en lugar de condenarle, le llama amigo (Mt 26,50). Tan sólo con que Judas hubiera mirado a Jesús a los ojos como lo hizo Pedro (Lc 22,61), Judas hubiera sido el amigo de la misericordia de Jesús. Jesús ha dado siempre pruebas de misericordia.
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REFLEXIÓN
José Perea
La amistad traicionada - "Les aseguro que uno de ustedes me entregará" - "¿Seré yo, Señor?"
Lo peor de Judas no fue la traición, sino la desconfianza. La traición rompe con el esquema de la amistad y se termina la misma, en cambio la desconfianza mantiene ese vínculo afectivo con el amigo y nunca terminara, se mantiene latente y no dejar florecer la verdadera Amistad “Hace daño mientras ella dure”.
Pongámonos, delante del Señor, como lo hizo María: con sencillez, con humildad, con abandono en sus manos y como María digamos: “Hágase en mi según tu palabra”. Déjate perdonar para que empieces a vivir de nuevo, con una mayor realidad y sinceridad la amistad con Jesús, para que experimentemos, para que sintamos que nos quiere como somos y como estamos. Basta ya de traiciones grandes o pequeñas, porque la traición nunca es pequeña o grande; la traición es siempre traición.
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ORACIÓN
Dios de misericordia, Tú no ves nuestro pecado sino que ves nuestro corazón arrepentido y nos quieres perdonar y abrazar. Yo sé que muchas veces he pecado y te pido perdón de todo corazón por todo aquello en que te haya ofendido o haya herido a mi prójimo. Ayúdame a no caer más en el pecado para que pueda vivir la alegría de estar en tu verdad
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Enviado desde Evangelio del día:
martes, 22 de marzo de 2016
Lecturas del 22/03/2016: Martes Santo
PRIMERA LECTURA
(Libro de Isaías 49,1-6.)
¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. Él me dijo: "Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré". Pero yo dije: "En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza". Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios. Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi Fortaleza. Él dice: "Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra".
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SALMO
(Salmo 71(70),1-2.3-4a.5-6ab.15.17.)
Yo me refugio en Ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.
Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!
Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.
Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.
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EVANGELIO
(Juan 13,21-33.36-38)
Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará". Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere". Él se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?". Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer". Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche. Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'.
Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás". Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".
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COMENTARIO
(San Máximo de Turín (¿-c. 420), obispo)
Volviéndose el Señor, fijó su mirada en Pedro. Y Pedro, tomando conciencia de lo que acababa de decir, se arrepiente y llora..., se deshace en lágrimas y queda mudo..(Lc 22,61-62). Sí, las lágrimas son oraciones mudas; merecen el perdón sin pedirlo; sin más obtienen la misericordia... Las palabras a veces no llegan a expresar una oración, las lágrimas siempre son oración. Las lágrimas expresan siempre lo que sentimos, mientras que las palabras pueden quedar impotentes para expresar los sentimientos. Por esto, Pedro no recurre a palabras: las palabras lo empujaron a la traición, al pecado, a renegar de la fe. Prefiere confesar su pecado con sus lágrimas, ya que renegó hablando...
Imitemos a Pedro en lo que dice en otro lugar, cuando el Señor le pide por tres veces: "Simón, ¿me amas? (Jn 21,17). Tres veces responde: "Señor, tú sabes que te quiero." El Señor le dice luego: Apacienta mis ovejas", y esto por tres veces. Esta palabra compensa su desviación anterior; aquel que había negado al Señor lo confiesa tres veces; tres veces se hizo culpable, tres veces obtiene la gracia por su amor. Veamos, pues, qué beneficio sacó Pedro de sus lágrimas!... Antes de derramar lágrimas, él era un traidor. Después de las lágrimas fue escogido como pastor. Aquel que se había portado mal, recibe el encargo de conducir a los demás.
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REFLEXIÓN
José Perea
"¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".
En nuestro accionar diario u omisiones todos tenemos algo de traidores, si contemplamos desde fuera al personaje de Judas y de Pedro, como si su historia nada tuviera que ver con nosotros, podemos decir que todos tenemos un poco de Judas y de Pedro; Podemos ver dos fases del Pecado el cual es una traición, Judas traicionó a Jesús, pero Pedro, que jura al Señor: daré mi vida por ti, también lo traicionó.
