martes, 23 de febrero de 2016

Lecturas del 22/02/2016: Fiesta de la cátedra del apóstol san Pedro

PRIMERA LECTURA
(Epístola I de San Pedro 5,1-4.)

Queridos hermanos: Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como  
ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada. Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación; no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño. Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.

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SALMO
(Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.)

El Señor es mi pastor, 
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas 
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,

Aunque cruce por oscuras quebradas, 
no temeré ningún mal, 
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

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EVANGELIO
(Mateo 16,13-19)

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

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COMENTARIO
(Catecismo de la Iglesia Católica)

Cristo, al instituir a los doce, "formó una especie de colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él." (LG 19) Así como, por disposición del Señor, San Pedro y los demás apóstoles forman un único colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el romano pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los apóstoles". (LG 22; cf CIC can. 330)
El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella (cf Mt 16,18-19); lo instituyó pastor de todo el rebaño. (cf Jn 21, 15-17) "Está claro que también el colegio de los apóstoles, unido a su cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro." (LG 22) Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del papa. 
El papa, obispo de Roma y sucesor de San Pedro, "es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles." (LG 23) "El pontífice romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de vicario de Cristo y pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad." (LG 22; CD 2; 9)
"El colegio o cuerpo episcopal no tiene ninguna autoridad si no se le considera junto con el romano pontífice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo." Como tal, este colegio es "también sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia" que "no se puede ejercer... a no ser con el consentimiento del romano pontífice." (LG 22; cf CIC can. 336) La potestad del colegio de los obispos sobre toda la Iglesia se ejerce de modo solemne en el Concilio Ecuménico". (CIC can. 337,1) "No existe concilio ecuménico si el sucesor de Pedro no lo ha aprobado o al menos aceptado como tal." (LG 22) Este colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la diversidad y la unidad del pueblo de Dios; en cuanto reunido bajo una única cabeza, expresa la unidad del rebaño de Dios." (LG 22)

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REFLEXIÓN
¿Qué Significa el PAPA para el Cristiano?

“El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia”. Sobre toda aseveración o lo que significa el Papa, esta lo dicho por Pedro en una de sus carta y es la humildad que debe tener tanto el Papa como todo sacerdote y laico de la Iglesia Cristiana Católica, actualmente con su sede en Roma.

 “Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación; no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño. Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria”. (Epístola I de San Pedro 5,2-4.)

Aquellos primeros cristianos reconocían en Pedro el especial pastoreo de la Iglesia que Jesús le había confiado cuando le dijo: “tú eres Pedro (piedra) y sobre esta piedra (de tu fe)  edificaré mi Iglesia…“.  Por ello, los apóstoles siempre estuvieron atentos a los labios de Pedro y a sus palabras. Su enseñanza era tenida como el eco de la misma voz de Jesús.  La silla o sede donde Pedro se sentase era respetada por todos, y se convertía en el signo de su enseñanza y de su autoridad.

“Pero si todos los apóstoles miraban a Pedro para buscar su aprobación, Pedro miraba a María”. Teniéndola a ella como maestra, se puede entender mejor que Pedro pueda decir a los presbíteros de la Iglesia: “sed pastores del rebaño de Dios, no llevándolo por sórdida ganancia, sino con generosidad;  (…) convirtiéndoos en modelos del rebaño.” Así, como María: dando la vida, predicando con el ejemplo, cuidando de cada uno, preocupándose de cada uno. Corrigiendo, exhortando, educando, alentando,… como una buena madre hace con su progenie. Amando a todos por igual pero especialmente dedicada a los más débiles o enfermos de sus hijos. Por tanto, la cátedra de San Pedro es una manera especialísima de amar que el Papa está llamado a poner en práctica en favor de todos nosotros. Pidamos entonces por el Papa Francisco para que no se desaliente en su tarea y nos siga avivando con su testimonio en la fe y en el amor.

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ORACIÓN
Padre, te pedimos por el Papa, los obispos y sacerdotes para que sean pastores fieles al mensaje de tu Hijo y así muestren a los hombres el camino de Salvación que es Cristo y su Iglesia.