¿Qué diferenció a estos dos discípulos pues ambos se arrepintieron? Que Pedro confesó su culpa, la exteriorizó la lloró amargamente, mientras que Judas la interiorizó, la ocultó, se la guardó para sí sin sacarla a la luz; A Pedro esta actitud le llevó a recibir el perdón y a Judas le llevó al suicidio.
En algunas ocasiones no nos perdonamos a nosotros mismos, nos encerramos en una actitud egocéntrica y fatalista dónde no puede llegar el perdón de Dios.
Cristo distingue entre la persona y la falta cometida, hasta su último aliento sobre la cruz, rechazo condenar a nadie y lejos de minimizar la falta, la tomó sobre sí.
Hay situaciones en las que no conseguimos perdonar porque la herida es demasiado grande, por eso debemos recordar que el perdón de Dios no falla nunca.
¿Qué parte de mi historia personal todavía no ha sido reconciliada, perdonada? ¿A quién tengo cerrada la puerta de mi perdón? ¿Qué herida de mi corazón no he mostrado al Señor para que Él la cure?
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ORACIÓN
Dios mío y Señor Mío, gracias por haberme creado, hecha cristiana y conservado mi existencia. Gracias por cada oportunidad que me provees para amar y ser feliz. Quiero y elijo ser tu instrumento de amor en esos momentos de dificultades que me toquen experimentar como plan reservado para mí...Amén Bendito y Adorado Dios.
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Enviado desde Evangelio del día:
lunes, 21 de marzo de 2016
Lecturas del 21/03/2016: Lunes Santo
PRIMERA LECTURA
(Libro de Isaías 42,1-7.)
Así habla el Señor: Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley. Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella. Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.
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SALMO
(Salmo 27(26),1.2.3.13-14.)
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?
Cuando se alzaron contra mí los malvados
para devorar mi carne,
fueron ellos, mis adversarios y enemigos,
los que tropezaron y cayeron.
Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza.
Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.
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EVANGELIO
(Juan 12,1-11)
Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: "¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?". Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre". Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado.
Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.
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COMENTARIO
(San Cromacio de Aquilea (¿-407), obispo)
El evangelio nos relata hoy que el Señor, estando sentado en la mesa de Lázaro que había resucitado de entre los muertos "María, la hermana de Lázaro y de Marta, traía un frasco de perfume de nardo y ungió los pies de Jesús."... Santa María, tal como se lee a menudo en el evangelio, fue muy considerada por Cristo por la grandeza extraordinaria de su fe. En el pasaje que precede, llorando la muerte de su hermano, hizo llorar también al Señor, porque provocó la ternura en el autor de la ternura. Pues bien, aunque preparaba la resurrección de Lázaro, el Señor lloraba, porque María lloraba, para mostrar así al mismo tiempo su propia ternura y el mérito de María... Las lágrimas del Señor nos muestran el misterio de la carne asumida; la resurrección de Lázaro pone de relieve el poder de su divinidad...
En este pasaje, miremos la devoción y la fe de esta mujer. Los otros estaban en la mesa con el Señor; ella ungiéndole los pies. Los otros conversaban con el Señor, ella en el silencio de su fe, secaba sus pies con sus cabellos. Los otros ocupaban un sitio de honor, ella servía. Pero el servicio prestado por María tenía más mérito a los ojos de Cristo que los primeros puestos de los convidados. Por esto, el Señor dijo a su propósito: "Os aseguro: dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho, para memoria suya" (Mt 26,13).
¿Cuál ha sido el servicio de esta santa mujer, para que sea proclamado en todo el mundo y cada día? Mirad su humildad. No empezó por ungir la cabeza del Señor sino sus pies... Ha comenzado por los pies para merecer llegar luego a la cabeza, porque "quien se humillare será ensalzado y quien se ensalce será humillado" (Mt 23,12). Se abajó y fue elevado.