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domingo, 21 de febrero de 2016

Lecturas del 21/02/2016: domingo de la primera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Libro de Génesis 15,5-12.17-18.)
Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole: "Mira hacia el cielo y si puedes, cuenta las estrellas". Y  
añadió: "Así será tu descendencia". Abrám creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación. Entonces el Señor le dijo: "Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra". "Señor, respondió Abrám, ¿cómo sabré que la voy a poseer?". El Señor le respondió: "Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una tórtola y un pichón de paloma". El trajo todos estos animales, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros. Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos, pero Abrám los espantó. Al ponerse el sol, Abrám cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran temor, una densa oscuridad. Cuando se puso el sol y estuvo completamente oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de los animales descuartizados. Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abrám diciendo: "Yo he dado esta tierra a tu descendencia desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río, el río Eufrates:

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SALMO
(Salmo 27(26),1.7-8.9abc.13-14.)

El Señor es mi luz y mi salvación, 
¿a quién temeré? 
El Señor es el baluarte de mi vida, 
¿ante quién temblaré?

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste:
"Busquen mi rostro".

Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.

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SEGUNDA LECTURA
(Carta de San Pablo a los Filipenses 3,17-21.4,1.)

Sigan mi ejemplo, hermanos, y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado. Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra.
En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio. Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor.

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EVANGELIO
(Lucas 9,28b-36)

Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, 
que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Él no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: "Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo". Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

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COMENTARIO
(Teófanes de Ceramea (siglo XII), monje basiliano)

 La hora de la Pasión se acercaba... Ahora bien, era necesario que en esta hora los discípulos no vacilaran en su espíritu; era preciso que los que un poco antes, por la palabra de Pedro habían confesado que él era el Hijo de Dios (Mt 16,16) pudieran creer, viéndole clavado en la cruz como a un culpable, que era un simple hombre. Por eso él les ha consolidado a través de esta admirable visión.
Así, cuando le verán traicionado, agonizando, orando para que pase de él el cáliz de la muerte y llevado al patio del sumo sacerdote, se acordarán de la subida al Tabor y comprenderán que es él mismo quien se ha entregado a la muerte... Cuando verán los golpes y salivazos en su rostro, no se escandalizarán, sino que se acordarán de su resplandor más brillante que el sol. Cuando lo verán, burlado, vestido de manto de púrpura, se acordarán que a este mismo Jesús lo habían visto en el monte vestido de luz. Cuando le verán sobre el instrumento de suplicio, entre dos malhechores, sabrán que se manifestó entre Moisés y Elías como a su Señor. Cuando lo verán sepultado en tierra como a un muerto, pensarán en la nube luminosa que le recubrió.
Aquí tenéis un motivo de la Transfiguración. Y es posible que haya otro: el Señor exhortaba a sus discípulos a no querer ahorrar su propia vida; les decía: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24). Pero parece difícil renunciar a sí mismo, tener la perspectiva de una muerte ignominiosa; por eso el Salvador muestra a sus discípulos de qué gloria van a ser dignos si imitan su Pasión. En efecto, la Transfiguración no es otra cosa que la manifestación adelantada del último día "en que los justos brillarán como el sol en la presencia de Dios" (Mt 13,43).
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RELEXIÓN
La voz de Dios le va a corregir, revelando la verdadera identidad de Jesús: «Este es mi Hijo, el escogido», el que tiene el rostro transfigurado. No ha de ser confundido con los de Moisés o Elías, que están apagados. «Escuchadle a él». A nadie más. Su Palabra es la única decisiva. Las demás nos han de llevar hasta él.
Hay algo que solo en ellos podemos encontrar: el impacto causado por Jesús a los primeros que se sintieron atraídos por él y le siguieron. Los evangelios no son libros didácticos que exponen doctrina académica sobre Jesús. Tampoco biografías redactadas para informar con detalle sobre su trayectoria histórica. Son «relatos de conversión» que invitan al cambio, al seguimiento a Jesús y a la identificación con su proyecto.
Por eso piden ser escuchados en actitud de conversión. Y en esa actitud han de ser leídos, predicados, meditados y guardados en el corazón de cada creyente y de cada comunidad. Una comunidad cristiana que sabe escuchar cada domingo el relato evangélico de Jesús en actitud de conversión, comienza a transformarse. No tiene la Iglesia un potencial más vigoroso de renovación que el que se encierra en estos cuatro pequeños libros.
Es urgente recuperar en la Iglesia de hoy y en nuestra Iglesia doméstica, la importancia decisiva que tuvo en sus comienzos la experiencia de escuchar en el seno de las comunidades cristianas el relato de Jesús recogido en los evangelios. Estos cuatro escritos constituyen para los cristianos una obra única que no hemos de equiparar al resto de los libros bíblicos.
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ORACIÓN
Escuchar a Dios desde el silencio Interior: El hombre debe comprender lo que significa el divino silencio y rendirse a los caminos del Señor y orar como el Salmista,
“Te amo Señor, mi fortaleza. El Señor es mi roca, mi fortaleza, mi libertador, mi Dios, mi roca, a quien me acojo; mi escudo, mi fuerza de salvación, mi asilo”
(Salmo 18, 1-2)
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sábado, 20 de febrero de 2016