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REFLEXIÓN
José Perea
Señor, yo también quiero tener gestos de cariño contigo: ¿Cómo ungirte? ¿Por qué no te ofrezco lo mejor de mí, mi mejor perfume? ¿Por qué en ocasiones me guardo este caro ungüento y no soy capaz de derramarlo con más generosidad? Tú lo diste todo por mí, ¿qué hago yo por ti? ¿Cómo acompañarte en tu Redención y como en esta Semana Santa? No quiero que mis días sigan pasando sin pena ni gloria, quiero vivirlos con pasión, a tu lado. Ayúdame a estar cerca de ti y entender ese gesto de amor que tuviste con nosotros y entregas tu vida, ésta semana un año más somos invitados a actualizar y hacerte más nuestro. ¡Vive esta semana en particular allá donde estés!
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ORACIÓN
Señor Dios nuestro:
Por el cuerpo y la sangre de tu Hijo
nos llamas a servir a la causa de lo justo y bueno.
Te pedimos que aliente en nosotros, tu pueblo,
el Espíritu de justicia de tu Hijo,
y que él mismo, Jesús, nos tome de la mano
y nos haga fuente de unidad y de luz
para los pobres y ciegos de hoy,
y para los que sinceramente buscan amor y verdad.
Quédate con nosotros, tu pueblo.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.
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Enviado desde Evangelio del día:
domingo, 20 de marzo de 2016
Lecturas del 20/03/2016: Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
PRIMERA LECTURA
(Libro de Isaías 50,4-7.)
El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.
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SALMO
(Salmo 22(21),8-9.17-18a.19-20.23-24.)
Los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que Él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto.»
Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies.
Yo puedo contar todos mis huesos.
Se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.»
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SEGUNDA LECTURA
(Carta de San Pablo a los Filipenses 2,6-11.)
Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: "Jesucristo es el Señor".
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EVANGELIO
(Lucas 22,14-71.23,1-56)
Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: "He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios". Y tomando una copa, dio gracias y dijo: "Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios". Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes. La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí. Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado, pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!". Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso. Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande. Jesús les dijo: "Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor. Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve. Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí. Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos". "Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte". Pero Jesús replicó: "Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces". Después les dijo: "Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿les faltó alguna cosa?". "Nada", respondieron. El agregó: "Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una. Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí". "Señor, le dijeron, aquí hay dos espadas". Él les respondió: "Basta". En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos. Cuando llegaron, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación". Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: "Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo. Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza. Jesús les dijo: "¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación". Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?". Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: "Señor, ¿usamos la espada?". Y uno de ellos hirió con su espada al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. Pero Jesús dijo: "Dejen, ya está". Y tocándole la oreja, lo curó. Después dijo a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: "¿Soy acaso un ladrón para que vengan con espadas y palos? Todos los días estaba con ustedes en el Templo y no me arrestaron. Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas". Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote. Pedro lo seguía de lejos. Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor de él y Pedro se sentó entre ellos. Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: "Este también estaba con él". Pedro lo negó, diciendo: "Mujer, no lo conozco". Poco después, otro lo vio y dijo: "Tú también eres uno de aquellos". Pero Pedro respondió: "No, hombre, no lo soy". Alrededor de una hora más tarde, otro insistió, diciendo: "No hay duda de que este hombre estaba con él; además, él también es galileo". "Hombre, dijo Pedro, no sé lo que dices". En ese momento, cuando todavía estaba hablando, cantó el gallo. El Señor, dándose vuelta, miró a Pedro. Este recordó las palabras que el Señor le había dicho: "Hoy, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces". Y saliendo afuera, lloró amargamente. Los hombres que custodiaban a Jesús lo ultrajaban y lo golpeaban; y tapándole el rostro, le decían: "Profetiza, ¿quién te golpeó?". Y proferían contra él toda clase de insultos. Cuando amaneció, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Jesús ante el tribunal y le dijeron: "Dinos si eres el Mesías". Él les dijo: "Si yo les respondo, ustedes no me creerán, y si los interrogo, no me responderán. Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios podopoderoso". Todos preguntaron: "¿Entonces eres el Hijo de Dios?". Jesús respondió: "Tienen razón, yo lo soy". Ellos dijeron: "¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca". Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato. Y comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías". Pilato lo interrogó, diciendo: "¿Eres tú el rey de los judíos?". "Tú lo dices", le respondió Jesús. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: "No encuentro en este hombre ningún motivo de condena". Pero ellos insistían: "Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí". Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo. Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén. Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia. Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada. Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia. Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato. Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos. Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: "Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad". Pero la multitud comenzó a gritar: "¡Qué muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!". A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!". Por tercera vez les dijo: "¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad". Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo. Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos. Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús. Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: "¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron! Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos! Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?". Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados. Cuando llegaron al lugar llamado "del Cráneo", lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos. El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: "Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!". También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: "Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!". Sobre su cabeza había una inscripción: "Este es el rey de los judíos". Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo". Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino". Él le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso". Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio. Jesús, con un grito, exclamó: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y diciendo esto, expiró. Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: "Realmente este hombre era un justo". Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido. Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado. Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado. Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado. Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.