Lectura del 20/02/2016: Sábado de la primera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Deuteronomio 26,16-19.)

 
Moisés habló al pueblo diciendo: Hoy el Señor, tu Dios, te ordena practicar estos preceptos y estas leyes. Obsérvalas y practícalas con todo tu corazón y con toda tu alma. Hoy tú le has hecho declarar al Señor que él será tu Dios, y que tú, por tu parte, seguirás sus caminos, observarás sus preceptos, sus mandamientos y sus leyes, y escucharás su voz. Y el Señor hoy te ha hecho declarar que tú serás el pueblo de su propiedad exclusiva, como él te lo ha prometido, y que tú observarás todos sus mandamientos; que te hará superior - en estima, en renombre y en gloria - a todas las naciones que hizo; y que serás un pueblo consagrado al Señor, como él te lo ha prometido.

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SALMO
(Salmo 119(118),1-2.4-5.7-8.)

Felices los que van por un camino intachable,
los que siguen la ley del Señor,
Felices los que cumplen sus prescripciones
y lo buscan de todo corazón,

Tú promulgaste tus mandamientos
para que se cumplieran íntegramente.
¡Ojalá yo me mantenga firme
en la observancia de tus preceptos!

Te alabaré con un corazón recto,
cuando aprenda tus justas decisiones.
Quiero cumplir fielmente tus preceptos:
no me abandones del todo.

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EVANGELIO
(Mateo 5,43-48)

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

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COMENTARIO
(San Fulgencio de Ruspe (467-532), obispo en África del Norte)

"No debáis nada a nadie salvo el amor mutuo" (Rm 13,8). Que deuda más sorprendente, hermanos, que este amor que el apóstol Pablo nos enseña hemos de pagar siempre, sin dejar nunca de ser deudores. ¡Dichos deuda, deuda sagrada, portadora de créditos en el cielo, llena de riquezas eternas!... Acordémonos de las palabras del Señor: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian" (cf Lc 6,27). ¿Y cuál será la recompensa de este trabajo?... "Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo".
El apóstol Pablo nos da a conocer qué es lo que se dará a estos hijos de Dios: "Si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Rm 8,17). ¡Escuchad, pues, cristianos, escuchad, hijos de Dios, escuchad herederos de Dios, coherederos con Cristo! Si queréis poseer la herencia de vuestro Padre, pagad la deuda de vuestro amor no sólo hacia vuestros amigos sino también hacia vuestros enemigos. No rechacéis dar este amor a nadie; es el tesoro común a todos los hombres de buena voluntad. Poseedlo todos juntos, y para aumentarlo, derramadlo tanto a los malos como a los buenos. Porque este bien, que no se posee sino es todos juntos, no es de la tierra sino del cielo; la parte de uno jamás reduce la de ninguno de los otros…
 El amor es un don de Dios: "El amor ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado" (Rm 5,5)… El amor es la raíz de todos los bienes, tal como, vemos en san Pablo, la avaricia lo es de todos los males (1Tm 6,10)… El amor está siempre contento, porque cuanto más multiplica sus dones, tanto más ampliamente Dios nos lo concede. Es por esta razón que mientras el avaro se empobrece con todo lo que acapara, el hombre que paga su deuda de amor se enriquece con lo mismo que da.