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COMENTARIO
(San Andrés de Creta (660-740), monje y obispo)
Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy de Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia su venerable y dichosa pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres. Porque el que va libremente hacia Jerusalén es el mismo que por nosotros, los hombres, bajó del cielo, para levantar consigo a los que yacíamos en lo más profundo y colocarnos, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido (cf Ef 1,21). Y viene, no como quien busca su gloria por medio de la fastuosidad y de la pompa. No porfiará, dice, no gritará, no voceará por las calles, sino que será manso y humilde, y se presentará sin espectacularidad alguna.
Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros.
Alegrémonos, pues, porque se nos ha presentado mansamente el que es manso y que asciende sobre el ocaso de nuestra ínfima vileza, para venir hasta nosotros y convivir con nosotros, de modo que pueda, por su parte, llevarnos hasta la familiaridad con él.
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REFLEXIÓN
José Perea
Cristo Jesús, como tus discípulos el día de Ramos, necesitamos alegría para prepararnos a cargar con nuestra cruz, Tú nos dices a cada uno: no temas, arriésgate a seguirme siempre, una y otra vez.
Señor Jesús, hoy como ayer también llegas a la ciudad humana como mensajero de paz y de salvación. Que el miedo no nos impida acogerte como Señor y Salvador. Tú eres el Bendito que nos trae toda bendición.
La Pasión no basta con leerla en el texto evangélico, ni la asistencia a los actos litúrgicos de hoy; hay que meditarla, asimilarla, encarnarla en la propia vida pudiendo ser el actor que queramos.
Como ejemplo altísimo de docilidad a Dios y de cumplimiento de la voluntad divina es la más esclarecedora expresión y el gesto más profundo y auténtico de amor, que llega hasta derramar la última gota de sangre para salvar a todos.
¿Qué sacaremos de estas reflexiones, que hemos vivido durante toda esta cuaresma? ¿Cuál será nuestra actitud ante nuestra vida?
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sábado, 19 de marzo de 2016
Lecturas del 19/03/2016: Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María
PRIMERA LECTURA
(Segundo Libro de Samuel 7,4-5a.12-14a.16.)
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre.»
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SALMO
(Salmo 89(88),2-3.4-5.27.29.)
Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
«Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
«Estableceré tu descendencia para siempre,
mantendré tu trono por todas las generaciones.»
El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi alianza será estable para él.
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SEGUNDA LECTURA
(Carta de San Pablo a los Romanos 4,13.16-18.22.)
Hermanos:
En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe. Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común, como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen. Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.
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EVANGELIO
(Mateo 1,16.18-21.24a)
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados". Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.
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COMENTARIO
(San Juan Pablo II (1920-2005), papa)
El clima de silencio que acompaña todo lo que se refiere a San José se extiende también a su trabajo como carpintero en la casa de Nazaret. Con todo, es un silencio que revela de una manera especial el perfil interior de esta figura. Los evangelios hablan exclusivamente de lo que "hizo" José. Pero dan pie para descubrir en sus acciones, envueltas en silencio, un clima de profunda contemplación. José estaba en contacto diario con el misterio "escondido desde siglos" (cf Col 1,26) y que "plantó su tienda" (Jn 1,14) bajo el techo de José. Esto explica por qué, p. e. Santa Teresa de Jesús, la gran reformadora del Carmelo contemplativo, fue una promotora de la renovación del culto a San José en la cristiandad occidental.
El sacrificio absoluto de José de toda su existencia a las exigencias de la venida del Mesías en su casa, encuentra su justo motivo "en la insondable vida interior, de donde le vienen las órdenes y las ayudas del todo particulares y de donde emanan para él la lógico y la fuerza, propias de las almas simples y transparentes, de las grandes decisiones, como la de poner a disposición divina su libertad, su vocación humana legítima, su felicidad conyugal, aceptando la condición, la responsabilidad y la carga de la familia, renunciando, en aras de un amor virginal incomparable, al amor conyugal natural que constituye a la familia y la alimenta" (Pablo VI).
Esta sumisión a Dios que es prontitud de la voluntad para consagrarse del todo al servicio de Dios, no es otra cosa que el ejercicio de la devoción que constituye una de las expresiones de la virtud de la religión, según Santo Tomás.
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REFLEXIÓN
Sitio católico.
La Iglesia hoy interrumpe de cierto modo hoy la práctica cuaresmal para recordar a San José, esposo de María. El, junto con Nuestra Señora, cuidó de Jesús niño. Esta festividad se fijó en esta fecha durante el siglo XV y luego se extendió a toda la Iglesia en 1621. El Papa Pío IX nombró a San José patrono de la Iglesia universal en 1847. La paternidad de San José alcanza no sólo a Jesús - de quien hizo las veces de padre - sino a la misma Iglesia, continúa en la tierra la misión salvadora de Cristo.
José fue un hombre sencillo que Dios cubrió de gracias y de dones para que cumpliera una misión singular y entrañable en los planes de la salvación. Tuvo alegrías enormes al tener junto a él a Jesús y a María. Pero también sufrió incertidumbres y sufrimientos: perplejidad ante el misterio obrado en María, que en un comienzo desconocía; la pobreza extrema en Belén; la profecía de Simeón en el Templo sobre los sufrimientos de Jesús; la angustiada huida a Egipto.
Pero José fue siempre fiel a la voluntad de Dios, dejando de lado sus planes y razones para seguir el camino trazado por el Padre. San José fue firme como una roca y contó siempre con la ayuda de Dios. Nada desvió a José de su senda. Fue la persona a quién Dios, confiándose en él, puso al frente de su familia
El centro de la vida de José fueron siempre Jesús y María, y el cumplimiento de la misión que Dios le había confiado. Esposo de la Virgen María, padre legal de Jesús, consumió su vida con la atención puesta en ellos, entregado al cumplimiento de la voluntad del Padre. Su fiesta es, por eso, un buen momento para que todos renovemos nuestra entrega a la vocación de cristianos, que a cada uno de nosotros nos ha concedido el Señor.
(Segundo Libro de Samuel 7,4-5a.12-14a.16.)
Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre.»
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SALMO
(Salmo 89(88),2-3.4-5.27.29.)
Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
«Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
«Estableceré tu descendencia para siempre,
mantendré tu trono por todas las generaciones.»
El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi alianza será estable para él.
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SEGUNDA LECTURA
(Carta de San Pablo a los Romanos 4,13.16-18.22.)
Hermanos:
En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe. Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común, como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen. Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.
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EVANGELIO
(Mateo 1,16.18-21.24a)
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados". Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.
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COMENTARIO
(San Juan Pablo II (1920-2005), papa)
El clima de silencio que acompaña todo lo que se refiere a San José se extiende también a su trabajo como carpintero en la casa de Nazaret. Con todo, es un silencio que revela de una manera especial el perfil interior de esta figura. Los evangelios hablan exclusivamente de lo que "hizo" José. Pero dan pie para descubrir en sus acciones, envueltas en silencio, un clima de profunda contemplación. José estaba en contacto diario con el misterio "escondido desde siglos" (cf Col 1,26) y que "plantó su tienda" (Jn 1,14) bajo el techo de José. Esto explica por qué, p. e. Santa Teresa de Jesús, la gran reformadora del Carmelo contemplativo, fue una promotora de la renovación del culto a San José en la cristiandad occidental.
El sacrificio absoluto de José de toda su existencia a las exigencias de la venida del Mesías en su casa, encuentra su justo motivo "en la insondable vida interior, de donde le vienen las órdenes y las ayudas del todo particulares y de donde emanan para él la lógico y la fuerza, propias de las almas simples y transparentes, de las grandes decisiones, como la de poner a disposición divina su libertad, su vocación humana legítima, su felicidad conyugal, aceptando la condición, la responsabilidad y la carga de la familia, renunciando, en aras de un amor virginal incomparable, al amor conyugal natural que constituye a la familia y la alimenta" (Pablo VI).