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REFLEXIÓN
Hay un solo requisito: amar; amar sin distinción y sin excepciones, especialmente a aquellos que nos hacen la vida imposible, aquellos que nos traicionan, nos odian, aquellos que son “diferentes”… Y más aún, orar por los que nos persiguen, los que nos hacen daño.
“Amar a los enemigos y orar por los que nos persiguen”. ¿Será posible cumplirlo, sobre todo cuando no somos capaces de amar ni siquiera a los que aman o viven con nosotros? El ejemplo de que es posible lo encontramos en Dios mismo, que no hace distinción de personas entre buenos y malos. Y nos dice que el cristiano está llamado a hacer un poco más que los demás. Si amamos a los que nos aman está bien, pero podemos hacer más. Si cumplimos con nuestras responsabilidades, está bien, pero podríamos hacer más. En una palabra, nos llama a hacer cosas extraordinarias en medio de lo ordinario.
Llevar a cabo este mandamiento no es nada sencillo, ni se puede practicar de un día para otro y muchas veces habría que comenzar, al menos, con amar a nuestros prójimos. Es necesario ir paso a paso. Lo mejor sería no tener enemigos; pero si los tenemos, podemos empezar por no causar daño “a nuestro enemigo”.

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ORACIÓN
¡Amar como tus amas Señor! Esta es mi oración de hoy que con toda el alma te entrego. ¡No sabría a mar a mi enemigo si no es con tu mismo amor Señor! Permite que a ejemplo tuyo que no haces distinción en amar a todos por igual, pueda yo también amar a todos en especial a los que me cuesta amar porque mi humanidad se interpone y mi razón no me deja escuchar mi corazón. ¡Dame tu Santa gracia para que así sea, Amen!

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viernes, 19 de febrero de 2016

Lecturas del 19/02/2016: Viernes de la primera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Libro de Ezequiel 18,21-28.)

Así habla el Señor Dios: Si el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, seguramente vivirá, y no morirá. Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso deseo yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva?, Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y del pecado que ha cometido, morirá. Ustedes dirán: "El proceder del Señor no es correcto". Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto?, Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido. Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida. Él ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.

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SALMO
(Salmo 130 (129),1-2.3-4ab.4c-6.7-8.)

Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?

Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.

Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
Mi alma espera al Señor,

más que el centinela la aurora.
Como el centinela espera la aurora,
espere Israel al Señor,
porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
Él redimirá a Israel
de todos sus pecados.

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EVANGELIO
(Mateo 5,20-26)

Jesús dijo a sus discípulos: Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

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COMENTARIO
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia)

Hermanos, que no haya desavenencias entre vosotros en estos días santos de Cuaresma. ...Tal vez, en el pensamiento os decís: "Quiero hacer las paces, pero es el hermano que me ha ofendido...y no quiere pedir perdón." ¿Qué hacer entonces?... Hace falta que se interpongan entre vosotros unos terceros, amigos de la paz... En cuanto a ti, sé pronto para perdonar, totalmente dispuesto a perdonarle su falte desde el fondo del corazón. Si estás del todo dispuesto a perdonarle la falta, de hecho, ya le has perdonado.

Aun te falta orar: ora por él para que te pida perdón porque sabes que no es bueno para él no hacerlo... Di al Señor: Tú sabes que yo no he ofendido al hermano...y le perjudica haberme ofendido; en cuanto a mí, te pido de corazón que le perdones." 

Esto es lo que tenéis que hacer para vivir en paz con vuestros hermanos..., para celebrar la Pascua con serenidad y vivir la Pasión de aquel que no debía nada a nadie y que, no obstante, ha pagado la deuda por todos, Nuestro Señor Jesucristo que no ha ofendido a nadie y, por así decirlo, ha sido ofendido por todo el mundo. No ha pedido castigo sino que ha prometido recompensas... A él mismo le hacemos testigo en nuestro corazón: si hemos ofendido a alguien, vamos a pedir perdón; si alguien nos ha ofendido, estamos dispuestos a perdonar y a orar por nuestros enemigos.

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REFLEXIÓN

El Perdón y el Amor, son dos actos que van tomados de la mano, perdonas porque amas y si amas aun  no olvidando del todo, ni has amado, ni has perdonado.
El evangelio hoy nos reitera la primacía del amor y la disposición interior sobre el formalismo ritual. Hay que interiorizar que ya no se trata de que un acto, un gesto exterior sea malo. Todo lo que injurie gravemente al prójimo, o le manche su reputación; todo aquello que “envenene” las relaciones fraternas entre los hombres conlleva a la pena de condenación eterna. ¡Cuántas veces “matamos” a nuestros hermanos haciendo comentarios hirientes sobre ellos, sean ciertos o no, a sabiendas de van a herir su reputación!; Y “si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda”. La razón es clara, cuando tenemos desavenencias o discordias con nuestro prójimo, nuestra relación con Dios se afecta, se rompe; pierde su fundamento que es el Amor.
Esto no se limita a cuando nosotros tengamos una desavenencia con alguien. Basta que nos enteremos que esa persona “tiene quejas” contra nosotros, con razón o sin ella, debemos ser nosotros dar el primer paso, que reparemos la relación afectada, así nuestra ofrenda, nuestra oración aderezada con la virtud de la caridad, será agradable a Él.

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ORACIÓN
Señor, durante esta Cuaresma y durante todo el año, ayúdame a ser agente de reconciliación fraterna, comenzando con mis propias relaciones, para que pueda ofrecerme yo mismo como hostia viva agradable a Ti.

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jueves, 18 de febrero de 2016

Lecturas del 18/02/2016: Jueves de la Primera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Libro de Ester 14,1.3-5.12-14.)
En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor y rezó así al Señor, Dios de Israel: "Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro. Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido. Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación, y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos. Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices.  ¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Único! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti.

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SALMO
(Salmo 138(137),1-2a.2bc-3.7c-8.)

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo.

Y daré gracias a tu Nombre
por tu amor y tu fidelidad.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma.

Tu derecha me salva.
El Señor lo hará todo por mí.
Tu amor es eterno, Señor,
¡No abandones la obra de tus manos!.

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EVANGELIO
(Mateo 7,7-12)

Jesús dijo a sus discípulos: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.

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COMENTARIO
(Homilía anónima del siglo IV)
"Inclina tu oído hacia mí, Señor." (Sal 5,2) Tú has venido, Señor, no sólo por misericordia con tu pueblo Israel, sino para salvar a todas las naciones..., no sólo a restaurar una parte de la tierra, sino a renovar al mundo entero. Por esto "Inclina tu oído hacia mí." ¡No rechaces mi súplica por indigna, no desdeñes mi oración! No pido oro ni riquezas... Deseando el amor y el respeto de tu nombre, clamo sin cesar: "Inclina tu oído hacia mí, Señor."

Israel gozaba de tus bienes. Yo también tendré experiencia de tus beneficios. Tú sacaste a tu pueblo de Egipto. Sácame de mi error. Tú lo rescataste del poder de Faraón. Líbrame del autor del mal. Tú lo hiciste pasar por el Mar Rojo. Condúceme a través de las aguas bautismales. Tú lo guiaste con una columna de fuego. Ilumíname por tu Espíritu Santo. Israel comió del pan de ángeles en el desierto. Dame tu Cuerpo santísimo. Bebió el agua de la roca; sacia mi sed con la Sangre de tu costado. Israel recibió las tablas de la ley; grava  tu evangelio en mi corazón...