Esta sumisión a Dios que es prontitud de la voluntad para consagrarse del todo al servicio de Dios, no es otra cosa que el ejercicio de la devoción que constituye una de las expresiones de la virtud de la religión, según Santo Tomás.
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REFLEXIÓN
Sitio católico.
La Iglesia hoy interrumpe de cierto modo hoy la práctica cuaresmal para recordar a San José, esposo de María. El, junto con Nuestra Señora, cuidó de Jesús niño. Esta festividad se fijó en esta fecha durante el siglo XV y luego se extendió a toda la Iglesia en 1621. El Papa Pío IX nombró a San José patrono de la Iglesia universal en 1847. La paternidad de San José alcanza no sólo a Jesús - de quien hizo las veces de padre - sino a la misma Iglesia, continúa en la tierra la misión salvadora de Cristo.
José fue un hombre sencillo que Dios cubrió de gracias y de dones para que cumpliera una misión singular y entrañable en los planes de la salvación. Tuvo alegrías enormes al tener junto a él a Jesús y a María. Pero también sufrió incertidumbres y sufrimientos: perplejidad ante el misterio obrado en María, que en un comienzo desconocía; la pobreza extrema en Belén; la profecía de Simeón en el Templo sobre los sufrimientos de Jesús; la angustiada huida a Egipto.
Pero José fue siempre fiel a la voluntad de Dios, dejando de lado sus planes y razones para seguir el camino trazado por el Padre. San José fue firme como una roca y contó siempre con la ayuda de Dios. Nada desvió a José de su senda. Fue la persona a quién Dios, confiándose en él, puso al frente de su familia
El centro de la vida de José fueron siempre Jesús y María, y el cumplimiento de la misión que Dios le había confiado. Esposo de la Virgen María, padre legal de Jesús, consumió su vida con la atención puesta en ellos, entregado al cumplimiento de la voluntad del Padre. Su fiesta es, por eso, un buen momento para que todos renovemos nuestra entrega a la vocación de cristianos, que a cada uno de nosotros nos ha concedido el Señor.
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ORACIÓN
Concédenos Señor que podamos servirte con un corazón puro como San José, que se entregó para servir a tu hijo.
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ORACIÓN
Concédenos Señor que podamos servirte con un corazón puro como San José, que se entregó para servir a tu hijo.
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jueves, 17 de marzo de 2016
Lecturas del 17/03/2016: Jueves de la quinta semana de Cuaresma
PRIMERA LECTURA
(Libro de Génesis 17,3-9.)
Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo: "Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes. Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tú Dios y el de tus descendientes. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios". Después, Dios dijo a Abraham: "Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones."
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SALMO
(Salmo 105(104),4-5.6-7.8-9.)
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!
Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.
Él se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac.
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EVANGELIO
(Juan 8,51-59)
Jesús dijo a los judíos: "Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás". Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'. ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?". Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios', y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría". Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?". Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy". Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.
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COMENTARIO
(San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia)
"Dios dice a Abrahán: Toma tu hijo, el que amas, Isaac. Vete a la montaña y sacrifícamelo ahí en holocausto." (Gn 22,2) Isaac es figura de Cristo que sufrirá; llega sobre un pollino...y cuando el Señor ha venido a padecer la pasión por nosotros, desató el pollino y se sentó encima... Abrahán dice a sus criados: -Volveremos con vosotros-, sin saber él que esto era una profecía... Isaac se cargó la leña, Cristo llevó la cruz. Abrahán acompañaba a su hijo; el Padre acompañaba a Cristo. Dice en efecto: "Me dejaréis solo, pero yo no estoy nunca solo, porque el Padre está siempre conmigo." (Jn 16,32) Isaac dice a su padre: -Aquí está la leña, pero, el cordero ¿dónde está?- Son palabras proféticas, pero él no lo sabe. El Señor preparó un Cordero para el sacrificio. Abrahán también profetizó cuando dijo: -Dios proveerá para el cordero del holocausto.-...
El ángel dice: Abrahán, Abrahán!...No pongas la mano sobre el muchacho; sé que temes a Dios, tú que no has rehusado ofrecerme a tu hijo amado." (Rm 8,32)... Abrahán levanta los ojos y mira: he aquí que ve entre las zarzas un carnero. ¿Por qué un carnero? Es el que tiene más valor en el rebaño. Porque enredado entre las zarzas? Para dar a entender que no era una víctima de la tierra.. Nuestro cuerno, nuestra fuerza, es Cristo. (Lc 1,69) que es superior a todo hombre, como lo leemos: -Eres el más bello de los hijos de los hombres..." (Sal 44) El sólo fue levantado de la tierra y exaltado como nos lo enseña por estas palabras: "No soy de este mundo; yo soy de arriba." (Jn 8,23) Abrahán vio mi día y se alegró. Se apareció a Abrahán, revelándole que en su cuerpo sufriría la pasión para rescatar al mundo entero. Indica el género de la pasión mostrándole al carnero colgado entre las zarzas. Este arbusto es el árbol de la cruz. Y levantado en el árbol el guía incomparable del rebaño atrae todo hacia si, para revelarse a todos.
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REFLEXIÓN
José Perea
"Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás"
Cuál ha sido la repuesta, al despreciar su palabra y seguir viviendo inmersos en nuestros quehaceres diario, nuestra indiferencia y colocando en el olvido lo que debe representar Dios en nuestra vidas, decimos "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado” “No le entendemos”.
¡Cuántas cosas podemos imaginar y decir acerca dela vida eterna! Jesús fue claro y preciso en su afirmación: “Quien guarde mi doctrina no verá jamás la muerte”. No significa que no debamos morir; pues ciertamente moriremos, pero conforme a nuestra fe, nuestro destino es la vida eterna. “Nosotros resucitaremos porque Cristo resucitó; y si nuestra esperanza se reduce a lo de esta vida, seremos lo más desdichados de todos los hombres”. Creer en la vida eterna es vivir en la esperanza, activos, propositivos; manteniéndose en la lucha cotidiano de la vida. Es ver más allá de la pasión y muerte de Cristo; es tener como meta su “Resurrección Gloriosa”.
¡Hoy debemos evitar los pesimismos y reflexionar sobre la vida eterna como una esperanza que nos anima a transformar positivamente nuestra realidad!.
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ORACIÓN
Deseo ser de los que guardan tú Palabra Señor y vivir en la esperanza de la resurrección que tu nos das. Que espere ese día con ánimo, gozo y alegría sabiendo que así me das vida y vida en abundancia. ¡Así sea!
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Enviado desde Evangelio del día:
miércoles, 16 de marzo de 2016
Lecturas del 16/03/2016: Miércoles de la quinta semana de Cuaresma
PRIMERA LECTURA
(Libro de Daniel 3,14-20.91-92.95.)
Nabucodonosor tomó la palabra y les dijo: "¿Es verdad Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué Dios podrá salvarlos de mi mano?". Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: "No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido". Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual. Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente. Entonces el rey Nabucodonosor, estupefacto, se levantó a toda prisa y preguntó a sus consejeros: «¿No hemos echado nosotros al fuego a estos tres hombres atados?» Respondieron ellos: «Indudablemente, oh rey.» Dijo el rey: «Pero yo estoy viendo cuatro hombres que se pasean libremente por el fuego sin sufrir daño alguno, y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los dioses.» Nabucodonosor exclamó: «Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ha enviado a su ángel a librar a sus siervos que, confiando en él, quebrantaron la orden del rey y entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios.
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SALMO
(Libro de Daniel 3,52.53.54.55.56.)
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
alabado y exaltado eternamente.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre,
alabado y exaltado eternamente.
Bendito seas en el Templo de tu santa gloria,
aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino.
Aclamado por encima de todo y exaltado eternamente.
Bendito seas Tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines,
alabado y exaltado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el firmamento del cielo,
aclamado y glorificado eternamente.