"Inclina tu oído hacia mí, Señor." ¡Comprende mi grito! Gracias a este grito, Moisés tuvo a la creación como aliada para tu pueblo (en el mar rojo). Gracias a este clamor, Josué paró el curso del sol (Jos 10,12) Gracias a este grito, Elías volvió estériles las nubes del cielo. (1R 17,1) Gracias a este clamor, Ana engendró un hijo contra toda esperanza (1S 1,10ss) ¡Señor, atiende, pues, mi súplica!
Proclamo el poder absoluto del Padre y la mediación del Hijo, su misión en el mundo y su obediencia. El Padre tiene su trono eterno y tú, "inclinaste los cielos y bajaste" (Sal 28,10; 17,10)... En el Jordán recibiste el testimonio del Padre...; multiplicando los panes en el desierto, levantaste los ojos hacia el cielo y pronunciaste la bendición. Cuando estuviste suspendido en la cruz, el Padre recibió tu espíritu; cuando depositaron tu cuerpo en el sepulcro, él te resucitó al tercer día. Por todo esto clamo en mi oración, esto es lo que proclamo a través de los tiempos.
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REFLEXIÓN
La oración es la expresión de nuestro grito de auxilio, de nuestra necesidad, de nuestra fragilidad ante este Dios que es Amor y de quien tan necesitados nos reconocemos, vivir en esta confianza modela nuestra vida, nos asimila a Jesús, en quien “se resumen la ley y los profetas”.
Esta ley de oro que nos enseñó Jesús: “haced con los demás lo mismo que queréis que hagan con vosotros”, en esta pequeña novedad Jesús le da un pequeño matiz, un giro, Jesús nos invita a un hacer a los demás de verdad y que salga de nuestra alma, de nuestro corazón: “hacer lo que queréis que hagan con vosotros”, el amor desea lo mejor, no solo no desea ningún mal, sino que desea todo bien.
Nuestro amor debe ser actuante y concreto, recordemos la parábola del buen samaritano, Jesús nos lo enseñó todavía mejor cuando nos quiso hablar de quién es nuestro prójimo, invitándonos: “Anda, haz tú lo mismo”.
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ORACIÓN
Puesto que sin ti nada podemos, concédenos, Señor, luz para distinguir siempre el bien y valor para ponerlo en práctica, a fin de que podamos vivir según tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo...

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miércoles, 17 de febrero de 2016

Santoral 17 de Febreo, San Alejo Falconieri y Compañeros

Orden de los Siervos de María

San Alejo Falconieri y Compañeros


San Alejo Falcónieri, que fue uno de los siete fundadores de la Orden de los Siervos de María, en Italia en el Siglo XIII, nació en roma por el año 350, siendo hijo del senador Eufeniano y de Aglais su madre, miembros de una de las familias más ricas de Roma.

Los siete fundadores de los Siervos de María, eran mercaderes en Florencia, y se retiraron en común acuerdo, junto con Alejo, al monte Senario para servir a las Santísima Virgen María, fundando una Orden bajo la Regla de San Agustín.

San Alejo fue obligado contra su voluntad a casarse, motivo por el que ese mismo día de la boda, después de la ceremonia y el banquete, huyó a Edesa, donde vivió como méndigo, y su forma de vida llena de privaciones hace que su aspecto se deteriore mucho, quedando irreconocible, tanto que cuando le pidió limosna a unos criados de su padre que lo andaban buscando, no le reconocieron.   Los habitantes de Edesa le tenían por santo y le socorrían cristianamente.

Cuando se dio cuenta que su padre lo buscaba y que nadie lo reconocía, lo animó a volver a la casa de sus padres en Roma, a quienes añoraba, presentándose ante ellos suplicándoles:

"Tened piedad de este pobre de Jesucristo y permitid que se albergue en un rincón de vuestro palacio". Le fue concedido y como nadie le reconoció, allí vivió olvidado de todos, sufriendo alimentarse de las sobras y de los insultos de los criados. Dormía en el suelo y se dedicaba a la oración. Cuenta la leyenda que estando Eufeniano su padre,  en la misa que celebraba el papa Inocencio I, oyó una voz que le decía: "Acaba de expirar el siervo de Dios, es grande su poder, murió en casa de Eufeniano". En efecto, cuando volvió a casa lo halló muerto y pudo reconocer que se trataba de su hijo por un pergamino que llevaba en la mano.

Los fundadores de la Orden de los Siervos de María fueron muy unidos durante la vida, siendo sepultados en una misma tumba y—hecho único en la Historia— venerados y canonizados en conjunto

Tomado de: Elsa Robles.

Lectura del 17/02/2016: Miércoles de la Primera semana de Cuaresma

PRIMERA LECTURA
(Libro de Jonás 3,1-10.)

La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: "Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré". Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. 
Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: "Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida". Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza. 
Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio: "Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua; vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos". Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.

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SALMO
(Salmo 51(50),3-4.12-13.18-19.)

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, 
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

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EVANGELIO
(Lucas 11,29-32)

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.

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COMENTARIO
(San Romano el Melódico (?-c. 560), compositor de himnos)

Abre, Señor, ábreme la puerta de tu misericordia antes de mi partida (Mt 25,11). Porque es preciso que me vaya, que venga a ti y me justifique de todo lo que digo de palabra, de todos mis actos y de todo lo que pienso en mi corazón. "Incluso el rumor de mis murmullos no dejan de escuchar tus oídos" (Sab 1,10). David exclama en su salmo: "Tú has creado mis entrañas; se escribían todas en tu libro" (Sl 138, 13.16). Leyendo en él los caracteres de mis malas acciones, grábalas sobre tu cruz, porque es en ella que me glorío (Gal 6,14) gritándote: "Ábreme"…

 Nuestro espíritu se ha endurecido hasta el punto que cuando hemos oído hablar de las calamidades de otros, no nos hemos corregido en absoluto (Lc 13,1s). "Todos se extravían, igualmente obstinados, no hay uno que obre bien, ni uno solo" (Sl 13, 2-3). Los ninivitas, en otro tiempo, se convirtieron al escuchar la palabra del profeta. Pero nosotros no hemos comprendido ni la llamada ni la amenaza. Ezequías con sus lágrimas consiguió hacer huir a los asirios provocando contra ellos la justicia de lo alto (2R 19). Ahora bien, los asirios… nos han llevado a la cautividad, y nosotros no hemos llorado ni gritado: "Ábrenos".

Altísimo Señor, juez de todos, no esperes a que nosotros cambiemos de conducta; tú no tienes necesidad de nuestras buenas acciones, porque cada uno de nosotros se dedica a hacer malas acciones con el pensamiento y la voluntad. Puesto que esto es así, Salvador, dirige nuestros días según tu voluntad, sin esperar a nuestra conversión, porque es posible que ella nunca llegue a realizarse. Y aunque viniera, sería por poco tiempo, no persiste hasta el final. Es como la simiente caída entre las piedras, como la hierba sobre los tejados, que se seca antes de crecer (Mc 4,5; Sl 128,6). Derrama tus misericordias sobre nosotros y sobre los que exclaman: "Ábrenos".

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REFLEXIÓN
(Fernando Prado, cmf)
Jesús es el gran signo que sus contemporáneos no acaban de comprender, al igual que sucedió en su tiempo con Jonás o con Salomón. A aquellos hombres y mujeres de entonces les sucedía lo mismo que a aquellos a los que “El Principito” de Saint Exupery les advertía: “lo esencial es invisible a los ojos… sólo se ve con el corazón”.
Tal vez les sucediera que, deseosos de ver signos impactantes, palpables y evidentes, se les escapaba (se nos escapa) aquello que realmente sucede al mirar la realidad con otra profundidad. Esa es la “mundanidad espiritual”, la gran tentación de creer que Dios va a actuar como humanamente esperaríamos que lo hiciera. Sin embargo, Dios no actúa en el mundo de una manera evidente, apabullante, impactante. El Reino de Dios, nos lo dijo Jesús, crece solo, por su propia fuerza, lentamente, como el granito de mostaza, como la pequeña pizca de levadura que fermenta la masa. Comprender los signos no solo depende de quién los hace, sino de quien los ve.
  
Al creyente se le pide, precisamente, que sea “creyente”, que tenga fe y confianza. Esta actitud es la que marca la diferencia. El creyente sabe que Dios no puede dejar de ser fiel a sí mismo. Dios va haciendo su camino, incluso a pesar de nosotros. Él tiene sus tiempos. Él es el más interesado en llevar su plan adelante. Creer lo contrario es caer en la mundanidad espiritual, en la tentación de la desconfianza, de la autosuficiencia. No hacen falta grandes trompetas ni signos espectaculares.
Basta con escuchar, desde la profundidad, esa voz que nos dice, como a San Pablo: “te basta mi gracia”. Tú confía en la promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos”.

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ORACION
Señor, mira complacido a tu pueblo que desea entregarse a ti con una vida santa; y a los que dominan su cuerpo con la penitencia transfórmales interiormente mediante el fruto de las buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
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