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EVANGELIO
(Juan 8,31-42)
Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: "Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres". Ellos le respondieron: "Somos descendientes de Abrahám y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: 'Ustedes serán libres'?". Jesús les respondió: "Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abrahám, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes. Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre". Ellos le replicaron: "Nuestro padre es Abrahám". Y Jesús les dijo: "Si ustedes fueran hijos de Abrahám obrarían como él. Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abrahám no hizo eso.
Pero ustedes obran como su padre". Ellos le dijeron: "Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios". Jesús prosiguió: "Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió.
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COMENTARIO
(San Paciano (¿-c. 390), obispo de Barcelona)
Hermanos, por el bautismo accedemos a un nuevo nacimiento... "Si hemos puesto nuestra esperanza en este mundo, somos los más desgraciados de los hombres." (cf 1Cor 15,19). La vida de este mundo, como lo veis, puede ser igual de larga para los animales, las fieras y los pájaros como para los hombres, e incluso más larga. Pero lo que le es propio al hombre es lo que Cristo nos dio por su Espíritu --la vida eterna—a condición de renunciar al pecado... "Porque la paga del pecado es la muerte, pero el don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro." (Rm 6,23)
Hijitos, acordaos sobre todo de esto: Antiguamente, las naciones estaban bajo el dominio de las tinieblas. Ahora, nosotros hemos sido liberados, gracias a la victoria de Jesucristo, Nuestro Señor. Él nos ha redimido...Ha liberado a los encadenados y ha roto nuestras cadenas, como dijo David: "El Señor levanta a los oprimidos, el Señor desata a los cautivos, el Señor abre los ojos al ciego" (Sal 145,7) Y en otro lugar: "Has roto nuestras cadenas, te ofreceré un sacrificio de alabanza.." (Sal 115,16) Sí, hemos sido liberados de nuestras ataduras, convocados por el Señor para el sacramento del bautismo...liberados por la sangre de Cristo y por la invocación de su nombre...
Pues, amados míos, somos bautizados una vez por todas, liberados una vez por todas, acogidas en el reino inmortal una vez por todas. Una vez por todas somos felices porque nuestros crímenes han sido perdonados, borrados nuestros pecados. (cf Sal 31,1) Guardad con firmeza lo que os ha sido dado, conservadlo con alegría, no pequéis más. En adelante, guardaos puros e irreprochables para el día del Señor.
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REFLEXIÓN
José Perea
"Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado”
Hoy vemos la necesidad de ahondar en la Fidelidad y Confianza, así como en la Verdad y la Libertad. Manteniéndonos fieles y teniendo confianza en el Señor nos hará Libres, si nos mantenemos fieles a su Palabra conoceremos esa verdad y esta nos hará libres. A la vez, debemos contraponernos al pecado para ser liberes.
Nuestra sociedad consumista nos insta, a veces casi nos obliga, a “postrarnos” ante muchos “dioses”: el dinero, la fama, el poder, la fama, el sexo, el alcohol, entre otros tantos; y se nos insta a ejercer nuestra “libertad” para adorarles. Al postrarnos ante esos dioses haciendo uso de esa aparente libertad, en realidad nos estamos esclavizando.
“La verdad nos hará libres”. No se trata de una libertad frente a la autoridad política o judicial, se trata de la verdadera libertad; la libertad frente al pecado, la muerte, las tinieblas. “Si el Hijo nos hace libres, seremos realmente libres”; y esa libertad es capaz de hacernos sentir libres aún en prisión.
Nosotros hemos sido llamados para vivir en libertad, pero debemos procurar que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales. “Hagámonos más bien servidores los unos de los otros, por medio del amor”
Solamente sometiéndonos al amor incondicional de Dios, y compartiendo ese amor con nuestro prójimo, obtendremos la verdadera libertad, esa verdad que nos hará libres.
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ORACIÓN
Señor, gracias por este nuevo día. Ayúdame a aprovechar al máximo este tiempo de oración que me concedes para encontrarme contigo. Que tu Palabra me ayude a conocerte mejor y llegue así a alcanzar la libertad que me tienes prometida. Dame la libertad que sólo Tú puedes dar. Ayúdame a aborrecer el pecado que me esclaviza. Señor, que te reconozca en mi vida como al Único que puede liberarme del pecado. Haz que todas mis obras vayan siempre conforme a la voluntad del Padre.
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